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lunes, 16 de diciembre de 2024

¿TOREAR Y LIDIAR? ¿TOREAR O LIDIAR?

¿Es lo mismo? Si así fuese, habría que colocar una conjunción copulativa entre ambos verbos. Si no es lo mismo, habría que poner una disyuntiva. Nosotros lo dejamos entre interrogantes, ya lo ven, pero como nunca nos tapamos, daremos a continuación nuestra opinión al respecto.

Antes que nada decirles que eviten ir al diccionario de la Real Academia porque en cuestión de toros suele navegar. En este caso dice que lidiar es burlar las acometidas de un toro según las reglas de la tauromaquia con objeto de darle muerte. Cuando vas a torear pone que es lidiar un toro. 

Tampoco crean que El Cossío aclara mucho. Dice que lidiar es aplicar al toro un conjunto de suertes desde que sale hasta que se arrastra y que torear es lidiar los toros corriéndolos para hacer con ellos suertes. Corrochano tiraba por la calle de enmedio y afirmaba que 'cualquier cosa que se haga ante el toro es torear' aunque más abajo veremos cómo lo matizaba.

¿Qué respondemos nosotros a la pregunta de si es lo mismo lidiar que torear? En lugar del típico sí pero no, lo diremos al revés: no es lo mismo... pero sí es lo mismo. La explicación a una respuesta tan aparentemente extraña será el contenido de esta entrada.



Estaremos todos de acuerdo en que torear es sortear la embestida del toro, de ahí lo de suertes del toreo. Había que burlar esa acometida porque, como decía Lagartijo, 'o te quitas tú o te quita el toro'. Belmonte no se quitará y por eso Guerrita avisará con aquello de 'darse prisa a verlo...'

Sortear una embestida puede estar al alcance de cualquiera con un poco, o con un mucho, de valor. Entonces, ¿sería torear hacer un recorte a un toro en las calles o burlar su embestida con un jersey?


FOTO: Montón

Sí, eso sería torear, de la misma manera que se puede torear una becerra en una capea. Lidiar debería ser algo más. Consistiría en aplicar las reglas o cánones de la tauromaquia a un toro en una plaza con el objetivo de poder darle muerte a estoque. Aquí entraría un componente digamos que científico aunque, de todos modos, esos cánones no son otra cosa que las diferentes suertes del toreo. Y si sortear era burlar y burlar es torear, entonces al lidiar estaríamos también toreando, ¿no les parece?

No obstante, ¿todas las suertes del toreo pertenecen a la lidia como tal, esto es, van encaminadas a disminuir el poder del toro y poder matarlo con una espada? ¿O hay suertes que se quedan digamos que en simples florituras y por eso serían toreo a secas?



Con la capa, por ejemplo. Está claro que una navarra o una larga a porta gayola podrían considerarse únicamente toreo mientras que una media verónica sería torear y a la vez lidiar. Pero es que si nos ponemos exquisitos, quizás una verónica sería torear lidiando y en cambio un delantal sería sólo torear. En un delantal, aunque los comentaristas nos la quieran dar con queso diciendo que es una verónica a pies juntos, el toro simplemente se mueve por ahí delante. La expresión es de Bleu, no nuestra.

Lo mismo vale para la muleta. Un estatuario o un molinete no supondrían lidia en tanto que un natural sí lo sería. Precisamente el citado Bleu sostenía que un pase de trinchera no era ni lidia ni toreo porque no se llevaba al toro conducido sino que se le pegaba una especie de telonazo con el animal pasando por ahí.

Y otra cosa: la teoría dice que la lidia debería ir encaminada a poder dar muerte a un animal fiero como es el toro de lidia. Muy bien, pero eso es en teoría, ya que hoy ha perdido gran parte de su sentido. La lidia antigua de dominar y/o corregir defectos se ha convertido en la mayoría de festejos en cuidar el toro para que aguante luego cincuenta mantazos con la muleta. Esa labor de muchos toreros haciendo de enfermeros ante tantos toros que vienen picados del campo vendría a ser un tipo diferente de lidia, ¿no creen?



El problema es que esa lidia de hospital provoca la desaparición del primer tercio, convertido en desagradable trámite, así como el paso de puntillas por el segundo. Culmina el despropósito con el insufrible pegapasismo posterior, donde al diestro no se le cansa nunca el brazo mientras que a nosotros se nos fatiga el alma con tanta pesadez.

Volviendo a lo que nos ocupa, o sea, que la lidia sea lo que debe ser, la estocada, ¿sería lidiar o torear? En principio sería el acto supremo de la lidia. Todo lo que se ha hecho al toro ha ido encarado a ese instante. Pero ¿sería también torear? Pues si la esencia del toreo es burlar la acometida del toro, no hay ejemplo más palmario de ello que la suerte suprema. Ahí se sortea la embestida del toro con gran riesgo del diestro ya que es habitualmente él quien embiste para clavar. 


César Rincón matando a Bastonito

Vayámonos un poco por las ramas y afirmemos que Gallito representaría la lidia y Belmonte sería el toreo. ¿Estamos simplificando demasiado? Preguntemos a Rafael, el hermano de José. He aquí su respuesta:

'José tenía la obsesión de dominar siempre los toros y demostraba tal poderío que a los cuatro pases ya estaban rotos, con los cuellos hechos trizas. Después se desesperaba al verse sin enemigo y no poder desarrollar su enorme capacidad. Yo se lo decía: 'José, la culpa la tienes tú porque para torear bien, lo único que hay que hacer es acariciar...'

La siguiente pregunta para El Gallo sería: maestro, para lidiar bien, ¿también hay que acariciar? Al hilo de esto, otra pregunta: ¿es lo mismo lidiar un toro que bregar con él?



En el fondo, ¿no se torea un toro cuando está dominado? Pues entonces el toreo sería la culminación de la lidia o justamente la parte esencial de esa misma lidia. Eso nos podría llevar a diferenciar entre el toreo defensivo y el toreo de arte, contando con el riesgo de que alguno de ustedes nos salga en los comentarios diciendo que en el toreo defensivo también hay arte. Pero esta insistencia en lo del arte... ¿no habrá envenenado la tauromaquia? Ya verán más abajo lo que comenta Corrochano al respecto.

Cambiando la afirmación anterior sobre Maravilla y Terremoto, no sé si estaríamos de acuerdo todos en que Gallito sería el arte del toreo y Belmonte representaría el toreo como arte. Parece un trabalenguas pero en el fondo no es más que la eterna división entre toreros largos y cortos. Es lo que decía Sureda: hay toreros que saben torear pero no torean bien y toreros que no saben torear pero torean bien. No hace falta que pongamos ejemplos porque ya los tienen ustedes en mente.

Gaona decía que podía competir con cualquiera 

'porque en el toro bueno puedo estar como ellos y en el malo se defienden igual o peor que yo pero con Gallito... con él no puedo competir porque está bien con el toro bueno y mejor con el malo y así, no hay manera'

Pero ¿qué pasaba con Juan? Corrochano cuenta lo que le pasó con dos de Benjumea en Madrid en 1916:

'Le salieron dos bueyes y para dominar a un manso se necesitan unas condiciones de las que Belmonte carece; si a esto se une que él, conociendo su impotencia, se desconfía, asistimos al lamentable espectáculo que dio en el tercer toro un torero tan grande como él. Fue la negación, el no poder... estos toros, que eran antes para Bombita, hoy son sólo para Gallito y Pastor. El resto, a defenderse si pueden'

El mismo Corrochano alertaba sobre la palabra arte aplicada al toreo, cuestión sobre la que ya hemos divagado con los seguidores de nuestro modesto blog alguna vez en los comentarios. Lean:

'Esta palabra es la culpable de la separación entre toreo y lidia. Con esa división tajante se quiere cortar la tauromaquia hablando de toros que se pueden torear sin necesidad de lidiar. No podemos admitirlo. Jamás se podrá prescindir de la lidia, ni porque el toro sea chico, ni porque sea boyante, ni porque sea fácil, ni porque sea de los que llaman inofensivos. Todo toro debe lidiarse, tiene su lidia, necesita su lidia. Y eso es tauromaquia pura, eso es, en consecuencia, el toreo. Torear es hacer el toreo con arreglo a las condiciones del toro, como el toro lo pida...o sea, lidiar'

Como seguro que sale el amigo Paco B. a reclamar el lugar donde escribió esto, fue aquí:



En conclusión, ojalá nos hayamos explicado bien y llegados hasta aquí nuestros desocupados amigos hayan comprendido el sentido de nuestra respuesta. ¿Es lo mismo torear que lidiar? No es lo mismo... pero sí lo es.

Esperemos que no aterrice por esta entrada ningún paracaidista fuera de los cuatro amigos habituales. Es que, tanto si es de los que ve corridas de vez en cuando como si es un aficionado de los cabales, pensará que debemos de estar muy aburridos para dedicarnos a elucubrar sobre estos pormenores de la tauromaquia. ¿Ustedes creen que interesan a alguien?


Aprovecharemos esta entrada parar desear a nuestros selectos leyentes feliz Navidad. Será una Navidad triste en casa de Pepe, el mayoral de Isaías fallecido hace poco. Pasamos tantos buenos ratos con él hablando de toros y de política que hemos sentido su muerte como si fuese de nuestra familia. Recuerden esta entrada.

El día que lo conocimos nos llevó a ver los novillos y paró el coche entre ellos antes de decirnos: baja, que no hacen ná. Y claro, no podíamos quedar mal, de manera que cogimos la cámara y nos pusimos a hacer fotos en medio de la manada, teniendo a medio metro esos pitones tan astifinos de los tulios, ¡por delante y por detrás!

Lo saludábamos en 3Puyazos y ahora teníamos intención de llamarlo para pasar a verlo antes de fin de año. Ya no podrá ser. Descanse en paz y vaya desde aquí nuestro pésame a su familia, a la de Isaías y a su amigo Manili.



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 10 de abril de 2023

Y BELMONTE LLORÓ

Este viernes será su cumpleaños. El 14 de abril hará 131 años de su nacimiento. Para nosotros ese día no es el de los vítores a la Segunda República como nos bombardearán desde los medios de comunicación sino el del ¡Viva Belmonte! como contábamos en esta entrada.

Para felicitar a Terremoto hemos echado mano de la tarde de su mayor triunfo en Madrid. Fue el veinte de junio de 1920 apenas un mes después de la muerte de José. Su memorable éxito le granjeó esta portada de La Lidia:



Para titular la entrada podíamos escoger entre tres curiosidades que tuvieron lugar en el mismo festejo: los puñetazos que soltó el maestro al final a los que se acercaban a él entusiasmados, el rabo que cortó o las lágrimas que bañaron sus ojos en el callejón tras la vuelta al ruedo con los máximos trofeos.

Nos hemos decantado por lo lacrimógeno ya que dice mucho de Belmonte como persona. Y eso que no es la primera vez que sabemos que lloró, aunque sí en público (recuerden aquí, cuando estaba jugando a póker). Además su desconsuelo no es una leyenda urbana sino que esa emoción del diestro no pasó desapercibida para varios de los que comentaron la corrida al día siguiente, como veremos después.

Estamos en la antigua plaza de toros de la carretera de Aragón, ésta que ven aquí abajo. Se anuncian toros de don José Bueno, antiguo Albaserrada, para Curro Martín Vázquez, Juan Belmonte y Diego Mazquiarán Fortuna. Aunque Bueno compró oficialmente la ganadería a la viuda unos meses después, en la prensa de la época figuraban los toros ya a su nombre.



La historia de aquel tratante de cerdos que fue el señor Bueno y que empezó con toros veragüeños de Trespalacios la contábamos en esta entrada a cuenta del hierro que llevaría el primer toro que se lidió en la plaza de Céret. Nos planteábamos allí si pertenecería a su nueva ganadería con lo del Marqués o venía de lo que tenía anteriormente, ya lo leerán.



Corrochano estuvo en la finca donde el mayoral de Albaserrada tenía apartados los toros, cerca de Utrera. Estaba preocupado porque no sabía si pasarían todos el reconocimiento ya que consideraba que quizá en Madrid los verían con el trapío justo. El crítico lo tranquilizó y le dijo que eran todos tan parejos que o aceptaban toda la corrida o irían los seis para atrás. Llegaron a Madrid un mes antes. Aquí tienen a uno de ellos en un ayudado por alto del trianero:



Por cierto, cuando Corrochano contaba esa visita a la finca, aprovechaba para comentar algo que puede estar de actualidad aunque lo escribiera hace 103 años. Lean:

'A Madrid vienen los toros por sus arrobas y no por su nota; habría que pensar si sacrificamos algunas arrobas de carne que sólo pueden interesar al contratista a cambio de bravura. Esto no es elogiar el toro chico sino protestar contra el toro grande, pasado, preparado en exceso, que no es ágil y no resiste una lidia tan movida y complicada como esta lidia moderna. La edad es más importante que el peso. En el toro de lidia, lo sustancial es la edad y el tipo'

Hubo una buena entrada pero la plaza no se llenó. Los de Albaserrada reciben alabanzas de tirios y troyanos. En todas las publicaciones que hemos rastreado los ponen como bravos, bien presentados, con codicia, con poder y con temple. Todos negros, tomaron veintiséis varas, dieron quince caídas y mataron siete caballos. Dicen que fue la mejor corrida del año. Este es Jardinero en la muleta de Fortuna:



Merece una mención especial el picador Catalino, que se encargó del segundo toro de nombre Toronjito. Aquí tienen un dibujo de su actuación en la primera vara cuando fue derribado:



El primer toro noqueó a Curro Vázquez en la faena de ahí que Belmonte matase cuatro al final del festejo. Aquí se lo llevan con conmoción cerebral, erosiones en una pierna y un hombro magullado:



Destacaremos que el trianero mató los cuatro de tres estocadas y un pinchazo hondo. Precisamente ese pinchazo, que fue casi una corta, acabó con este primero de Vázquez ya que le acertó en una vértebra y lo descordó. Sabemos que Belmonte no está en la lista de grandes estoqueadores pero esa tarde pasaportó a los otros tres toros con gran eficacia: estocada contraria, otra baja (tras la que el diestro se dio públicamente una fuerte bofetada) y una media en las agujas que fulminó al que cortó el rabo. 

Fortuna sí que era un matador de muchos quilates y al sexto toro le pegó una estocada sensacional, de las suyas. Corrochano dijo que era de ésas que todavía mantienen, aunque con tibieza, la afición a la suerte de matar. Imaginen lo maltrecha que está esa afición a la estocada en la actualidad cuando ni los propios críticos paniaguados parecen tener otro interés que ver la espada enterrada en las carnes del pobre toro. Este es Fortuna, de quien hablábamos aquí explicando los cuatro tipos de matadores que hay. No salta y la cabeza está a la altura de la mano derecha porque está matando el toro con el pecho, como decía Jaime Ostos (recuerden aquí):



A Belmonte se lo criticaba por derechista. Se decía que desde que cortara una oreja en Madrid a un toro de Murube en la Beneficencia de 1915, la mano izquierda se la dejaba olvidada en casa. Quien más cargaba contra él con esta monserga era don Pío, el comandante del partido gallináceo.

Pues en esta corrida triunfal las crónicas coinciden en que toreó muy bien al natural. Se habló de que su muleta había sido un trapo milagroso.



En el tendido del 2 hubo bastantes que agitaban los bastones hacia el palco de don Pío, quien no terminó agredido de forma casi milagrosa. No obstante, no le dolieron prendas al escribir esto al día siguiente: 'aunque yo fuera el más obcecado antibelmontista, tras lo de esta tarde no tendría más remedio que sentirme preso por la admiración hacia Belmonte'.

La faena a ese quinto toro desató la locura. Se llamaba Flor de Jara, tomó cuatro varas y mató un caballo. Belmonte cortó dos orejas y rabo como decíamos antes y en la vuelta al ruedo arrojó los trofeos al tendido del 4.



Cuando terminó de recoger los aplausos y entró en el callejón no pudo resistir más y rompió a llorar con un nudo atravesado en la garganta. Corrochano dice que 'el público se ensañó tanto con él aplaudiendo que le hicieron llorar de emoción... vaya esto por las veces que la emoción de su toreo hizo llorar al público'. 

En El Imparcial, Barbadillo escribe esto:



Los de La Lidia también se dieron cuenta y esto escriben en su hebdomadario:



Y Clarito en El Liberal también lo vio:



Corrochano, a pesar de tener todavía vivo el recuerdo de Gallito, escribió:

'Como Belmonte no tiene rival -¡ay, Joselito!- y la rivalidad es la salsa de estos caracoles, se ha buscado un competidor en sí mismo. Sale un toro y queda bien pero en el siguiente va a mejorarse, a borrarse a sí mismo, sin tenerse compasión. Se ha transformado en un adversario terrible para él mismo'

Ya pueden suponer que los panegíricos al día siguiente hablaban de ídolo popular, árbitro del toreo, incomparable, inconmensurable, inenarrable maestro, Don Juan El Único, eclipse de los astros del cielo taurófilo, mago de la torería, Su Santidad Juan I, público ebrio de júbilo, aficionados borrachos de toreo...

Lagartijo, Guerrita, Bombita y Gallito lucían con el toro duro, bronco y difícil. Belmonte, no. Pero los de Bueno salieron pastueños, bravos, dóciles, nobles y dejándose torear y ahí es donde este diestro es único en su modo de estar y causa entusiasmo (sic en La Acción). El citado Don Pío dijo que le habían salido sus toros pero que 'los toros ideales son para los toreros ideales'.



Aquella tarde estuvieron muy bien Magritas y Maera a los que en el ABC se dedicó un artículo especial tres días después. Recuerden que hace poco hablábamos de las malas lidias que resabian a toros que causan pánico a las cuadrillas, como son especialmente los de Reta y los de Cuadri. Pues fíjense ustedes en la alabanza que hacía Corrochano a la lidia de Maera con el capote:

'Cuando sale ese toro difícil y peligroso al cual casi todos torean de pasada tirándole el capote, lo que hacen es aumentar las dificultades porque el toro se entera de que detrás del capote hay un hombre que huye. En esas situaciones, hemos visto numerosas veces a Maera llegar a un terreno donde el primer sorprendido es el toro pues no sospecha que alguien pueda llegar hasta allí. Y Maera le da con el capote en la cara, espera la acometida terrible, aguanta las cornadas y deja que el toro descargue su furia en la tela. Con ello no solamente corrige defectos del toro sino que va advirtiendo al matador de lo que hay que hacer'

Éste es el trianero Maera cuando quiso volar solo. Tomó la alternativa pero se malogró porque en tres años unas fiebres se lo llevaron por delante antes de poder demostrar que habría sido un grande:



Antes de irnos, digamos que lo de los puñetazos que comentábamos más arriba fue porque al finalizar el festejo, el maestro se zafó de malas maneras de los que querían sacarlo en hombros. Salió por su propio pie.



Hay una última circunstancia que no vamos a dejar pasar de largo. Viene al pelo por las tabarras que nos suelen dar hoy en día los toreros con sus faenas interminables.

¿Saben ustedes cuantos pases dio Belmonte en los cuatro toros que mató ese día de su mayor triunfo? ¡Sesenta en total! Y como estuvo muy certero con la espada tal como contábamos antes, liquidó los tres que lidió enteramente en catorce minutos.

En la Copa Chenel, sesenta pases los da el menos pintado en una sola faena. Esta corrida de Belmonte duró ochenta minutos. La última de la Chenel, dos horas y cuarenta. Nosotros creemos que Cataclismo se quedaría dormido con Telemadrid antes de la muerte del segundo toro, ¿no les parece?

Nuestra entrada por el cumpleaños del maestro ya ven que nos ha permitido divagar sobre diferentes cuestiones. Igual que Rafael dijo aquello de 'me falta el pobre Salvador, aquí a mi lado', Juan lloraba en el callejón porque le faltaba José. Las lágrimas eran por él.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 13 de febrero de 2023

LA BRAVURA (5): TOROS DE CASTA Y TOROS CON CASTA

Esas preposiciones del titular son las que diferencian a qué nos referimos con la casta en un toro de lidia.

Hemos comentado más de una vez en nuestro modesto blog que el significado original es el que lleva la preposición de porque hace referencia a que el toro viene de un linaje escogido. La casta no sería más que la familia, o sea, los antepasados de un animal seleccionado para embestir a todo lo que se mueva.

Lo contrario a un toro de casta sería un cunero. Recuerden pulsando aquí cuando comentábamos que hubo rumores infundados de que Bailador lo era.



El problema de usar el vocablo casta con ese significado de familia o linaje es que no nos aclara nada a los aficionados porque sobre el papel todos los toros tienen su casta ya que han sido seleccionados, como decíamos, siguiendo unos determinados patrones.

En cambio, cuando incorporamos la preposición con estamos aplicando a la palabra casta un significado que va más allá del mero linaje y que se refiere al temperamento y las ganas de luchar. De ahí derivaríamos el sinónimo encastado que aplicamos al toro que demuestra casta en el ruedo.

Podríamos resumir lo dicho hasta ahora en que todos los toros de lidia son de casta pero no todos los comportamientos que desarrollan en el ruedo son con casta.



Eso nos lleva a divagar con unas preguntas que les planteamos acto seguido. Para no marear la perdiz responderemos a cada una dando nuestra opinión.

¿Puede un toro no tener fuerza pero tener casta? Sí. La imagen que transmitiría ese toro en el ruedo sería un tanto patética porque querría pero no podría. Sus ganas de lucha quedarían amortiguadas por su nula fuerza pero dejaría detalles de que habría casta, es decir, ganas de luchar, en su interior. Eso sería un consuelo para el ganadero sabiendo que es más fácil arreglar un problema de falta de fuerza que de falta de casta.

Lo que comentamos se resume en esta frase: "en los tentaderos buscamos por encima de todo la casta y, si viene acompañada de fuerza, mucho mejor". Es de Luis Cuadri.

Algunos hablan de raza en lugar de casta. Para nosotros es agua del mismo pozo aunque Álvaro Domecq lo diferenciaba. Precisaba que se había reducido la casta del toro moderno pero no su raza. Decía que al haberse reducido la casta, se había conseguido una embestida fija, suave y de largo recorrido para el torero (sic). Don Álvaro se murió sin saber que los taurinos, en su insoportable jerga, denominan hoy a eso un toro formal.

Pero, a pesar de la pérdida de casta, él mantenía que la raza seguía incólume porque la definía como la cualidad que tiene un toro de embestir hasta morir. Ya ven que hilando fino la raza sería el fondo y la casta, la forma.



En casa de los Cebada comparan el toro de lidia con el gallo de pelea y usan raza como equivalente de casta:

No hay que buscarle más vueltas. La raza es fundamental. ¿Por qué se caen los toros? Porque no tienen raza. Si la tuvieran, no se caerían o, si se cayesen, se repondrían de inmediato y seguirían embistiendo. No se rendirían. Un problema de alimentación que afecte a la fuerza lo solucionas. Se puede curar todo menos la falta de casta. La clave son generaciones de selección siempre en la misma dirección.

La pregunta que surge es: ¿qué haríamos en un tentadero cuando sale una vaca muy encastada pero con las fuerzas justitas? ¿Se queda como madre a la espera de que el semental corrija el defecto o va al matadero? ¿Esperamos a ver sus hijos con el riesgo de que se caigan? Si se caen, se supone que se levantarán gracias a la casta, que también se supone que la madre habrá transmitido, ¿o no? ¿Y si sólo ha transmitido la poca fuerza?



Al revés, ¿podría darse el caso de un toro con fuerza pero sin casta? También, aunque sería más complicado detectar si tiene casta ya que a pesar de que tuviera fuerza no acometería con el temperamento y las ganas de lucha a que nos referimos antes.

Y un toro ¿podría tener poder sin tener fuerza? Nosotros pensamos que difícilmente pero hay ganaderos discrepantes. Este caso nos viene a la memoria cuando recordamos esos toros que intentan mover los caballazos de picar metiendo los riñones pero no lo consiguen porque no tienen fuerza. Digamos que quieren demostrar poder pero no pueden luchar contra los elementos.

¿Puede tener casta un toro manso? Por supuesto, de ahí que haya aficionados que únicamente califiquen como mansos a los bueyes. Cualquier otro tipo de toro de lidia sería menos bravo, usando una terminología que sale en el Cossío pero que hoy está en desuso (vayan a las páginas 901 y 902 del primer volumen).



¿Todos los toros bravos son encastados? No necesariamente. El toro bravo que no demuestra ese temperamento y esas ganas de luchar que provocan emoción en el tendido sería lo que Corrochano hace cien años denominaba toros bravitos. Eran los que no se salían del guion del toro bravo porque de hecho embestían pero sin demostrar un especial afán de lucha. Digamos que son los que se limitan a cubrir el expediente para no dejar en mal lugar la casta de donde proceden, o sea, su familia. 

A este género de toros simplemente bravitos pertenece el 100% de los indultados. Recuerden lo que comentábamos en esta entrada.

La diferencia entre el bravo y el bravito la daba Domingo Ortega cuando afirmaba que el toro genuinamente bravo, con que tenga cuatro metros de distancia, se arrancará siempre galopando. Si lo hace andando, para él ya no sería bravo como Dios manda. 



Ese tipo de toro bravito es el que fácilmente puede caer en algo que, si no andamos errados, acuñó Álvarez Vara cuando decía que muchos toros actuales eran mansibravos.

Equivaldrían a lo que por aquí llamamos el toro posmoderno. Es un animal que pasa por el caballo de visita y luego intenta cubrir el expediente muleteril sin exigir al diestro un aumento de pulsaciones en su corazón. En otras palabras, es el animal que permite al maestro expresar lo que lleva dentro, aunque en la mayoría de ocasiones eso que lleva dentro tenga muy poco interés para el aficionado.



Como ese toro también denominado comercial no anda sobrado de casta, tarde o temprano canta la gallina. Por eso observarán ustedes que nuestras queridas figuras tienen una habilidad especial que les ha dado la experiencia para evitar que esos toros mayoritariamente comerciales que son los que piden no terminen en tablas a la segunda tanda.

Es que demuestran una tendencia clarísima hacia los adentros y eso, a nuestro modesto entender, es el cante de gallina que enseña que su casta está justita. De eso a caer en el borreguismo sólo hay un paso, como alertaba Juan Pedro Domecq usando esa misma palabra (recuerden esta entrada).

Con gran desolación tendremos que admitir que ese torito bravito, posmoderno o mansibravo es el que satisface plenamente tanto a los críticos paniaguados como a la mayoría de aficionados. La prueba la tienen pulsando aquí para comprobar que el premio a la mejor faena va para Morante ante un Norit. Los que pedimos algo más somos los que no llenamos ni una portátil. 



Los seguidores más fieles de nuestro insignificante cuadernillo habrán comprobado que en contadas ocasiones calificamos los toros que hemos visto en una corrida como descastados. Para nosotros ese adjetivo debería reducirse únicamente a dos tipos de animales: los que no embisten mostrando un comportamiento de marmolillos y los que lo hacen de manera tan ovejuna que provocan auténtica lástima en el espectador. Ambos tipos de toros no hacen honor a su linaje. Recordando el titular, podríamos decir que ni son reses con casta ni tampoco parecen de casta.

La última cuestión que planteamos en esta entrada es si es posible el círculo cuadrado de encontrar un toro bravo y encastado. No hay duda de que estaremos todos de acuerdo en que sí. Es más, para nosotros el comportamiento encastado sería ingrediente básico de la bravura ya que si no, no saldríamos de ese toro bravito de Corrochano. 



Si aderezáramos este guiso de la casta más la bravura con la fiereza, estaríamos ante el sueño eterno... no del torero sino del que está sentado tranquilamente en el tendido. Ese toro no vendría sometido del campo sino que el maestro sería el encargado de someterlo. Y nadie dude de que al ganadero quizá le pesaría porque si tuviera la varita mágica para que le salieran sus reses con bravura, casta y fiereza, iría a parar a la lista negra de por vida.

La tragedia, o la ilusión, de los aficionados al toro es que nos pasamos toda nuestra vida con el fanal de Diógenes buscando esa cuadratura del círculo.

¿Cuántos toros verdaderamente bravos y a la vez con ese temperamento y ganas de lucha que es la casta, que se transmite al tendido como una descarga eléctrica, han visto ustedes en toda su vida de aficionados? 

Se cuentan con los dedos de las manos y sobran varios, ¿a que sí?



Igual que más arriba Álvaro Domecq distinguía entre raza y casta, Ricardo Gallardo distingue entre bravura y casta. Su teoría es que el toro genuinamente bravo, cuando se siente podido, se entrega con nobleza. En cambio, dice que el toro simplemente encastado lo que hace al sentirse podido es protestar e incluso huir.

Nosotros estamos con Luis Bollaín cuando decía que la casta no era más que notar desde el tendido que el toro lleva la muerte en los cuernos como contábamos aquí. Cuando esto no se nota, la corrida se quedará en un ballet o una simple pantomima en la cual estará ausente aquella feroz y trágica belleza que reclamaba Menéndez Pelayo para la fiesta de toros.

Hemos divagado en torno a conceptos que ya tratábamos en una serie que pueden rastrear en las etiquetas de la derecha buscando la palabra bravura. Y no olviden leer también los comentarios. Por si les da pereza rastrear, pulsen en estos enlaces:

Capítulo 1.

Capítulo 2.

Capítulo 3.

Capítulo 4.

Gracias al maestro Moore por haber hecho el paseíllo junto a nosotros, mano a mano. Cualquiera de las fotos, especialmente las suyas, quedará de cine como fondo de pantalla en sus ordenadores. 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



jueves, 3 de noviembre de 2022

GALLITO A VARELITO: "MATANDO, TÚ ERES MI MAESTRO"


Pensaban que íbamos a terminar el año sin recordar los cien años de la muerte del pobre Varelito, ¿eh? Pues ya ven que no. Hubiera sido una descortesía por nuestra parte ya que se trata de uno de los ocho mejores matadores del siglo XX junto a Machaquito, Villalta, Agüero, Fortuna, Manolete, Rafael Ortega y Paco Camino. Si tienen algún otro in mente, nos dicen a quién quitamos de esta lista de ocho para poner al suyo.

Seguro que alguno de ustedes acaba de pensar en Luis Freg, ¿verdad? Podría entrar como el noveno. De hecho, Freg y Varelito son almas gemelas, esto es, toreros de gran valor, poco dominio y arte limitado. Sin embargo, ambos fueron estoqueadores de primerísima categoría. Absolutamente todos los revisteros coinciden en su excelencia estoqueando y, respecto a su arrojo, un crítico decía que el trianero tenía más valor que diez novilleros locos.


Era uno o dos años más joven que Belmonte, según dónde se mire su fecha de nacimiento. Con Terremoto se conocían desde chicos. Más de una vez debieron de hacer la luna los tres trianeros turnándose para sostener la linterna. Hablamos de Belmonte, Maera y Varé.  

Había nacido en Triana por la parte del camino que iba hacia San Juan de Aznalfarache. Unos lo llaman Varé y otros Varés o Varest (vean abajo del todo el recuerdo del entierro).

Debutó de luces a los trece años en Jerez de los Caballeros y la primera novillada picada la mató en Teruel. Para nuestros amigos franceses decir que la primera vez que vio dinero por torear fue en Marsella, veinte francos.

En la primera foto se apreciaba levemente una cornada de espejo en la mejilla que le pegó un novillo de Campos Varela en 1914. Aquí se ve mejor:


Juan lo llevó de la mano a Madrid para que se presentase allí de novillero el 27 de julio de 1913 con los temibles novillos de Palha. Iba de verde botella y oro y lo acompañaron en el paseíllo Agujetas y Pastoret. Lo de Palha no estaba hecho para Cataclismo. Jamás los mató Belmonte tras la alternativa salvo que alguien nos rectifique. Por cierto, en el cartel lo anunciaron mal como Varerito.

Ha sido Varelito uno de los toreros que tuvo el mal fario de que Gallito le diese la alternativa. Aconteció el 26 de septiembre de 1918 con el toro Flor de Jara, negro zaíno, de la ganadería de García de la Lama aunque su segundo fue de Contreras. Aquí saca la espada al de la alternativa:


Digamos que José doctoró en la misma corrida a Varelito y a Dominguín. El de Gelves pidió vérselas con los dos mejores novilleros del momento y les pasó la mano por la cara aquella tarde. La curiosidad que une a Joselito y a Manuel es que Gallito fue el primer torero en cortar una oreja en Sevilla (lo contábamos aquí) y Varelito el primer novillero en hacer lo mismo. La foto de abajo es de aquel triunfo, el 1 de octubre de 1916 frente a una res de Carvajal:


Y ambos preferían parear por el pitón derecho:


En los cuatro años que duró como matador de toros estoqueó, si hemos sumado bien, 125 corridas. Pudieron ser bastantes más pero le pegaron mucho los toros, concretamente veinticuatro cogidas. Esta es de novillero en Sevilla, en 1913:


Y ésta de abajo es de 1918 frente a un toro de Rincón el día del debut de la vacada en Madrid:


No guardó rencor a la ganadería porque estuvo varias veces en la finca. Ahí lo tienen acariciando al semental León:


De ellas, no menos de diez fueron en la suerte suprema. Una de las más graves fue en una capea en Coria del Río el 20 de septiembre de 1914. Estaba de espectador pero los aficionados detectaron su presencia y lo empujaron a que bajase al ruedo a matar uno de los toros de Antonio Pérez. En un adorno recibió una cornada en la ingle que le afectó el escroto más una perforación abdominal con salida de intestinos. Suena a Gallito, ¿a que sí? Salvó la vida de milagro. Véanlo convaleciente junto a su madre, como siempre. Tras su muerte, la madre retiró todas las fotos y recuerdos taurinos de su casa. No se le podía hablar de toros:


Alternó en veintidós ocasiones con Gallito y en siete de las cuales estuvo también Belmonte. Pueden suponer lo que debía de suceder en el sorteo cuando actuaban los tres... exactamente lo mismo que cuando el tercero era Saleri II como explicábamos aquí. Los dos monstruos reconocían sin ambages su maestría con la espada. Las tres imágenes son de 1919, en Sevilla,Valladolid y Córdoba por este orden:





Quizás su mejor triunfo fue el 17 de mayo de 1921 con toros de Santa Coloma en Madrid. Dio una vuelta al ruedo en cada toro. Las mieles se las llevó aquel día el otro Manolo, Granero, cortando su primera oreja en Madrid. Se habló de 'Manolet Campeador', '¡paso al soberano!' y 'torero habemus'. Encantado con los dos Manolos, el revistero de El Liberal pone al final de su crónica '¡Aurrera mutilak!' ('¡Vamos, muchachos!'). Habla en su primero de 'estocada colosal' de Varelito sin puntilla y en su segundo, de 'una contraria de tanto atracarse'. Iba de plomo y oro. Por cierto, con el toro amorcillado, Manuel le sacó la espada y al ir a descabellar con la misma, el toro pegó un derrote, se la arrancó de la mano y la hizo volar hasta el tendido 2 donde afortunadamente no hirió a nadie.

Aquella tarde se despidió a la muerte del quinto toro recibiendo una renovada ovación. Se iba a coger el tren para torear en Badajoz al día siguiente. Estas dos estocadas son del año anterior en Madrid. La primera es en Beneficencia y en la segunda venía de tres pinchazos y se le pidió la oreja (ya verán más abajo lo que decía Salcedo):



Cossío insiste en el mismo detalle que hemos leído en otros sitios y es que Varelito entraba a matar resbalando con el pie izquierdo sobre el ruedo. Eso es precisamente lo que en nuestro modesto blog hemos comentado muchas veces al hablar de que hay que tirarse arrastrando los pies y no a la carrera. Hasta don Luis dijo públicamente tras ver una estocada de nuestro protagonista que por fin veía algo que se parecía a su propio volapié. De hecho, le llamaban El Mazzantini de Triana.



¿Han visto? La empuñadura en el pecho debajo de la barbilla, ¡y el brazo recogido! Nada de alargarlo para darse ventaja y pegar la puñalada antes del embroque.


Además de esa pierna izquierda, que se acercaba sigilosamente hacia el toro en el momento supremo, Clarito destacaba la forma tan lenta en que se hundía el estoque, palmo a palmo. Fernández Salcedo decía que 'templaba matando'. Además el riojano recalcaba lo que decíamos antes: la mano derecha iba a la altura del pecho y no por la andanada como nuestros asesinos de toros actuales. Observen que llevando la mano en su sitio difícilmente se irá la espada atrás. Y de telonazo, nada de nada, faltaría más:


Salcedo comenta esto:


Corrochano dice algo curioso de su hombro izquierdo al matar:

'Se preocupó en exceso por matar con pureza y por eso daba el hombro al entrar entregándose inútilmente a los toros. Pero como a los que torean mejor les disculpamos los fallos a la hora de matar, a éste, que mata bien, no le analizaremos las faenas'

Con lo del hombro se refiere a que se perfilaba demasiado en el momento del embroque, razón por la cual solía salir empujado por delante, quedando desarmado y con gran exposición ya que se quedaba a merced del toro. Todo era por su afán de matar bien y Corrochano le recomendaba que diese un poco menos el hombro y un poco más el pecho. Fíjense en que Roca cuando pega una de sus excelentes estocadas también da el hombro.


Por cierto, nos resulta llamativo que el mismo Corrochano en una tarde bilbaína de agosto de 1919 dice literalmente: 'la suya es una manera de matar fea y poco segura'. Pues mucho nos tememos que el crítico talaverano le pegó demasiado al txakolí aquel día porque un año después habla de que 'es el matador más igual, más preciso y más emocionante que hay y no hay nada que se le parezca'. ¿En qué quedamos, don Gregorio?

Donde no le perdona es con la muleta en la mano. En algunas crónicas pone que es una calamidad, que no sabe torear, que le falta seguridad y que no domina a sus enemigos.


Estamos convencidos de que si Varelito pinchó muchos toros fue precisamente porque no estaban toreados. No obstante, abundan los revisteros que insisten muchas veces en que 'pinchó en lo duro'. La misma explicación de falta de dominio vale para todas las veces en que resultó cogido en la suerte suprema. O el no querer aliviarse ya que era consciente de que se esperaban sus estocadas con gran expectación. 

Lean esta bonita descripción que hacía Pepe Laña en La Tribuna sobre una estocada de Varelito en Madrid el 11 de abrí de 1920:


Otro escritor que insiste en lo de que el pie izquierdo resbalaba sobre la arena. Nuestro protagonista sale en aquella célebre crónica del mismo Corrochano cuando, enemistado con Joselito porque toreaba en su plaza Monumental de Sevilla, titulaba que aquello era como el patio de su casa. Pone a caldo al Nene diciendo que tenía delante un torito tonto de Gamero Cívico, que ensayaba posturas delante del espejo, que nunca había visto más cosas que tuvieran que ver menos con el toreo, que no ligó ningún pase, que abusó de los trucos, que anduvo retorcido, amanerado y afectado y que cortó una oreja tras una estocada caída.


Pues en aquella corrida estuvo Varelito del que dice que dio dos excelentes estocadas: una hasta la mano siendo prendido sin sangre y otra contraria y curiosamente atravesada, saliendo también trompicado. Se nos antoja difícil imaginar una estocada contraria y a la vez atravesada que no haga guardia...

Lo mató un toro de Guadalest llamado Bombito, de esos toros tan cornicortos como certeros. Este era el cartel:


Antes de comentar la tragedia, veamos dos fotos de aquella tarde. La primera es del segundo de la tarde, el último toro que mató nuestro protagonista. La segunda es de una vara que tomó el tercero:



Por cierto, al lidiarse ocho toros, se coló un Marcial entre estos tres manueles:


Así vio Hemingway la cogida:


La de Montes fue en una zona parecida cuando entraba a matar pero su agonía duró solo cuatro días. Sidney Franklin fue un torero estadounidense. Se recuperó de esa cogida y murió de viejo en Nueva York, su ciudad natal. 

Parece ser que Varelito se equivocó entrando en la suerte contraria. El toro hizo por él después de un segundo pinchazo y, tras derribarlo, lo recogió del suelo y lo corneó por detrás. Este es el momento:


Lo soltó cuando Marcial lo coleó (Lalanda cortaría luego la oreja del octavo y saldría a hombros). El diestro se contrajo en el suelo y quedó sobre la arena boca arriba. Chicuelo mató a Bombito de dos pinchazos y descabello:


El parte de la cogida es tremendo:

'Herida en la región anoperineal con rotura del esfínter y de la pared anterior del recto con gran hemorragia y shock traumático'

No le dieron la extrema unción como a Rafael Ortega en Pamplona cuando tuvo una cornada tremenda en el mismo sitio ('he notado la cornada en el cielo de la boca...'). Recuerden que lo contábamos en esta entrada. En muchos sitios se afirma lo contrario pero la confusión viene de que un sacerdote amigo personal del diestro estaba presente en el tendido y bajó rápidamente a la enfermería para interesarse por su estado.

Clarito hacía hincapié poco después de la cogida en la actitud muy impertinente del público sevillano que 'estaba contrariado por la desaparición de Joselito y las ausencias de Belmonte y Sánchez Mejías en la feria por lo cual extremó sus exigencias con Chicuelo, De la Rosa, Granero y Varelito' quien era, añadimos nosotros, el más débil de los citados. Esta famosa foto es de 1919 en la capital del Santo Reino:


Bombito ya había cogido sin consecuencias al maestro al principio de la faena y éste huyó por pies de manera muy poco airosa bajo la rechifla de aquel público sevillano que, como ven, no tiene nada que ver con el actual. Puede ser que ello hiciera que se pusiera nervioso y que arreciara la bronca del respetable. En una crónica hablan de 'verdadero encono del público con él'.

Precisamente Clarito decía que los públicos de toros azuzan, inconscientemente con su actitud, la tragedia. Luego terminan deplorándola y con el tiempo, enalteciéndola. Son esos públicos de los que se quejaba Rafael el Gallo cuando decía que 'habían hecho morir a Varelito y encanecer a Manolete'. Cañabate dirá que 'fue una de esas cornadas que dan a medias los toros y el público'. Por cierto, Caña dijo de él que era 'el matador de toros más bonito que vi en mi vida de aficionado'. 


Aquí lo tienen durante su formidable agonía, que duró veintidós días. La fiebre llegaba a alcanzar los 41 grados. Lo envolvían en sábanas mojadas con agua helada. La foto está tomada en su casa de la calle Gerona, antigua calle Sardinas, que es por donde transitaban los carros camino de los mercados de la calle Feria y de la Encarnación:


La muerte la produjo la septicemia que sufrió por la infección. Sus dos hijas no llegaron casi a conocerlo porque la mayor no había cumplido los dos años y medio y la pequeña tenía unos meses. Su última preocupación fue que las 200.000 pesetas que había ganado en el toreo fuesen destinadas a que no faltara nada a sus hijas. Precisamente el día de autos había venido de Valencia el dibujante Ruano Llopis, muy amigo de Manuel, para ser el padrino del bautizo de esta última. Este famoso dibujo es de Ruano:


Imaginen su congoja y la de la viuda cuando celebraban ese bautizo al día siguiente del entierro. Nos confirma nuestro amigo Pepe Luis de Sevilla (que nació en 1927, recuerden aquí quién es) que la familia pidió permiso al Ayuntamiento para cubrir con arena los adoquines para que el ruido de los caballos y las ruedas no hiciera todavía más penosos los últimos días del pobre Manuel. Esta es la calle donde vivía:


Nos dice también Pepe Luis que esa calle Gerona estaba adoquinada con piedras que se traían de Gerena. Y que esa misma casa donde murió Varelito, que se encuentra a mano izquierda antes de llegar a Sor Ángela de la Cruz, la compró posteriormente Rafael Ortega Gallito, el sobrino de Joselito.



El público sevillano había tenido aquella tarde lo que quería: 'ya me la ha dao, ya estaréis contentos...' Varelito moría tres días después de que se cumplieran dos años de la muerte de quien le diera la alternativa. Parece ser que el diestro había hablado de retirarse al final de esa misma temporada. De hecho, cuando entró a la capilla de la plaza aquel 21 de abril comentó: 'ésta es la última vez que vengo por aquí'.  


Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.