UN BERRENDO DE QUINTAS
El interés del festejo radicaba en ver dos cosas teóricamente diferentes a lo acostumbrado. Por un lado lo de los hermanos Quintas y por otro lo de Guadajira, un Domecq que intenta huir del desprecio con que muchos aficionados tratan al monoencaste.
Quintas sólo lidió dos toros y el primero nos gustó, como argumentaremos después. Fue este Solero:
Los de Guadajira tuvieron buen trapío y estaban limpios de pitones pero su comportamiento no creemos que haya dejado satisfecho a su propietario. A nosotros, por supuesto que tampoco.
BORJA JIMÉNEZ. Mató tres por la cornada de Fermín. Su primero fue erróneamente calificado en los papeles como ensabanado, cuando era berrendo en sardo, además de capirote, botinero y mosqueado:
DIEGO CARRETERO. Su primero era de Quintas, un berrendo en negro entrepelado, remendado, botinero, mosqueado y playero:
Clavó los pitones y estuvo a punto de dar una voltereta. Recuperó el equilibrio pero nos dio la impresión de que se había lastimado alguna mano. Fue al corral urgentemente dado que el presidente Costales ya no marea la perdiz con el verde.
Como el sobrero era de Guadajira, Carretero lidió dos del mismo hierro. Era un castaño oscuro, con cuajo, con badana y con cara:
Notable empuje del toro en el peto donde romaneó durante un segundo mientras recibía la barrenada de rigor tal y como es la deleznable norma en esta Copa. Excelente lidia de Revuelta.
El toro quería embestir pero estaba demasiado aplomado. Carretero llevó en el pecado la penitencia por haber permitido la barrenada de su picador. Encima se puso muy pesadito pegando pases.
Horrorosa estocada, casi en el lomo por ir con la mano alta, perdiendo la muleta y tomando el olivo, más descabello:
Su segundo en el sorteo figuraba como Bandido y en el ruedo fue anunciado como Guitarrista (?). Era castaño casi negro, lavado de cara y listón. Fue recibido por Carretero de rodillas en tablas:
A este diestro el primer tercio le importa una higa y permitió una asquerosa paliza de su picador, barrenando, recargando, tapando la salida y clavando en el lomo. Un antitaurino hubiera disfrutado grabando las imágenes y divulgándolas después por las redes. Y los aficionados, a callar agachando la cabeza. Revuelta nos quitó el mal sabor de boca con su primer par.
Torete noblón y bobalicón ante el que el albaceteño corrió la mano bien pero picando más de lo reglamentario, observen:
Nueva estocada sacada de la cámara de los horrores: con la mano por la ionosfera y perpetrando un monumental telonazo que incluso llamó la atención de Arnás, para que ustedes se den cuenta de que los de televisión saben perfectamente de qué van los alivios aunque normalmente prefieren taparlos:
Descabello final con un Carretero que nos dejó un regusto de gran decepción a pesar de la oreja pueblerina.
ALEJANDRO FERMÍN. Su primero era de Quintas y hacía honor a su nombre porque se llamaba Negrito. Era estrellado, con un pitón izquierdo raro (la cornada la daría con el derecho):
Fermín le pegó una larga de rodillas pero terminó perdiendo el capote cuando se levantó. Por cierto, a ese vestido, que toda la vida fue malva o lila, la comentarista lo denomina 'chenel':
Poca cosa hizo en el caballo como no fuese mansear en plan epiléptico. Sorprendentemente el diestro permitió una segunda entrada donde recibió un picotazo. Vino el siguiente quite de Jiménez por chicuelinas más una media y la consiguiente respuesta de Fermín también de frente al costado. Nos temimos en ese momento que el toro había entregado la cuchara. Oigan, ya que estamos, la chicuelina ¿es torear? Recuerden esta entrada. Gran quite de Carretero ante el percance del peón, fue lo mejor que hizo en toda la tarde:
Como era de prever, al toro apenas le quedaba gasolina y la cosa andaba bastante desangelada hasta que el aire descubrió al diestro y el de Quintas le pegó una cornada seca. Ahí es cuando el viento se lleva la muleta y lo ve:
Fermín no quiso retirarse a la enfermería y regresó a la cara del toro sin aspavientos y además colocándose bien. Fue inconcebible que no hubiera un subalterno que le acercase la espada, tuvo que pegarse un paseíto hasta la barrera y otro de vuelta. Dejó una estocada muy defectuosa por atravesada y tendida que asomaba y encima perdiendo la muleta pero bastó. El puntillero jugó a falso compañero levantando el toro dos veces mientras seguía manando sangre de la herida del maestro. Oreja que no nos molesta a pesar del sablazo.

























