miércoles, 4 de febrero de 2026

LA BRAVURA (6): SOBRE ESA BRAVURA "ENCLASADA"

Continuamos la serie que dedicábamos a la bravura el año pasado.  Al final de la entrada les pondremos los enlaces a los cuatro capítulos anteriores por  si están aburridos y quieren leerlos. Así no pierden el tiempo buscándolos.

Vuelvan al titular para confirmar que nos referimos a bravura enclasada en lugar de encastada, no se equivoquen.

Lo de la clase nunca se utilizó en el lenguaje taurino hasta que los del mundillo pusieron de moda esta expresión que antes era puramente deportiva.

Siempre se habló de los futbolistas con clase y eso quería decir una mezcla de elegancia y facilidad a la hora de jugar. Ejemplos de ello fueron Manolo Velázquez en España, Tigana en Francia, Gaetano Scirea en Italia o Bernd Schuster en Alemania.

Aplicar ese término a un toro siempre nos ha parecido ridículo porque si en origen nos estamos refiriendo a la elegancia y a la facilidad, eso en un toro no tiene sentido. Quiere esto decir que cuando los taurinos se refieren a un toro enclasado están intentando darnos gato por liebre alabando un comportamiento que ellos dan por plausible pero que a nosotros nos tiene que poner las orejas tiesas. Por supuesto que entran dentro del mundillo de los taurinos todos los mayordomos de la crítica paniaguada que además utilizan ese adjetivo con profusión.



Ustedes habrán escuchado a muchos ganaderos decir que buscan en su selección eso de la bravura enclasada. Pues no vamos bien porque con la bravura pasa lo mismo que con la democracia: si le pones adjetivos, ni es bravura ni es democracia. Ya estamos cayendo en el tocomocho de los taurinos.

Este novillo de abajo fue de La Quinta, se lidió en Villaseca de La Sagra  y se llamó Perlas Negras. En los portales comerciales se habló de 'un superclase que embestía gateando'. Ya no se conforman con decir que un toro tuvo clase sino que estamos ante superclases. Acudió una vez al peto y luego embistió incansable para que Paseiro le administrase una sobredosis de toreo juliesco. Al final flameó un pañuelo azul barato, de esos que tanto abundan para que el personal vuelva a casa contento por haber amortizado la entrada:



La bravura debe ser bravura a secas y si no, no lo es. Pero ¿qué quieren decir los taurinos cuando hablan de bravura enclasada? En 2022 llegamos a leer en una crónica paniaguada que 'el toro de Juan Pedro tomó un puyazo y embistió con clase al peto'. Aquel perrillo, que no toro, se llamó Manzanillo y fue indultado en Huelva (recuerden que lo comentábamos aquí). El artista fue Luque. Ahí lo tienen, toreándolo hacia atrás:


                      

Pues nos van a perdonar pero, bajo nuestro punto de vista, hablar de bravura enclasada, en el fondo, es hablar de la colaboración del toro y un toro realmente bravo no colabora. La prueba es lo que repetía Fernández Salcedo. Hagan memoria ustedes de su vida como aficionados. Recuerden los toros bravos que han visto, que seguramente se podrán contar con los dedos de las dos manos y sobrarán algunos. Hablamos de toros bravos de verdad y no de bravitos, como decía Corrochano, o mansibravos, como suelen ser los actuales. La pregunta que hacía el sabio de Colmenar era: ¿cómo estuvo el torero ante esos pocos toros genuinamente bravos que ustedes recuerdan?

La respuesta es que siempre por debajo cuando no naufragando porque un toro bravo es lo más peligroso que puede salir a un torero ya que, aparte de que te siempre hay riesgo de cogida porque no es la babosa bobalicona, va a dejar al descubierto las carencias que tengas. Difícilmente podrás con él dado que 'con un toro verdaderamente bravo, no hay quien pueda'. La frase es de un profesional que se vio enfrente de las ganaderías más duras. Para él era un axioma de la tauromaquia y como tal, indiscutible.

Habría que preguntar al ganadero enclasado dónde está la bravura porque si la clase de su toro hay que verla después de que haya pasado de visita por el caballo ya nos dirán ustedes. El otro tipo de ganadero, digamos que el encastado, cuyo toro suele ser triturado con sevicia en el caballo, tiene todo el derecho a quejarse por el diferente rasero con el que se va a medir esa supuesta clase en el último tercio ¿no les parece? 


                    

Éste que ven encima fue un toro de Pallarés, Decantado de nombre. Derribó dos veces y luego perdonó la vida a Téllez en Málaga. Se quería comer el caballo:


                    

Recuerden aquí nuestro comentario. En el enlace que encontrarán todavía está disponible el vídeo de su lidia completa. Lo de que perdonó la vida al diestro no era una frase hecha sino que le pegó este meneo aunque sin hacerle sangre. Seguro que el bueno de Téllez, tristemente retirado de la circulación taurina, se acuerda perfectamente de ese animal:


                    

Algunos indocumentados echan la culpa a Belmonte de que el ganado de lidia se haya convertido en ganado enclasado o directamente lanar. Pues sería contra su voluntad porque estamos convencidos de que no le gustaba nada el norit. Un día tentaba no de torero sino de ganadero. Fueron catorce vacas suyas las probadas. Varias llegaron a recibir siete puyazos mientras el resto quedó entre cinco o seis. 

Un momento, antes de seguir: ¿qué ganadero pega hoy siete puyazos a alguna vaca en un tentadero? Parladé ordenaba que las pusieran por octava vez y entonces decía: 'ahora es cuando vamos a verla'. Si a alguna se le ocurría escarbar en algún momento durante la prueba le daban puerta.  Pues aquel día Belmonte envió trece de las catorce al matadero. Preguntado por la única que había perdonado respondió: 'es la que se ha arrancado al caballo con mejor estilo'. Celestino Cuadri estaba muy agradecido a aquellas vacas de Belmonte que padrearon en su vacada proviniendo de lo de Lancha. Lo contábamos en esta entrada.

Si el trianero escuchara cómo define Zacarías Moreno la clase pensaría que le están hablando en chino. A ver si ustedes nos traducen esto que copiamos literalmente:

'La clase es un criterio que engloba parámetros como la fijeza, la elasticidad para aplastar por abajo la embestida, la duración y la capacidad de reducción de la embestida'

Seguramente aquella única madre que perdonó Belmonte no parió hijos enclasados que aplastasen por abajo la embestida... 

A Moya lo comprendería un poco mejor pero mucho nos tememos que no estaría de acuerdo con ese toro posmoderno que sufrimos hogaño y que es el que defendía el difunto ganadero en Aracena:

"Que el toro se coma la muleta por abajo, sin molestar al torero y obedeciéndole siempre"


               

Otros ganaderos hablan del ritmo, de la armonía, del descolgar, del no embestir amontonado, del hacerlo con estilo y despacio, del seguir empapado los vuelos de la muleta con la cabeza baja, de la durabilidad... La duda es si puede haber un toro enclasado que a la vez sea encastado. O, para entendernos, si puede transmitir emoción un toro enclasado.

Juan Pedro Domecq Solís huía del toro encastado como gato escaldado. Él no se escondía cuando decía que prefería la fiereza a la casta. Decía poco antes de morir que él quería decantarse hacia buscar un toro con más fiereza porque veía que lo demandaba el público. Pero hablaba de conservar la profundidad, otra de las palabras que repiten los taurinos cuando hablan del toro enclasado.

Él lo tenía claro cuando Viard le preguntaba al respecto:

'Desde hace setenta años se busca un toro que embista mejor a la muleta y es mucho más sencillo encontrar eso buscando la clase que la fiereza. Yo estoy buscando animales que tengan un nivel superior de fiereza pero sin perder lo que la vacada ha adquirido, es decir, el embestir hasta el final humillando, con fijeza, sin pararse, repitiendo y transmitiendo emoción. El error de muchos aficionados es creer que antes todo era mejor'



Todas estas características que enumera conforman lo que el fallecido ganadero calificaba como la bravura moderna. Ya estamos: otro adjetivo colocado la palabra bravura que sirve para encubrir la célebre toreabilidad que buscan los ganaderos comerciales. El problema es que mucho nos tememos que el adjetivar tanto la bravura no es más que echar agua al vino. La consecuencia de todo esto es el norit, por eso Solís se murió pensando que no podía seguir por ese camino y que al guiso de la clase tenía que echarle la pimienta de la fiereza.

Se resume todo en que con ese toro enclasado, sumiso hasta límites lacayunos, se cae inevitablemente en el borreguismo. Así el torero 'puede sentirse muy profundo' o también 'abre su alma y abandona el cuerpo mientras torea' (ambas cursiladas no son nuestras sino de sendos maestros en activo). Desengáñense: ante un toro bravo a secas tienes que estar con los cinco sentidos porque si te ve el alma, te la va a partir.

Y no hay más. Esta es nuestra modesta opinión: la bravura, sin adjetivos y la clase, para los futbolistas. La tragedia es que, entre unos y otros, ganaderos comerciales y críticos paniaguados, nos abocan a la clase del norit. Han convertido el toro de lidia en esa pobre bestia vencida de que hablaba Belmonte. Ante ese animal con tanta clase y tanta docilidad, quizá subsista la belleza estética del pase pero falta la emoción que provoca la sensación de peligro.

De esa epidemia de borreguismo ¿tuvo la culpa El Viti? No se solivianten los lectores helmánticos. Tengan paciencia porque lo discutiremos en otra entrada y allí cargan si quieren contra quien afirmaba que sí. Y no era usted maestro, sino que le colgaron el sambenito.


                                

De momento les dejamos como decíamos arriba con los enlaces al resto de capítulos que hemos dedicado en nuestro modesto blog al manido tema de la bravura. Esperemos que echen un rato entretenido leyéndolos o releyéndolos. Y no se olviden de mirar los comentarios:

LA BRAVURA (1): No hay que darle tantas vueltas. 

LA BRAVURA (2): Nueve preguntas con respuesta. 

LA BRAVURA (3): Seis preguntas más.

LA BRAVURA (4): 'Hoy, la bravura es un delito'.

LA BRAVURA (5): Toros de casta y toros con casta.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

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