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lunes, 27 de mayo de 2024

FERIA DE SAN ISIDRO, 2024 (14). MONTALVO: ¿CAMINO DEL GÓLGOTA?

No pierdan el tiempo. Si lo de anteayer fue inaguantable, lo de ayer fue insufrible. Menos mal que sólo fueron cuatro toros. Los tres de Montalvo tuvieron mucha cara, poco cuello y muy poca sal en sus embestidas. Venían de tres sementales diferentes, lo cual es muy preocupante para el ganadero. El sobrero de Vázquez, mansurrón y perfectamente olvidable.



También fue olvidable la labor de los dos diestros. Por delante actuó el rejoneador Ventura. Nos dedicamos a contar las veces que los toros le tocaban los caballos y fueron un total de siete. Eso es un baldón aunque nadie lo diga.



Lo dicho, no sigan leyendo a no ser que quieran recrearse con las fotos del maestro Moore.




CAYETANO. El primero era negro zaíno, degollado, apretado de carnes, con poco cuello y veleto que cerraba un poco:



Cabecea y dimite enseguida en los dos cuando ve que no hay salida con esa mano izquierda asesina:



Ojo a uno de los pares de la feria, el de Rus. Lo único bueno de la plúmbea tarde:



El toro no valía un pimiento, embestía por obligación y dando saltitos. Nada. Pinchazo malo y estocada trasera y atravesada huyendo de la suerte con su grotesco salto hacia afuera. Se perfiló donde está la estrella y terminó saltando hacia donde ven en la imagen. Lo mejor que hizo en su doble actuación fue el descabello:



El segundo era negro mate, con lomo grueso, poco cuello y cornalón:



Barrenada acariocada sin vergüenza. El tal Briceño perpetró en ambos puyazos un enloquecido metisaca trasero con la puya, como si se estuviese electrocutado. Ahí tienen al citado matarife, que no picador, completando los 360º:



En la raya el toro se sentía más seguro y mostraba cierta codicia revolviéndose. Pero afuera hacia viento y como encima la muleta de Cayetano no es un prodigio de mando, el animal anduvo a su aire. Además el maestro está acostumbrado a caritas más cómodas.



Estocada delantera, perpendicular y atravesada más otra entera, caída, alargando el brazo y escupiéndose con descaro, vean. ¡No cruza jamás! Que haya periodistas taurinos que alaben su forma de entrar a matar nos parece demencial:




GINÉS MARÍN. Su primero era este negro mate, listón, sin cuello y con dos farolas:



Muy mal Marín en la lidia aunque ya sabemos todos que el primer tercio le importa un bledo. Dos señales sin apretar, clavándole más cerca del rabo que del morrillo.

Incomprensiblemente brindó este toro al público. Era blando, de embestida torpe por el derecho y deslavazada por el izquierdo. ¿Por qué brindan eso? ¿No se dan cuenta de que están ultrajando al respetable? 

De nada sirvieron los ridículos ánimos de Dávila desde la televisión. Parecía su apoderado. Marín se dedicó a picar piedra sin compasión, vaya hastío.


 

Media tendida y pasada más un golpe. Es otro diestro que tiene una inexplicable fama de buen estoqueador cuando entra de esa manera tan estrafalaria. Sin comentarios:



Su segundo era este negro listón, de casi seis años y 589 kilos, bien encornado, blando de remos y justo de cuello:



A pesar del blandeo, el padre le pegó con infamia, vean:



Lo dejó para el tinte y vio el verde. Salió el sobrero de José Vázquez. Era un cinqueño corraleado, vareado, rabicorto y astifino pero con cara un poco de adolescente:



Desidia total de Marín en la lidia, como si no fuese con él. Ya ven, cuánta afición tiene el hombre... Cuando su padre empezó a barrenar con sevicia, el toro huyó por dos veces. La cosa degeneró en un herradero talanquero, responsabilidad total del incompetente maestro.

Larios clavó en el morrillo ya que el toro echó la cara al cielo en el embroque:



Nos sorprendió que se pusiera a torear con la izquierda a un toro probón y mirón. Fue un espejismo. Rápidamente pasó a pegar pases derechistas, con radio macuto dando la tabarra desde el burladero.



Estocada baja y tendida muy defectuosa aunque con las patas al cielo en los medios.




Por fin acabó nuestro suplicio. Decíamos al comienzo de este serial isidril que podría ser un via crucis. Pues lo de La Ventana fue la flagelación en la columna y esto de Montalvo, la corona de espinas. Ya vamos con la cruz a cuestas. Y la próxima corrida de toros es de Juan Pedro... 

¡Que pase de nosotros ese cáliz! Pero no: ya que nos metimos en esta aventura, apuraremos el cáliz hasta las heces.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




sábado, 25 de mayo de 2024

FERIA DE SAN ISIDRO, 2024 (12). CONDE DE MAYALDE: ROCA ESCUCHÓ LOS TRES AVISOS EN MADRID

Pero le dio igual. Mantuvo una actitud displicente toda la tarde y no se dio por aludido cuando sonó ese tercer aviso en su segundo. Encima se marchó entre división de opiniones cuando lo obligatorio es silbar a un matador de toros que no ha matado su toro en el tiempo reglamentario. 

Joan Fuster tiene un artículo titulado El arte de silbar en público donde afirma que ese arte es un signo esperanzador en una época como la nuestra, de tanto asentimiento. Pues ayer en Las Ventas muchos todavía le reían las gracias al peruano, empezando por los televisivos. 



Corrida bien presentada, astifina, de diferentes pintas, algunos con excesivos kilos, noble y a la vez mediocre en varas. Conste que fue lidiada por los tres maestros con gran dejadez en el primer tercio, para variar. Al final el ganadero dijo que le había parecido muy bueno el primero de Roca pero que hay que ir mejorando para que el ganado embista mejor.




CAYETANO. Su primero era negro listón, badanudo, bizco del derecho y con buena pelota aunque despelujada. Las fotos, del maestro Moore:



Barrenada breve porque se va enseguida y otra posterior con esa mano izquierda asesina que ven:



Iba sin chaquetilla por haber sido arrollado en el de la confirmación de Martínez. En el segundo pase de hinojos tuvo que tirarse de cabeza al callejón:



 

Le decían ¡toca, toca! pero no tocaba. Muleta a la izquierda queriendo rematar atrás y también queriendo picotear, siempre sin arrimarse:



El toro se fue parando y la faena no llegó ni a tal. Estocada trasera y tendida entrando a lo loco, como es habitual en él. Tiene menos cogidas de las que se busca:



Tras ser atendido en la enfermería por los golpes sufridos en el primero de la tarde, salió a matar su segundo, este colorado ojo de perdiz, listón, de 610 kilos, pasado de romana y basto de pezuña (observen esos dígitos dorsales tan extrañamente largos por detrás de la pinza):



Horroroso monopuyazo español en el espinazo y tapando la salida. Ese piquero tan flamenco dejó el toro bien cocido. Entre caballo y caballero, más de 800 kilos fácil:



Añadan a esa carnicería que el de Mayalde no podía con su tonelaje. El resultado fue un aburrimiento supino. Estocada muy tendida arriba que basta. Ahí lo tienen, pegando su grotesco saltó para salirse ya que nunca cruza por el costillar. Alarga el brazo dándose ventaja y la espada la clava como lo que respondía aquel pintor cuando le preguntaban de quién era ese retrato que estaba acabando: 'si sale con barba, San Antón y si no, la Inmaculada Concepción':



ROCA. Su primero era un castaño salpicado, listón, ojalado, aleonado y cornilevantado:



Unos delantales del montón fueron jaleados como si fueran verónicas de Gitanillo. Desprecio absoluto de Roca por el primer tercio, colocando el toro de cualquier manera, ¡impresentable! Pelea del de Mayalde medio buena en el primero pero manseando en un segundo muy vulgar.

Inicio chinesco y con dos cambios por detrás, con el tendido ya loco:



Luego se le vio intentando no echar la pierna atrás para evitar destorear pero se le iba sin querer, vean. Tiene que mentalizarse más:



Torito de vaivén por el derecho y un poco rufianete por el izquierdo pero sin dar problemas al peruano. Debe reconocerse que se lo pasó cerca:



Lo olearon hasta en la pesadez de las bernadinas. Muy buena estocada arriba, un poco pasada y hasta el arriaz. Sin telonazo, observen:



Nos irritó el diestro después, pinchando con mala uva el morro del toro hasta por tres veces para descabellar. ¡Qué poco respeto a quien le da de comer! Dos avisos, descabello fallido y se echa. Esperen, porque Roca lo vuelve a despreciar yéndose al platillo con el toro aún vivo. Petición no atendida y tras el arrastre se calla toda la plaza y no hay ni saludos (?).

Dijeron en televisión que el alguacilillo le había llamado la atención con acritud por pinchar el morro de toro. Pues no tardó ni un segundo Dávila en mentir afirmando que le había dado con el palillo y no con el verduguillo. Pero ¿a quién quieres engañar, Eduardito? ¡Si lo acabamos de ver! Y los otros tres, bien callados.

Su segundo era este negro azabache, rabicorto, alto, de casi seis años y 580 kilos:



Flojeaba de atrás pero no oímos protestas. Estaba perfectamente encornado, como aquellos guardiolas de Félix Hernández:



Se deja pegar y rápidamente se va al trote por dos veces hasta el reserva para salir huyendo al hierro. Luego esperaba y se dolía de los rehiletes.

Mal inicio por no centrar a un toro distraído. Se dio cuenta y ya le dejó la muleta en la cara. El toro quería pero sus patas de cartón no le respondían y obligaba al diestro a rectificar su posición al quedarse a mitad de viaje. Ese estrafalario retorcimiento no se lo quita de encima:



Poca cosa. Pinchazo bueno, otro aguantando, otro con prisas sin soltar y por fin, entra muy mal, tapando la cara y buscando los blandos sin vergüenza. !Qué decepción, maestro! Comparen cómo presenta la muleta en esta imagen con la del anterior. Para que vean que saben perfectamente cuándo se alivian:



Barbeo de tablas, dos avisos con el maestro mirando de lejos sin inmutarse y gritos de ¡fuera, fuera! por su desidia. Sonó el tercer aviso cuando se echaba el toro, como a Lalanda en Sevilla,  recuerden esta entrada. Pero es que el diestro ni había cogido el verduguillo en actitud ciertamente chulesca. La reacción silente a su favor que comentábamos en su primero se repitió ahora, con un sorprendente mutismo... ¡tras tres avisos en Madrid!




JORGE MARTÍNEZ. El de la confirmación era un castaño albardado, listón, bocinegro, bragado y axiblanco, de 597 kilos. Era también rabilargo:



Primer puyazo de bravo, con batacazo y arrollando al diestro al salir:



Sentimos indignación y rabia al ver que en el segundo lo ponía debajo para que le pegasen una carioca repugnante de la que se vengó arrollando esta vez a Cayetano:



Buen segundo par de Rojas:



No se puso nervioso Martínez e intentó enderezar el calamocheo del toro. A pesar de su fama, sólo ofreció una tanda por naturales y lo hizo picando con desconfianza antes de un desarme:



Estuvo gris. Error en la suerte contraria para dejar esta estocada muy caída que basta:



Su segundo era este hermoso negro muy salpicado, un poco ensillado y con dos agujas:



Emula a Santillana con el palo levantado y sale renqueando de ese equifante blanco.



Hace mucho hilo en banderillas aunque los figurones del callejón ni se inmutaron porque ya estaban a salvo y encima habiendo entrado gratis al festejo, ¡menuda tropa!



Todo lo que tenía de bonita lámina le faltó en la muleta, donde fue chirle sin remedio. Probablemente estaba mermado de pies porque se le veía torpe en sus movimientos. 



Lo de Martínez fue mucho picar, demasiado insistir poniéndose muy pesadito y por fin, dar una estocada caída con la mano por la bandera. El público tuvo con él bastante más paciencia que con otros:




Tarde rara, con varios percances y con unas reacciones muy extrañas tanto de los toros como del público. La verdad es que esperábamos un festejo inaguantablemente triunfalista en el peor sentido y a la postre no nos aburrimos del todo. Y los tres avisos para Roca, que no es la primera vez en su carrera.

Reiteramos que el peruano puede agradecer el haberse despedido con división de opiniones cuando lo lógico era como mínimo haber escuchado pitos. Eso sí, el adulador del micrófono en el callejón se dedicó a darle enhorabuenas absurdas, a intentar levantarle la moral sin mentarle lo de los tres avisos y a abrazarlo cuando terminó la entrevista (!). Cuánta independencia en la labor periodística taurina, ¿no les parece?

Nunca encontrarán en nuestro insignificante cuadernillo paños calientes ante actitudes soberbias de los diestros y mucho menos si se trata de alguna figura del belén.

Ayer vimos signos de altanería en Roca que no nos gustaron ni un pelo. Antiguamente el público no olvidaba. Tras algo como esos tres avisos esperaba la próxima comparecencia del maestro y se leía en la crónica: al aparecer en el ruedo fueron recibidos con una sonora bronca a cuenta de la última tarde que habían dado en esta plaza...

Eso lo sufrieron incluso Gallito y Belmonte, no les decimos más. Sin embargo, actualmente no hay más que ver cómo tapaban al maestro los cuatro televisivos, ¡con abrazos incluidos en el callejón! No vaya a ser que el muchacho millonario se sienta dolido y se nos enfade.

Lo que decía Fuster, que vivimos en una época de gran asentimiento. Todo vale y el que ha pasado por taquilla, que se calle y que se aguante.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.