Empezó la feria de Céret, primera sin el amigo Carlo Cattaneo, que en paz descanse. Fue uno de los lectores más fieles de nuestro modesto blog, fidelidad que compartía con esta plaza.
Además se cumplían diez años de la muerte de Fourquet, el factótum de la ADAC, recuérdenlo aquí. Quizá por todo ello quedó una tarde desapacible, con una molesta lluvia intermitente.
Éramos de los pocos presentes que habíamos visto lidiar dos corridas de Sobral. Fueron ambas en Tafalla y dejaron contentos a todos. La duda es que aquellos toros habían pasado con una entrada al caballo y tras tan poco castigo propiciaron el triunfo de los toreros (obviamos la corrida de Sangüesa porque allí salieron vergonzosamente aplatanados, no de comportamiento sino de cuernos). Recuerden los festejos tafalleses aquí y también aquí y deléitense con los espectaculares pelajes. En cambio en Céret iban a ir tres veces y esa duda que teníamos es si aguantarían en la muleta.
Pues aguantaron cuatro de seis. Bien es verdad que no se les pegó duro. Pero acudieron un total de diecinueve veces, galopando casi siempre, empujando algunos y saliendo sueltos otros aunque ofreciendo una prestación que ya firmarían muchas ganaderías de postín. Todos murieron con la boca cerrada excepto el mejor, el quinto.
Los tres lidiados en Madrid en otoño pidieron el carnet y por ello nos las prometíamos felices pero éstos ceretanos ofrecieron todos las orejas en bandeja de plata.
El balance de los seis toros fue: aplausos, palmas, división, aplausos, ovación y palmas. Mejor que la mayoría de corridas del serial isidril y, además, se picó también mejor que en cualquiera de las de Madrid (observen la sangre en la foto anterior). Nos referimos a que no se vieron esas lanzadas traseras y esas recargadas infamantes que prodigan estos mismos picadores en Madrid. Claro, aquí saben que las tres entradas son obligatorias y los maestros tienen cierta preocupación en no quedarse sin toro. Eso evita el monopuyazo español.
En la muleta, ni un mal gesto, nobleza por arrobas, humillación y después más o menos gasolina pero con un par que dejaron en absoluta evidencia a los diestros como verán si siguen leyendo.
Los aficionados a las pintas tendrán dónde entretenerse a pesar de que nuestras fotos no tengan la calidad mínima exigible dada la oscuridad en que se desarrolló todo el festejo, que terminó entre fucilazos.
Cuatro quintos de entrada con Sicet demostrando en la presidencia que urge su jubilación. Ahí ven a los dos ganaderos junto a Carreño y al amigo Philippe con la cámara:
CASTAÑO. Su primero era este sardo claro, bocidorado y botinero:
Fue cuatro veces al peto pero salió suelto en tres. Era franco por los dos pitones, como ven. No obstante, Castaño nos castigó con un derechismo cargante apartándose del viaje del toro. Por fin decidió torear al natural pero...
... el animal ya estaba asfixiado y se le quedaba debajo. Tan fue así que en un instante lo prendió por el fajín y lo zarandeó sin consecuencias:
Al matar nos deleitó con un sainete marca de la casa dejando el toro como un colador: pinchazo quedándose en la cara, otro muy malo, tres más escupidos, dos más sin soltar y, por fin, una estocada milagrosamente arriba pero ejecutada a la buena de Dios.
Su segundo era un castaño claro, casi jijón, ojo de perdiz y listón, bien encornado y que arrastraba los pies de salida:
Acudió cuatro veces al caballo, todas galopando y topando con violencia. Eso mismo lo hace cualquier ganadería de las que tienen ustedes en mente y la parroquia torista echa humo por las redes. incluso hizo un leve intento de romaneo:
Ojo porque en la cuarta vara, colocado de muy largo, empezó a tardear y a distraerse. Castaño pidió el cambio y. al no concederse, utilizó la misma treta que había visto en Gómez del Pilar en el segundo: se fue hacia el caballo moviendo el capote sibilinamente y así provocó la embestida del tal Suavón.
Toro noble, humillador y con una embestida de categoría, de ésas que van para adentro. La pena fue que confirmó la debilidad de remos que habíamos detectado de salida pero que nadie protestó.
Perdió fuelle pronto y Castaño no logró entusiasmar a nadie, encima arrimándose menos de lo reglamentario.
Tendida trasera más cinco descabellos.
GÓMEZ DEL PILAR. Su primero era un castaño listón, bragado, meano, axiblanco, anteado, astifino y corniapretado:
Se le veía ya justito de fuerza a las primeras de cambio, tras este remate de Gómez a lo Lalanda:
Como vio la misma flojera que nosotros, antes de ponerlo en suerte gritó a Aguado: ¡cuídalo! Poca cosa en el caballo, con el diestro forzando la tercera carrera igual que hizo Castaño después en el cuarto, como decíamos antes:
Candelas dio ese pasito de más para evitar cuadrar en la cara. observen:
El portugués llevaba la boca cerrada pero por dentro iba en reserva. Gómez del Pilar nos aburrió con ese toreo suyo parsimonioso, dando pases de uno en uno, languideciendo y terminando por ponerse pesado.
Lo mató de esta estocada, que cayó trasera por llevar la mano alta, recuerden lo que contábamos aquí:
El quinto fue el mejor. Era este cárdeno salpicado más que ensabanado. Además es alunarado, mosqueado, rabinegro, botinero, capirote en cárdeno, ojalado y caribello. Lo de rabinegro no existe pero habrá que inventarlo para casos como éste:
Lo recibió de rodillas no a porta gayola sino en el platillo (esta plaza tiene 32 metros de diámetro salvo que alguien nos rectifique). Ojo porque al levantarse el toro se revolvió como un gato y le dio un susto gordo:
Luego lo enceló bien con el capote y al recetarle un remate con una chulesca floritura que estaba fuera de lugar, el animal se sintió humillado y lo obligó a tomar el olivo de cabeza:
A grito pelado consiguió que Sangüesa le hiciese caso y se limitase a señalar aunque trasero. Buena prestación del toro en el caballo pero el problema es que no se le picó porque, como comentamos, las tres veces fue señal y levantar. Eso sí, galopó a conciencia y metió el riñón como se ve abajo. Sobró el numerito del diestro abrazándose con el picador navarro para ver si rascaba los 300 euros del premio de la ANPTE:
A pesar de que le clavaron dos banderillas en el costillar, este buen Presidiario embistió con prontitud, con humillación y con gas. Desde el callejón le gritaban ¡vuelta! para que ligara los pases y no se pusiera a pensar entre uno y otro como es su costumbre.
El problema es que se ubicó fuera de cacho y, a pesar de sus ruidosos partidarios, quedó muy por debajo de la bondad del toro. Nada menos que tres desarmes le dejaron claro que había perdido la partida a los puntos.
Estocada contraria hasta lo rojo, sin tapar la cara pero con la mano alta. Fenomenal muerte del toro cuando, al notar la espada se quedó quieto pero enseguida pegó un arreón contra el diestro tras el que se derrumbó muerto a sus pies.
Petición menos que minoritaria y Sicet que da la nota ridícula al regalar una oreja pueblerina en la catedral ceretana. ¡Exigimos su jubilación ya! Antes de que alguien nos lo diga, siendo el mejor toro de la corrida, no le hubiéramos concedido el azul por lo comentado en varas.
JUAN DE CASTILLA. Su primero era otro sardo muy claro, botinero, ojalado, bocidorado y con esa curiosa mancha colorada que no es un lunar. Tampoco cabe calificarlo como falso jirón porque lo de jirón es siempre blanco sobre fondo oscuro. Y fíjense en que tiene las coronas blancas, como si llevase botines:
Salió violentamente carpintero y hasta cuatro veces se peleó con los burladeros. De la última creemos que salió lesionado en los cuartos traseros.
Buen galope en varas con cumplimiento antes de este buen par, salvo error, de González, en la plaza donde tomó la alternativa:
Lamentablemente no pudo venir Cervantes, convaleciente de su cogida en Las Ventas. Castilla empezó sin probaturas pero su trasteo fue tosco, picando más de la cuenta y con el toro ya claramente derrengado de atrás.
Pegó un puñetazo dejando esta estocada arriba, probablemente lo mejor de la tarde junto a las galopadas de los toros hacia el caballo. Bien la mano derecha pero mal la izquierda, con el palillo horizontal cegando al toro:
Observen que se atracó tanto que está incluso un poco contraria:
Muy mal el maestro huyendo al platillo para mendigar la ovación cuando el toro había doblado pero estaba todavía vivo hasta el punto de que se levantó. No respetan al toro, ni Castilla ni ninguno.
El sexto se llamaba Total. Nos ayuda el maestro Moore con las fotos. Era este sardo claro, capirote en castaño, ojalado, botinero y rabicastaño. No es preciso decir lo de mosqueado porque todos los sardos lo son, recuerden lo que explicábamos aquí:
González lo cerró en un burladero pegándole un trompazo formidable. El pobre animal salió aturdido, abriendo las patas para mantenerse en pie. Tres señales en varas pero con buen galope.
Después, alegría en la embestida para desilusión de los presentes. Es que el colombiano le pegó dos mil pases y ni uno bueno. Menos mal que estábamos ya casi a oscuras. Qué pena de toro... Castilla está para el toreo épico ante marrajos pero cuando sale uno como éste queda en evidencia.
Con los relámpagos de fondo casi se le va vivo: pinchazo, marronazo, corta que escupe y media en las agujas que no acusa. Cuatro descabellos rondando el tercer aviso.
Los premios de la ANPTE al mejor puyazo de la tarde y también el de la ADAC se los llevó Ángel Rivas por su labor con el tercero.
En la familia Sobral, el padre Manuel Passanha quiere más casta y el hijo Manuel Sobral quiere más clase. Por lo que vimos en Céret va ganando claramente el hijo. La corrida fue ideal para que la reclamen las figuras porque no sacó ese carbón que al padre y a nosotros nos gusta.
Sin embargo, nunca pedirán estos toros porque viniendo de Cebada, sacan pitones excesivamente astifinos y eso es algo que no gusta ni a las figuras ni a ninguno del resto del escalafón. Encima ayer estuvieron por encima de los toreros de manera neta. Comentábamos en los corrillos que quizá no repitan en Céret pero sí pudieran hacerlo en Vic. Ya veremos...
Saludos cordiales desde Amélie-Les-Bains. Rafa