domingo, 18 de junio de 2023

BENEFICENCIA: DOS JUAMPEDROS DE DOMECQ Y DÍEZ

Y uno de Solís pero ninguno de los tres fue la ternera a que nos tienen acostumbrados en esa casa. Para nosotros Juan Pedro fue el triunfador de la tarde ya que Castella no pudo con el colorado, de Justo tampoco con su primero a pesar de la atenuante del aire y Adrián estuvo por debajo del sexto, que fue el de Solís. Además, bien presentados los tres.



Tanto Juan Pedro hijo como Daniel Ruiz tenían clarísimo el toro que querían y lo consiguieron. Sostenían que el caballo está para dulcificar y la muleta, para que el maestro saboree el dulce y construya una faena expresando lo que lleva dentro.

Recuerden aquí cuando lamentábamos la muerte de Ruiz y poníamos aquella pregunta suya recurrente:

Yo no es que diga que el caballo está de adorno pero...¡Vamos a ver! Si le pegas tres puyazos a un toro, ya no irá a la muleta y entonces ¿qué hacemos? ¡La gente no va!'

Y en boca de Juan Pedro Domecq Solís ponemos lo que él buscaba, que era por encima de todo la toreabilidad. Según él había que bajar la casta dado que ella es el temperamento y un toro con temperamento es difícil de torear:

Yo busco movilidad, bravura, nobleza y ritmo, todo lo cual equivale a toreabilidad'

Pues en esta Beneficencia saltó la sorpresa y no hubo ese borreguismo en el que se cae con el toro comercial o domesticado, como avisaba Juan Pedro Domecq y Díez:



Dicho lo cual, conforme transcurría la tarde lamentábamos que el cartel no hubiera estado integrado por el trío del arte, esto es, Morante, Ortega y Aguado. ¿Qué hubieran hecho con estos toros incluido el de Victoriano? Pues es probable que hubiesen acallado a los que los criticamos por enfrentarse habitualmente a terneras.

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Fandiño del cual pueden recordar nuestro homenaje pulsando aquí.




CASTELLA. Su primero era de Daniel Ruiz, cornalón y astifino, feo por colín. Venía bien picadito del campo:



Como era previsible, nada en el caballo sumando la voltereta que se pegó al salir.

Castella hizo un quite por saltilleras y en la tercera el toro dudó y se lo llevó por delante. De milagro no sufrió una cornada en la pierna derecha porque le pinchó en la taleguilla pero el pitón no penetró (?). La verdad es que a los tres diestros se les veía con los muslos bien recauchutados:



Él fue quien empezó a cambiar por la espalda desde los medios cosa que le costó una muy grave cornada en Cali con perforación de pulmón. Pero es valiente sin supersticiones, como Antonio Bienvenida, y ha seguido realizando esta suerte, que tiene mucho valor. El inconveniente es que a base de haberla visto ya tantas veces no se le reconoce:



FOTO: Agencia EFE

El toro era un norit al que el francés toreó a cincuenta pulsaciones. En televisión hablaban de profundidad e intensidad mientras a nosotros nos entraba un profundo e intenso sueñoEstocada corta horrorosa por trasera, caída y saltando. Después dejó esta entera trasera y también caída.



Su segundo era de Juan Pedro, un colorado ojo de perdiz, albardado, ligeramente carifosco y astracanado, bien encornado:



Huye al hierro en el primero, en el segundo no le aprietan y le levantan y en el tercero le dan al túrmix. Ya ven que en varas hubo poco menos que un simulacro por eso el toro se vino arriba en el último tercio.

Chacón puso un par regular y otro a toro clarísimamente pasado pero lo hicieron saludar por ser vos quien sois. Brindó Castella a Fandiño y su preocupación iba a ser intentar fijar al toro en la muleta ya que se distraía con el vuelo de una mosca.

Le hizo un buen inicio donde el toro repetía con cierta codicia y consiguió centrarlo en la muleta. Sin quitarsela de la cara le recetó a continuación un tiovivo. Cuidado porque muchas ganaderías toristas se darían con un canto en los dientes si un toro suyo embistiese con las ganas que ponía éste de Juan Pedro.



Pero Castella se dedicó a pegar pases sin piedad. El toro merecía que hubiesen tenido mejor consideración con él y terminó protestando. Menos mal que los toros no hablan, ¿verdad maestro?



Aviso con retraso antes de coger el estoque. Estocada arriba un poco pasada, cruzando bien pero tapando la cara. El de Juan Pedro murió en la segunda raya.




DE JUSTO. Su primero era de Juan Pedro, un toro negro listón, chorreado en morcillo, aleonado, cornalón y tocadito arriba. Lo recibió de rodillas en tablas:



Primer puyazo yendo como un rayo pero peleando de más a menos y claudicando al salir. En el segundo vuelve a acudir de lejos al galope pero ya no pelea. Fue una lástima no haberlo puesto de muy lejos una tercera vez sólo para señalar porque se hubiera ganado una ovación. Es probable que hubiera cantado la gallina pero nunca lo sabremos, qué pena.

En la muleta era un toro cortijero, o sea, de los que lleva un cortijo en cada oreja. La embestida era noble pero no de borrego sino pronta, galopando y queriendo coger la tela. El único problema para embarcarlo era el aire.



Fue una lástima ese viento para De Justo ya que no pudo aprovechar la lotería que le había tocado, aunque tal como torea últimamente no nos penó demasiado. Estocada contraria con derrame y patas arriba:



Su segundo era un burraco listón de Victoriano del Río, zancudo, con poca presencia a pesar de los 580 kilos, que se tapaba por delante. Para nosotros no era un falso jirón ya que lo que tenía más bien parecía un lunar:



Lo puso largo y el toro galopó empujando de bravo mientras Bernal le tapaba la salida. Agradecimos que en el segundo lo colocase a treinta metros para que el toro se arrancase de nuevo con alegría y cobrase primero trasero y después contrario ya que se llevó un total de cuatro agujeros diferentes. Además, con voltereta de propina a la salida. Era otro toro para haberlo lucido en tres entradas dosificando el castigo. Si está lidiando Álvaro de la Calle, lo vemos tres veces.

Las banderillas cayeron a cuál peor. Después de haber visto cómo el toro anterior se le había escapado, aquí se puso a torear sin probaturas ya que el de Victoriano se venía con ganas. La verdad es que al extremeño le habían tocado dos toros de puerta grande.



Al De Justo con hambre este toro no se le va pero al actual se le fue ya que se dedicó simplemente a acompañar la embestida, sin mando y sin asumir riesgos. El toro lo notó igual que nosotros, se le insolentó y terminó demostrándole que no había podido con él.

Pinchazo hondo muy bien ejecutado, y espadazo trasero un poco cruzado y tapando la cara más descabello. Parece mentira pinchar primero tan bien y acto seguido hundir la espada tan mal. Pero el personal prefiere que desaparezca el acero en la carne del toro de cualquier manera.






ADRIÁN. Su primero era de Daniel Ruiz, un toro negro cornilevantado, de presencia anovillada y muy protestado por su trapío de salida:



Solo faltó que se fuese al suelo tras el caballo para que la zaragata en el tendido arreciase. Quedó claro que Adrián prefería torear este animalillo que arriesgarse con el sobrero ya que le echó el capote por tres veces a la andanada para calmar a los verdosos. Menuda ambición demostró sabiendo que ante esta piltrafa jamás iba a rascar nada en esta plaza. Y eso que estaba en la corrida de Beneficencia, donde ni en sueños imaginaba hace tres meses que haría el paseíllo.

Mención aparte merece el presidente, que olvidó la ley máxima del palco que es defender al aficionado. Recuerden aquí nuestro homenaje en la muerte de don Luis Espada, quien desde el cielo debió de avergonzarse viendo cómo ha degenerado el palco madrileño.

Con la gresca ya tumultuaria Adrián ahora quiso dar la nota poniéndose de rodillas para cambiar por la espalda y el toro lo empitonó sin consecuencias dada su invalidez tanto física como de casta. 



Y luego se lamentaba con gestos al ver que el toro seguía derrumbándose. Entonces ¿por qué echabas antes el capote a las nubes, Fernandito? Ello no le impidió poner esas muecas tan insoportables con que adereza sus faenas. Muy mal, encima tuvo la desfachatez de castigarnos con una lluvia de pases insufrible.



Estocada trasera, tendida y con telonazo más descabello. Observen que antes de arrancar ya lleva el palillo casi horizontal y el brazo encogido. Por fin se finiquitaron nuestra tortura y nuestra indignación compartidas entre el palco y el diestro.



El sexto era de Juan Pedro y ostentaba la encornadura que gusta a los maestros, con perfil pero cerrando arriba. Era negro listón y apretado de carnes:



Lo pone largo en el primero y va sin dudar pero recibe una criminal lanzada en el lomo aunque no le aprietan. En el segundo tardea y escarba porque el pobre se temía lo que sucedió y es que el piquero le clavó casi en la penca del rabo.

El animal se dolió de los palos que le clavó muy bien Prieto. Brindó a Abellán. Chicharrinas en el platillo y naturales sin probaturas porque el toro era de una nobleza evidente. No era el más listo pero tampoco era tonto como un patatero. Otro Juan Pedro de oreja, y van tres.



Ya ven que en lo del pico parece que tiene bula en esta plaza. Y eso que bregaba con un toro bondadoso, que pedía muleta plana y bien presentada, sin alivios... y sin retorcimientos de sacacorchos:



Luego Adrián ya empezó con el tíovivo y con el roquismo sin que faltasen sus mohínes, los movimientos de cadera y el sacar la barriga de forma antinatural:



El toreo es por encima de todo naturalidad y Adrián no la conoce. ¿Le contará alguien lo que explicábamos aquí? Estocada trasera por llevar la mano alta y desprendida, con telonazo monumental pero hasta la tela, que es lo que interesa a todo el mundo.



La primera oreja era insoslayable pero la segunda nosotros no la hubiéramos concedido ni aunque nos emplumen. Por supuesto que tal como está ese palco madrileño cayeron la casquería y la puerta grande. Dicen que las salidas a hombros en Madrid de una y una se olvidan, que las que valen son las de dos. Pues a nosotros ya se nos ha olvidado la de Adrián de ayer:




¿Qué diría a estas horas la parroquia torista si a alguno de sus ganaderos fetiche le salen tres toros como los de ayer de Juan Pedro? La pelea en el caballo de dos de ellos fue olvidable pero el primero de De Justo mereció haber sido lucido. No recordamos en todo San Isidro otro toro que haya ido con tanta celeridad al caballo y desde tan lejos.

En la muleta cualquiera de los tres estuvo a la altura de los tan alabados de Santiago Domecq. A nosotros nos gustaron más los dos primeros que el sexto, todo lo contrario que a cualquier taurino o aficionado posmoderno. Y el de Victoriano no desentonó.

Sucede que nosotros no somos anti Domecq por sistema. Sin embargo, en casa de Juan Pedro, somos de Díez más que de Solís. Bastante más.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


martes, 13 de junio de 2023

ROCA EN EL ROCÓDROMO

Como no vivimos de esto decidimos no ver la corrida conmemorativa de El Yiyo. No nos interesaba demasiado el ganado y todavía menos los actuantes.

La cuestión es que encontramos a la mañana siguiente un mensaje de un buen amigo del blog donde nos decía que si no habíamos visto la corrida como él se temía, por lo menos que repasásemos el vídeo con la actuación de Roca.

Nos picó la curiosidad ya que nos informaba de que las redes echaban humo con lo del peruano. Dado nuestro alejamiento de las mismas ignoramos a estas alturas si el humo venía de que se incendiaban o de que se había fumado la pipa de la paz en Las Ventas.



Al final hemos visto la lidia completa de sus dos toros y pasamos a comentarles nuestras impresiones. El maestro venía mermado por su percance en Toledo dos días antes. Antiguamente el público no tenía piedad en estas circunstancias mientras que hoy es al revés, se tiende a disculpar al diestro e incluso a sobrevalorarlo dada su merma física.

Recuerden ustedes que a Granero lo mata un toro mientras De la Rosa se había retirado a la enfermería abucheado por el público al resentirse de una cogida en los genitales. Por eso a Pocapena lo mató Lalanda como contábamos aquí. Conste que durante la retransmisión no apreciamos ninguna secuela física en el maestro.




Su primero se llamaba Celoso y era un toro negro zaíno, cornilevantado, de 550 kilos, con morrillo. Llevaba el hierro de Cortés:



Se ceñía por ese pitón derecho desde el primer lance. Observen lo poblados que tiene tanto el balano como el borlón:



Empuja bien en el primero y derriba. Muy mal el diestro colocándolo debajo del peto en el segundo en lugar de lucirlo mientras su picador le zurraba tapando la salida con descaro. Ya ven que hemos solicitado de urgencia la colaboración del maestro Moore. 



En ese callejón donde todos han entrado de gañote no se puede estar más apretado:



El maestro Rincón vio igual que nosotros el carioqueo que no venía a cuento y por fin dijo que 'esa vueltesita que se da al caballo con el toro debajo la verdad es que lo quebranta mucho...' Pero Delgado salió raudo a tapar la crítica diciendo que 'muchas veces esa vuelta la provoca el propio toro y no tiene culpa el piquero' (?).

Inició la faena con una doble chicharrina que tuvo mucho mérito porque el toro se vino con fuerza. Con buen criterio hizo el cambio por el pitón izquierdo y no por ese derecho que no era nada claro.



Por ese motivo se echó la muleta a la izquierda pero colocándose siempre de perfil. En la segunda tanda también por naturales el toro notaba que allí no había mando y embestía cada vez más a su aire.




Se echó la muleta a la derecha colocándose de perfil buscando al principio el punto ciego del toro. Éste es el momento:



Después bajó la mano manteniendo la tela en la cara y obligándolo a tragar sin despistarse:



La cuarta tanda también fue en redondo, molestado por el aire y con el toro mirando más de la cuenta. Otra más con la derecha porque el maestro es derechista. Es llamativo que se sentía más a gusto con la ayuda por el pitón peligroso que al natural por el cuerno bueno del toro. No hubo toreo esta vez sino un arrimón cien por cien roquista que puso a muchos en pie.



Se oyeron protestas destinadas al palco cuando se ordenó el primer aviso antes de que cambiase el estoque. Con generosidad las calificaremos de pueblerinas. Roca se arma en la suerte natural y deja una entera al encuentro un poco desprendida pero bien ejecutada. Observen que se zafa con habilidad del previsible gañafón del toro por ese pitón derecho navajero. En cualquiera de las dos suertes el toro hubiera hecho por él ya que si de salida rebañaba por ese lado, tras una faena con abundantes derechazos estaba claro este final:



Se notaba escándalo en los tendidos con gritos de ¡fuera, fuera! suponemos que dedicados por los clavelistas a los protestantes. Dos avisos, dos descabellos y oreja, con campanas al vuelo de los televisivos casi perdiendo los papeles a causa de su desaforada euforia diciendo que se estaban llenando los pañuelos de tendidos (sic).

En su faena no hubo demasiado toreo pero sí hubo valor. La estocada fue buena pero hubo dos descabellos y dos avisos. La oreja concedida no nos molesta tanto como muchas otras que se regalan en Madrid pero... nunca la hubiéramos pedido de estar en la plaza.

Su segundo se llamaba Jocundo y era negro listón, de 574 kilos, bien encornado, serio y un poco aleonado:



Como el maestro vio que venía picado del campo no quiso quebrantarlo con verónicas sino que lo capeó por delantales en línea y remató con una larga para evitar que le crujiese el espinazo con una media.



Se va con alegría al caballo y empuja sin que Molina le apriete siguiendo la orden del maestro. Vuelve a irse al galope y el picador marra haciéndole un agujero atrás pero levantando el palo enseguida. Y entonces, ¡lamentable cambio de tercio! El toro se giró un par de veces para mirar al caballo cuando se retiraba. Fue una lástima que no lo pusiesen de largo porque estamos convencidos de que se habría arrancado sin dudar. Esta es la segunda y última entrada:



Brindó al público y cayó la montera boca arriba notándose por el sonido ambiente la decepción de los papanatas, que son felices cuando cae boca abajo. Inicio con el inevitable y ya cargante celeste imperio. 



Después el toro enseñaba la lengua pero quería coger la muleta. Lo de la lengua ya saben que no tiene para nosotros esas connotaciones tan negativas que muchos buscan. Hay toros que se paran con la boca cerrada y otros como éste que embisten con ganas enseñando la lengua.

Lo que vino después fue una serie de ultraderechismo marca de la casa, fuera de cacho y sin llevar el toro demasiado toreado. Con la izquierda pegó unos pases que no tuvieron ninguna enjundia pero se jalearon más que nada para fastidiar a los que protestaban.

En el remate de pecho el toro lo vio y lo levantó por la chaquetilla, ahí lo tienen:




Ahí sí que hubo un homenaje a El Yiyo porque cuando lo tuvo cogido lo mantuvo un instante de pie en el aire, en la misma postura en que murió el madrileño de Burdeos:




Vuelta a la mano derecha con el público venteño siempre tan sentimental puesto de rodillas ante el peruano, que tuvo un gesto un poco despectivo dedicado a la zona protestante. Ese desplante fue ovacionado por los clavelistas y se recrudecieron en el rocódromo los gritos de ¡torero, torero!



A todo esto el toro iba embistiendo peor al final de la faena que al principio y era porque en ningún momento se había sentido toreado.



Dependía de la espada que cortase las dos orejas porque una la tenía ya en el bolsillo. Se equivoca perfilándose en la suerte contraria y pega un metisaca caído pero sin tapar la cara. Aquí lo tienen en el instante anterior a que se lleve la espada. Fíjense en que no pega el telonazo ni se le va la espada chalequera y trasera como a Adrián en su infame metisaca al de Santiago Domecq:



Tras un aviso vuelve a equivocarse tirándose en la misma suerte contraria y deja esta media. Alargó el brazo para ahondar el estoque y pegó ese saltito al que no nos tiene acostumbrados:



Es recurrente nuestra insistencia en que el maestro no pega el telonazo para aliviarse pero es que lo que debería ser la norma se ha convertido en una rara excepción. La media estaba en las agujas aunque un pelín contraria pero bastó:



Para nuestra sorpresa la petición tardó en arrancar y no fue tan espectacular como esperábamos. Si alguien lo achaca al metisaca, le recordaremos que Adrián se fue por la puerta grande hace diez días después de haber pegado uno mucho peor que el de Roca (recuerden aquí). El presidente Sanjuán no quiso conceder al peruano esa oreja que le abría la puerta grande. Desde televisión no somos capaces de calibrar si los pañuelos fueron suficientes o no para que se cumpliese el reglamento.

En la retransmisión discutieron Delgado y Casas. El primero decía que para abrir la puerta grande en Madrid hay que matar bien y el segundo sostenía que el público tiene derecho a equivocarse pidiendo una oreja aunque no sea pura y que el palco debería concederla si hay mayoría. Los dos tienen razón.

Llegaron a una entente diciendo que en Las Ventas habría que cortar dos orejas en un mismo toro para poder salir a hombros, que lo de una y una está mal planteado. Hombre, no está mal, está muy bien. El problema es que el público de esta plaza se ha convertido en el de la verbena de la Paloma y la primera oreja se está regalando de manera penosa. Incluso hay presidentes que ese primer pañuelo lo sacan con visible enfado pero sin poder negarse. 



Llegamos al final y no nos taparemos. Les daremos nuestra valoración a ver si con ella contribuimos a apagar los incendios de las redes o a echar más gasolina.

Respecto a la casquería no nos molesta la oreja en comparación con tantas otras de chichinabo que se ven en Las Ventas de un tiempo a esta parte. Quede clarísimo que nosotros no la hubiéramos pedido en ninguno de los dos toros.

Respecto a las estocadas las ejecutó bien en líneas generales aunque otros prefieran los alivios con telonazos llevando la mano por la estratosfera en plan Luque o Castella.

Respecto al valor demostrado por el peruano no tenemos queja especialmente cuando obligó a tragar por el pitón derecho a su primer toro.

Respecto a la suerte de varas censuramos cómo la despreció y todavía nos lamentamos de que no tratase con más cariño a su segundo toro. Creemos que bien lucido ese animal hubiera superado al Duplicado de Álvaro de la Calle porque en la muleta no fue tan facilón.

Respecto a los avisos que escuchó cedemos la palabra a nuestro tocayo Paula: "la mayoría de los toreros no tienen noción del tiempo en las faenas y hablo de figuras como el peruano ése o el otro, el extremeño..."

Y respecto al toreo exhibido por el maestro, ¿qué? Pues poca cosa. Con la izquierda nada de nada, ya sabemos que milita en la ultraderecha. Y precisamente con la derecha dejaremos en su haber esas dos tandas que arrancó a su primero por el pitón peligroso. Todo lo demás que hizo con esa mano no consistió en llevar toreados a sus toros sino en colocarse de perfil sin mandar en las embestidas.

Esta es nuestra opinión sobre la polémica actuación de Roca que sometemos a su escrutinio en la sección de comentarios.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.