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miércoles, 21 de agosto de 2024

FERIA DE TAFALLA, 2024 (y 2): EL PINCHA: ¡QUE VUELVA EL ZAPATILLAZO!

A El Capea Navalón lo amargó con aquello de 'rey del zapatillazo'. También lo pegaban Manili, Ruiz Miguel, los dos Dámasos... Lo pegaban todos porque si no embestía el toro embestían ellos y si, como es el caso que nos ocupa, estaban en un pueblo, de allí había que salir con orejas o con los pies por delante.

Se echaban encima del toro, le hacían repetir, enlazaban pases aunque no los ligasen, enardecían al personal y así salían en hombros de tantos cosos de segunda y tercera. ¿Qué hacen éstos de hoy? Han visto tantos vídeos de Morante que intentan hacer el toreo güeno siempre, pase lo que pase. Si el toro es malaje y no se presta, ya no saben qué hacer, eso por supuesto. Pero es que cuando salen toros potables como los de Pincha, se dedican a ir de finolis emulando al del puro y lógicamente fracasan.



Que no, hombre. Que para tres toreros como los que se anunciaron en Tafalla, el teórico toreo puro que presuntamente saben hacer debe quedar para cuando hayan salido muchas veces en hombros en las fotos. Estos pinchas, con el zapatillazo, con ganas, incluso con tosquedad si me apuran, pero con decisión y voluntad de cortar orejas, se van con la mitad de las que tenían en chiqueros... ¡como mínimo!

Pero nada, un páramo. Los toros fueron muy parejos, todos negros, con trapío, bajos de agujas, en puntas, con buenos morrillos y con buen comportamiento. La formalidad fue su tarjeta de presentación, usando ese vocablo de los taurinos. Sólo el sexto, Cantinero, sacó carboncillo y por ello fue el que más nos gustó con diferencia (de hecho, el único). Asistimos entre náuseas al maltrato habitual de los asesinos habituales, con seis monopuyazos españoles de la peor especie, incluido un par de cariocas de varias vueltas dignas de una sala de torturas medieval. Pero los responsables, como siempre, fueron los maestros, no los piqueros.

Salvo que alguien nos rectifique, el ganadero se llevó los testículos de tres ejemplares, no sabemos por qué motivo. Uno de los emasculados fue el sexto y si fue para pajuelas, ya nos extraña que Baigorri quedase satisfecho de un toro que resultó incómodo para el torero porque sacó su castita. Hubo media entrada. 




EMILIO SERNA. Su primero era este negro zaíno, astracanado, apretado de carnes, con notable morrillo y flojo ya de salida:



Lo recibió de rodillas en tablas y cumplió en el caballo con ese ruin monopuyazo que recibieron todos. Luego vino el sainete en banderillas, con seis pasadas para dejar tres palos. 

Al diestro le faltó confiarse para bajar la mano aunque gozó de la atenuante del aire:



Bajonazo trasero sin puntilla y sin tapar la cara pegando el telonazo, como ven. Se le va atrás por llevar la mano alta: 



Su segundo era este negro aleonado y bizco del izquierdo, que metió bien el riñón en el peto mientras recibía cera abundante.



El toro tenía mal carácter y estaba deseando subirse a las barbas del diestro, cosa que no sucedió porque perdió en seguida el fuelle que mostraba de inicio.



Arrimón y pinchazo arriba más esta estocada caída y trasera. Muy bien el presidente Zalacaín sin conceder nada porque no había petición mayoritaria. El diestro no disimuló su enfado con el palco pero en lugar de una ración de ajoarriero le recomendaremos otra de ajo y agua:




JAVIER ANTÓN. Su primero era este negro astracanado al que un peón estrelló vilmente contra el burladero y a punto estuvo de destrozarle un pitón:



Luego asistimos a una carioca repugnante con el diestro de autista. Dani Sánchez bregó muy bien enseñando a todos que el toro era bueno.

A Antón le notamos la inactividad y si a ello sumamos que el animal resultó sosito y parado, la cosa quedó en agua de borrajas. El problema fue que el maestro no paraba nunca de pegar pases y eso consiguió sacarnos de quicio.



Pinchazo hondo horrible, otro malo perdiendo la muleta aunque no perdiendo de vista el morrillo y estocada trasera, más cinco descabellos:



El quinto era este pavo, con dos agujas pero con poco cuello:



Con ese aspecto tan astifino ya pueden suponer que Antón ordenó una carioca barriobajera que fue de dos vueltas y media, barrenando a gusto. ¡Qué asco!

Acto seguido asistimos a lo único bueno de la tarde, que fueron los dos pares que puso Dani Sánchez:



Baigorri daba instrucciones al diestro desde el callejón:



Antón vio que llevando en línea al animal éste iba y venía pero en cuanto remataba un poco atrás, esa curva mataba al toro y se quedaba atornillado al piso. Fue la clara demostración de por qué nuestras queridas figuras torean en línea sus terneras de porcelana, para no romperlas:



Y el pico que no falte, como han visto. Tenía la oreja cortada pero se tiró a matar sin ninguna fe dejando un pinchazo, otro tomando el olivo, cuatro más sonando dos avisos y una casi entera, perpendicular y trasera sobre la campana. Palmas al toro:




JOSÉ ANTONIO VALENCIA. Es primo de César Valencia, quien tanto nos gustó de novillero y que ahora no torea nada (recuerden aquí hace diez años). Su primero era este negro mate, zaíno, cornidelantero y astifino:



Se fue al relance y el piquero le perpetró dos infames agujeros, uno en el espinazo y otro un palmo caído. Tras este atraco a mano armada se paró en banderillas, donde nos sorprendió lo bien que estuvo Marco Galán clavando.

Pensábamos que el venezolano saldría bullidor, a cortar orejas de pueblo, cosa que no nos hubiese molestado. Pues nada, no hubo nada de eso sino que se dedicó a querer hacer el toreo presuntamente artístico de una manera premiosa, aburrida y con abundante picoteo.



Estocada caída a capón, pinchazo delantero, dos descabellos y se echa.



El último era este toro serio, bien encornado, con buen lomo, gran morrillo y piel de astracán:




De nuevo nos temíamos que ante un toro con tanto trapío el piquero iba a recibir la orden de carioquear. Así fue y lo hizo de forma tan magistral como repulsiva, enloqueciendo con el brazo en un metisaca vomitivo.



A pesar de tan infecto castigo, o quizá por ese motivo, el toro se puso tonto en el segundo tercio y ni siquiera Galán, con ese poderoso capote que veían en la foto anterior, conseguía domeñarlo.

Llegó a la muleta escarbando y reservándose antes de pegar arreones varios, con lo cual nos las prometíamos muy felices. Mas no era un marrajo,  no se equivoquen. Era de echarse encima a base de zapatillazos y bajarle la mano ya que se hubiera acobardado y hubiera tragado pero de nuevo Valencia quiso ponerse fino y repitió el mismo error del quinto. ¿Quién aconseja a estos toreros? Conclusión: el toro, sin torear.



Estocada aguantando y tan atravesada que asomó un palmo, aunque en la foto sólo se ven los dos primeros dedos, más tres descabellos.




A todos estos diestros de hogaño hay que prohibirles ver vídeos de Morante o Juan Ortega. Lo que tienen que tragarse son películas de Manili, Ruiz Miguel o Dámaso González. Y a ser posible que alguien les mantenga los ojos abiertos como al protagonista de La naranja mecánica. Esos tres citados, con estos pinchas salen en hombros seguro, ¡los tres!

Pero no hay manera. Hoy, si les sale un toro complicado no saben qué hacer y si les sale aprovechable lo desaprovechan, con lo cual el aficionado, al contrario que la banca, siempre sale perdiendo.

Los premios de Tafalla al mejor toro y al triunfador de la feria quedaron desiertos. Los únicos galardones se los llevarán Tornay y Venturita por sus buenas prestaciones ante los toros de Reta. 

Por cierto, ¡qué pereza da hacer esta crónica después de lo de Reta! Oigan, si no han leído todos los comentarios hagan el favor de volver a la entrada anterior ya que echarán un buen rato con el contraste de pareceres. Ojo que superan el centenar. No hay medio taurino que pueda presumir de esa magnífica colaboración de sus lectores.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 

sábado, 17 de agosto de 2019

FERIA DE TAFALLA, 2019 (2). PRIETO DE LA CAL: NO BUFÓ EL AIRE Y TAMPOCO LOS TOROS

El Club Taurino Tafallés tuvo a bien homenajear el centenario del hierro de Prieto de la Cal inscribiéndolo en el platillo. Este histórico hierro fue el que se inventó don Florentino Sotomayor imitando al de Miura, con cuyos ejemplares empezó su carrera ganadera. Según parece, no tendría nada que ver con Osuna y Veragua (pulsen aquí). El cumpleaños de la ganadería se celebró en España con esta única corrida de toros que nos dejó bastante decepcionados.



Decían que para ver una faena buena de Curro Romero había que ser de la cuadrilla. Pues para ver esta imagen de abajo en Tafalla hay que vivir aquí. Observen que la bandera no se movía un ápice cuando el viento suele ser el pan de cada día en esta plaza:



Pues no se pudo aprovechar la coyuntura porque los toros no se prestaron a ello. La corrida fue remendada con un toro de Rosa Rodríguez, murubes portugueses habitualmente para rejones. En el encierro matinal, este toro estaba muy herido y se volvió para La Ruiza:



Sepan que cuando llegó a Huelva, apareció muerto en el cajón (menos mal que no salió al ruedo, está claro). Por cierto, el encierro matinal duró más que todos los de Pamplona juntos y se saldó con un chaval herido grave en la cabeza.



Todos los veraguas eran cinqueños y su juego fue soso en líneas generales, desde el descastado primero hasta el colaborador sexto. La corrida no se picó en mal sitio pero se barrenó a conciencia. Nunca estamos contentos pero es que no cuesta nada hacer las cosas bien, ¿no creen? Ya que no clavas trasero, no barrenes, hombre. Un veterano y sabio aficionado francés nos decía sorprendido que 'en esta plaza se pica menos trasero que en muchas de primera'. Le explicábamos la denodada labor del Club Taurino luchando muchas veces contra molinos de viento por el bien del espectáculo.

El primero fue este 'Hocicón'. Renqueaba de ambos pies y fue malo sin paliativos:



Protagonizó una salida espectacular rematando en la madera e intentando saltar al callejón:



El segundo fue el de Rosa, ahí lo tienen, corniapretadísimo y también...



...sospechosísimo. Insistimos en que esta vacada portuguesa lidia especialmente para rejones:



El tercero fue este jabonero astracanado que también había cobrado de sus hermanos:



El cuarto fue el de mejor juego en el caballo. Estamos convencidos de que hubiera cruzado el ruedo al galope para irse al peto pero ya nunca lo sabremos:



El quinto fue el de más trapío sin duda, bien colocado de cabeza:



Y el sexto fue este albahío, el mejor para la muleta, el veragua más 'moderno', al que Antón no supo sacar partido:



Digamos que los actuantes sumaban cinco corridas este año entre los tres.

JOSELILLO. Su primero se fue a ver al Titi para recibir un picotazo. Era blando y renqueante. Lo único bueno fue el par de Tornay, el resto, para olvidar.

El animal pegaba la tarascada al final de su corto viaje y, como era flojo de remos, Joselillo lo quería llevar a media altura, con lo que el toro se puso imposible:



¿Qué podría haber hecho? Pues bajarle la mano y salga el sol por Antequera si el toro se cae. Tú te quitas la responsabilidad y se la pasas al ganadero pero por lo menos no te ves el testuz del toro en la frente cada dos por tres:



Pinchazo y este bajonazo sin contemplaciones:



En el cuarto se vieron las ganas de agradar del maestro. El único quite de la tarde fue suyo, de frente al costado:



El hermano del Titi picó muy bien y se retiró ovacionado. El diestro lo puso una segunda vez a petición del respetable. El toro galopó con alegría y lo hubiera hecho todavía de más lejos, estamos seguros:



Nueva lección de Tornay con los palitroques:



Era otro toro al que había que bajar la mano y obligarlo a obedecer porque si no, iba a su aire:



Pues Joselillo aquí sudo la gota gorda porque no pudo meterle mano. Le salieron los pases sucios y el tal 'Vinatero' se dio cuenta de que no lo estaban toreando. Se subió a la parra para desesperación del maestro, que le dedicaba epítetos irreproducibles por escrito:



Cometió el grave error de querer matar en la suerte contraria y salió perseguido teniendo que refugiarse en el burladero:



El toro no sólo no le ayudaba sino que le complicaba la vida al darse cuenta de que el maestro erraba con contumacia, vean:



Pues Joselillo, dale que te pego, hasta dos entradas más equivocándose en la contraria hasta que el toro se amorcilló. Lo volvió a pinchar otras dos veces en tablas y el animal se echó de listo para levantarse como un rayo en cuanto vio el brillo de la puntilla. Tornay hizo lo adecuado, ir por detrás. Muy bien, como debería hacerse siempre aunque muchos no lo entiendan así. Vean al puntillero de Gallito en Madrid en 1914:



FERNANDO ADRIÁN. No nos demostró nada. Mató a su primero en el caballo con dos puyazos asesinos y otros dos con el tercio cambiado. Del pobre bicho portugués manaba la sangre a mares. Se vino arriba en banderillas con un galope murubeño de pata negra. Pero lógicamente acusó el castigo desproporcionado que había recibido sin tener ninguna culpa:



Bueno, tuvo la culpa de caer en el sorteo en manos de Adrián. Pero el madrileño, y también madridista, llevó en el pecado la penitencia porque era un toro de dos orejas como se veía en la embestida de la foto anterior.

Lo descabelló tras esta estocada que cayó arriba pero pegando ese telonazo infame que ven, con el palillo horizontal y no apuntando al morro:



A su segundo el picador le perpetró dos barrenadas para meterlo en Sing-Sing a cadena perpetua, qué vergüenza. El veragua se vengó parándose en la muleta y dejando al maestro compuesto y sin toro:



Pues con tu pan te lo comas, Fernandito. Matas tus dos toros en el caballo y al final tienes lo que te mereces, o sea, nada. Tendida desprendida sin puntilla volviendo a cegar al toro y a otra cosa:



ANTÓN. A su primero lo picó el picador premiado el año pasado, 'El Marqués'. No pegó trasero pero barrenó más de lo reglamentario y en el segundo puyazo echó el caballo encima:



El toro era pegajosillo, gazapón, sin humillación y de viaje feo. Como ven, toda una papeleta para el navarro, que no pudo solventar. Su última corrida en España había sido aquí mismo hacía justo un año:



Estocada arriba perpendicular arqueando el brazo:



A su segundo ordenó al picador que lo metiera en la batidora y éste le obedeció ciegamente mientras escuchaba las ruidosas protestas del público como quien oye llover. Menos mal que las lanzas se tornaron cañas con los dos excelentes pares de Sánchez, salvo error.

El toro era bueno para la muleta pero no tonto. Pedía quietud y mano firme y Antón no le dio ni la una ni la otra. El problema es que todo el mundo vio la franqueza del toro por la derecha:



Y también por la izquierda como ven aquí abajo. Además, ¿quién dijo que lo de Veragua no dura en la muleta? Este 'Alondra' fue el torito de Duracell, no se acababa nunca mientras Antón seguía picando piedra para desesperación de los asistentes:



El toro murió sin torear, una verdadera lástima. Por cierto, no tuvo nada que ver en comportamiento con el sexto del año pasado y curiosamente eran hermanos. Pinchazo sin soltar, rinconera, aplausos para el toro en el arrastre y pitos justos para el diestro.

Ya ven que no nos quedó el buen sabor de boca del año pasado. Nos consta que al ganadero tampoco y bien que lo lamentaría porque aquí se le ha tratado siempre con gran deferencia. Volverá por tierras navarras a Lodosa y a Peralta, donde se siente como en casa. Sus hijos presenciaron la corrida desde un burladero con el veterinario Julio Fernández. Todo un privilegio porque es la persona que más sabe de toros del hemisferio norte:



Saludos cordiales desde Tafalla. Rafa.


Al terminar la corrida nos enteramos de la muerte de Gimondi, un grandísimo. Vuelta, Giro, Tour y arco iris, un póquer sólo al alcance de Hinault y Merckx. RIP.