No pierdan el tiempo. Si lo de anteayer fue inaguantable, lo de ayer fue insufrible. Menos mal que sólo fueron cuatro toros. Los tres de Montalvo tuvieron mucha cara, poco cuello y muy poca sal en sus embestidas. Venían de tres sementales diferentes, lo cual es muy preocupante para el ganadero. El sobrero de Vázquez, mansurrón y perfectamente olvidable.
También fue olvidable la labor de los dos diestros. Por delante actuó el rejoneador Ventura. Nos dedicamos a contar las veces que los toros le tocaban los caballos y fueron un total de siete. Eso es un baldón aunque nadie lo diga.
Lo dicho, no sigan leyendo a no ser que quieran recrearse con las fotos del maestro Moore.
CAYETANO. El primero era negro zaíno, degollado, apretado de carnes, con poco cuello y veleto que cerraba un poco:
Cabecea y dimite enseguida en los dos cuando ve que no hay salida con esa mano izquierda asesina:
Ojo a uno de los pares de la feria, el de Rus. Lo único bueno de la plúmbea tarde:
El toro no valía un pimiento, embestía por obligación y dando saltitos. Nada. Pinchazo malo y estocada trasera y atravesada huyendo de la suerte con su grotesco salto hacia afuera. Se perfiló donde está la estrella y terminó saltando hacia donde ven en la imagen. Lo mejor que hizo en su doble actuación fue el descabello:
El segundo era negro mate, con lomo grueso, poco cuello y cornalón:
Barrenada acariocada sin vergüenza. El tal Briceño perpetró en ambos puyazos un enloquecido metisaca trasero con la puya, como si se estuviese electrocutado. Ahí tienen al citado matarife, que no picador, completando los 360º:
En la raya el toro se sentía más seguro y mostraba cierta codicia revolviéndose. Pero afuera hacia viento y como encima la muleta de Cayetano no es un prodigio de mando, el animal anduvo a su aire. Además el maestro está acostumbrado a caritas más cómodas.
Estocada delantera, perpendicular y atravesada más otra entera, caída, alargando el brazo y escupiéndose con descaro, vean. ¡No cruza jamás! Que haya periodistas taurinos que alaben su forma de entrar a matar nos parece demencial:
GINÉS MARÍN. Su primero era este negro mate, listón, sin cuello y con dos farolas:
Muy mal Marín en la lidia aunque ya sabemos todos que el primer tercio le importa un bledo. Dos señales sin apretar, clavándole más cerca del rabo que del morrillo.
Incomprensiblemente brindó este toro al público. Era blando, de embestida torpe por el derecho y deslavazada por el izquierdo. ¿Por qué brindan eso? ¿No se dan cuenta de que están ultrajando al respetable?
De nada sirvieron los ridículos ánimos de Dávila desde la televisión. Parecía su apoderado. Marín se dedicó a picar piedra sin compasión, vaya hastío.
Media tendida y pasada más un golpe. Es otro diestro que tiene una inexplicable fama de buen estoqueador cuando entra de esa manera tan estrafalaria. Sin comentarios:
Su segundo era este negro listón, de casi seis años y 589 kilos, bien encornado, blando de remos y justo de cuello:
A pesar del blandeo, el padre le pegó con infamia, vean:
Lo dejó para el tinte y vio el verde. Salió el sobrero de José Vázquez. Era un cinqueño corraleado, vareado, rabicorto y astifino pero con cara un poco de adolescente:
Desidia total de Marín en la lidia, como si no fuese con él. Ya ven, cuánta afición tiene el hombre... Cuando su padre empezó a barrenar con sevicia, el toro huyó por dos veces. La cosa degeneró en un herradero talanquero, responsabilidad total del incompetente maestro.
Larios clavó en el morrillo ya que el toro echó la cara al cielo en el embroque:
Nos sorprendió que se pusiera a torear con la izquierda a un toro probón y mirón. Fue un espejismo. Rápidamente pasó a pegar pases derechistas, con radio macuto dando la tabarra desde el burladero.
Estocada baja y tendida muy defectuosa aunque con las patas al cielo en los medios.
Por fin acabó nuestro suplicio. Decíamos al comienzo de este serial isidril que podría ser un via crucis. Pues lo de La Ventana fue la flagelación en la columna y esto de Montalvo, la corona de espinas. Ya vamos con la cruz a cuestas. Y la próxima corrida de toros es de Juan Pedro...
¡Que pase de nosotros ese cáliz! Pero no: ya que nos metimos en esta aventura, apuraremos el cáliz hasta las heces.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




































































