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viernes, 22 de mayo de 2026

FERIA DE SAN ISIDRO, 2026, (12). PUERTO Y VENTANA: TRES AVISOS PARA AGUADO EN MADRID

Hace cincuenta años a Aguado le buscarían las cosquillas sus compañeros en los patios de cuadrillas antes de los próximos paseíllos en plan: 'Pablo, en Madrid tres tararí, ¿eh?, jejeje...' Como ahora vivimos inmersos en el buenismo nadie le dirá ni mu a pesar de la monumental vergüenza que debería ser para un matador de toros no poder matar un toro. Y los críticos paniaguados serán los primeros que pasarán de puntillas sobre este sonrojante hecho. Recuerden que a Roca le sucedió lo mismo el año pasado y se lo criticamos convenientemente en esta entrada.



No solemos decirlo pero hoy les confesaremos que esta era una de las bastantes corridas que jamás hubiésemos visto si no es por ese compromiso autoimpuesto de dejarles por aquí las crónicas del culebrón isidril. Y eso que era de las de no hay billetes hace semanas...

Cuando acabó pudimos comprobar que acertamos de pleno porque el festejo fue una tortura digna de la Securitate rumana.

Tres de El Puerto y tres de La Ventana. ¿Cuál fue peor? Salvamos al colorado de La Ventana por su buena pelea en el caballo. El resto, infumable,  incluidos los dos sobreros. 



La corrida dio una media de 574 kilos. Su triste juego fue como sigue: primero, asfixiado; segundo, devuelto; el sobrero de José Vázquez, minusválido; tercero, rajado; cuarto, devuelto; el sobrero de El Freixo, vulgar; quinto, bravo en el caballo pero desfondado en la muleta y sexto, sin interés.




MANZANARES. Su primero era negro zaíno, con poco cuello y lo recibió veroniqueando con el pasito atrás. Las fotos son del maestro Moore:



Guante blanco en varas porque estaba para el tinte de salida. Irrelevante lo que vino después ante un animal que apenas podía mantenerse en pie, una tabarra.

Estocada arriba con ese telonazo que ven:



El cuarto era de La Ventana, negro listón, cornilevantado. Un inválido que fue para atrás:



El segundo sobrero era de El Juli, negro zaíno, alto, acapachado:



No era cornidelantero como dijo Encabo:



Recibió una paliza excesiva en dos varas tapándole alevosamente la salida como ven con esa mano izquierda asesina. Estamos convencidos de que todo esto fue orden de Manzanares seguramente porque el animal estaba muy astifino. Ahí lo tienen, mirando que su orden se cumpliera a rajatabla pero como si la cosa no fuera con él:



El toro era bastante tonto y encima Manzanares se dedicó a pegar pases fuera de cacho. Esto que les acabamos de apuntar, traducido al lenguaje de Arnás fue que no se terminan de entender toro y torero. Son los paños calientes habituales de los paniaguados para no molestar a los taurinos.

Insufrible e interminable trasteo. Casi entera, trasera, con telonazo y saliéndose de la suerte pero que basta.



ORTEGA. Su primero era este negro zaíno que vio el verde:



El sobrero era de José Vázquez, negro, bragado, astinegro, acapachado y cornilevantado:



Al relance, señal en el lomo y luego picotazo tras el que se derrumba. Tenía un trotecillo caprino. Ortega salió a hacer de enfermero poniendo caras de importancia:



Nada, una insistencia absurda. Por lo menos le pegó una excelente estocada, lo mejor de la tarde. De hecho, lo único bueno junto a la segunda vara del colorado quinto:



Fíjense en que en la siguiente foto del maestro Moore se ven ambos cuernos, señal de que no ha pegado el telonazo. Comparen con la primera estocada de Manzanares más arriba:



El quinto era un colorado, ojo de perdiz, chorreado en verdugo, badanudo y con cara:



Quiso meter los riñones pero enseguida se dio cuenta de que era imposible mover un caballo... ¡que nos dicen que pesaba casi lo mismo que él! Segundo puyazo de bravo que ven abajo. Lástima no ver un tercero pero eso, en la que llaman primera plaza del mundo, es un arcano:



El toro llevaba el morro por la arena pero pegaba un tornillazo al final del viaje. Agotó el depósito en la segunda tanda y la cosa se diluyó como un triste azucarillo. Estocada caída y fin de feria para el maestro tras un paso por ella más con pena que con gloria:




AGUADO. Su primero era negro, sucio, gordo, bien encornado y de 604 kilos:



Señala en el lomo y en el segundo parte la vara y se va suelto. Fue ridículo ponerlo en una tercera entrada ya que estaba amortizado. Por una vez que Aguado pide el cambio sin freír al toro en el caballo...

Observen el primer par de Iván García. Sin comentarios: 



El segundo, aun sin cuadrar en la cara, fue mejor fundamentalmente porque era imposible que pudiera ser peor:



Enseguida vio Aguado que el torito no se comía a nadie aunque viajaba un poco rebrincado. Sin probaturas ensayó el tiovivo. Luego toreó una tanda y media de salón sin que el animal le tocase la muleta ni una sola vez. Pero estaba loco por rajarse y se rajó.



Media desprendida con saltito, dieciocho descabellos y tres avisos pero Aguado se retiró como si tal cosa, cuando antiguamente eso era un verdadero oprobio, ¡y en Madrid!



El sexto era un toro negro, salpicado, gargantillo, listón y zarco, que se tapaba por su bonita pinta:



Venía picado del campo y encima lo esperaba Espartaco a caballo. Menos mal que no apretó como otras veces. El toro salió suelto. Al pobre animal Aguado le pegó otro puyazo con dos medias verónicas consecutivas.

En el tercio de banderillas asistimos a lo que se veía venir y es que Sánchez Araujo puso un par en la arena al quedarse sin toro de tanto pasarse de listo. Es acongojante. 



El toro repetía pero tenía las patitas de alabastro y por ello claudicaba al tercer pase. Alargó la faena cuando ya llevábamos dos horas y cuarto de aburrimiento y sólo consiguió soliviantar al respetable. Pepe Luis Vázquez Silva siempre decía que le daba mucho coraje el simple hecho de pensar que podía estar aburriendo al público. A Aguado eso le importa una higa, incluso pareció que lo hacía para provocar.

Estocada corta sin fe y media atravesada. Fíjense en la mirada del toro, que es lo que suele inquietar más a los toreros. En el caso de este vienen ganas de acercarse a darle un beso en el testuz:



La corrida fue un castigo, perfecto para apuntillar nuestra ya maltrecha afición, que esperemos se venga un poco arriba en Vic-Fezensac. Tener que soportar en San Isidro otra corrida como esta es para que nos envíen al corral a nosotros.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 

sábado, 17 de mayo de 2025

FERIA DE SAN ISIDRO, 2025 (8). PUERTO + VICTORIANO + LA VENTANA: AGUADO, QUÉ GRAN MATADOR...

 ... de toros ¡en el caballo! En esta corrida lo que hiciera el sevillano era lo único que podía tener interés dado el ganado y los compañeros de terna. Y ¿qué fue lo que hizo? Asesinar sus dos toros en el caballo. Parece ser que estaban demasiado astifinos, es la única explicación que encontramos porque de poder y de fuerza no andaban nada sobrados. Por eso, siendo flojitos, ¿a santo de qué vino esa saña tan vomitiva de sus dos piqueros?

Las grandes preguntas antes del paseíllo eran: ¿de verdad no tenía Fraile seis toros para Madrid?, ¿cómo es que hay tanta discrepancia entre lo que han seleccionado los veedores en el campo y el posterior rechazo de los veterinarios?, después de cuarenta años en Las Ventas, ¿no sabe Florito lo que tiene que traer?, ¿son los veterinarios quienes se pasan de listos?, ¿qué hay detrás de todo este choteo?



Al final se anunciaron cinco hierros entre titulares y sobreros. El festejo lo salvó el quinto, de Victoriano, un cinqueño digno émulo de Duplicado,  que se llamaba Frenoso



El juego fue como sigue: primero de El Puerto, rajado; segundo de El Puerto, un torillo de paja; al tercero, de Victoriano, lo mató Aguado en el peto; cuarto, de La Ventana, muy castigado en el caballo, se diluyó; quinto, de Victoriano, noble y codicioso y sexto, de La Ventana, asesinado en varas por orden de Aguado.



MANZANARES. Su primero era de El Puerto, negro zaíno, acapachado y protestado:



En el primero se estrella contra el caballazo, que se le tumba encima como ven. Se suelta y en el segundo ya no pelea, lo que comentábamos ayer:



Le hizo un inicio dominador por abajo y el toro firmó la rendición ipso facto rajándose. Luego Manzanares se esforzó por sujetarlo dentro de esa muleta XXL que ven pero en ambiente tedioso.



Estocada perpendicular patas arriba:



El cuarto era de La Ventana, justito de trapío, negro listón y corniapretado, o sea, 'más torero' como dijo Encabo. ¿Desde cuándo un toro tiene que ser torero? Con su ridículo argot, los taurinos nos terminarán abduciendo si no nos mantenemos en guardia.



Mete bien el riñón de inicio pero dimite enseguida por impotencia ante el equifante. En el segundo el asalariado recarga sin vergüenza tapando la salida como ven. Toda esta tropelía es por orden de quien le paga, claro, a quien ven ahí al lado supervisando el matadero:



Como era de esperar, el torete quedó para el tinte tras el caballo y Manzanares nos castigó a placer pegando pases de gran somnolencia. Espadazo arriba levemente contrario:




ADRIÁN. Su primero era de El Puerto, negro zaíno, astifino y bien encornado, de pezuña basta y 616 kilos:



Se deja pegar trasero en el primero, recibe un alfilerazo después y tercero de trámite. Aguado quitó con dos buenas verónicas por el izquierdo recibidas con frialdad (lo único que hizo en toda la tarde). El toro ya iba al ralentí.

Prieto cuadró en la cara el primero pero no en este segundo:



El toro no valía un duro. Ahí lo tienen con la pintura del burladero como cada tarde:




Pinchazo malo, metisaca y entera trasera, con Adrián siempre escupiéndose como ven y entrando con el delantal. Observen el palillo horizontal para cegar al toro:



El quinto era de Victoriano, negro mate, sucio del chiquero y veleto:



Empuja de bravo pero Sandoval pequeño lo cierra tras clavarle caído como se aprecia abajo y encima barrenando. En el segundo el toro ya cumple menos. Este animal, bien tratado en el caballo y entrando tres veces, creemos que después hubiera embestido igual y habría acreditado el ser azuleado sin ninguna queja por nuestra parte.



Cuando hasta Valladar se alivia, ya podemos echar la persiana. Y Blanco, lo mismo, qué desastre. Ellos ven las corridas por televisión y tienen claro que pueden dar gato por liebre al público madrileño sin problemas. Con la inestimable colaboración de los comentaristas televisivos.

En la muleta salió un victoriano de lujo para el torero, de los que se vienen de largo y luego se quieren comer la muleta. Adrián toreó pegando el unipase pivotando hacia atrás mientras se ubicaba en la oreja del tal Frenoso



Para nuestro gusto, toreo tosco y artificioso, muy por debajo de la categoría del toro. El personal, enloquecido, eso sí. Pero ¿qué forma de torear es ésta?



Pinchazo escupido ¡en la suerte contraria!, corta arriba y tres descabellos. Ojo porque mucho nos tememos que habría abierto la puerta grande muy a nuestro pesar si mata medio bien.


AGUADO. Su primero era de Victoriano, negro mate, cornalón, de 'sólo' 534 kilos, que se tapaba por la cara:



Con dos cuernos tan afilados ya suponíamos que Aguado lo iba a castigar duro en el caballo porque aquí nos conocemos todos. Además teniendo al carnicero Benítez arriba, seguro que le iba a servir cuarto y mitad de carne picada: una primera carioca trasera repugnante y una segunda pinchando caído y recargando con saña. Misión cumplida, Pablito.

Vergonzoso Iván García pero aplaudido como siempre:



El torito entregaba su alma por la boca tras ese tercio de varas tan criminal. Aguado quiso ponerse fino pero todo en un ambiente funerario. Y el pico de su descomunal muleta que no falte, aunque parece que eso solamente lo veamos nosotros.



Cinco pinchazos muy deficientes con un corte feo que se hizo en la mano -le dieron cuatro puntos- más dos descabellos. 

El sexto era de La Ventana, un colorado ojo de perdiz, astifino y vareado a pesar de sus 597 kilos. Venía picado del campo pero eso a Pablito le dio igual:



Ante otro animal astifino, su orden fue la misma que en el toro anterior. Fíjense en cómo completa la carioca en el primero. Como el toro se quitará el palo, el piquero le echará encima el caballo para seguir zurrándolo. Eso hacían los de Curro Romero:



En el segundo reincide delictivamente con otra carioca bien trasera, como se aprecia. El toro se lleva la puya enhebrada. En la imagen el animal está pisando con los cuartos traseros la raya de dentro porque va camino de completar los 360º ¡Cuánta repugnancia! Menos mal que los de la protectora ignoran todas estas fechorías ya que nos harían agachar la cabeza con justicia a todos los aficionados.



Era otro toro muerto en vida por la denigrante orden del gran maestro. Luego irá llorando por ahí diciendo que sus dos toros no colaboraron. ¡A otro perro con ese hueso, Pablito! Corta desprendida y descabello.




Algunos se lamentarán preguntándose qué hubiera hecho Aguado con ese toro de triunfo de Victoriano que tocó a Adrián. Pues mucho nos tememos que el pobre animal no hubiese sacado tanto motor en la muleta porque ya se habría encargado el sevillano de que en el caballo entregase la cuchara.

Este artista quiere ponerse solamente ante el norit moribundo y, sobre todo, nunca astifino porque si no, resulta que no puede expresar lo que lleva dentro. Pues por lo que a nosotros respecta, con su pan se lo coma.

Y dejemos a estos tres para recordar a un torero de verdad. Como ayer era 16 de mayo, les enlazamos nuestro homenaje a Gallito, cuando relatábamos aquí su agonía. El resto de capítulos de aquella serie que le dedicábamos los pueden encontrar pulsando en las etiquetas de la derecha donde pone Centenario de Gallito.Si usted va con el móvil, para que le aparezcan esas etiquetas tendrá que bajar hasta el final de la página en que está y pulsar donde pone VER VERSIÓN WEB.

Por si les da pereza, les seleccionamos estos enlaces para que lean algunas historias con las que echarán un rato entretenido:

- Sobre quién vale más, si Belmonte o Gallito.

- De dónde salió el toro que lo mató, que pesó casi 200 kilos menos que muchos de este San Isidro.

- Sobre lo mal que estoqueaba.

- Sobre aquella tan desagradable última tarde en Madrid

- Cómo se entera Belmonte de que un toro lo ha matado.

- Sobre el toro mejor lidiado.

- Belmonte ¿era un torerito?

- Sobre su mejor amigo, que era peruano.

- Sus marcas con miuras.

- Sobre el único toro que se le fue vivo.

- Sobre sus abusos como figura.

Como hoy hay rejones, ya tienen lectura para pasar un rato agradable y olvidarse de Equigarce, de Aguado, de los carniceros a caballo, de los presidentes que no defienden al aficionado, de las banderillas a toro pasado y de los toros que parecen mulos.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. Y muchas gracias a Paco B. por su aportación.