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lunes, 7 de diciembre de 2020

MANOLETE NO SABÍA NADAR

Aprendió en 1946 precisamente justo el día que inmortaliza esta foto de su amigo José María Lara (como todas las que verán excepto la de Arruza):



Estamos en la finca de Fuentelencina, en Guadalajara, propiedad del perfumista madrileño Juan Padilla, cuyo hijo era novio de Pilar, la hermana de Lupe Sino, aquélla que borraron los censores en la foto que les enseñábamos aquí. Amigo de los dos era el fotógrafo Lara, que pasaba muchas horas junto a Manolete tanto dentro como fuera de los ruedos.

Sobre la natación, decir que Lara y Padilla decidieron cavar una zanja para rellenarla de agua y que el torero pudiera emular a Mark Spitz. La hicieron de poco más de metro y medio de profundidad para quitar el miedo a Manolo, quien medía 1,79, bastante más que la media española en la posguerra. Ahí lo tienen, feliz y contento tras haber braceado como un perrillo aunque manteniéndose a flote en todo momento:




El califa nadaba por primera vez un año antes de morir. En la foto anterior se aprecia perfectamente el chirlo que le dejó en la mejilla uno de Saltillo en San Sebastián. Fue el 16 de agosto de 1942 en presencia de Pepe Luis y de Morenito de Talavera. 

El libro a que nos referimos del citado Lara es éste que les recomendamos:


MANOLETE "YO ME MANDO" (MULETAZOS): Amazon.es: LARA, JOSÉ MARÍA, PRADEL  RICO, ANTONIO J., WELLES, ORSON, PRADEL RICO, ANTONIO J.: Libros


Pertenece a la editorial Bellaterra, catalanes editores de libros de toros que ya les hemos recomendado en alguna ocasión (recuerden aquí). Vean al autor con el monstruo en Estoril:



Lara nos habla de los inicios del maestro en la parte seria del espectáculo cómico de Los Califas. Una vez resulta seriamente magullado y el doctor Ortiz, que lo atiende y que conoce a su familia, le dice:

'Harías bien en dejar esto del toro e irte con tu cuñado a poner ladrillos'

Lara habla mucho de Pepe Luis recordando la célebre frase de Manolete:

'Si El Rubio diera el paso adelante, los demás no tendríamos nada que hacer'

En el ruedo, el cordobés mojó la oreja al sevillano en la mayoría de ocasiones en que coincidieron. En cambio, cuando jugaban al frontón ganaba siempre el de San Bernardo:



Nos enteramos de algunas interioridades del maestro, por ejemplo de su pasión por las berenjenas fritas. Lo de Belmonte eran los calamares fritos. O de cuando subían con Arruza a sus respectivas habitaciones con sendas señoritas y al cabo de un rato uno de los dos llamaba a la puerta del otro para hacer cambio de pareja. Mírenlos, se ríen porque saben que es verdad:



Otra cosa que ignorábamos es que coincidió en su servicio militar en Artillería con El Pipo. Estaban en la misma compañía y llamaba la atención de todos que El Pipo había montado dentro del cuartel un pequeño negocio de intendencia vendiendo de todo: bocadillos, bebidas, tabaco... Mientras Manolo estuvo de soldado gozó de abundantes permisos para torear festivales y en alguno de ellos hizo el paseíllo con un tal José Flores Camará.

Lara le hizo esta foto en San Sebastián cuando está comiendo lo que solía en día de corrida: dos huevos pasados por agua, fruta y café con leche:


Lleva el brazo vendado por la lesión que se había producido un mes antes en el accidente de coche que sufrió en Buitrago. A partir de entonces se puso de moda la martingala del estoque simulado. No obstante, ya saben que el primero que lo quiso probar fue Belmonte, recuerden aquí.




Dice Lara que Manuel tuvo intención de retirarse ya en 1946 cuando repetía que 'el público cada vez me exige más, cada vez me exige más...' Recuerden que el año siguiente no estará en san Isidro pero sí en la Beneficencia, donde resultará cogido y dirá aquello de que

'la fiesta de toros es de por sí apasionada pero es que quizá es demasiada pasión conmigo aquélla que sólo se calma cuando voy camino de la enfermería...'

Lara da por seguro que 1947 iba a ser su último año pero estaban de por medio los tejemanejes de Camará y Balañá para que la gallina siguiera poniendo huevos de oro. No desvelamos nada para que lean el libro.

Ni Camará ni Álvaro Domecq salen bien parados en el texto, ya verán. De este último, nombrado albacea testamentario del finado, comenta Lara que 

'el patrimonio de Manolete se valoró por lo bajo. Teóricamente, el capital que dejó el torero en el momento de su fallecimiento no llegó a alcanzar los nueve millones de pesetas. Sin embargo, yo sé que Manolete tenía dinero en México...'

Sobre lo que sucedió con esa fortuna misteriosa que le habían pagado en México ya conocen lo que decía Navalón:

Le pagaron en dólares y como entonces le peseta valía tan poco, al cambiarlo en dinero español, equivalía al millón, que era lo que valía entonces cualquier finca buena de quinientas hectáreas en Sevilla o Salamanca. Lo que pasa es que ese dinero ni se hizo nunca pesetas, ni jamás llegó a España a manos de sus legítimos herederos cuando murió Manolete. El dinero, como todos saben, se quedó en una cuenta conjunta a nombre de Manolete y otros dos que, al morir Manolete, se repartieron aquel fortunón del torero’

Leerán en el libro un capítulo dedicado a Lupe Sino, quien vio por primera vez a Manolete en una corrida en Madrid a la que asistió por invitación de Pastora Imperio. Su primera impresión la recordaba ella misma tiempo después:

'¡Qué desgarbado! Parecía un palo seco...'

Aquí ven a ambos con el autor del libro:



La novia de Manolete nombró a Lara su representante legal tras la muerte del maestro, por eso éste sabe muchas cosas de los intríngulis sucedidos por aquel entonces. Asegura que la boda entre ambos iba a tener lugar dos meses después de la cogida de Linares.

En esta foto se ve al autor con Guillermo, mozo de espadas del maestro, en el cementerio:


Guillermo se quedaba muchas veces en Linares para hacer de chófer de doña Angustias. Por eso era El Chimo quien acompañaba al maestro en tantas corridas. Después de la tragedia, el bueno de Guillermo estuvo durante quince años llevando flores a la tumba de Manolo ¡todos los días!


Y nos despedimos con el recordatorio funerario del entierro de Manolete que nos ha hecho llegar un buen amigo del blog:


Por cierto, ese cuñado de nombre Rafael Torres, era el marido de Angelita. Será quien administrará toda la herencia del maestro en España. Va bien servido en el libro, ya lo verán.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

lunes, 23 de noviembre de 2020

BIENVENIDA (3): ANTONIO MATÓ UNA CORRIDA AFEITADA TRES VECES

Cuando vio su toro asomar por chiqueros, a Antonio Bienvenida le dio apuro salir al tercio. Se moría de vergüenza al verse no matador de toros sino matador de 'aquello'. Y estaba en Las Ventas, no en una plaza de pueblo. Habían afeitado tanto al toro que más que plátanos tenía rábanos. 




El pecado de Camará era algo instituído tácitamente. Así es como se denominaba la práctica del afeitado en la época en que era el apoderado de Manolete y eso a pesar de que Camará no había sido ni el primero ni el único en desmochar. 

Tras la denuncia de Bienvenida a finales de 1952, algunos fuleros defenderán la manipulación de las astas como una 'humanización' de la fiesta. Preguntaron a Belmonte al respecto y dijo esto:

'La fiesta se ha humanizado primero con el peto, luego con la falta de casta y ahora con el afeitado. Pero parece que el público tácitamente lo acepta a cambio del toreo bonito que se prodiga. En mi época no se afeitaban, al contrario, se sacaba punta al mogón. No se afeitaban ni para los festivales. Pero en fin, aunque se haya quitado peligro se compensa por lo cerca que se torea hoy... aunque hay quien dice que cuanto más cerca, menos peligro hay...'




Lalanda salió con la pata de banco de poco menos que justificar el afeitado. Bienvenida le respondió por alusiones en una agria polémica que les ahorramos pero de la cual dejamos el titular. Recordemos que Lalanda era entonces apoderado y no torero. En nuestro blog les contamos cómo en su día fue multado sin contemplaciones por darle al serrucho antes de torear en Valencia, recuerden aquí. Ésta fue la respuesta de Mejías:




Para que vean cómo estaba el patio, es memorable la anécdota de aquellos toros salmantinos que vio Camará antes de la corrida. Dijo que no podían salir con esos pitones y que había que arreglarlos. Le preguntaron si había que cortarles aún más de lo que ya habían cortado y repondió que no, que el problema era que se habían pasado. Al cabo de un rato volvió a que les sacasen punta.

Convendrán ustedes con nosotros en que está claro que si el ganadero con su mayoral se niegan a afeitar, no hay quien toque los pitones de los toros. Domingo Ortega, torero y ganadero, decía esto:

'Es que la postura del ganadero es muy comprometida porque está pendiente de los intereses del torero y del público. Está entre la espada y la pared. Si no corta los pitones, no vende los toros. Si los corta, la autoridad le multa aunque la cosa se haya hecho sin su conocimiento. No veo una solución fácil'

La autoridad lo tuvo claro tras la denuncia de Bienvenida. Multa de 10.000 pesetas al ganadero por cada toro arreglado. En caso de reincidencia donde se demostrara su consentimiento, inhabilitación durante un año sin perjuicio de más multa. Si el afeitado era a espaldas del ganadero, multa de 10.000 al torero y a la empresa. Además, inhabilitación al diestro durante seis meses y a la empresa durante un mes para organizar otros festejos.

En aquellos años no había mueco y se torturaba a los toros ensogándolos antes del desmoche. A veces se les cortaba dos veces, como aquellos toros de Urquijo qué mató Arruza en Barcelona en 1952. Toreaba dos corridas y en la primera uno de los murubes hirió a Jumillano. Aquí lo ven antes de la cogida:




Decidieron, por tanto, pegar una segunda rasurada a la otra corrida para la que estaba anunciado el mexicano junto a Parrita y César Girón, que tomaba la alternativa. Arruza se adorna ante uno de los murubes de aquel día:




A una de Bienvenida en Madrid la afeitaron tres veces. Lo contaba él mismo:

'Es cuando más vergüenza he pasado como matador. Fue este año en Madrid (1952). Afeitaron los seis toros tres veces y a mí me tocó encima el más rasurado. No los arreglaron en la plaza sino durante el viaje. Pararon tres veces y en cada parada los tocaban'

¿De quién serían? Salvo que alguien nos rectifique, el maestro mató en Madrid ese año los siguientes toros: dos de Arranz, tres de Miura (por cogida de Rafael Llorente, en presencia de Franco y derribaron cinco veces), uno de Graciliano, otro de Alicio Tabernero, dos de Ignacio Vázquez de Pablo, dos de Albaserrada a nombre de Escudero Calvo y dos que seguro que estaban en puntas del Conde de la Corte. Siete orejas se cortaron a los condesos aquella tarde del 12 de octubre de 1952 y se dio la vuelta al ruedo a dos, Granillero y Gracioso.



 

Hemos investigado para ver si sacábamos algo en claro. El de Graciliano parece haber salido indemne de la barbería:




El de Arranz tampoco parece que tuviera hora en la peluquería:




De las otras pueden ver ustedes a continuación un sobrero de Mayalde que se lidió en la de Vázquez. No lo mató Antonio porque salió en sexto lugar pero viendo la carita ya pueden suponer cómo estarían los titulares:




Éste fue uno de los miuras:




Y éste de abajo es un sobrero de Albaserrada que salió el día anterior a la corrida que mataron Antonio, Pepe y el recientemente fallecido Pablo Lozano. Debió de viajar en el mismo camión. Por cierto, a ver si adivinan quién es el diestro que se dispone a hacer un quiebro al de Escudero Calvo:




Es Antonio Ordóñez. ¿Cuál de ésas corridas hizo un viaje tan largo que propició tres paradas para darle a la escofina? Aunque, bien mirado, se puede ir de Salou a Tarragona y parar tres veces.

Ese año de 1952 será cuando Bienvenida levante la liebre del fraude en Radio Madrid con Curro Meloja, el que se inventó lo de los guirlaches (aquí lo comentábamos hablando de Galache). Recordamos sucintamente los hechos según los relata Filiberto Mira en su biografía del maestro:

- Antonio Bienvenida triunfa en Madrid el citado 12 de octubre de 1952 con toros limpios del Conde de la Corte. La foto es de aquella tarde:




- Se celebra días después un banquete en homenaje a los tres toreros de ese día con Manolo Carmona y Silveti.

- Bienvenida denuncia la corrupción junto al ganadero Antonio Pérez, de los pocos que entona el mea culpa.




- La autoridad se hace eco y adopta resoluciones contra el fraude mientras un grupo de toreros boicoteará a Bienvenida.


Óleo de Romero Ressendi. Lo tenía en el salón de su
 casa como comprobarán en la última foto

 

El maestro dirá después: 'no logré del todo ganar aquella batalla pero tampoco me atormentó el perderla; lo que siempre lamentaré es que quizás se perdió el prestigio de nuestra profesión y del toreo'

El primer festejo tras la polvareda invernal de la denuncia es una novillada de Morales hermanos, de Plasencia. Las autoridades están ya manos a la obra con los cuernos tras la muerte del sexto, ahí los tienen:




Pero se aprecia que son puñales, al menos los de la foto. Joaquín Vidal tenía entonces dieciséis años y lo recuerda así:




La orden gubernativa había sido clara. Exigía el precintado y examen de las astas afirmando que:

'Sin riesgo no se concibe este espectáculo y la sensación de peligro ennoblece la fiesta y es pieza clave de su prestigio y autenticidad'

Vidal olvida que alguno de los novillos de Morales fue detectado como arreglado y hubo multa para la ganadería. Y una semana después, el 15 de marzo de 1953 saltan al ruedo madrileño novillos de Pablo Romero con esta carita que ven:




La multa fue de 30.000 pesetas, 10.000 por cada uno de los tres novillos que se certificaron como afeitados (unos 3.000 euros por cada res en un cambio aproximado). 

En aquella primavera siguiente a la denuncia, se presenta Antonio en Madrid. Es el 3 de mayo de 1953, los toros son de Herederos de Montalvo y la ovación que le depara el público es de gala. 

El diablo, que todo lo embrolla, hará que a Antonio le salga un toro afeitado. Era un toro sobrante del año anterior que entró en el lote de Montalvo. Nos preguntábamos en una entrada anterior si es de lógica que salga sólo un toro afeitado de seis. Pues eso sucedió en aquella corrida. Clarito estuvo presente y cuenta en sus memorias que había visto el toro en el campo y recordaba su número por su encornadura playera. Cuando lo vio en la plaza se le cayó el alma a los pies viendo los pitones. Habló con un miembro de la Dirección General de Seguridad y le confirmó que habían propuesto la multa pertinente. És éste que hizo cuarto:




El propio Clarito siempre se caracterizó por pensar mal y acertar. Comenta que la denuncia de Bienvenida no fue por casualidad y apunta tres razones.

La primera, que los ganaderos con cartel querían restablecer el juego limpio ya que, como todo se afeitaba, muchas ganaderías vulgares y baratas eran preferidas a las caras y selectas. La segunda es que los toreros mejores se dieron cuenta de que el afeitado beneficiaba a cualquier recién llegado por lo que tenía de confianza psicológica. Por último, no se descarte el aparente declive que apuntaba Antonio en cuanto a contrataciones. Precisamente se puso en candelero con su denuncia. Los años 1950, 51 y 52 había toreado 10, 26 y 20 corridas respectivamente. Los tres siguientes subió a 31, 40 y 35. Observen que pasó de 56 a más del doble, 106.

Aquí ven al maestro banderilleando en Colmenar uno del Marqués de Albaida. Eso fue antes de la corrida del Conde del 12 de octubre en Madrid. Venía de torear patasblancas en Tafalla. Luego iría a matar toros de Algarra en Tarragona, donde dio la alternativa a Morenito de Caracas:




En la entrada sobre el toro de Miura afeitado en Madrid decíamos que en caso de manipulación, podrían tener el detalle de anunciar en los carteles que los toros habían pasado por el barbero y así el que quiera que compre la entrada. Pues cuidado porque sucedería seguramente lo mismo que pasó en Santander cuando el gobernador anunció que los toros estaban afeitados y se devolvería el importe de las entradas. Ni una fue devuelta porque toreaba Arruza. Cortó cuatro orejas, dos rabos y una pata y el público orejil quedó encantado de la vida.

No nos despedimos sin relatarles una última anécdota relacionada con el afeitado. Aconteció en una plaza hispanoamericana donde el protagonista fue un maestro que está vivo y cuyo nombre figura en las etiquetas de la derecha. Vio que la corrida estaba en puntas y habló con el ganadero para que tocase los pitones a lo que éste se negó en redondo. El toro más ofensivo salió buenísimo y a mitad de faena comenzaron los del PACMA americano con sus gritos de indulto. Tal como empezó a oír la algarabía, el maestro se fue a la barrera por el estoque de verdad, volvió a la cara del toro, se perfiló rápidamente y le pegó un mandoble que lo partió por la mitad. El público indultador se quedó de piedra y el propietario del toro se mordía los puños.

El ganadero fue a hablar con el maestro al finalizar el festejo y el diálogo fue el siguiente:

- Oiga, ha sido usted muy poco comprensivo con el público. Estaban pidiendo el indulto y debería haber esperado a ver qué decidía el presidente.

- Usted también fue muy poco comprensivo conmigo. Si lo hubiera sido, ahora tendría un semental de 30.000 dólares.




Esta divagación sobre el afeitado la culminaremos con una cita de las memorias del citado Jalón:

"se trata de desmochar los toretes de divisa suave favoritos de las primeras figuras (que no siempre son figuras de primera) y se deja intactos los toros serios destinados a toreros modestos o novilleros incipientes. Cuando el afeitado en honor del heroico cordobés llegue a su apogeo, veremos una Dirección General de Seguridad aburrida de decretar vigilancia y sanciones y una Dirección de Sanidad a la que llegaban astas de toros como si fuese el azote de una epidemia"

Por lo menos hace 50 años había vigilancia, análisis y sanciones. Hoy no queda nada de todo eso y los taurinos han llevado el ascua a su sardina. Nos han convencido de que el afeitado oficialmente no existe, de que el toro actual es el más bravo de la historia y de que se torea mejor que nunca. La Arcadia feliz...

Pueden ponerse ustedes una venda en los ojos y creer todas estas milongas. Nosotros, en cambio, nos despediremos ahora sí de verdad con lo que ya intuyó Clarito en 1928:

"El peto y la puya de tres filos han dado media estocada a las corridas. Las manipulaciones fraudulentas y la selección de casta a la inversa le darán la puntilla dentro de unos años. No habrá ni varas, ni quites, ni verdaderas estocadas. Ni siquiera quedará el recuerdo de lo que es el tuétano de la fiesta de toros: la emoción"

Un vidente. ¡Y lo dijo hace cien años!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




 

viernes, 28 de agosto de 2020

MANOLETE: '¡DESPACIO, DESPACITO! ME DUELE MUCHO LA PIERNA'

Eso iba diciendo Manolete cuando atravesaba la plaza de toros de Linares en una camilla portada por cuatro personas. Lo sacaban de allí para trasladarlo al hospital un día de san Agustín igual que hoy. 



Había entrado en la enfermería a las 18:40 donde él mismo se había quitado las dos medallas que llevaba siempre: la de San Rafael, patrón de Córdoba, y la de la Virgen de los Dolores. 

El doctor Garrido y sus ayudantes le habían hecho las primeras curas y también la primera transfusión de un total de cinco. Se hablaba de estado grave, nunca gravísimo. Es la noticia que llega a doña Angustias, quien veraneaba en esos momentos en San Sebastián. Es lo mismo que dicen a Lupe Sino, alojada en el balneario de Marmolejo y no en el de Lanjarón como afirma Clarito creemos que equivocadamente. Es lo que va llegando a Madrid sin que nadie tema por su vida.

En Linares Luis Miguel ha dado la vuelta al ruedo en el sexto toro y ya está con el herido. Se han olvidado las discusiones frecuentes entre ambos como aquélla en que dijo a Manolete 'tú lo que eres es un muerto de hambre'. Ha dado aviso de que venga desde Madrid su médico personal, el padre de Ramón Tamames. También han avisado al doctor de confianza de Manolo, Giménez Guinea. 

El parte dice que la herida por asta de toro es en el triángulo de Scarpa y tiene veinte centímetros de longitud (en unos sitios, quince y en otros, veinticinco). Afecta a la safena y a la femoral, con destrozos en los músculos sartorio y recto y con fuerte shock traumático. No es una cornada peor que la de Pepín Martín Vázquez en Valdepeñas, que comentábamos aquí  con uno de Concha y Sierra y en presencia del propio Manolete.



El trayecto en camilla hasta el hospital de Linares son veinte minutos de traqueteo durante los cuales el maestro repite aquellas palabras:

'¡Despacio, despacito! Me duele mucho la pierna...'

Ya en el hospital, la pareja formada por Pepe Camará y Álvaro Domecq han hecho venir al sacerdote Antonio de la Torre. Quieren que confiese al maestro pero antes de que éste hable, el cura le ha dicho 'no hace falta, te voy a dar la absolución'. Manolete no ha perdido el conocimiento en ningún momento y escucha a la pareja y al sacerdote entonando a coro el Señor mío Jesucristo. 

Cuando acaban, pide de beber y llega a fumarse algún pitillo, de tabaco rubio, como siempre. Habla muy poco pero la mirada aún es viva.

Al poco, nueva operación quirúrgica. Se plantean los médicos amputarle la pierna pero la pareja se niega en redondo. Otros médicos aficionados al toro han asegurado pasado el tiempo que a cualquiera con esa herida y en esas condiciones se la hubieran amputado. 

El caso es que son las once de la noche y el herido está ya en la cama de la habitación número 18 preguntando si el toro murió de la estocada y si 'me han dado algo'. Sí, Manolo, la estocada valió y te dieron las dos orejas y el rabo que ha cortado para ti Bernardo (Carnicerito de Málaga).

Poco después, el recuerdo del maestro va para su madre:

'¡Cuánto sufrirá cuando se entere!'



Cuando llega del balneario Antoñita, como llamaba siempre Manolo a Lupe, la extraña pareja no deja que entre a verlo. Esgrimen la peregrina excusa de que si entra, pondrá al maestro en pecado mortal. La situación es violenta por momentos, coinciden en ello varios testigos presenciales, entre ellos Luis Miguel y su padre. 

Dentro, Manolete pide agua mineral. Le traen Insalus y dice que no, que quiere Mondáriz. Se pone incluso a bromear:

'Me queréis envenenar, ¿o qué?'

A las tres de la madrugada llega el doctor Tamames con sus ayudantes y entra a la habitación. Las pupilas las ve muy dilatadas y el pulso es débil:

'Estaba desnudo de cintura para arriba y bastante moreno. En su mano derecha tenía un pitillo recién encendido...'

El hombre que apestaba a torero, empieza a oler a cuerpo presente. Ese olor a torero que se respiraba al paso de Manolete, sólo es comparable al que desprendían Lagartijo y Guerrita en el XIX y Rafael El Gallo en el XX. Incluso Orson Welles cuenta que se notaba su peste a torero hasta en California:

'Una vez entramos a un restaurante de Los Ángeles donde nadie había oído hablar ni del toreo ni de Manolete; él iba unos pasos por delante y nadie reparó en mí, que ya era una estrella de cine. Todo el mundo lo miraba a él sin tener ni idea de quién era'



Pasadas las cuatro hace acto de presencia el doctor Guinea a quien habian localizado veraneando en El Escorial. Cuando Manolo lo ve, sus antepenúltimas palabras son:

'¡Métame mano pronto, don Luis!'

El maestro no es capaz de apreciar la cara de preocupación del doctor cuando tiene delante al herido:

'Su faz era cadavérica y su pulso imperceptible. El sistema vascular no respondía y el colapso se aproximaba'

Empiezan la última transfusión, que será fatal para el maestro. A poco de iniciarla, musita:

'¡Que me quiten esto! Me duelen los riñones... Me voy a morir...'

Parece ser que la transfusión que traía preparada el doctor Guinea y que era de origen noruego no estaba en buenas condiciones. Le quitan el gotero justo para escuchar sus últimas palabras:

'¿Tengo los ojos cerrados? Es que no veo... no veo...'

Manolete se le ha hecho de noche. Se repite la historia de cien años antes cuando Goethe moribundo pedía más luz. 

El doctor Guinea le dice que cierre los ojos, que se sentirá mejor. El diestro obedece y eso hará que muera con ellos cerrados. Dicen que aún se oyó de sus labios la palabra 'David', quizás un recuerdo al que fuera su subalterno de confianza, Alfredo David Puchades, con quien compartía algunas supersticiones. David acompañó en su día a Varelito, Granero, Fortuna, Marcial y Barrera. Con el monstruo formó de 1941 a 1946, o sea que en Linares ya no estaba.



De pronto, el doctor Tamames, que era quien controlaba el pulso, avisa de que ha muerto. No ha hecho ningún gesto de dolor ni ha tenido ninguna contracción, simplemente se ha apagado. Son las cinco y siete de la madrugada del 29 de agosto de 1947.

El cadáver llegará a Córdoba a las dos de la tarde, un par de horas antes que su madre.

Tal día como hoy se produjo la cornada de Linares. Se discutió después si Islero era de suerte natural o no. El caso es que Manolete, excelente estoqueador, entró en la contraria. Algunos como Clarito dicen que acertó pero que se equivocó al colocarlo tan lejos de las tablas. No da esa impresión en esta instantánea:



El toro es el que le había tocado en el sorteo porque fue su primero el que Camará cambió a Gitanillo. Al comenzar la faena, el apoderado le había hecho la típica señal de que aliñase con brevedad, era un sutil abaniqueo de izquierda a derecha con la palma de la mano. Pero el maestro no hizo caso. Por dos veces se negó a coger el estoque de verdad que le ofrecían. Alargar demasiado la faena es otra cosa que se le recriminará a toro pasado.



Clarito escribirá una necrológica que terminaba diciendo:

'No acierto a condensar la hondura de mi pena. De mi pensamiento aniquilado por el golpe se han ido las ideas. Mis labios sólo encuentran palabras para rezar...'


Su hijo César, de dieciocho años, es quien le dio la noticia fatal la mañana del 29 porque él se había ido a dormir con la idea de que la cornada era grave pero no mortal. A sus dos hijas se las había encontrado un día Manolete paseando con un amigo por San Sebastián. Las saludó muy educadamente cosa que sorprendió al amigo. Al preguntarle que por qué les dirigía la palabra, obtuvo esta seca respuesta:

'Ellas ni entran ni salen en los asuntos de su padre, no tienen nada que ver'

Resulta que Clarito había pedido en su día a Manolo un sobre de 150.000 pesetas por temporada con objeto de hablar bien de él. Para que se hagan una idea, Manolete y Arruza iban cobrar cada uno ese dinero por la corrida de la Asociación de la Prensa de 1945. Si nuestras figuras actuales cobran entre 100 y 200.000 euros por corrida, ya ven la magnitud del sablazo que pretendía el crítico César Jalón. Ay, Clarito, ¡pinchaste en hueso!



¿Y qué me dicen de la extraña pareja? Camará era un ferviente católico, casado con Carmela y con cuatro hijos. No obstante, tenía más de una amante fija, entre ellas una hija natural de Machaquito. Y sobre los turbios manejos monetarios de Flores, a Manolo lo previnieron más de una vez pero él zanjaba la discusión diciendo 'a ver si me encontráis otro mejor...' 

Y del pecado de Camarácon sus sogas y sus serruchos, mejor no hablar. Por cierto, esos miuras no eran para Linares. Él sabrá por qué insistió en que se lidiaran allí cuando estaban destinados a otra plaza. 



Álvaro Domecq era un opusdeísta de los de visita diaria al Santísimo. Había pasado las últimas navidades en Nueva York junto a su mujer, con Manolo y con Lupe Sino. En el último trance del maestro debió de intuir la posibilidad de que hubiera una boda in articulo mortis. ¿Sería ésa la razón de evitar que Lupe viese al torero todavía vivo en el hospital?



Nombrado albacea del finado por parte de la madre, es curioso que obligó a la novia del maestro a declarar ante notario si se había quedado algo de Manolete. Todo lo que ella guardaba en su ático de Hilarión Eslava, 28, eran tres o cuatro vestidos de torear, dos más de campo, un cuadro y varias fotografías. En cambio, Alvarito no pidió ningún juramento a Camará, que sí guardaba muchas cosas de su pupilo en su casa de Amador de los Ríos (entre ellas, la carta de Churchill que reproducíamos en esta entrada).

Por cierto, recordaremos al albacea que las monjas del hospital de Linares no vieron ni una peseta por la atención al torero, a pesar de reclamarlo discretamente tiempo después. 

Con todo lo que habrán rezado estos dos, si vamos al Cielo y nos los encontramos, igual pedimos a Dios una hoja de reclamaciones.

Al final, resultará que la más honrada de esta historia va a ser Antoñita. Los dominguines insisten en que Manolete pidió casarse con ella en la habitación del hospital pero que la extraña pareja lo evitó aduciendo que 'no sabe lo que se dice...' 

Aquí abajo la ven a lomos de un borriquillo. Es célebre la actuación de los censores en esta foto. La hizo José María Lara en Fuentelencina, provincia de Guadalajara:



La censura eliminó a la hermana y tapó las piernas de Antoñita:



En la foto anterior se aprecian los finos tobillos de la señorita. Manolo siempre decía en plan de broma 'es un poco floja de remos...' 

Esta otra foto también de Lara indignó muchísimo a la madre del diestro:



Cuando Manolo estaba molesto con su novia, la llamaba Antonia. Por contra, doña Angustias siempre se refirió a ella de igual modo: 'la p... ésa de Madrid'.

Si van ustedes a darse un paseo por Segovia, entren en una de las librerías más bonitas de España. Se llama El Torreón de Rueda, en la calle Grabador Espinosa:



Allí tienen expuesta esta puya:



Pone que es la que usó Ramón Atienza en los dos puyazos que pegó a Islero, que se sumaron al que había recibido del reserva. Atienza recargó tanto que lo multaron. Manolete puso mala cara cuando sonaron los clarines porque pensaba que el toro necesitaba más castigo...

Ese ultimo instante de la vida de Manolete cuando dice que no ve nos recuerda al pobre Gitanillo, a quien llegaba también su última hora tras dos meses de atroz agonía gritando '¡ya no veo!'

El poeta D.H. Lawrence describió esto que puede recordar a la oscuridad de la muerte. Pertenece a un poema del que nos hemos atrevido a cambiar la última palabra con permiso de Octavio Paz, autor de la traducción:


Una invisible oscuridad abrazada a la profundidad negra,
atravesada por la pasión de una densa niebla,
bajo el esplendor de las negras antorchas
que derraman sombra sobre la novia perdida y su torero.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

miércoles, 25 de octubre de 2017

¿POR QUÉ TODAS LAS ESTOCADAS CAEN TRASERAS?

Ya saben que les escribimos desde Tarragona, o sea, desde el ojo del huracán. En estas semanas de zozobra y desasosiego no se nos ha ocurrido otra cosa que dedicarnos a reflexionar sobre por qué todas las estocadas, o casi todas, caen traseras hoy en día. Más que irresponsabilidad por nuestra parte es una manera terapéutica de huir de la agobiante y por momentos insoportable actualidad. 

Nos pasa lo que a Gregorio Corrochano. Lean esto que sigue porque lo compartimos de principio a fin:



'Histeria', 'rencor', ordinariez'... Parece escrito ayer, pero es de abril de 1936.

Vamos con las estocadas traseras. Si miramos el toro de forma longitudinal, las estocadas defectuosas serían, de delante a atrás: pescuecera, delantera, pasada, trasera y, en los tiempos que corren, traserísima.

En las crónicas antiguas destacaban como defectuosa la estocada delantera. Hoy, la mayoría se van atrás a veces de manera escandalosa. Miguel Ángel Perera salió a hombros hace unos días en Madrid después de perpetrar un par de estocadas muy defectuosas por traseras y mal ejecutadas. Aquí tienen la primera:




En la segunda, Muñoz pegó un berrido de alegría en televisión al ver que la espada estaba enterrada. Fueron los otros comentaristas quienes le hicieron notar que la estocada había caído perpendicular y un poco atravesada, pero no dijeron nada de que estaba muy atrás como pueden comprobar aquí:




La clave para que las estocadas caigan traseras es llevar la mano alta ¿Se han fijado en la mano de Perera? El maestro de las estocadas traseras es El Juli. Este año coincidió con Pepe Luis en Aranjuez, quien le dio una lección primero con la muleta y luego con el estoque. Con la muleta, ya lo comentamos aquí en su día. Con el estoque, lo pueden comprobar a continuación. Pepe Luis arranca con la mano donde tiene que ser:



Y su estocada honda no cae trasera, lógicamente:



El Juli tapa la cara del toro con alevosía y vean dónde lleva la mano:



La espada se le va atrás, lógicamente:



Esta foto suya matando al de Cuvillo en Bilbao es célebre. La mano que clava debería venir del pecho y no del cielo. Ya ven que clava casi en el lomo:



Hay que perfilarse con la mano encima del corazón. El dibujo corresponde a El Gallo en Valencia el año 1914:



La moda que impuso Tomás Campuzano fue estirar el brazo para pegar la puñalada antes de llegar a jurisdicción. Si se alarga el brazo al perfilarse, se tiende indefectiblemente a levantarlo. Miren a Ginés Marín en Zaragoza el día que salió a hombros. Se perfila alargando el brazo:



Se arranca con el brazo horriblemente estirado y levantando la mano para clavar a capón:



Ya ven dónde ha ido la espada (se llevó el premio a la mejor estocada de la feria con la que dio a su segundo...):



Volvamos a tiempos heroicos para ver cómo se arrancaba 'El rey del acero':



Es Luis Freg en 1918, con el brazo recogido hasta el momento de clavar y manteniéndolo a la altura del corazón. De igual manera ejecuta la suerte ese mismo año José Flores Camará:



No es de extrañar que Manolete, gran estoqueador, ejecutara la suerte con tanta pureza. Vean dónde lleva la mano:



Y comprueben dónde ha caído la espada:



En crónicas antiguas se leía a veces esta censura: 'estocada delantera por llevar la mano baja'. Hoy eso es inconcebible porque ¿cuántas estocadas recuerdan delanteras esta temporada? ¿Y cuántas traseras?

Insistimos en que el vicio de origen es perfilarse mal. Ahí tienen a Garrido:



Y el vicio se consuma al llevar la mano alta. López Simón la pone por encima de la cabeza. Aquí lo tienen el pasado otoño en Madrid:




Además, mata a la carrera cuando es una suerte que hay que realizar lo más lentamente posible, arrastrando los pies como hemos visto antes a Freg o a Manolete. Aquí tienen a López en san Isidro de este año matando uno de Victoriano del Río. Más de lo mismo y estocada trasera:




Manzanares, que es mucho mejor recibiendo que al volapié, cuando se arranca lo hace con el brazo alargado para clavar antes de llegar a jurisdicción y también se le va la espada trasera. Observen en la imagen que ha dado casi media estocada ¡y aún no ha llegado al toro!



Comprueben la diferencia con el sestaotarra Fortuna, uno de los mejores estoqueadores de todos los tiempos:



Vicente Pastor dejaba buenas estocadas llevando el brazo siempre recogido y a la altura del corazón aunque pegando un salto que comentábamos hace unos años aquí:



Lo de Cayetano al matar no tiene nombre, ya lo hemos dicho en nuestro blog más de una vez (pulsen aquí). Estocada en el lomo, a la carrera y sin cruzar:



Entre nuestras queridas figuras, hay dos que no se alivian tanto como los demás y que clavan trasero mucho menos de lo habitual. Roca Rey no suele estirar el brazo ni clava a capón. Tampoco tapa la cara del toro girando el estaquillador:




Talavante, lo mismo. Aquí mata notablemente este jabonero de Cuvillo en san Isidro. Se arranca sin alargar el brazo y manteniéndolo a la altura correcta:



Como era de esperar, la espada se podrá ir desprendida, caída, baja  o contraria pero es casi imposible que se vaya trasera. Ahí la tienen:



De hecho, en las estampas antiguas como ésta de 1865 jamás se ven esos brazos estirados tan escandalosos:



Que conste que Gallito se aliviaba en muchas ocasiones al entrar a matar. Vean cómo lleva el brazo en Valencia dispuesto a 'hacer el arco iris', como le criticaban:



Y fíjense dónde está la espada en este otro que mató esa misma tarde:



En nuestros días, cuando Pepe Moral ejecuta bien la suerte, no se le va trasera la espada:




Todo lo contrario que Ureña, ahí lo tienen con la mano alta dispuesto a pegar su puñalada bien atrás:



Creemos que está claro ¿no? El problema es que estamos viendo a los novilleros matar copiando todos los vicios que hemos comentado y sus estocadas se van igualmente traseras como no puede ser de otra manera.

En la forma de torear podremos discutir que si los tiempos han cambiado, que si el toro no es el mismo de antes, que si hay que rematar aquí o allá, que si se adelanta la pierna, que si el toreo de perfil... Pero en la estocada no hay discusión que valga. Es lo mismo desde hace doscientos años: un toro parado y un hombre delante armado con un estoque y con un trapo. No hay más.

A partir de aquí, las cosas se pueden hacer bien o mal. Bien significa asumir más riesgo. Es lo que explicábamos aquí y también aquí. Mal significa aliviarse y dar gato por liebre al aficionado. 

Como lo que importa hoy en día es enterrar la espada para que Emilio Muñoz pegue su grito de alegría en televisión ¿para qué vas a arriesgar haciendo las cosas bien si nadie le va a dar importancia?

Un poco triste ¿no creen?

Saludos cordiales desdeTarragona. Rafa.


Gran estocada del novillero bilbaíno José Agüero.
Su hermano Martín le enseñó a matar así. Es abril de 1930.