La ganadería de José Anastasio Martín la tenía atravesada el bueno de Lagartijo. Recuerden aquí que en el capítulo anterior de nuestra serie dedicada al gran maestro nos hacíamos eco de lo mal que lo pasó contra Sevillano en Madrid. Fue el 27 de junio de 1875 y la lidia se alargó hasta los treinta y cuatro minutos cuando lo normal eran menos de quince. El presidente estuvo muy condescendiente con el maestro.
La vacada la formaron en 1834 con reses murubeñas de la misma sangre que las de doña Carmen de Federico.
Con el tiempo, este hierro que han visto junto a la divisa verde y encarnada fueron a parar a la família Sánchez-Urbina quienes, a partir de 1965, herraron con él sus reses:
Dos años después, el 3 de junio de 1877, se anunciaban Lagartijo y Chicorro frente al mismo ganado en Málaga. Ambos iban de azul y oro, pero el de Algeciras, con los cabos negros. A plaza llena, Cucharero se lidió en tercer lugar. Siempre se recuerda esta anécdota:
En otros sitios dicen que las palabras fueron:
'A este pájaro lo va a matar su padre'
El toro era negro azabache, bragado y astracanado, bastante astifino y muy alto de agujas. Se ve que se acercó a la barrera y se rascó el morro en el filo de las tablas sin levantar la cabeza. Su peso en canal equivaldría como máximo a unos 530 kilos en vivo (aunque sobre el peso lean la polémica abajo en los comentarios).
Ese nombre fue típico en las ganaderías de Concha y Sierra, de Laffite, de Martínez, de Miura e incluso en algún jabonero del Duque. El que mató a José Falcón en Barcelona, de Hoyo de la Gitana, era Cuchareto y no Cucharero como se lee en algún sitio (recuerden que lo contábamos aquí). Hubo un banderillero que llevó ese apodo, el madrileño Emilio Pinar. Anduvo en la cuadrilla de Paco, el hermano de Frascuelo quien, junto al propio Lagartijo, inauguró en 1883 la plaza de toros de Tarragona, a veinte metros de donde escribimos estas líneas.
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| La plaza de Tarragona, llena hasta la andanada en 1925 |
Volviendo a Málaga, el toro iba barbeando las tablas haciendo amago de saltar nada más acceder al ruedo. El picador Julio Fernández, tuvo este diálogo con el banderillero Antón:
- Mariano, hasta luego.
- ¿Dónde vas?
- A la enfermería, allí nos veremos todos.
Fue el primero en hacer frente a Cucharero. Cuatro varas le puso de las que una no cuenta porque resbaló sobre la divisa. Tuvo dos caídas y la segunda lo llevó de cabeza al callejón 'y por poco no lo acompaña el caballo' según la crónica.
Siguió José Calderón: tres varas más, dos caídas y dos caballos muertos.
Continuó Antonio Calderón: dos varas, dos batacazos y un caballo muerto. Cayó sobre el poste de la barrera y se rompió la clavícula izquierda.
Finalizó la sesión el reserva, José Pérez, con dos varas, dos caídas y los dos caballos muertos.
En total, diez varas, seis caídas y cinco caballos muertos pero el toro apenas sangraba. Resulta que pegaba el certero gañafón al caballo y salía de naja, nada que ver con un toro mínimamente bravo. Ya pueden deducir que las varas debieron de ser como los picotazos actuales. En una de las crónicas lo dejan claro:
Entre el tamaño del toro y su comportamiento en varas, la inquietud de Lagartijo iba en aumento. Se sentó en el estribo a ver cómo intentaban poner los palos sus banderilleros con el bicho aquerenciado en tablas. Tuvieron trabajo porque no podían al sesgo y era laborioso sacar al animal de la madera. Al final le pusieron dos pares de los cuales sólo quedó prendido uno muy bajo en el costado.
Cuando el maestro salió con la muleta lo hizo acompañado de toda la cuadrilla y de su colega Chicorro. Dicen que había un gran silencio en la plaza, mezcla de expectación y preocupación. A otro torero no lo hubieran respetado tanto.
Le pegó cinco pases de cualquier manera mostrando una desconfianza que no se esforzó en disimular. Los otros siete fueron ya para intentar cuadrar al díscolo Cucharero. A la hora de matar dio un sainete por no querer meterse en tablas para pegarle un mandoble en su querencia. No obstante, el cariñoso público malagueño siguió mostrándole su consideración:
Primero fue una estocada a paso de banderillas, el toro hizo hilo con él y fue su hermano Paco quien desde el callejón arrojó su sombrero cordobés y le hizo el quite oyendo una ovación.
Juan capitaneó una semi-rueda de peones intentando ahondar el estoque, cosa que lograron, pero el toro no parecía acusarlo. Todo el mundo vio la prevención del diestro para no hacer la suerte en los adentros:
Con la espada clavada, entró Lagartijo de nuevo entre dos caballos muertos, donde el toro se había hecho fuerte, y pegó un metisaca. Nueva estocada que queda clavada a centímetros de la primera y golletazo final también a paso de banderillas.
Con los tres estoques clavados, el toro dobló pero aún se levantó tras el primer cachetazo fallido de Paco Molina. El reglamento prohibiría con el tiempo que se entrase a matar con un estoque clavado en el cuerpo del animal.
Se dice que Lagartijo tardó treinta minutos en acabar con Cucharero. Deducimos que hablan de toda la lidia y no de la faena de muleta. El público orejil aplaudió pero los aficionados no perdonaron a Rafael:
El califa ordenó cortar la cabeza del toro y se la llevó a su casa. Se suele leer que pesaba 101 kilos pero no se dice que ese peso incluía el cajón donde iba metida. Y debía de ser un cajón muy pesado porque en aquella época las cabezas se disecaban sin el cuello, no como ahora.
También leerán ustedes que el diestro la emprendía a bastonazos con ella muchos años después cuando estaba enfadado. Pocos meses antes de morir, la regaló a la Asociación de la Prensa de Madrid.
La cara alegre de aquella corrida para él fue el toro Cigarrero, que tomó dieciocho varas, en una de las cuales la garrocha le penetró medio metro. Lagartijo clavó banderillas cortas junto a Chicorro y después de cuatro pases lo pasaportó de un buen volapié. Pueden suponer que fue muy ovacionado por el bondadoso coso malagueño.
La corrida se saldó con sesenta y ocho varas, diecisiete batacazos y veintiún caballos muertos.
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| En Málaga, pasados 11 años, con toros de Arribas |
Dos meses después se anunció el maestro en Cartagena junto a Cara-Ancha. Los toros eran otra vez de Anastasio Martín y entre ellos había otro Cucharero hermano del de Málaga. Como pueden suponer, Lagartijo no quería ver más cucharas ni en pintura y lo mató Cara-Ancha. Salió en cuarto lugar, tomó once varas, con nueve caídas y dos caballos muertos. Tras diez pases y una toma de olivo, Cara-Ancha lo liquidó de media delantera, pinchazo y estocada. Tuvo suerte porque el toro se fue resabiando con el paso de los minutos:
Lagartijo había confirmado la alternativa de Cara-Ancha en 1875, la tarde en que uno de Miura mató al valenciano Mariano Canet, Llusío. La cornada fue en la yugular a la salida de un par.
Ya que estamos, el compañero de Lagartijo aquella tarde malagueña de Cucharero fue este hombre, José Lara, Chicorro, también de Algeciras, como Cara-Ancha:
Aprovechando su presencia, recordaremos su excelente prestación en Madrid un año antes ante Mediasnegras, un berrendo en negro botinero de Benjumea. Iba de esmeralda y oro y fue el 29 de octubre de 1876. Hizo el salto de la garrocha y recortó al toro a cuerpo limpio arrancándole la divisa para subir al palco real a ofrecérsela a Alfonso XII:
Luego puso tres pares de banderillas y entusiasmó a todos con la muleta:
Mató de pinchazo y entera sin puntilla. Entonces sucedió esto:
Lo del manicomio de Las Ventas pudo aplicarse perfectamente a lo que se vivió, de manera que se regaló el toro muerto al diestro. Éste se acercó con la puntilla, le cortó una porción de la oreja y la paseó en triunfo. Fue la primera vez en la capital que sucedía algo de ese género pero no llovió a gusto de todos:
Pues ya nos hemos entretenido a cuenta del mal rato que pasó el bueno de Rafael ante el manso Cucharero. Han podido comprobar que la fama de que goza el animal no es por sus propios méritos. Se la debe a quien tuvo delante y no a su comportamiento, alejado totalmente de lo que cualquiera entiende por bravura. Esas diez varas y los cinco caballos muertos son un espejismo total, como en muchos otros toros de antaño. Cucharero fue un buey, ni más ni menos.
Si les apetece echar otro rato con algunas andanzas del gran maestro califal, pulsen en cada capítulo y así acceden sin tener que buscar en las etiquetas:
- EL DÍA QUE LLORÓ PONIENDO BANDERILLAS
- ¿QUIÉN CALENTÓ A FRASCUELO EN GRANADA?
- EL DÍA QUE OYÓ TRES AVISOS EN MADRID...LOS MISMOS QUE FRASCUELO EN SEVILLA
Para despedirnos, dos fotos de otro Cucharero bastante más dócil que el de Lagartijo:
Era un contreras de los hermanos Peralta. Le daban de comer en la mano y deambulaba por la finca con total libertad sin hacer ni un mal gesto, fisgando por todas partes con esa curiosidad que muestran las imágenes.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa
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| Lea Vicens aprendió a rejonear en casa de los Peralta con un pariente de Cucharero del mismo nombre |





































