Pero le dio igual. Mantuvo una actitud displicente toda la tarde y no se dio por aludido cuando sonó ese tercer aviso en su segundo. Encima se marchó entre división de opiniones cuando lo obligatorio es silbar a un matador de toros que no ha matado su toro en el tiempo reglamentario.
Joan Fuster tiene un artículo titulado El arte de silbar en público donde afirma que ese arte es un signo esperanzador en una época como la nuestra, de tanto asentimiento. Pues ayer en Las Ventas muchos todavía le reían las gracias al peruano, empezando por los televisivos.
Corrida bien presentada, astifina, de diferentes pintas, algunos con excesivos kilos, noble y a la vez mediocre en varas. Conste que fue lidiada por los tres maestros con gran dejadez en el primer tercio, para variar. Al final el ganadero dijo que le había parecido muy bueno el primero de Roca pero que hay que ir mejorando para que el ganado embista mejor.
CAYETANO. Su primero era negro listón, badanudo, bizco del derecho y con buena pelota aunque despelujada. Las fotos, del maestro Moore:
Barrenada breve porque se va enseguida y otra posterior con esa mano izquierda asesina que ven:
Iba sin chaquetilla por haber sido arrollado en el de la confirmación de Martínez. En el segundo pase de hinojos tuvo que tirarse de cabeza al callejón:
Le decían ¡toca, toca! pero no tocaba. Muleta a la izquierda queriendo rematar atrás y también queriendo picotear, siempre sin arrimarse:
El toro se fue parando y la faena no llegó ni a tal. Estocada trasera y tendida entrando a lo loco, como es habitual en él. Tiene menos cogidas de las que se busca:
Tras ser atendido en la enfermería por los golpes sufridos en el primero de la tarde, salió a matar su segundo, este colorado ojo de perdiz, listón, de 610 kilos, pasado de romana y basto de pezuña (observen esos dígitos dorsales tan extrañamente largos por detrás de la pinza):
Horroroso monopuyazo español en el espinazo y tapando la salida. Ese piquero tan flamenco dejó el toro bien cocido. Entre caballo y caballero, más de 800 kilos fácil:
Añadan a esa carnicería que el de Mayalde no podía con su tonelaje. El resultado fue un aburrimiento supino. Estocada muy tendida arriba que basta. Ahí lo tienen, pegando su grotesco saltó para salirse ya que nunca cruza por el costillar. Alarga el brazo dándose ventaja y la espada la clava como lo que respondía aquel pintor cuando le preguntaban de quién era ese retrato que estaba acabando: 'si sale con barba, San Antón y si no, la Inmaculada Concepción':
ROCA. Su primero era un castaño salpicado, listón, ojalado, aleonado y cornilevantado:
Unos delantales del montón fueron jaleados como si fueran verónicas de Gitanillo. Desprecio absoluto de Roca por el primer tercio, colocando el toro de cualquier manera, ¡impresentable! Pelea del de Mayalde medio buena en el primero pero manseando en un segundo muy vulgar.
Inicio chinesco y con dos cambios por detrás, con el tendido ya loco:
Luego se le vio intentando no echar la pierna atrás para evitar destorear pero se le iba sin querer, vean. Tiene que mentalizarse más:
Torito de vaivén por el derecho y un poco rufianete por el izquierdo pero sin dar problemas al peruano. Debe reconocerse que se lo pasó cerca:
Lo olearon hasta en la pesadez de las bernadinas. Muy buena estocada arriba, un poco pasada y hasta el arriaz. Sin telonazo, observen:
Nos irritó el diestro después, pinchando con mala uva el morro del toro hasta por tres veces para descabellar. ¡Qué poco respeto a quien le da de comer! Dos avisos, descabello fallido y se echa. Esperen, porque Roca lo vuelve a despreciar yéndose al platillo con el toro aún vivo. Petición no atendida y tras el arrastre se calla toda la plaza y no hay ni saludos (?).
Dijeron en televisión que el alguacilillo le había llamado la atención con acritud por pinchar el morro de toro. Pues no tardó ni un segundo Dávila en mentir afirmando que le había dado con el palillo y no con el verduguillo. Pero ¿a quién quieres engañar, Eduardito? ¡Si lo acabamos de ver! Y los otros tres, bien callados.
Su segundo era este negro azabache, rabicorto, alto, de casi seis años y 580 kilos:
Flojeaba de atrás pero no oímos protestas. Estaba perfectamente encornado, como aquellos guardiolas de Félix Hernández:
Se deja pegar y rápidamente se va al trote por dos veces hasta el reserva para salir huyendo al hierro. Luego esperaba y se dolía de los rehiletes.
Mal inicio por no centrar a un toro distraído. Se dio cuenta y ya le dejó la muleta en la cara. El toro quería pero sus patas de cartón no le respondían y obligaba al diestro a rectificar su posición al quedarse a mitad de viaje. Ese estrafalario retorcimiento no se lo quita de encima:
Poca cosa. Pinchazo bueno, otro aguantando, otro con prisas sin soltar y por fin, entra muy mal, tapando la cara y buscando los blandos sin vergüenza. !Qué decepción, maestro! Comparen cómo presenta la muleta en esta imagen con la del anterior. Para que vean que saben perfectamente cuándo se alivian:
Barbeo de tablas, dos avisos con el maestro mirando de lejos sin inmutarse y gritos de ¡fuera, fuera! por su desidia. Sonó el tercer aviso cuando se echaba el toro, como a Lalanda en Sevilla, recuerden esta entrada. Pero es que el diestro ni había cogido el verduguillo en actitud ciertamente chulesca. La reacción silente a su favor que comentábamos en su primero se repitió ahora, con un sorprendente mutismo... ¡tras tres avisos en Madrid!
JORGE MARTÍNEZ. El de la confirmación era un castaño albardado, listón, bocinegro, bragado y axiblanco, de 597 kilos. Era también rabilargo:
Primer puyazo de bravo, con batacazo y arrollando al diestro al salir:
Sentimos indignación y rabia al ver que en el segundo lo ponía debajo para que le pegasen una carioca repugnante de la que se vengó arrollando esta vez a Cayetano:
Buen segundo par de Rojas:
No se puso nervioso Martínez e intentó enderezar el calamocheo del toro. A pesar de su fama, sólo ofreció una tanda por naturales y lo hizo picando con desconfianza antes de un desarme:
Estuvo gris. Error en la suerte contraria para dejar esta estocada muy caída que basta:
Su segundo era este hermoso negro muy salpicado, un poco ensillado y con dos agujas:
Emula a Santillana con el palo levantado y sale renqueando de ese equifante blanco.
Hace mucho hilo en banderillas aunque los figurones del callejón ni se inmutaron porque ya estaban a salvo y encima habiendo entrado gratis al festejo, ¡menuda tropa!
Todo lo que tenía de bonita lámina le faltó en la muleta, donde fue chirle sin remedio. Probablemente estaba mermado de pies porque se le veía torpe en sus movimientos.
Lo de Martínez fue mucho picar, demasiado insistir poniéndose muy pesadito y por fin, dar una estocada caída con la mano por la bandera. El público tuvo con él bastante más paciencia que con otros:
Tarde rara, con varios percances y con unas reacciones muy extrañas tanto de los toros como del público. La verdad es que esperábamos un festejo inaguantablemente triunfalista en el peor sentido y a la postre no nos aburrimos del todo. Y los tres avisos para Roca, que no es la primera vez en su carrera.
Reiteramos que el peruano puede agradecer el haberse despedido con división de opiniones cuando lo lógico era como mínimo haber escuchado pitos. Eso sí, el adulador del micrófono en el callejón se dedicó a darle enhorabuenas absurdas, a intentar levantarle la moral sin mentarle lo de los tres avisos y a abrazarlo cuando terminó la entrevista (!). Cuánta independencia en la labor periodística taurina, ¿no les parece?
Nunca encontrarán en nuestro insignificante cuadernillo paños calientes ante actitudes soberbias de los diestros y mucho menos si se trata de alguna figura del belén.
Ayer vimos signos de altanería en Roca que no nos gustaron ni un pelo. Antiguamente el público no olvidaba. Tras algo como esos tres avisos esperaba la próxima comparecencia del maestro y se leía en la crónica: al aparecer en el ruedo fueron recibidos con una sonora bronca a cuenta de la última tarde que habían dado en esta plaza...
Eso lo sufrieron incluso Gallito y Belmonte, no les decimos más. Sin embargo, actualmente no hay más que ver cómo tapaban al maestro los cuatro televisivos, ¡con abrazos incluidos en el callejón! No vaya a ser que el muchacho millonario se sienta dolido y se nos enfade.
Lo que decía Fuster, que vivimos en una época de gran asentimiento. Todo vale y el que ha pasado por taquilla, que se calle y que se aguante.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.










































































