¡No lean esto, por favor! Váyanse, no pierdan el tiempo con la crónica de una corrida que jamás en la vida hubiésemos visto si no fuese por la obligación que nos hemos impuesto de contarles este culebrón isidril. Sabíamos antes de comenzar que habría tardes insufribles pero no pensábamos que tanto como ésta.
Fueron dos horas y cuarenta y cinco minutos de modorra entre el ganado infumable y los diestros pesadísimos. Lo de Alcurrucén duerme a las ovejas y estos tres, que acumulan miles de puertas grandes en Madrid, nos mostraron un toreo que junto no vale lo que un par de tandas de Fortes ayer... a un toro que tampoco valía gran cosa.
Media de 566 kilos con el siguiente juego: primero, sin poder ni respeto; segundo, tonto; tercero, soso; cuarto, sobrero de Zacarías, escarbador y bobalicón; quinto, alelado con la atenuante de un doble puyazo repugnante y sexto, noble sin emoción.
CASTELLA. Su primero era un novillete negro bragado, listón, protestado por su aspecto y por su edad y que venía bien picado del campo. En la foto del maestro Moore luce con más trapío que en la plaza:
Simulacro en varas. Bah, después era un torillo de paja que daba pena. Nada. Estocada infame por trasera, caída y con ese salto que ven para salirse de la suerte. Matando así, Castella ha salido un montón de veces en hombros de Madrid:
El cuarto era negro zaíno, badanudo, bajo y de vientre descolgado, que fue verdeado:
El sobrero de Zacarías Moreno era negro azabache, lustroso, astiverde, rabilargo, con poco cuello, patitas blandas y feo:
Otro simulacro en varas. La brega de Chacón fue lo único bueno de toda la plúmbea tarde. Viotti también la da con queso al sufrido público:
Se engañó Castella pensando que el toro era mejor de lo que era. Su colocación, censurable, como ven:
No nos gustó nada pero los televisivos estaban encantados de la vida. Fue una tabarra que no acababa nunca, culminada con un arrimón patético tirando los avíos ante el moribundo animal. Sablazo infamante por caído y en el espinazo. Y el salto que no falte, menuda tortura 'tot plegat', oiga:
PERERA. Su primero era colorado ojo de perdiz, astracanado, bajito y bien encornado:
A Rivas seguimos sin perdonarle su masacre al novillo de Mayalde. Aquí, en el primero clava trasero y caído y hace una carioca aunque sin apretar, ¡gracias, Angelito! En el segundo, hace otro agujero diferente... ¡aún más atrás!
Perera se puso científico, como para dar importancia a un torete que simplemente iba y venía con gran tontedad. Nada. Las zapatillas, apuntando a Fuenlabrada:
Toreando así tiene un puñado de puertas grandes en Las Ventas. Estocada corta y otra entera trasera, siempre a capón y tapando la cara, más tres descabellos:
El quinto salía al ruedo pasadas las dos horas de corrida. Era negro listón, con la carita torera, que dicen, y pasado de romana:
Le da con saña en el espinazo y en el segundo ¡le acierta en el mismo sitio! Luego la sangre le caía al pobre por el costillar. Nauseabundo, vean:
Torillo que pasaba por ahí, a media altura y distrayéndose. Nada. Se equivoca por dos veces entrando en la suerte contraria y se lleva este buen susto antes de cambiar a la natural para pinchazo y honda trasera más descabello. Su suegro decía que el toro no lo dejaba pasar. Toma, claro, porque te equivocas de suerte. Pocas cosas pasan...
LUQUE. Su primero era un castaño bragado, meano, lucero, listón y lavado de cara, corniapretado, que se volvió dos veces por la manga tras asomar la nariz:
Una verónica por el izquierdo fue buena, que conste porque fue lo único que nos gustó de los centenares de pases que dio Luque ayer. Mediocre pelea en varas sin que lo apretaran y a pesar de ello ya estaba frito. Hermann Melville escribió una novela con ese caballazo blanco como protagonista. Se llamaba Moby Dick:
Juan Contreras se pasó de listo y ya van varias veces en esta feria:
Torillo de vaivén, sin raza, sin rasmia, sin nada. Luque, con estos chotos sí que está a gusto pero nosotros, a disgusto. Estocada honda, cruzada, pasada y con monumental telonazo.
El último saltaba a los ciento cuarenta y cinco minutos de tostonazo. Era negro mate, aleonado, ensillado, rabilargo y acapachado, como un guardiola:
Paliza en el primero con el cachalote blanco y barrenada en el segundo.
Todas las banderillas cayeron en el lomo y Caricol nos metió este gol:
Toro noblón, con gañafón al final pero sin mala idea. Luque, en su salsa, dándole al tiovivo y picando. Nada. Entera trasera y desprendida, tapando cara y sin puntilla.
Los que desertaron del tendido ayer, entre ellos muchos de nuestros selectos lectores, acertaron de pleno. No esperen que los felicitemos por su perspicacia ya que un ciego veía que esta corrida iba a ser un plomo.
Si no han hecho caso de nuestra advertencia y han llegado en su lectura hasta aquí, les agradecemos la solidaridad. Pero reconozcan que no hay color entre los tres minutos que han perdido leyendo estas líneas y los ciento sesenta y cinco que aguantamos nosotros sin conseguir soportar lo insoportable.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.
















































