A partir de ahora serán los 'resinas': toros impecables de lámina pero sin raza, sin casta, sin poder, sin codicia, sin nobleza, sin humillar, sin nada de lo que buscaba don Felipe en las marismas. Lo único positivo que les vimos fue su prontitud en acudir al caballo, nada que ver, por ejemplo, con la exasperante tardanza de los victorinos modernos.
FOTO: Arjona |
Los picadores, excepto García en el sexto, nos ofrecieron un espectáculo criminal y antitaurino. Observen esta carioca asesina en el lomo. Disculpen la calidad de la foto pero es el testimonio de la vergüenza que nos hicieron pasar:
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FOTO: Gonzalo Escobar |
Al terminar, varios aficionados veteranos de la grada del 8 comentaban su juego. Uno decía 'ha sido una mansada', otro decía 'sí pero mansos encastados', otro comentaba que 'se podía hacer algo con ellos' y el último le daba la razón: 'claro, por lo menos no eran la tonta del bote de cada día'.
Pues no estamos de acuerdo más que con el primero: fue una mansada pero sin ningún interés, descastada y desagradable por su sosería. Lo único que se podía hacer era matarlos con dignidad. Y que conste que a nosotros nos aburre y nos saca de quicio de igual manera tanto la tonta del bote como estos cárdenos de matadero.
El que acertó fue quien gritó a Gómez del Pilar en el quinto: '¡mátalo! ¡Pero mata toda la camada!' Ahí sí que estamos de acuerdo. A la salida escuchábamos cómo uno de los santones del 7 decía '¡qué hechuras! ¡Qué toros más bonitos!' Y no mostraba la menor indignación por el juego que habían dado en la plaza. Lo que usted quiera, jefe, pero nosotros preferimos menos hechuras y más bravura, más poder, más casta o más fiereza. Y no hace falta todas estas características juntas, con una de las citadas nos conformaríamos.
Pero es que los resinas no mostraron ni una de ellas, ¡ni una! Todos barbearon las tablas y estaban locos por irse no a los adentros sino directos a toriles. Desparramaban la vista y rehuían la pelea. Ninguno remató en los burladeros y doblaron las manos en cinco ocasiones.
Como curiosidad, los toros lucieron divisa celesta, blanca y negra, suponemos que por luto en homenaje a las víctimas de las inundaciones mallorquinas por las que se guardó un minuto de silencio. Hubo el tercio de entrada esperado:
RUBÉN PINAR. Su primero hizo un amago de saltar pero no superó el listón. Barbeaba las tablas y se quería ir nada más salir.
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FOTO: Julián López |
Dos puyazos lamentables y el toro que adoptó en la muleta un trote cochinero mientras tardeaba. Las dos primeras tandas transcurrieron esperando que Pinar matase al animal lo antes posible para ahorrarnos la matraca. Pero héteme aquí que en un tornillazo el diestro no quiso soltar la muleta y el tal 'Rosalero' le enganchó por el muslo derecho infiriéndole una grave herida (dos trayectorias de un palmo cada una). Pulsen aquí en el 0'35''.
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FOTO: Javier Arroyo |
El bueno de Pinar pidió un torniquete con un corbatín y, cuando pensábamos que iba a pegar un espadazo e irse a la enfermería, se dedicó absurdamente a seguir ahí con el insulso toro dándonos un mal rato y encima con visibles gestos de dolor. Vean que la sangre le llegaba hasta el tobillo.
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FOTO: Javier Arroyo |
Eso no venía a cuento y nos parece un gesto tan temerario como innecesario. Esperemos que Manolo Amador se lo haya hecho entender. Pinchazo delantero y casi entera, pescuecera y caída con tres descabellos. Como la espada estaba defectuosa, los del 7 le brindaron unas impresentables, patéticas y vergonzosas palmas de tango absolutamente fuera de lugar. Señores, con la herida que llevaba, había que guardar silencio y las palmas de tango dejarlas para otras ocasiones en que deberían sonar y no suenan porque el destinatario es santo de la devoción de ese tendido. Nos indignaron mucho, creemos que se nota.
JAVIER CORTÉS. Mató tres toros, dos de Resina y uno de Pereda que remendaba la corrida y, de paso, limpiaba los corrales, porque era nacido en noviembre de 2012, hagan cuentas.
Su primero renqueaba de atrás pero nadie protestó (si llega a ser de Cuvillo, Garcigrande o Juan Pedro, no se le perdona, son las cosas de Madrid). Era otro que barbeaba y buscaba irse a Manuel Becerra de salida. A Cortés ya dijimos que lo tenemos calado: mata sus toros en el caballo y este 'Huracán' lo sufrió en sus propias carnes con una paliza tremenda y fuera de lugar.
En banderillas el toro hizo hilo con Prestel y lo persiguió hasta la barrera. Como Cobo no estaba atento al quite, el animal saltó empujando al subalterno al tejadillo del callejón, que es lo que le salvó, y cayendo ambos dentro (pulsen aquí en el 2'23''). Fue un momento de grave apuro entre el 8 y el 9. No se equivoquen: el toro no hizo eso por su codicia sino porque vio la ocasión de huir con la excusa de perseguir al pobre Prestel, que se llevó un susto que no olvidará.
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FOTO: Javier Arroyo |
Nos recordó la muerte del carpintero Pablo Pérez en 1957 cuando sucedió algo parecido en 1957, fue entre el 6 y el 7 y lo contábamos aquí:
El toro no valía ni para carne, iba con la cara por las nubes, topaba y miraba al tendido en lugar de a la muleta, mostrando su descastamiento total. Sólo faltó que Cortés se equivocara rematando varios pases por arriba para que el toro empeorara su ya de por sí nefasta condición. Tuvo que cazarlo de un bajonazo tras dos pinchazos feos porque encima se puso gazapón.
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FOTO: Javier Arroyo |
El segundo que mató fue el castaño de Pereda, que era el que correspondía a Pinar. Toro feo, muy basto de pezuñas y encima flojo de remos. Como en la muleta apenas se tenía en pie, la cosa fue de siesta. Media contraria y caída y dos descabellos.
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FOTO: Julián López |
El sexto fue el tercero que despachó. Precioso por fuera pero vacío por dentro. Tras un segundo tercio que fue un herradero, demostró su poca raza, embistiendo al paso, buscando lo que dejaba atrás y sin pasar en cuanto agotó la mínima fuerza que tenía. Lo que decíamos antes: no era la tonta del bote pero la cosa se seguía con sopor desde el tendido. Al final desarmó al diestro. Todo el mundo estaba loco por que aquello terminase de una vez. Estocada pasada atravesada tirando la muleta y cuatro descabellos.
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FOTO: Javier Arroyo |
Tres toros en Madrid no se tienen todos los días, es lo que alguno le recriminaba. Pero tres toros tan insulsos y descastados como ésos también es difícil que coincidan.
GÓMEZ DEL PILAR. Esta temporada se ha ganado nuestro interés porque es un torero que nos ha demostrado tener afición. Aquí tuvo muy buena disposición toda la tarde incluso hasta ponerse pesado porfiando con su segundo al que debiera haber pasaportado sin contemplaciones para ahorrarnos la tabarra.
Se fue a porta gayola en los dos, cosa que tiene mucho mérito para nosotros. La primera vez hubo que llamar al torilero, que ya se había ido adentro a abrir y el maestro empezaba su paseo hacia chiqueros sin que se diera cuenta. Recuerden aquí lo que decía Luis Miguel: 'cuando vas caminando hacia chiqueros para arrodillarte, ya no te puedes echar atrás pero es que, si pudieras, te cambiarías por un perro callejero'.
El toro le pasó muy cerca de salida y luego le dio unos delantales muy celebrados. Estuvo infame Aguado señalando en el lomo pero el diestro siguió con sus ganas de agradar por chicuelinas y dejando el toro largo en la segunda vara con una zapopina. Creemos que como el toro apenas había sido pinchado Gómez del Pilar iba a ponerlo una tercera vez de largo pero el presidente, con el piloto automático, cambió el tercio por su cuenta ante la sorpresa del maestro. Cobo puso el mejor par de la tarde para resarcirse de su error en el quite a Prestel.
Inicio serio de faena a un toro sin casta, que andaba descompuesto y se revolvía por el izquierdo. Precisamente tras recibir un susto por ese pitón, Gómez del Pilar se echó la mano a la izquierda para torear por naturales (?). Suponemos que lo hizo por sus ganas de agradar, como indicando que no iba a achicarse. Pero no sacó nada en claro ya que el toro era de chichinabo.
Tragó con valor y se pegó un arrimón pensando que Polo sería como Gómez hace justo un año cuando regaló una oreja de pueblo a Luque por un arrimón penoso (recuerden aquí). Resopló tras dos manoletinas con susto y pegó un gran pinchazo arriba excelentemente ejecutado en la suerte natural. Cambió a la contraria y ahí dejó esta desprendida hasta los gavilanes.
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FOTO: Julián López |
Bella muerte del toro y sorprendentes aplausos en el arrastre ante los que no dábamos crédito. Aplausos ¿por qué? ¡Venga, hombre! De nuevo, las cosas inexplicables de Madrid...
A su segundo no pudo lancearlo a porta gayola porque se le paró a mitad de larga. Pasó un apuro del que le salvó la poca raza del toro, que no hizo por él sino que prefirió irse a barbear las tablas y volver a chiqueros (como todos menos el tercero, se dan cuenta del papelón de Algora y Morales ¿no?).
Sangüesa le dio cera abundante e inmerecida en el lomo, como es típico en él. La sangre le caía al pobre toro por detrás del brazuelo, qué vergüenza.
En la muleta fue un manso que se enteraba de la película. Hubiera tenido interés si se pone gallito y saca genio pero se marchó a chiqueros y el diestro se dedicó a perseguirlo cuando también huyó de allí para ir refugiándose en las tablas. Era una cosa desesperante. El público pedía que lo matase y acabara aquella tortura producto del descastamiento más absoluto del ganado. A esas alturas, todo el mundo había olvidado las bonitas hechuras del toro cuando salió y deseaban perderlo de vista.
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FOTO: Julián López |
Medio golletazo atravesado y el toro que se echa pero Cobo lo levanta al ir a apuntillar y se lleva un susto. Se vuelve a echar y se vuelve a levantar por no ir el puntillero por detrás. Aplausos de algunos espectadores al toro por esta demostración... ¿de qué? ¡Un poco de seriedad, por favor! No lo podemos entender como no sea que esta ganadería tenga bula en Las Ventas.
La corrida ya ven que fue un bodrio infecto y encima Pinar terminó gravemente herido. ¿A alguno de ustedes se le ocurre qué hacer con los resinas? El trapío no vale para nada si dentro no tienes más que podredumbre y falta de raza. Y los recuerdos de 'Joyerito' y 'Zorongo' no sirven ante este tribunal porque estamos juzgando los resinas por su mansedumbre en el presente y no por su bravura en el pasado.
Decía don Felipe hijo que lo bonito de tener una ganadería era criar los toros en el campo, nada más. Ante la sorpresa del interlocutor añadía: 'si luego salen buenos en la plaza, mejor que mejor, pero lo bonito es criarlos'. A este paso, seguirá siendo muy bonito criar los resinas. Pero tendrán que quedar sólo para recreo de los fotógrafos en el campo con la condición de que Algora les quite sus lamentables y humillantes fundas. Si vuelven a saltar a un ruedo, con nosotros que no cuenten (y bien que lo sentimos).
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.
FOTO: Arjona |