A El Capea Navalón lo amargó con aquello de 'rey del zapatillazo'. También lo pegaban Manili, Ruiz Miguel, los dos Dámasos... Lo pegaban todos porque si no embestía el toro embestían ellos y si, como es el caso que nos ocupa, estaban en un pueblo, de allí había que salir con orejas o con los pies por delante.
Se echaban encima del toro, le hacían repetir, enlazaban pases aunque no los ligasen, enardecían al personal y así salían en hombros de tantos cosos de segunda y tercera. ¿Qué hacen éstos de hoy? Han visto tantos vídeos de Morante que intentan hacer el toreo güeno siempre, pase lo que pase. Si el toro es malaje y no se presta, ya no saben qué hacer, eso por supuesto. Pero es que cuando salen toros potables como los de Pincha, se dedican a ir de finolis emulando al del puro y lógicamente fracasan.
Que no, hombre. Que para tres toreros como los que se anunciaron en Tafalla, el teórico toreo puro que presuntamente saben hacer debe quedar para cuando hayan salido muchas veces en hombros en las fotos. Estos pinchas, con el zapatillazo, con ganas, incluso con tosquedad si me apuran, pero con decisión y voluntad de cortar orejas, se van con la mitad de las que tenían en chiqueros... ¡como mínimo!
Pero nada, un páramo. Los toros fueron muy parejos, todos negros, con trapío, bajos de agujas, en puntas, con buenos morrillos y con buen comportamiento. La formalidad fue su tarjeta de presentación, usando ese vocablo de los taurinos. Sólo el sexto, Cantinero, sacó carboncillo y por ello fue el que más nos gustó con diferencia (de hecho, el único). Asistimos entre náuseas al maltrato habitual de los asesinos habituales, con seis monopuyazos españoles de la peor especie, incluido un par de cariocas de varias vueltas dignas de una sala de torturas medieval. Pero los responsables, como siempre, fueron los maestros, no los piqueros.
Salvo que alguien nos rectifique, el ganadero se llevó los testículos de tres ejemplares, no sabemos por qué motivo. Uno de los emasculados fue el sexto y si fue para pajuelas, ya nos extraña que Baigorri quedase satisfecho de un toro que resultó incómodo para el torero porque sacó su castita. Hubo media entrada.
EMILIO SERNA. Su primero era este negro zaíno, astracanado, apretado de carnes, con notable morrillo y flojo ya de salida:
Lo recibió de rodillas en tablas y cumplió en el caballo con ese ruin monopuyazo que recibieron todos. Luego vino el sainete en banderillas, con seis pasadas para dejar tres palos.
Al diestro le faltó confiarse para bajar la mano aunque gozó de la atenuante del aire:
Bajonazo trasero sin puntilla y sin tapar la cara pegando el telonazo, como ven. Se le va atrás por llevar la mano alta:
Su segundo era este negro aleonado y bizco del izquierdo, que metió bien el riñón en el peto mientras recibía cera abundante.
El toro tenía mal carácter y estaba deseando subirse a las barbas del diestro, cosa que no sucedió porque perdió en seguida el fuelle que mostraba de inicio.
Arrimón y pinchazo arriba más esta estocada caída y trasera. Muy bien el presidente Zalacaín sin conceder nada porque no había petición mayoritaria. El diestro no disimuló su enfado con el palco pero en lugar de una ración de ajoarriero le recomendaremos otra de ajo y agua:
JAVIER ANTÓN. Su primero era este negro astracanado al que un peón estrelló vilmente contra el burladero y a punto estuvo de destrozarle un pitón:
Luego asistimos a una carioca repugnante con el diestro de autista. Dani Sánchez bregó muy bien enseñando a todos que el toro era bueno.
A Antón le notamos la inactividad y si a ello sumamos que el animal resultó sosito y parado, la cosa quedó en agua de borrajas. El problema fue que el maestro no paraba nunca de pegar pases y eso consiguió sacarnos de quicio.
Pinchazo hondo horrible, otro malo perdiendo la muleta aunque no perdiendo de vista el morrillo y estocada trasera, más cinco descabellos:
El quinto era este pavo, con dos agujas pero con poco cuello:
Con ese aspecto tan astifino ya pueden suponer que Antón ordenó una carioca barriobajera que fue de dos vueltas y media, barrenando a gusto. ¡Qué asco!
Acto seguido asistimos a lo único bueno de la tarde, que fueron los dos pares que puso Dani Sánchez:
Baigorri daba instrucciones al diestro desde el callejón:
Antón vio que llevando en línea al animal éste iba y venía pero en cuanto remataba un poco atrás, esa curva mataba al toro y se quedaba atornillado al piso. Fue la clara demostración de por qué nuestras queridas figuras torean en línea sus terneras de porcelana, para no romperlas:
Y el pico que no falte, como han visto. Tenía la oreja cortada pero se tiró a matar sin ninguna fe dejando un pinchazo, otro tomando el olivo, cuatro más sonando dos avisos y una casi entera, perpendicular y trasera sobre la campana. Palmas al toro:
JOSÉ ANTONIO VALENCIA. Es primo de César Valencia, quien tanto nos gustó de novillero y que ahora no torea nada (recuerden aquí hace diez años). Su primero era este negro mate, zaíno, cornidelantero y astifino:
Se fue al relance y el piquero le perpetró dos infames agujeros, uno en el espinazo y otro un palmo caído. Tras este atraco a mano armada se paró en banderillas, donde nos sorprendió lo bien que estuvo Marco Galán clavando.
Pensábamos que el venezolano saldría bullidor, a cortar orejas de pueblo, cosa que no nos hubiese molestado. Pues nada, no hubo nada de eso sino que se dedicó a querer hacer el toreo presuntamente artístico de una manera premiosa, aburrida y con abundante picoteo.
Estocada caída a capón, pinchazo delantero, dos descabellos y se echa.
El último era este toro serio, bien encornado, con buen lomo, gran morrillo y piel de astracán:
De nuevo nos temíamos que ante un toro con tanto trapío el piquero iba a recibir la orden de carioquear. Así fue y lo hizo de forma tan magistral como repulsiva, enloqueciendo con el brazo en un metisaca vomitivo.
A pesar de tan infecto castigo, o quizá por ese motivo, el toro se puso tonto en el segundo tercio y ni siquiera Galán, con ese poderoso capote que veían en la foto anterior, conseguía domeñarlo.
Llegó a la muleta escarbando y reservándose antes de pegar arreones varios, con lo cual nos las prometíamos muy felices. Mas no era un marrajo, no se equivoquen. Era de echarse encima a base de zapatillazos y bajarle la mano ya que se hubiera acobardado y hubiera tragado pero de nuevo Valencia quiso ponerse fino y repitió el mismo error del quinto. ¿Quién aconseja a estos toreros? Conclusión: el toro, sin torear.
Estocada aguantando y tan atravesada que asomó un palmo, aunque en la foto sólo se ven los dos primeros dedos, más tres descabellos.
A todos estos diestros de hogaño hay que prohibirles ver vídeos de Morante o Juan Ortega. Lo que tienen que tragarse son películas de Manili, Ruiz Miguel o Dámaso González. Y a ser posible que alguien les mantenga los ojos abiertos como al protagonista de La naranja mecánica. Esos tres citados, con estos pinchas salen en hombros seguro, ¡los tres!
Pero no hay manera. Hoy, si les sale un toro complicado no saben qué hacer y si les sale aprovechable lo desaprovechan, con lo cual el aficionado, al contrario que la banca, siempre sale perdiendo.
Los premios de Tafalla al mejor toro y al triunfador de la feria quedaron desiertos. Los únicos galardones se los llevarán Tornay y Venturita por sus buenas prestaciones ante los toros de Reta.
Por cierto, ¡qué pereza da hacer esta crónica después de lo de Reta! Oigan, si no han leído todos los comentarios hagan el favor de volver a la entrada anterior ya que echarán un buen rato con el contraste de pareceres. Ojo que superan el centenar. No hay medio taurino que pueda presumir de esa magnífica colaboración de sus lectores.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

