miércoles, 11 de febrero de 2026

BELMONTE: CORNADA Y RETIRADA

Probablemente fue la más grave de su carrera y quizá la que condicionó su segundo retiro, que decidió tras ese festejo en Barcelona quién sabe si obedeciendo al deseo de su esposa. Su primer retiro coincidió con el de Sánchez Mejías y su retorno dos años después también fue con él. Tras este segundo mutis en 1927 volverá en 1934 en Málaga pero solamente compartirán cartel los dos, salvo error, una vez, en La Coruña con albaserradas.

Ese año de 1927, que es cuando aconteció lo de la cornada, Belmonte ya había toreado en la ciudad condal los mismos toros de Sánchez Rico. Había sido en julio, mano a mano con Marcial. Su balance: ovación, ovación y dos orejas. Marcial se llevó el gato al agua con dos orejas, palmas y el rabo del sexto. En conjunto resultaría la mejor corrida de la temporada en Barcelona.



El trianero venía de salir en hombros de Madrid tres semanas antes en la del Montepío, vestido de verde botella y oro (no confundir con la del Montepío de 1917 que fue la que hizo que Corrochano perdiera su frialdad y su serenidad). Aquel día los toros fueron de Julián Fernández, procedentes de Martínez. Su primero fue un marmolillo. Se echó encima y lo obligó a embestir. Las crónicas dicen que fue 'una faena larga, de borrachera, realizada sobre los pitones del toro, hipnotizándolo...' Curioso a día de hoy que tras un gran pinchazo y una media le diesen las dos orejas.  Su segundo fue otro buey de carácter huidizo. Belmonte lo centró en la muleta y a pesar de ello la faena terminó en chiqueros. Cuatro pinchazos, estocada y descabello. Cayeron las orejas, las flores, los abanicos y los sombreros. El maestro no quería sufrir la paliza de la salida en hombros pero se lo llevaron a la fuerza entre gritos de '¡no te vayas!' ¿Les suena?

Esos gritos delatan que algo había en el ambiente que olía a posible retirada de Belmonte a final de año tras su previsto viaje a América. Pagés informó de que había firmado un contrato que suponía un récord hasta la fecha: 600.000 pesetas por seis corridas en México. Pero la cornada barcelonesa truncó todo y terminó de consolidar ese rumor que ya circulaba de su posible retirada.

Su temporada quizá había sido la más triunfal hasta la fecha. Se discute sobre si sus éxitos de Logroño, Málaga, Aranjuez o los citados de Barcelona y Madrid habían sido históricos. Sumó un total de 42 paseíllos y mató 83 toros. Este molinete es del día de su triunfo en Logroño. Hoy bostezamos con ese pase pero entonces se decía que 'su molinete crispa los nervios más tranquilos':



Se veía a un Belmonte distinto. Esto decía al respecto Uno al Sesgo:



Pero en el ABC Eduardo Palacio decía un mes antes que el espíritu del aficionado 'se acongojaba pensando en la posibilidad de que el diestro, millonario y borracho de gloria y popularidad, abandone la profesión que enalteció, dejando la grey taurina sin norte, sin guía y sin conductor'.

Belmonte actuó en Barcelona cuatro veces aquel año. La última fue la que nos ocupa, el 30 de octubre. En esta ocasión volvía a ser la misma ganadería de Sánchez Rico, divisa verde y blanca, procedentes de Ildefonso Sánchez Tabernero, quien era el abuelo de los Sánchez Rico. Lo que torearon aquel día venía de origen Contreras, toritos terciados aunque con cierto nervio.

Se acartelaban también Gitanillo y Vicente Barrera. Ambos estaban recién doctorados, en agosto y septiembre respectivamente. Habían sido los dos novilleros más celebrados. La imagen es de la alternativa de Gitanillo en El Puerto de Santa María:



A continuación pueden comparar sendas verónicas de Gitanillo y de Barrera. Observen la diferencia en el brazo izquierdo:




Esta corrida de Barcelona tendría que haberse celebrado el día 22 pero se había suspendido por amenaza de lluvia que a la postre no se confirmó. Las malas lenguas dicen que fue por taquilla floja, nada nuevo bajo el sol. Tras el aplazamiento no se pasaría de los tres cuartos de entrada. Presidió la reina Victoria Eugenia.

La supuesta corrida fue una novillada y mala. Escaso trapío y caritas inofensivas. Cuando salió el sexto el personal ya estaba de uñas y las protestas hicieron que viera el verde. El que salió de sobrero era de Pérez-Plata para unos y de Cruz del Castillo para otros, bastante más grande que los seis anteriores. Tampoco en esto hay nada nuevo bajo el sol.

Ojo porque luego sacaron casta y se movieron con nervio, dándonos un poco la razón cuando repetimos que nosotros preferimos casta a trapío si hay que escoger. Barrera cortaría la oreja al sexto y Gitanillo dos más en los cuatro que mató, los dos suyos y los dos de Belmonte. Lo hizo de dos medias en las agujas y dos enteras patas arriba (aunque en alguna crónica apuntan un descabello). En La Libertad dicen que Gitanillo cortó un rabo al cuarto (!). Nadie más lo comenta, son esas cosas de las crónicas antiguas que nos hacen poner en duda mucho de lo que ha trascendido en los libros. Abajo, otra verónica del trianero. Recuerden que en esta entrada hablábamos de su agonía y muerte.



Belmonte tuvo que aguantar al del pito, que dio la tabarra secundado por otros descontentos, probablemente pertenecientes al partido gallináceo. Lo de traerse un pito para hacerlo sonar mientras un torero muleteaba era bastante corriente (recuerden en esta entrada cómo se las gastaban en aquella época los públicos).

Ese primero que lo corneó se llamaba Temido y era negro bragado. Ya lo había avisado tirándole un gañafón al pecho en el inicio de faena pero Juan no se amilanó. Anotemos que inició su toreo con la izquierda soportando el grito intempestivo de un fulano acerca de la poca presencia del toro. En la imagen se intuye su mínimo trapío:



Precisamente quizás por su exceso de confianza o de rabia ante las protestas no contó con que el toro lo apretaría para adentro inesperadamente. Fue cuando intentaba igualarlo. Lo empujó contra la madera y lo corneó por la ingle izquierda en las tablas del 2. Si hubiese salido corriendo de allí no lo coge pero lo de salir huyendo no entraba en la cabeza del trianero. Intentó echarle la muleta a la cara y apartarle el testuz pero no pudo evitar el percance:



Tal como entró en la enfermería dijo: 'me ha calao'. En el parte del doctor Bartrina se confirmó que la cornada había sido más aparatosa que realmente grave. Era de seis centímetros.

Pagés y su mozo de espadas Antoñito lo acompañaron durante toda la noche. También estuvieron su peón Calderón y Natalio Rivas. Cuando recuperó el conocimiento les dijo: 'para ser la última, menuda bromita'. En esos momentos se refería a la última de la temporada española ya que tenía el citado contrato con México.

Preguntaron al maestro qué es lo que había pasado y dijo:

'el toro era muy nervioso y no me di cuenta de que me encontraba bastante encerrado en tablas; cuando pegó un derrote le puse la mano en el testuz y me di cuenta de que tenía la espalda pegada a las tablas; no tuve ni tiempo ni espacio para salir de allí...'



A las nueve de la mañana llegó Julia, su esposa. Venía acompañada por el doctor Serrano, el médico de confianza del diestro. La reina también se interesó por su estado. Se le hizo una segunda y dolorosa cura y el pronóstico pasó a ser reservado.

Estamos convencidos de que durante el viaje a Barcelona el doctor y Julia se conchabaron para insistir al maestro en que se retirase. Es que sabemos que empezó Serrano diciéndole: 'esta corrida tendría que ser la última, Juan, ¿por qué no te retiras?'

Y su mujer, sin dejarle responder nada, intervino para seguir echando leña al fuego:

'Es verdad, ¿por qué no te retiras? Yo ya acepté esto cuando nos casamos con todas sus tristes consecuencias pero debemos pensar en las niñas. No podemos condenarlas a estas incertidumbres y a estos dolores. La pequeña no pero Yola se da cuenta de todo y se ha quedado llorando'

Belmonte cortó el discurso diciendo:

'Esto son gajes del oficio. No apuraros que no me pasa nada. Yo no toreo para vivir y no sé vivir sin torear. Y no se hable más de esto'



El rumor y las dudas sobre su posible retirada parecían quedar desmentidos por el propio diestro aún convaleciente. ¿Qué pasaría después que le hizo cambiar de opinión? Eso no lo sabemos.

'Juan Belmonte es el mejor torero que he visto en mi vida' dijo Pepe Luis Vázquez, 'por su conocimiento de los terrenos, su colocación, su temple y su personalidad'. Sobre sus feligreses el propio Belmonte decía algo que podría aplicarse a los feligreses de algún que otro torero actual:

'Yo prefería a los gallistas que a mis propios partidarios porque un belmontista ciego es peor que un toro. El toro te coge una vez y te suelta pero un belmontista te coge... ¡y no te suelta nunca! Uno me tuvo una noche dos horas en la puerta del Palace explicándome ¡cómo daba yo mi pase natural!'

Nos vamos con dos acérrimos gallistas en sendas anécdotas que contaba el propio Juan.

La primera se refiere al párroco de una iglesia de Sevilla al que unos seguidores del maestro propusieron que algún día dejase entrar a Belmonte bajo palio en su iglesia. Contestó muy indignado: '¡qué sacrilegio...! Si por lo menos fuera a Joselito...'



La otra tuvo lugar en casa de Belmonte tras una corrida con José. Estaban Natalio Rivas y otros amigos, todos seguidores fanáticos suyos. Por cierto, Rivas iba a ser el destinatario del brindis del segundo toro del diestro en la corrida de Barcelona pero lógicamente no hubo tal. La cuestión es que lo alababan de manera tan ditirámbica que el pintor Julio Romero de Torres, también presente, no pudo por menos que romper una lanza a favor de Maravilla:

'Bueno, bueno, no será para tanto... José esta tarde no ha triunfado como otras veces pero ha estado bien y no se puede dejar de reconocer que es una gran figura...'

Y Belmonte intervino rápidamente:

'Hombre, gracias a Dios...ya somos dos gallistas en la habitación...'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




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