Ya les comentábamos aquí que Victorino iba diciendo por Pamplona que esta corrida no iba a tener nada que ver con las dos últimas lidiadas en Castellón. Aquéllas fueron genuinas juampedradas y parece que quería sacarse la espina con seis cinqueños de reatas contrastadas.
No somos victorinólogos ni por asomo ya que esa ciencia es más complicada que la física cuántica. Muchos aficionados buscan hijos de Cobradiezmos mientras nosotros huimos de ellos como gato escaldado ya que abominamos de la clase y de la profundidad en un toro de lidia. Sin embargo, tuvimos la curiosidad de comprobar cuántos toros de los orelluts empezaban por M y terminaban por O, que son los que más nos interesan. Pues eran nada menos que tres: Mingotero (que al final no viajó), Mucamo y Morellano. Además había algunos entrepelados, que nos evocan al Platino de Ferrera o a aquel Bocacho de Ureña. Pero vayamos al grano: ¿había que ir a Castellón confiando en la palabra del ganadero?
Mordimos el anzuelo y bajamos a ver el festejo, con el reclamo añadido de echar un buen rato comiendo con algunos selectos lectores de nuestro modesto blog. Eso seguro que no iba a fallar. Quien falló fue Victorino, que nos la volvió a dar con queso. La bondadosa y sufrida afición castellonense se tragó el tercer petardo consecutivo del presidente de la Fundación. Todas sus promesas sobre esta corrida demostraron ser una patraña.
De los cinco lidiados, cuatro fueron silbados merecidamente en el arrastre y el otro, silenciado. La presentación de alguno rozó el arenque. Dieron una media de 509 kilos. En varas, nada que reseñar, hubo nueve para los cinco citados pero sin la carnicería de otras veces. En la muleta, sosería a raudales, flojera, nada de poder, ninguno se hizo respetar y más de dos fueron babosas, así de claro. Los amigos del blog que defienden a capa y espada que los cinqueños tienen un plus deben taparse con urgencia tras este fiasco.
Pocas veces hemos salido tan indignados de un coso porque una corrida puede salir infumable como ésta pero nuestro enojo viene de haber creído en la palabra del ganadero.
Hubo tres cuartos de entrada y pagamos por la más barata del tendido, al sol, 39 euros. Suponemos que a la empresa le salieron los números porque además fue mano a mano entre Ramos y Jiménez.
PACO RAMOS. Su primero era anovillado y tenía las patitas de cristal (hasta cuatro veces se fue al suelo).
El primer puyazo fue de bravo pero el segundo cabeceando. En banderillas ya se vio que no pasaba por falta de fuelle y esa circunstancia se confirmó en la muleta.
Anduvo distraído, soso y parado, mientras Ramos se ponía pesado intentando sacar agua de un pozo seco.
Pinchazo horroroso y casi entera con telonazo y entrando a lo loco que no le hizo daño por haber penetrado sin que el arriaz estuviera perpendicular al cuerpo del toro. Tres descabellos y a otra cosa. En la segunda foto se aprecia lo que decimos de la espada:
Su segundo estaba en tipo aunque renqueaba de pies.
Recibió en sendas entradas un par de cariocas totalmente injustificables, dejándose pegar sin más mientras Ramos sufría un ataque de autismo. Luego casi llorábamos al ver una lidia a base de mantazos que no consiguieron resabiar al albaserrada porque era de condición lanar.
El torete iba y venía de manera comercial mientras el de Onda se dedicaba a pegar pases. Fueron no menos de cuarenta y cinco y ninguno bueno. Se le estaba yendo un victorino de hojaldre. Lo que decíamos antes de las babosas iba por éste.
Pinchazo, media tendida saliéndose y con telonazo más ocho descabellos.
El quinto nos consta de muy buena tinta que era el favorito de Victorino. Fue el de más cara pero llegó picado del campo.
A pesar de ello le dieron cera por orden del maestro haciéndole un mínimo de tres agujeros en dos entradas. Anotemos que hubo un leve romaneo en la primera.
Banderillas, una en el cuello y otras dos en las costillas, tela marinera. No sabemos qué tendría apuntado el ganadero en su cuaderno sobre la reata de este tal Ventero pero a la postre resultó ser otro victorino ful. Del abuelo solo tenía el hierro. Era otra babosa y reiteramos este calificativo tan despectivo que no solemos utilizar porque a esta vacada hay que exigirle el máximo.
Ramos se fue como había venido. Bueno, se fue peor que vino porque desaprovechó dos torillos de mazapán. Cinco pinchazos y estocada.
Sus paisanos nos decían que había toreado infiltrado en su maltrecha rodilla. Pues menos mal que no tuvo que torear sobre las piernas. Le tocaron dos terneras para hacer el toreo güeno y nos aburrió sin piedad. Pero no duden de que si llega a enterrar la espada, corta dos orejas, eso sí, tan baratas como las de su colega.
BORJA JIMÉNEZ. Su primero era un animal asardinado, con la M y la O, pero apareció agarrotado de los cuartos traseros. Cuando se derrumbó fue para adentro:
Salió el sobrero de Valdefresno, negro meano y badanudo:
Hizo de Santillana en el caballo de Sandoval mientras los monosabios veían los apuros del picador y se pasaban de listos como se aprecia en la imagen. Uno en el rabo y el otro en la boca:
Si hacen lo mismo en Madrid y ni el público, ni el presidente, ni los comentaristas televisivos les dicen nada, ¿qué no harán en provincias? Uno como Sandoval debería enfadarse con el que le coge las riendas porque lo está humillando pero aquí todo da igual y todo vale. Insistimos:
Posteriormente sufrió una lidia nefasta con mil capotazos sin ningún sentido. El único problema para Jiménez iba a ser centrarlo en la muleta porque llevaba el hocico por la arena desde que irrumpió en el ruedo. Se dobló por abajo y acto seguido el de Valdefresno se hizo su amigo.
Eso lo aprovechó el diestro para realizar un toreo de pueblo que entusiasmó al público chicuelino e incomodó a los cabales, que en esta plaza son más de los que ustedes piensan y algunos, lectores de nuestro modesto blog. El tiovivo, el martinete, la bilbaina, el cambiarse la muleta de mano sin el estoque... ¡Fue algo insufrible!
Honda arriba sin puntilla con el mal estilo que ven y orelleta.
El cuarto era negro entrepelado, ligeramente astracanado, acarnerado, Mucamo de nombre y nacido en marzo de 2018, hagan números. Su salida fue la única que hizo honor a lo que se espera de la divisa azulgrana.
En el caballo estuvo de visita, repuchándose con descaro y saliendo suelto sin querer pelear. En la muleta duró exactamente tres pases y rodó por el suelo cuatro veces. Jiménez pensó que con un arrimón vulgar le regalarían más casquería pero no hubo tal dada la ínfima categoría de su enemigo. Sus casi seis años no se notaron en absoluto, menuda filfa con lo de los toros cinqueños... Y los rehiletes, ya ven. ¿Quizás se pararía por esos arponazos tan bajos? Recuerden lo que comentábamos en esta entrada:
Acabó con media en el lomo llevando el brazo por la estratosfera.
El último fue un toro negro, bien comido, el de más trapío sin discusión. Lo recibió de rodillas en tablas porque Jiménez quería cortar como fuese otra oreja. Por ello pidió el cambió con un puyazo, confirmado a esas alturas que la corrida había venido sin gasolina en el depósito.
El animal obedecía ciego a la muleta pero sus patas eran de alabastro. Se quedaba debajo no por maldad sino por asfixia. Hasta cinco veces rodó por el suelo, con lo que la paciencia del respetable estaba ya en reserva. Cuando el maestro se iba por la espada se oyó un grito: '¡VICTORINO, MUY MAL!' ¿Resonará hoy en sus oídos? Es que le siguió la ovación de la tarde porque ya todo el mundo estaba hasta las narices del festejo.
Jiménez pegó media puñalada y de forma sorprendente Oliver le concedió una oreja de los chinos tras petición bastante rácana. Si lo que pretendía el diestro era salir hoy en los portales comerciales, lo consiguió. Pero como nosotros no somos su apoderado, hemos dejado claro lo que hubo.
Por fin terminó la corrida que Victorino nos había vendido como su reivindicación castellonense tras dos petardos consecutivos. Pues consistió en una tomadura de pelo y lo único que hizo fue confirmar que no hay dos sin tres y que merece un ostracismo durante por lo menos cuatro años sin volver por aquí.
Estas son algunas de las frases que oíamos desde nuestra localidad:
- Lo de Victorino en Castellón es estafa tras estafa.
- Estos toros no valen ni para longanizas.
- Victorino es uno más del sistema.
- Los pescadores a lo que nos ha traído lo llaman morralla.
Por supuesto que el ganadero vio otra corrida. Esto dice en su web:
Hemos empezado temporada lidiando una corrida variada en Castellón. Brava en varas y muy castigada, en la que todos los toros han tomado dos puyazos fuertes, a excepción del sexto que ha tomado un puyazo fuerte. Han destacado por su comportamiento el completo sexto y el quinto de la tarde.
Señoras y señores, si realmente Victorino creía que este encierro iba a salir encastado como repetía a todo el mundo, se engañó de tal manera que da la impresión de no saber lo que lleva entre manos. Si en verdad lo sabe, aún sería más grave porque entonces engañó a la afición. Y eso es de ser un taurino.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


