En el segundo capítulo dedicado a la bravura que pueden recordar aquí nos quedaron en el tintero algunas preguntas que planteamos a continuación. Seguiremos la numeración que dejábamos interrumpida.
10. ¿ES LO MISMO BRAVURA QUE PODER?
Por supuesto que no. Un toro menos bravo o directamente un manso de carreta podría llegar a demostrar un gran poder combinándolo con sus huídas. En una entrada anterior hablábamos del Cucharero de Lagartijo. Recibió diez varas y mató cinco caballos pero salía huyendo tras pegar la cornada, que siempre era certera. En la crónica advertían de que no se confundiese el poder con la bravura, vean:
Ligado con esto preguntaríamos si es posible un toro bravo sin poder. Pues creemos que no. A pesar de que el poder sea un componente de la bravura, en nuestra opinión es un componente imprescindible, igual que la casta.
11. ¿AGUANTAR MUCHOS MULETAZOS ES UN SÍNTOMA DE TORO BRAVO?
'Mientras más bravo sea un toro, más muletazos tiene'. Ese era el axioma de don Juan Pedro Domecq y Díez. Pero como a los Domecq se les cita a veces para lo que interesa, recordaremos que él afirmaba que la bravura del toro se debía mirar también en la suerte de varas. Insistía en que había que buscar el conjunto, no como muchos ganaderos comerciales de la actualidad, que sólo se fijan en la primera parte de su afirmación. Justo Hernández sostiene que con el gran nivel alcanzado en la selección del toro 'es innecesario medir la bravura con el caballo'.
Nosotros discrepamos abiertamente con lo de que la bravura está en la muleta. Aceptaremos que el toro sufre también quebranto al humillar y que al seguir el engaño debe demostrar mucha motivación, si aceptamos esta palabra.
Pero decir que ésa es la clave de la bravura es hacer el caldo gordo a los ganaderos del toro manejable porque en la muleta, por mucho que se esfuerce y mucha dopamina que tenga, no siente el castigo de la puya ni el desgaste de empujar...con la desesperación añadida de enfrentarse a monstruos acorazados que superan con creces los 700 kilos. ¿Puede perder bravura el toro al sentirse claramente vencido por ese muro infranqueable? Es muy difícil de confirmar pero no nos extrañaría.
12. ¿INFLUYE LA ALIMENTACIÓN EN LA BRAVURA?
A ustedes les parecerá absurda la pregunta porque la respuesta lógica sería que no. No entraremos en aspectos de la alimentación moderna del toro que llevan veterinarios expertos en nutrición como pueden leer en los comentarios al primer capítulo. Pero si resucitasen aficionados de la época de Bombita sostendrían sin duda que la alimentación con pienso daba más fuerza al toro pero le reducía la bravura y lo convertía progresivamente en un cebón de matadero.
Ese era un pensamiento muy extendido por aquel entonces. Fernando Villalón decía que los toros se hacían bravos comiendo la hierba reseca de la marisma, que sabía a mojama por las crecidas del Guadalquivir. En la época de Bombita y Machaquito, el menú era la hierba, las habas, el garbanzo negro y las algarrobas.
13. ¿EXISTE ACTUALMENTE EL TORO MANSO COMO TAL?
No, por eso algún amigo lector nos afea esa denominación diciendo que habría que usar la del Cossío, esto es, 'menos bravo'.
Esperen, ahora que recordamos, nos quedábamos con la duda de este Opaco de Las Ramblas:
En San Isidro de 2018 el presidente Gómez Martín lo devolvió al corral y todo el mundo lo criticó porque hubo unanimidad en considerar que había devuelto al corral un manso. Él se justificó diciendo que enseñó el verde al toro 'por mostrar una conducta anómala no apta para la lidia'. Añadió unas excusas un tanto peregrinas que no repetimos aquí porque las transcribíamos en esta entrada donde se las discutíamos sin ambages.
14. ¿INFLUYE LA PINTA DEL TORO EN SU BRAVURA?
No, a pesar de que Gallito dijera aquello de que 'lo negro es lo más bravo' por su interés en potenciar la sangre de Murube. No era el único. Recuerden que Lagartijo ya hablaba muy bien de los murubes porque eran 'unos toros muy dóciles con los que se puede hacer cosas buenas'.
De hecho, hubo una época en que lo colorado se reputaba como lo que daba más problemas a los toreros por su acometividad. ¿Sería una reminiscencia de los quebraderos de cabeza que daba la sangre navarra? Es cierto que cuando vino Arruza a España trajo su manía de no querer lidiar toros colorados y cundió el ejemplo. Por eso a partir de esos años, muy brava tenía que ser la vaca colorada para que se la dejase como madre en muchas ganaderías.
15. UN TORO REALMENTE BRAVO ¿TIENE QUE IR INEVITABLEMENTE A MÁS A PESAR DEL CASTIGO O LA ADVERSIDAD?
En nuestra opinión, con que no vaya a menos o haga amago de dudar o de mostrarse vencido, es suficiente. Lo de que se crezca y vaya siempre a más es un desiderátum difícil de ver, la verdad.
¿Recuerdan ustedes las veces que Cobradiezmos dudó, o sea, escarbó? Nosotros, sí: ¡trece! No fue un toro auténticamente bravo ni de broma. Lo analizábamos aquí y defenderemos nuestra opinión a pie o a caballo, no rectificamos ni una coma.
16. ¿SON IMPRESCINDIBLES TRES ENTRADAS AL CABALLO PARA CALIBRAR LA BRAVURA?
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| 'Monerías', de Adolfo Martín, un toro bravo, ¿el último que le ha salido? Fue en 2014. |
Sí. Lo hemos repetido en nuestro modesto blog hasta la saciedad pero es como ladrar a la luna. Victorino Andrés decía que al primer puyazo iba una vaca mansa, en el segundo el toro ya veía que no daban caramelos y a partir del tercero es cuando su pelea debía demostrar su bravura. Recuerden lo que contábamos aquí.
Nosotros siempre lo hemos entendido así y a estas alturas no vamos a cambiar. Por eso negamos la calificación de bravos a toros que sólo acudieron dos veces, como Bastonito o Cobradiezmos, por citar dos famosos. El primero quizá fue fiero y el segundo, boyante pero nos negamos en redondo a afirmar que fueron bravos.
Otro de la misma cuerda era don Celestino Cuadri. Lo contábamos aquí:
"Las tres varas son imprescindibles para ver el toro bravo porque es la tercera la que de verdad mide la bravura. Hace falta tres varas caiga quien caiga, aunque el que se caiga sea el toro. Que los espadas, sabiendo esto, acomoden su acción y la de su picador a la fuerza del toro que han de matar después"
Por eso habrá que adecuar el tercio de varas con el fin de que se pueda observar cómo se porta el toro en tres entradas. Nuestra solución la planteábamos aquí intentando dejar contentos a todos: convertir los puyazos en muletazos para asegurar tres entradas que castiguen al toro como quiere el diestro y que también contenten al aficionado al primer tercio.
El problema es que el picador tendría que trabajar más y el maestro o sus peones también, estando pendientes de preocuparse por sacar al toro del peto. Ahora se hacen los autistas, fíjense en que muchísimas veces ni miran cómo está metiendo la cabeza el toro en el peto. Tienen una falta de afición insoportable. Y mientras tanto, el carnicero a caballo hace picadillo al pobre animal con el monopuyazo asesino español.
Seguiremos hablando de la bravura en otras entradas. De momento tienen estas dieciséis preguntas para entretenerse pensando en si llevamos algo de razón con nuestras respuestas.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.















































