La corrida fue remendada con dos de Montalvo por los líos de El Batán. Los de Algarra fueron todos bondadosos, estuvieron muy correctamente presentados y fueron dos de triunfo para el torero y otros dos, ni carne ni pescado.
Los de Montalvo fueron el primero un muerto viviente y el segundo un profesional del calamocheo que propició el éxito de Román.
EL PAYO. Su primero era un toro negro mate, bragado, astiblanco, rabilargo y ligeramente astracanado:
El toro fue al caballo al paso pero luego metió el riñón, encelado mientras el picador clavaba contrario y trasero pero obedeciendo el ¡dale, dale! que se oía de fondo. En el segundo le hace otro agujero aún más atrás y recargando con saña.
Dio gusto ver que Alcántar en la brega llevaba un capote nada almidonado, como el de Frascuelo. Ya nadie los usa, todos los llevan acartonados.
Aunque el toro era desaborío el Payo quiso torearlo bien. Le gritaban ¡déjala! y ¡no pares!, que eran las instrucciones adecuadas pero el de Algarra deslucía el conjunto. El destoreo habitual de retroceder escondiendo la pierna brilló por su ausencia, cosa que es de agradecer en el mexicano. En el debe, que con la izquierda no se aclaró y que se alargó demasiado.
Entera trasera y desprendida saliéndose descaradamente de la suerte:
Su segundo era un toro negro zaíno de Montalvo, cornilevantado y enmorrillado:
Se deja pegar una recargada trasera de la que se suelta al poco. Nada en el segundo, con blandura de remos protestada.
El toro estaba muerto en vida y no hubo nada que hacer. Bueno, sí, El Payo hizo una cosa: ponerse muy latoso. Pinchazo y honda perpendicular con el brazo elástico y huyendo del toro más descabello.
ROMÁN. Su primero era un castaño salpicado, listón, albardado, lavado de cara y veleto:
Muy mal dejando el toro al relance y posterior simulacro con la vara levantada. En el segundo va por su cuenta y Chocolate le hace cuatro agujeros diferentes como si estuviese pinchando aceitunas. Impresentable.
Pablito Simón no clavó a toro pasado sino pasadísimo. Román se puso a citarlo a veinticinco metros, porque el torito se venía, pero cuando llegaba se limitaba a aprovechar su viaje abriéndole la puerta al final.
Si enseñó su maltrecho muslo fue por equivocación. No nos gustó ni un pelo pero no percibimos ni una protesta por esa colocación que a otros se les censura desde el principio.
Acierta en la suerte natural y entierra la espada hasta los gavilanes, arriba y un poco contraria. No hay ninguna queja porque lo vimos entrar con fe. La segunda mejor estocada hasta ahora después de la de Adrián De Torres, a la cual damos primacía porque entró con más lentitud:
Su segundo fue de Montalvo, un toraco negro chorreado en morcillo, listón, acochinado, cornigacho, abierto y cornilevantado:
Bravuconeó en el primero mientras el otro Chocolate se defendía siguiendo las órdenes del diestro de no pegarle demasiado. Nada en el segundo tras darse una voltereta.
El tal Monaguillo embestía con un calamocheo desordenado y a punto estuvo de levantar los pies del suelo a Román cuando le dio distancia. El maestro fue consciente de que estaba en Madrid y decidió tragar con el viaje caótico del toro.
No tenemos nada que objetar a la pelea que planteó el diestro, quien tuvo un percance al final en la enésima tarascada del de Montalvo. Le pinchó en el muslo izquierdo pero la taleguilla recauchutada evitó que hiciese carne. ¿Qué diría Lagartijo si viese esas protecciones internas en las piernas? A nosotros ya nos está pareciendo bastante escandaloso. La foto que ven es posterior pero en televisión se apreció un primer plano donde el pitón presionaba la taleguilla pero no penetraba:
Nueva estocada entrando con toda la fe del mundo aunque con excesiva rapidez. Fue entera sin puntilla mirando el morrillo, no como otros, y cortó una oreja que no discutimos.
ESPADA. Su primero era un toro cornalón, astifino, negro azabache, badanudo, muy lustroso, serio con sus 528 kilos:
Mal Espada permitiendo el relance y mal su piquero tapando la salida y barrenando. En el segundo no lo apretó porque no peleó.
Penoso el realizador Santamaría enseñándonos las patas del toro en el primer puyazo y sin mostrar cómo se arrancaba en el segundo ya que estaba con un primer plano de su cara que no venía a cuento. Demuestra cada tarde que no tiene ni idea de toros.
Candelas impartió una lección en la brega.
El de Algarra era bondadoso a más no poder y quería coger la tela, o sea, que ofrecía la oreja en bandeja. El diestro se lo pasó de aquí para allá, gustándose mucho él y menos a nosotros. Se le fue un buen torito mientras emulaba a Roca.
Pierde la muleta al echarse encima del toro sin intención de cruzar pero no tapa la cara como ven y entierra el estoque hasta el arriaz, con muerte en las rayas. Bien el presidente aguantando sin dar la oreja pero esta dureza la querríamos también con nuestras queridas figuras.
El sexto era un negro listón, salpicado por la nalga, cornilevantado y un poco gargantillo y rabicano:
Monumental topetazo del toro mientras Prados le clava en la penca del rabo y recibe su merecido con un batacazo donde el estribo lo salvó de una posible lesión en la pierna derecha. Lo lógico en el segundo encuentro era que el picador lo masacrase en venganza y así fue, clavando en el lomo. En el tercero le señala mal. Nos pareció oír unos aplausos inconcebibles ¿para él?
Se postró de hinojos y la verdad es que pegó dos derechazos templadísimos.
Aparte del valor que tuvieron demostraron que el toro era un amigo. Si meneaba la cabeza más de la cuenta era por su poquita fuerza y no por su inexistente maldad.
Después vimos a Espada ubicado demasiado en la pala del pitón. En televisión alababan sus pases de pecho que a nosotros no nos dijeron gran cosa. Derivó hacia el efectismo y al confiarse, el toro lo paseo por la atmósfera con una fea caída. Observen que le introdujo el pitón por la parte superior del muslo y se llevó una cornada que le afectaba el pubis y casi el recto:
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| FOTO: Mundotoro |
Pinchazo que el toro escupe con violencia, posterior sablazo horripilante que Triviño extrae con tanta rapidez como habilidad y entera tendida y pasada.
De toda la corrida sólo recordaremos la batalla que dio Román al segundo de Montalvo. Nos llevamos la alegría del titular: el diestro vuelve a mirar el morrillo y no se sale de la suerte al matar. Parece haber desaparecido la alargada sombra de Santanero II (recuerden aquí nuestro homenaje). Estos son los toros que le van y no la ternerica ante la cual es un torero que no nos interesa.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


















