Matamos dos pájaros de un tiro con el título de la entrada porque nos referiremos a cosas de su infancia, donde se mezclan el matadero y su apodo. Lagartijo era conocido como 'El Chico' desde que empezó en la cuadrilla infantil toreando becerradas. Así le llamaron en casa toda la vida, nada de Lagartijo. El apodo que lo hizo célebre vino después. Todo el mundo suele repetir lo que decía Neira, que se lo pusieron por su flexibilidad y ligereza ante el toro. Quizás habría que añadir que estaba muy flaco cuando empezó. Él mismo lo decía: 'estaba más seco que un higo'. Una mezcla de las dos cosas nos daría como resultado el recuerdo a la lagartija.
Esa viveza en el ruedo se recuerda cuando un toro hizo hilo con él y lo persiguió hasta la barrera en Zaragoza. El toro saltó la misma y los espectadores pensaron que había estampado al torero contra la madera. Resultó que cuando el toro cayó al callejón, Lagartijo se levantó tan tranquilo en el ruedo. Se había agachado justo cuando el toro lo alcanzaba y el animal había saltado por encima de él. Hay que tener mucha sangre fría para hacer eso si es que fue tal como lo cuentan. Recuerden que a Prestel en Madrid lo salvó que el toro lo empujó al tejadillo, si no, a estas horas estaríamos lamentando una desgracia gorda (recuerden aquí):
Rafael ya era por entonces de carácter reservado, melancólico. No hay constancia de que se dirigiera nunca de malas maneras al público en tardes aciagas. Dicen que cuando le pitaban, se mostraba abatido, mudo y triste, como Curro Romero. Quizá eso aumentaba el cariño que muchos sentían por él, de ahí que cayera mejor que Frascuelo. Si a esto añadimos su gracia natural y su generosidad en lo económico, tenemos algunas de las claves de que fuese tan querido.
Precisamente este bonito manto de color nazareno con bordado en oro lo regaló el maestro a la Hermandad de Jesús Caído de Córdoba, de la que fue Hermano Mayor, como antes lo fuera Pepete y luego Manolete. Queremos creer que sigue siendo el mismo salvo que algún aficionado cordobés nos rectifique:
Los asuntos económicos le trajeron un disgusto cuando una mujer a quien el diestro había demandado porque no le pagaba un dinero que le debía se presentó en su casa con una pistola. Abrió la puerta Lagartijo y se oyó un disparo. Resultó ileso el maestro a pesar de la cercanía de la agresora, que salió huyendo para esconderse en el Hospital de los Dolores donde fue detenida. Entró por la puerta de la derecha de la foto:
Un ejemplo de su generosidad lo cuenta Natalio Rivas. Había un joven modesto, simpático y muy respetuoso que asistía a las peñas taurinas donde aparecía Lagartijo. No hablaba nunca, sólo escuchaba porque su admiración por el torero era casi fanática. Como llevara varios días especialmente triste, el maestro quiso saber qué le preocupaba. Resultó que en el sorteo de quintas le había tocado cumplir al servicio militar y temía por su madre ya que podría tener que ir a Cuba a la guerra.
Ya saben ustedes que hasta la reforma de Canalejas, podías pagar para librarte del ejército, de ahí que ese sistema de quintas estuviera tan mal visto por los más pobres. Lagartijo le preguntó que cuánto costaba librarlo. El muchacho contestó que su familia no disponía de las mil quinientas pesetas necesarias. Rafael sacó dos billetes de mil y le dijo 'toma, aquí tienes el remedio para que no llore tu madre'.
Hemos hecho cálculos: en aquella época, una barrera de sombra en plaza importante valía unas diez pesetas y Lagartijo le dio doscientas veces ese valor. Hoy, la misma entrada puede costar ciento cincuenta euros, con lo cual la donación equivaldría a unos 30.000 euros actuales.
En temperamento, Frascuelo era todo lo contrario: extrovertido, sanguíneo, atrevido. Mientras Rafael era la humildad, Salvador era la soberbia. Los lagartijistas decían que Salvador era soberbio por envidioso. Una vez Frascuelo se encaró con los que le abroncaban y al llegar a la barrera Lagartijo le dijo 'tú te vas a perder por la boca'.
Volviendo a su infancia, cuando formaba parte de aquella cuadrilla infantil fue a Andújar a torear. Eso implicaba veinte horas andando desde Córdoba. Debía de tener once años e iba de prestado, con un vestido azul y negro y una montera 'que pesaba más que una maldición gitana'.
Fue un éxito, 'le di diez o doce muletazos a mi manera y una estocada hasta las cintas, la gente se volvió loca de tocar palmas'. Recogió sus buenos dineros dando la vuelta al ruedo. Al regresar a Córdoba se le hizo de noche y 'me eché una siestecilla a la vera de un viñedo; cuando desperté me vi solo y desamparado...me habían quitado los dineros, el capote y el vestido'.
Siguió su largo camino hasta la capital 'llorando de hambre y de tristeza'. Al llegar a casa, su padre le esperaba con una rama de acebuche para pegarle unos azotes que el diestro recordaba con su típico gracejo (hoy, al 'Niño de Dios' le costarían una denuncia).
Lagartijo fue uno de los toreros que de chaval pasó muchas horas en el matadero. También lo fueron Paquiro, Lalanda, Pepe Luis, los tres Gorditos y Guerrita. Precisamente el padre de Guerrita era el portero del matadero de Córdoba. Más de una vez corrió a bofetadas a su hijo porque lo encontraba en el patio toreando algún animal antes de ser sacrificado. También toreaba Rafael Ortega en el matadero de Ceuta cuando estuvo más de tres años haciendo el servicio militar. Decía que 'allí las reses venían vivas y la mayoría de ellas embestían'.
Vamos a lo que cuenta Lagartijo:
"Con diez u once años nos colábamos en el matadero saltando los pinchos de la verja o arañando la tierra para arrastrarnos por debajo del portalón. Allí, las noches de luna nos hartábamos de torear vacas y becerrotes. Algunas veces nos teníamos que tirar de cabeza a la fuente con agua helada o terminábamos revolcados en el estiércol caliente, todos apestosos. Luego mi padre me molía a palos..."
Igual que a Lalanda, cuando su padre le amenazó: 'como me entere de que has vuelto a torear te rompo una pierna' (recuerden aquí). Como lo de Rafael no fueron las letras, entró a trabajar precisamente en ese matadero pero duró poco. Tenía quince años cuando el alcalde de Córdoba envió esta notificación al jefe de la instalación, que tuvo como resultado la expulsión de nuestro protagonista:
Pero luego siempre será recibido calurosamente por los trabajadores, hasta el punto de que sufrió un accidente en el mismo siendo ya torero de alternativa, en mayo de 1870, vean:
Cuando volvía por allí, practicaba la suerte del descabello, en la que era un artista. Ahí lo tienen apuntillando 'de ballestilla'. Este alarde lo copió de Gordito, igual que lo de clavar al quiebro:
Siempre pedía permiso al público para apuntillar. Algunas veces lo hacía sentado en una silla. Los críticos más serios lo censuraban diciendo que 'eso, en el matadero y no en la plaza de Madrid porque un torero mata con la espada'. En algunas crónicas se dice con sorna que 'al final hizo de matarife'. Como es lógico, a los lagartijistas les parecía de perlas que realizase estos alardes. Lean:
"Bajaba el trapo rojo hasta el suelo llevando allí la vista del animal. Pedía la puntilla, que balanceaba en su mano derecha y, cuando la quietud del toro lo permitía, arrojaba en rápido semicírculo el cachete, que iba a clavarse entre las vértebras del animal, hiriéndole en la médula y echándolo al suelo agonizante, tiesas las patas. El público rompía en oles a Lagartijo y vivas a Córdoba..."
En aquella época la puntilla era cosa del peón destinado al efecto, que hacía su trabajo ataviado con unos manguitos negros (como el que se pone Fernando Sánchez cuando va a pegar el cachetazo, aunque en su caso es de plástico transparente). Precisamente Lagartijo llevó como puntillero en su cuadrilla durante muchos años a su hermano mayor Francisco ('se viste de torero porque lo hacen sus hermanos pero sólo sirve de puntillero y gracias' decía Neira). En este cartel vemos anunciados a Juan como banderillero y a Francisco como cachetero:
Aquí ven otra imagen del diestro ante un ensabanado, capuchino, botinero y alunarado:
Los dos hermanos pequeños que acompañaban también a Rafael eran Manuel y Juan. Manuel llegó a tomar la alternativa de manos de Rafael en 1879. Estuvo siete años toreando a la sombra de su hermano, quien lo imponía en los carteles. Precisamente en algunas crónicas se referían a él como 'el hermano de su hermano'. Aquí no lo dejan muy bien, es 1885:
Juan, el gran peón de confianza, fue el padre de Rafaelito Molina Martínez, 'Lagartijo Chico'. Murió a los ochenta y un años:
Tuvo que sufrir la desgracia de ver la muerte por tuberculosis de su hijo Rafaelito en 1932, (de quien hemos leído que sus buenas cualidades podrían haberle llevado a entrar en la lista de califas). Ahí lo tienen el día de su alternativa en Madrid con su amigo y tocayo 'Machaquito':
Por cierto, la antigüedad de la alternativa entre los dos Rafaeles se resolvió con un sorteo porque la tomaron en esa misma corrida. Éste es el cartel y abajo de todo se ve el aviso al respecto:
La corrida enviada por el Duque fue muy criticada. Estos son los toros en los corrales, se habló de que eran chotos, cabritos...
Hacía mes y medio que había muerto el primer califa. El sobrino de Lagartijo tenía treinta años cuando falleció. Se había casado con Angustias Sánchez en esta iglesia de san Andrés de Córdoba siendo padrino Guerrita:
Al quedarse viuda, Angustias se casaría poco después con Manolete. Sólo hacía dos años de la muerte de su primer marido, por eso la novia iba de negro.
Observen aquí al sobrino homenajeando al tío con una media lagartijera:
Nos vamos de unas a otras en nuestras divagaciones sobre Lagartijo y corremos el riesgo de marearles. Lo dejamos aquí por hoy y nos despedimos con un cartel de la feria de Zaragoza. La empresa precisaba que el día 17 Chicorro substituía a Lagartijo. Precisamente en la cuadrilla de Chicorro estuvo varios años de banderillero Manuel, el hermano de Rafael.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.