Y menos mal que el palco desoyó la petición de oreja en el sexto o la de una segunda a Juli porque ya hubiera sido de traca. ¡Eutimio, aprende!
Sigue sin entrarnos en la cabeza cómo es posible que el público maestrante guste de la forma de torear de diestros como El Juli, como el Luque de la doble oreja que veremos luego o del toreo de Rufo. Para nosotros es un arcano.
Recuerden esta entrada donde hablábamos de que la Maestranza se había enamorado inexplicablemente de Julián. Disculpen la autocita:
¿Cómo es posible que una chica tan fina, que anduvo en amores con los Vázquez Garcés o con Curro se haya enamorado de López Escobar? El amor es ciego. Ustedes ya conocen la teoría de la cristalización de Stendhal: la enamorada ve unas bondades en su enamorado que los demás no vemos ni de lejos.
Los de Garcigrande fueron terciados, muy sosos, vinieron picados del campo, exhibieron gran vulgaridad en el caballo y en general, demostraron muy poca casta. Todos mansearon, se rajaron y apretaron para adentro. Fue una corrida para dejar bastante preocupado a su criador.
EL JULI. Se presentó con un terno corinto y oro, con cabos blancos, remates en verde y el mismo corbatín negro que en Las Ventas. Su primero era un negro azabache, astracanado y cornidelantero, un poco gordo.
Trámite en el primer tercio, con dos varas en el lomo. Buen par de Fernando Sánchez con los cuernos en el pecho.
El toro era desaborío y pegaba el arreón pero topando. Juli insistió sin ningún resultado porque el toro se rajó, lo despreció y llegó a soltarle una coz. Pinchazo seguido por un espantoso sablazo hondo, trasero, caído y atravesado. Lógicamente no le hizo mella y murió al quinto descabello mientras a Justo Hernández le empezaba a correr por la espalda un sudor helado.
Se fue a porta gayola en el que no creemos que sea su último toro en Sevilla como piensan muchos. El toro era otro animal sevillano, con una cabecita muy agradable y terciadito.
Simulacro en varas, con una que cayó casi en el costillar. Lo único bueno de ese primer tercio fue una media verónica del maestro, lo mejor que ha hecho sumando las dos despedidas, sin duda. Después el segundo par de Sánchez de poder a poder fue el mejor de la tarde.
El toro era otro tontorrón que iba y venía y al cual El Juli abrió la puerta descomponiendo la figura y demostrando esa tauromaquia que insistimos en lo de no entender cómo es que gusta especialmente en este coso.
Aburrimiento máximo que terminó con una infame puñalada un palmo trasera, caída, alargando el brazo, saliéndose de la suerte, pegando el salto y encima con Dávila Miura engañándonos diciendo que la espada estaba arriba, ¡a otro perro con ese hueso, Eduardo! Oreja de los chinos con petición sentimental y pueblerina de la segunda por parte del público maestrante.
CASTELLA. Su primero era un torito de Sevilla, cómodo de cara y terciado.
Castella lo recibió con verónicas de rodillas al estilo de Marcial Lalanda, aprovechándose de que el toro venía bien picado del campo porque embestía de salida como si fuese el final de la faena de muleta.
Simulacro en varas dado que estábamos ante un animal que podría haberse lidiado directamente con la muleta desde el principio. La segunda verónica del quite de Luque fue muy buena, que conste en acta para los que nos califican de antiluquistas. La remató así:
Muy bien Chacón y especialmente Viotti, arriesgando en un segundo par de mucho valor. Inicio típicamente castellano pasándose el animalico por delante y por detrás.
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| FOTO: Pagés |
Después el torete iba y venía atontolinado permitiendo que el francés le hiciese el tiovivo citando con la cadera en lugar de con el medio pecho, escondiendo la femoral y, en fin, colocado de esta guisa:
Ningún interés, a pesar de que la banda empezó a tocar aunque se vio obligada a cortar rápido tras oír adecuadas protestas. Lo finiquitó con una casi entera muy trasera, a capón, sin puntilla y con su habitual saltito.
Se fue a chiqueros ante el quinto, un castaño albardado, anteado, listón, bragado, bocidorado y lavado de cara.
El torete venía también bien picadito del campo pero hizo honor a su hierro regateando al piquero y yéndose al pecho del caballo. Se dedicó a partir de entonces a mansear buscando una salida hacia el barrio de Triana.
Estuvo muy bien Chacón porque el toro se quiso reír de él en banderillas. Castella tuvo la buena idea de tratar al animal con muchísima suavidad para ver si cogía gusto a la tela en lugar de salir huyendo. Consiguió centrarlo pero no quitarle su monumental sosería.
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| FOTO: Pagés |
El insoportable sopor terminó por fin con una estocada en el lomo, saltando y sin que ninguno de los comentaristas se hiciera eco de su pésima colocación. Está claro que no es lo mismo hablar con libertad en Youtube que a sueldo de la televisión.
LUQUE. Su primero era un castaño carinegro, astracanado, listón, astiblanco y cornilevantado.
Otro animal soso de salida y dándoselas de listo por el izquierdo. Mediocridad total en varas y arreando en banderillas.
Muchas veces hemos insistido en que lo mejor que tiene este torero son sus inicios de faena y aquí lo volvió a demostrar. Lo que vino después ya fue otra cosa, con pierna atrás, picando, colocándose en la pala y abusando de perfilerías varias.
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| FOTO: Pagés |
Salta a la vista que no compartimos en absoluto las desmesuradas alabanzas que se desataron en televisión cual una tormenta de adulaciones. Telonazo con estocada trasera y desprendida patas arriba. Oreja para nuestro gusto exagerada. Pero cuando acabábamos de apuntar esto, el del palco concedió la segunda para emular a su verbenero colega venteño. Un despropósito al que no dábamos crédito.
El sexto era un toro feo, sin cuello, cornidelantero, escarbador y pasado de romana.
Hubo que echarle el caballo encima porque se dedicaba a mirar la pecera. Después pasaba por allí como un turista y Luque le pegó pases sin más. Fue curioso comprobar cómo sonaba la música pero no las palmas del respetable aunque quizás los músicos tocaban para quitarse el aburrimiento de encima.
Terminó con un infame espadazo bajo, atravesado y en el lomo, que fue recibido con una ovación de pueblo, pero de pueblo malo, no de pueblo entendido en toros. A pesar de ello hubo una demencial y aldeana petición de oreja, no mayoritaria. Muy bien el presidente esta vez al mantenerse firme y no devaluar todavía más una Puerta del Príncipe que a estas alturas ya está bastante cubierta de fango.
Sevilla quería estar por encima de Madrid y llevarse a El Juli en hombros. No pudo ser aunque el diestro tuvo el buen detalle de retirarse por su propio pie antes de que lo levantaran del suelo, como era intención de más de dos.
El realizador de la retransmisión, nefasto, como siempre, pero ni sabe ni quiere aprender. Los comentarios de los televisivos resultaron estomagantes con sus enfadosas zalamerías, sus alabanzas desaforadas y sus silencios cómplices.
Justo Hernández defraudó a la parroquia porque siendo un hombre que tiene su ganadería por la mano, se supone que había elegido la espuma de su camada para esta corrida tan señalada. Pues su elección falló como una escopeta de feria ya que el comportamiento de los toros no dejó contento ni a los toristas ni a los toreristas.
Señoras y señores, El Juli no se cortó la coleta sino que simplemente se retira... hasta que vuelva. Cubriremos todas las apuestas.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




















































