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domingo, 23 de agosto de 2015

¿POR QUÉ DA TANTO MIEDO EL HIERRO DE SALTILLO?

FOTOS DE LA FERIA DE TAFALLA, 2015 (2):
                            SALTILLO

Los de Tafalla parecieron saltillos mexicanos, ya les dijimos en nuestra crónica que no se comían a nadie. Ninguno bravo y sólo uno manso que no hizo honor al nombre histórico que llevaba, 'Ruidón'. Pero un manso al que la lamentable lidia que se le dio hizo que pareciera un asesino cuando no lo era ni de lejos.


Y es que en Tafalla hubo psicosis paranoica con el hierro de don Antonio de Rueda y Quintanilla, marqués de Saltillo. Lo mismo parece que sucedió en Cenicientos. La consecuencia fue que las cuadrillas anduvieron medrosas y los toreros desconfiados cuando no aterrorizados, con lo cual los toros dieron la impresión de ser peores de lo que realmente fueron.

Si no nos creen, miren cómo metía la cabeza este 'Olivero' de Iván Vicente:


Parece que estemos en el coso de Insurgentes ¿verdad? Y ¿qué me dicen del primero de Damián Castaño? Observen al tal 'Lemanoso' arrastrando el morro por el coso tafallés:


Y, como no hay dos sin tres, vean a Javier Antón conduciendo a 'Banderillero' (con esa moda que se les ha puesto a todos de ayudarse con el estoque en los naturales ¡debería prohibirse!):


El único que resultó, como decíamos, manso a secas sin ser ningún marrajo fue este 'Ruidón':


El día del desencajonamiento ya tuvo su protagonismo negativo no queriendo entrar a chiqueros con sus hermanos. Y no corrió el encierro para evitar otro sainete o alguna pelea intempestiva en los corrales de Escolapios. De trapío, irreprochable, ya ven:


En el apartado, las cuadrillas montaron el número habitual e insistieron en que quedase como sobrero y en su lugar saliese un torete chatobrocho que se llamaba, hablo de memoria, 'Viruto'. Ahí la empresa estuvo en su sitio e impuso la lidia de 'Ruidón'. Ya pueden ustedes suponer que, por la tarde, Damián Castaño y su cuadrilla no lo iban a querer ni ver.

Aquí tienen a los otros saltillos, con este de abajo, primero de Antón, también precioso de lámina:





Precisamente fue Javier Antón el único diestro en toda la feria que se estiró con gusto a la verónica, lo cual nos deja un balance descorazonador.


Toreó finamente con la muleta pero a un toro que cojeaba visiblemente por haberse lesionado en el segundo tercio. Menos mal que mató mal porque así la cosa quedó en vuelta al ruedo y no en una oreja que le hubiese regalado el paisanaje por haber estado pinturero con un toro inválido:


Iván Vicente venía, dicen, de casi abrir la puerta grande en Madrid el domingo. Pues aquí no demostró nada. Le tocaron los dos mejores toros: en el primero dejó que su oponente se hiciese el amo y en el segundo, tras un horroroso inicio de faena a base de mantazos, dio pases que aburrieron al toro y a nosotros. Eso es lo que demostró en Tafalla.


Y el pobre Damián Castaño cometió el pecado capital de un torero, que es dejar que se note el miedo que tienes. Dio un sainete en su primero a la hora de matar (dos pinchazos en los blandos, un golletazo, otros dos pinchazos bajos, casi media caída y ocho descabellos).

Y salió 'Ruidón', que mató a este caballo porque lo cogió por el otro lado. Ya saben que los toros huelen la sangre y este de Saltillo la olió y despanzurró al equino sin que en la plaza nadie notase nada porque la protección evitó un espectáculo decimonónico. Este fue el momento:


Ya ven que la psicosis del terror a Saltillo afectó también a los picadores con algunos puyazos de los que gustan a los antitaurinos para su propaganda (en el patio, tras recomendárseles que intentasen picar a los toros en el morrillo y que los pusiesen de largo, uno de ellos comentó 'Bah, eso, para las concurso, aquí, no'):


Volviendo al pobre Damián Castaño, menos mal que de inicio entró a matar porque, si intenta algo de faena, corre el crono y el toro se le va vivo al corral, cosa que no creo que le hubiera importado mucho. En esos momentos, Castaño prefería andar sobre cristales rotos que pasaportar a 'Ruidón'. Fíjense en que hay más gente en el ruedo que en el tendido:

"No me habéis banderilleado ni toreado, no podéis conmigo y me tenéis miedo: ¡yo sí que merezco el indulto!"

Al final, media cayéndose al suelo, tres pinchazos bajos a paso de banderillas, tres más hondos, otro en el brazuelo y esta casi entera atravesada que ven aquí con todos los peones alrededor (más nueve descabellos):


Lo único positivo es que no hubo un altercado de orden público porque, en tiempos no muy lejanos, no sabemos si hubiesen tenido que intervenir los forales para evitar algo grave.

Pues ya lo ven: saltillos muy toreables, mansurrones, con el manso 'Ruidón' al que nos vendieron como si fuese Jack El Destripador pero no nos engañaron, con unas cuadrillas aterrorizadas, unos picadores nefastos y un público decepcionado porque esperaba mucho más de este encaste.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

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