Cuando vio su toro asomar por chiqueros, a Antonio Bienvenida le dio apuro salir al tercio. Se moría de vergüenza al verse no matador de toros sino matador de 'aquello'. Y estaba en Las Ventas, no en una plaza de pueblo. Habían afeitado tanto al toro que más que plátanos tenía rábanos.
El pecado de Camará era algo instituído tácitamente. Así es como se denominaba la práctica del afeitado en la época en que era el apoderado de Manolete y eso a pesar de que Camará no había sido ni el primero ni el único en desmochar.
Tras la denuncia de Bienvenida a finales de 1952, algunos fuleros defenderán la manipulación de las astas como una 'humanización' de la fiesta. Preguntaron a Belmonte al respecto y dijo esto:
'La fiesta se ha humanizado primero con el peto, luego con la falta de casta y ahora con el afeitado. Pero parece que el público tácitamente lo acepta a cambio del toreo bonito que se prodiga. En mi época no se afeitaban, al contrario, se sacaba punta al mogón. No se afeitaban ni para los festivales. Pero en fin, aunque se haya quitado peligro se compensa por lo cerca que se torea hoy... aunque hay quien dice que cuanto más cerca, menos peligro hay...'
Lalanda salió con la pata de banco de poco menos que justificar el afeitado. Bienvenida le respondió por alusiones en una agria polémica que les ahorramos pero de la cual dejamos el titular. Recordemos que Lalanda era entonces apoderado y no torero. En nuestro blog les contamos cómo en su día fue multado sin contemplaciones por darle al serrucho antes de torear en Valencia, recuerden aquí. Ésta fue la respuesta de Mejías:
Para que vean cómo estaba el patio, es memorable la anécdota de aquellos toros salmantinos que vio Camará antes de la corrida. Dijo que no podían salir con esos pitones y que había que arreglarlos. Le preguntaron si había que cortarles aún más de lo que ya habían cortado y repondió que no, que el problema era que se habían pasado. Al cabo de un rato volvió a que les sacasen punta.
Convendrán ustedes con nosotros en que está claro que si el ganadero con su mayoral se niegan a afeitar, no hay quien toque los pitones de los toros. Domingo Ortega, torero y ganadero, decía esto:
'Es que la postura del ganadero es muy comprometida porque está pendiente de los intereses del torero y del público. Está entre la espada y la pared. Si no corta los pitones, no vende los toros. Si los corta, la autoridad le multa aunque la cosa se haya hecho sin su conocimiento. No veo una solución fácil'
La autoridad lo tuvo claro tras la denuncia de Bienvenida. Multa de 10.000 pesetas al ganadero por cada toro arreglado. En caso de reincidencia donde se demostrara su consentimiento, inhabilitación durante un año sin perjuicio de más multa. Si el afeitado era a espaldas del ganadero, multa de 10.000 al torero y a la empresa. Además, inhabilitación al diestro durante seis meses y a la empresa durante un mes para organizar otros festejos.
En aquellos años no había mueco y se torturaba a los toros ensogándolos antes del desmoche. A veces se les cortaba dos veces, como aquellos toros de Urquijo qué mató Arruza en Barcelona en 1952. Toreaba dos corridas y en la primera uno de los murubes hirió a Jumillano. Aquí lo ven antes de la cogida:
Decidieron, por tanto, pegar una segunda rasurada a la otra corrida para la que estaba anunciado el mexicano junto a Parrita y César Girón, que tomaba la alternativa. Arruza se adorna ante uno de los murubes de aquel día:
A una de Bienvenida en Madrid la afeitaron tres veces. Lo contaba él mismo:
'Es cuando más vergüenza he pasado como matador. Fue este año en Madrid (1952). Afeitaron los seis toros tres veces y a mí me tocó encima el más rasurado. No los arreglaron en la plaza sino durante el viaje. Pararon tres veces y en cada parada los tocaban'
¿De quién serían? Salvo que alguien nos rectifique, el maestro mató en Madrid ese año los siguientes toros: dos de Arranz, tres de Miura (por cogida de Rafael Llorente, en presencia de Franco y derribaron cinco veces), uno de Graciliano, otro de Alicio Tabernero, dos de Ignacio Vázquez de Pablo, dos de Albaserrada a nombre de Escudero Calvo y dos que seguro que estaban en puntas del Conde de la Corte. Siete orejas se cortaron a los condesos aquella tarde del 12 de octubre de 1952 y se dio la vuelta al ruedo a dos, Granillero y Gracioso.
Hemos investigado para ver si sacábamos algo en claro. El de Graciliano parece haber salido indemne de la barbería:
El de Arranz tampoco parece que tuviera hora en la peluquería:
De las otras pueden ver ustedes a continuación un sobrero de Mayalde que se lidió en la de Vázquez. No lo mató Antonio porque salió en sexto lugar pero viendo la carita ya pueden suponer cómo estarían los titulares:
Éste fue uno de los miuras:
Y éste de abajo es un sobrero de Albaserrada que salió el día anterior a la corrida que mataron Antonio, Pepe y el recientemente fallecido Pablo Lozano. Debió de viajar en el mismo camión. Por cierto, a ver si adivinan quién es el diestro que se dispone a hacer un quiebro al de Escudero Calvo:
Es Antonio Ordóñez. ¿Cuál de ésas corridas hizo un viaje tan largo que propició tres paradas para darle a la escofina? Aunque, bien mirado, se puede ir de Salou a Tarragona y parar tres veces.
Ese año de 1952 será cuando Bienvenida levante la liebre del fraude en Radio Madrid con Curro Meloja, el que se inventó lo de los guirlaches (aquí lo comentábamos hablando de Galache). Recordamos sucintamente los hechos según los relata Filiberto Mira en su biografía del maestro:
- Antonio Bienvenida triunfa en Madrid el citado 12 de octubre de 1952 con toros limpios del Conde de la Corte. La foto es de aquella tarde:
- Se celebra días después un banquete en homenaje a los tres toreros de ese día con Manolo Carmona y Silveti.
- Bienvenida denuncia la corrupción junto al ganadero Antonio Pérez, de los pocos que entona el mea culpa.
- La autoridad se hace eco y adopta resoluciones contra el fraude mientras un grupo de toreros boicoteará a Bienvenida.
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Óleo de Romero Ressendi. Lo tenía en el salón de su casa como comprobarán en la última foto
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El maestro dirá después: 'no logré del todo ganar aquella batalla pero tampoco me atormentó el perderla; lo que siempre lamentaré es que quizás se perdió el prestigio de nuestra profesión y del toreo'
El primer festejo tras la polvareda invernal de la denuncia es una novillada de Morales hermanos, de Plasencia. Las autoridades están ya manos a la obra con los cuernos tras la muerte del sexto, ahí los tienen:
Pero se aprecia que son puñales, al menos los de la foto. Joaquín Vidal tenía entonces dieciséis años y lo recuerda así:
La orden gubernativa había sido clara. Exigía el precintado y examen de las astas afirmando que:
'Sin riesgo no se concibe este espectáculo y la sensación de peligro ennoblece la fiesta y es pieza clave de su prestigio y autenticidad'
Vidal olvida que alguno de los novillos de Morales fue detectado como arreglado y hubo multa para la ganadería. Y una semana después, el 15 de marzo de 1953 saltan al ruedo madrileño novillos de Pablo Romero con esta carita que ven:
La multa fue de 30.000 pesetas, 10.000 por cada uno de los tres novillos que se certificaron como afeitados (unos 3.000 euros por cada res en un cambio aproximado).
En aquella primavera siguiente a la denuncia, se presenta Antonio en Madrid. Es el 3 de mayo de 1953, los toros son de Herederos de Montalvo y la ovación que le depara el público es de gala.
El diablo, que todo lo embrolla, hará que a Antonio le salga un toro afeitado. Era un toro sobrante del año anterior que entró en el lote de Montalvo. Nos preguntábamos en una entrada anterior si es de lógica que salga sólo un toro afeitado de seis. Pues eso sucedió en aquella corrida. Clarito estuvo presente y cuenta en sus memorias que había visto el toro en el campo y recordaba su número por su encornadura playera. Cuando lo vio en la plaza se le cayó el alma a los pies viendo los pitones. Habló con un miembro de la Dirección General de Seguridad y le confirmó que habían propuesto la multa pertinente. És éste que hizo cuarto:
El propio Clarito siempre se caracterizó por pensar mal y acertar. Comenta que la denuncia de Bienvenida no fue por casualidad y apunta tres razones.
La primera, que los ganaderos con cartel querían restablecer el juego limpio ya que, como todo se afeitaba, muchas ganaderías vulgares y baratas eran preferidas a las caras y selectas. La segunda es que los toreros mejores se dieron cuenta de que el afeitado beneficiaba a cualquier recién llegado por lo que tenía de confianza psicológica. Por último, no se descarte el aparente declive que apuntaba Antonio en cuanto a contrataciones. Precisamente se puso en candelero con su denuncia. Los años 1950, 51 y 52 había toreado 10, 26 y 20 corridas respectivamente. Los tres siguientes subió a 31, 40 y 35. Observen que pasó de 56 a más del doble, 106.
Aquí ven al maestro banderilleando en Colmenar uno del Marqués de Albaida. Eso fue antes de la corrida del Conde del 12 de octubre en Madrid. Venía de torear patasblancas en Tafalla. Luego iría a matar toros de Algarra en Tarragona, donde dio la alternativa a Morenito de Caracas:
En la entrada sobre el toro de Miura afeitado en Madrid decíamos que en caso de manipulación, podrían tener el detalle de anunciar en los carteles que los toros habían pasado por el barbero y así el que quiera que compre la entrada. Pues cuidado porque sucedería seguramente lo mismo que pasó en Santander cuando el gobernador anunció que los toros estaban afeitados y se devolvería el importe de las entradas. Ni una fue devuelta porque toreaba Arruza. Cortó cuatro orejas, dos rabos y una pata y el público orejil quedó encantado de la vida.
No nos despedimos sin relatarles una última anécdota relacionada con el afeitado. Aconteció en una plaza hispanoamericana donde el protagonista fue un maestro que está vivo y cuyo nombre figura en las etiquetas de la derecha. Vio que la corrida estaba en puntas y habló con el ganadero para que tocase los pitones a lo que éste se negó en redondo. El toro más ofensivo salió buenísimo y a mitad de faena comenzaron los del PACMA americano con sus gritos de indulto. Tal como empezó a oír la algarabía, el maestro se fue a la barrera por el estoque de verdad, volvió a la cara del toro, se perfiló rápidamente y le pegó un mandoble que lo partió por la mitad. El público indultador se quedó de piedra y el propietario del toro se mordía los puños.
El ganadero fue a hablar con el maestro al finalizar el festejo y el diálogo fue el siguiente:
- Oiga, ha sido usted muy poco comprensivo con el público. Estaban pidiendo el indulto y debería haber esperado a ver qué decidía el presidente.
- Usted también fue muy poco comprensivo conmigo. Si lo hubiera sido, ahora tendría un semental de 30.000 dólares.
Esta divagación sobre el afeitado la culminaremos con una cita de las memorias del citado Jalón:
"se trata de desmochar los toretes de divisa suave favoritos de las primeras figuras (que no siempre son figuras de primera) y se deja intactos los toros serios destinados a toreros modestos o novilleros incipientes. Cuando el afeitado en honor del heroico cordobés llegue a su apogeo, veremos una Dirección General de Seguridad aburrida de decretar vigilancia y sanciones y una Dirección de Sanidad a la que llegaban astas de toros como si fuese el azote de una epidemia"
Por lo menos hace 50 años había vigilancia, análisis y sanciones. Hoy no queda nada de todo eso y los taurinos han llevado el ascua a su sardina. Nos han convencido de que el afeitado oficialmente no existe, de que el toro actual es el más bravo de la historia y de que se torea mejor que nunca. La Arcadia feliz...
Pueden ponerse ustedes una venda en los ojos y creer todas estas milongas. Nosotros, en cambio, nos despediremos ahora sí de verdad con lo que ya intuyó Clarito en 1928:
"El peto y la puya de tres filos han dado media estocada a las corridas. Las manipulaciones fraudulentas y la selección de casta a la inversa le darán la puntilla dentro de unos años. No habrá ni varas, ni quites, ni verdaderas estocadas. Ni siquiera quedará el recuerdo de lo que es el tuétano de la fiesta de toros: la emoción"
Un vidente. ¡Y lo dijo hace cien años!
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.