Los amigos leyentes de nuestro modesto blog van a tener un problema si comparan lo que verán en los portales comerciales con lo que leerán aquí. Les hablarán por ahí de seis orejas y un azul y pensarán que se han perdido una corrida histórica.
En cambio, leerán lo que viene a continuación y se darán cuenta de que todo fue un espejismo. La corrida la salvó el cuarto toro de Hermanas Azcona, que sacó carbón y desarboló a Javier Herrero. El resto fueron hermanitas de la caridad a las que los diestros cortaron seis orejas como podrían haber sido diez.
La corrida vino con caja pero con los pitones que van a ir viendo.
Al terminar abordamos con educación a una de las hermanas y al sobrino para decirles que pagar 30 euros y ver esos pitones no nos parecía de recibo. Lo que un profesional que estuvo sobre el ruedo nos comentó al respecto de este espinoso tema no podemos dejarlo por escrito.
Hubo casi dos tercios de entrada y el público en general salió contento con el diluvio de orejas porque a los toros hay que ir a divertirse, hombre, y no a hacerse mala sangre.
JAVIER HERRERO. Su primero era el único castaño, un toro al que habían pegado sus hermanos a base de bien en los corrales y hubo que apartarlo:
Los pitones ya los han visto en la foto que abre la crónica pero aquí los tienen de nuevo:
Estuvimos hablando con uno de los forales al respecto y nos reconoció al vuelo porque el diálogo fue el siguiente:
- Oiga, ¿se puede hacer algo contra lo que estamos viendo?
- Tú eres el de toreo en redhondo, ¿no?
- Sí y estoy viendo lo mismo que usted, ¿no?
- Ya... pero es una batalla perdida porque si lo que podamos hacer nosotros no nos lo respaldan los de arriba, no hay nada que hacer
- ¿Y si voy a comisaría a poner una denuncia?
- Bah, no se moleste porque no va a conseguir nada. Pero es que si va usted por muchas otras plazas se va a encontrar con lo mismo...
- Ya, el problema es que mal de muchos consuelo de tontos, ¿no le parece? (Se encoge de hombros)
Nada fue lo que hizo este primer toro en el caballo, como todos sus hermanos excepto el cuarto. Se cambió el tercio con cuatro banderillas porque total, si su función es alegrar al toro tras el quebranto en el caballo y no ha habido ninguno no tienen sentido. No obstante, estuvo bien Tornay con los palos:
El toro resultó ser un amiguete, que llegó a clavar los cuernos dos veces en la arena pero iba con déficit de oxígeno. Herrero pegó pases aunque siempre enseñando el muslo, eso que conste. Si lee esto verá que por lo menos nosotros nos dimos cuenta y se lo reconocemos porque no es algo habitual:
Lo mejor fue esta entera arriba mirando al morrillo tras la que el toro rodó sin puntilla en menos de tres segundos. Orejica.
Su segundo se llamaba Melonero y era un negro mate con poco cuello.
Junto a este de abajo fueron los dos animales que demostraron más sentido en el ruedo:
En el primer puyazo pegó un topetazo que casi descabalga al piquero, quien se vengó pegando una recargada como para mandarlo a Alcatraz. Ahí lo tienen. Se pensaba que iba a dejar el toro para el tinte pero sacó una casta que nadie se esperaba:
En la segunda entrada recibió un picotazo pero lo curioso es que sangró poquísimo, apenas cuatro dedos en la cruz. El veterinario Julio Fernández nos tendría que aclarar este misterio tras la vil barrenada del de la banda del castoreño. Observen la única manchita de sangre que exhibía:
En el segundo tercio se vio que empezaba a arrear. Sacó genio ante la muleta de Herrero, que no supo cómo meterle mano hasta que el toro le metió mano a él.
Le levantó los pies del suelo y no lo caló porque los pitones no estaban en condiciones de hacer carne.
Tras ser atendido y ver que no llevaba cornada volvió a la cara del toro con decisión y encima con la mano izquierda. Fue entonces, tras el susto, cuando toreó mejor, curiosamente:
No obstante acabó perdiendo claramente la partida mientras nosotros nos lamentábamos de que no hubieran salido los seis como éste.
Estocada tendida arriba que el animal no acusó:
Melonero se negó a morir, con dos desarmes de capotes en la rueda de peones, la boca cerrada, un arreón que derriba a Herrero sin consecuencias, dos desarmes de muleta en dos intentos de descabello y barbeo de tablas harto de que lo pinchasen, antes de claudicar al séptimo golpe de verduguillo. La presidenta perdonó el segundo aviso. Un toro que se hizo respetar, señores. No pedimos más, ni clase ni ritmo ni profundidad ni todas esas zarandajas de los taurinos.
ESAÚ. Su primero era un negro badanudo:
Se fue al reserva, quien le hizo tres agujeritos sin llegar a meter las cuerdas en ninguno pero el diestro pidió rápidamente el cambio cuando el toro ni sangraba.
Lógicamente también pidió el cambio con cuatro banderillas y al tercer pase se fue al suelo. El diestro nos indignó con su destoreo de pase atrás mientras el toro iba y venía y el maestro se encaraba con la banda para que empezase a tocar.
Estocada trasera y perpendicular con rueda de peones capitaneada por Pablito Simón. Dos orejas de pueblo e inconcebibles aplausos al toro en el arrastre.
Su segundo era este toro negro mate...
... con estos dos pitones. Miramos al policía foral, que bajó la cabeza en silencio:
Cuando Esaú lo dejó a tres metros del caballo gritó ¡vale! al picador antes de que clavase la puya. Cuatro banderillas de rigor y más destoreo, aunque jaleado por los muchos amigos que tiene en el Reino de Navarra:
Faena interminable que por fin terminó con un puñetazo mojándose las uñas y dejando una estocada caída más descabello, cosas ambas que no fueron óbice para cortar dos orejicas más.
La monumental sorpresa, incluso para el público más orejil, fue que la presidenta sacó al tendedor el pañuelo azul para este torillo. De vergüenza. Conste que la propia ganadera nos reconoció que el toro no merecía el azul ni de broma, cosa que la honra. Ya ven en qué lugar quedaron los turistas del palco tafallés.
RAÚL RIVERA. Su primero era este negro mate, enmorrillado y con culata:
Salió el caballo para hacer el paripé porque este toro, como los otros hermanos excepto el cuarto, podría haberse lidiado sin picar.
Puso banderillas el maestro bastante aseado. Luego se encontró con un toro que era noble pero de viaje cortito por falta de fuelle y además se fue rajando rápidamente.
La casquería hoy estaba muy barata en Tafalla pero no pudo llevarse su cuarto y mitad tras pegar este mandoble bajo casi en el lomo:
El sexto era este negro listón, acarnerado:
Lo picó Majada, que levantó el palo porque le gritaban que parase pero no pudo evitar darle al túrmix bien a gusto.
Volvió a parear el maestro donde lo mejor fue el tercero y no el de nuestra foto:
El torete era un bombón almendrado con azúcar glasé:
Como se aprecia, fue el más humillador del encierro pero se desfondó enseguida:
Estocada honda, tendida, caída y atravesada pero bien ejecutada, con orejica al canto, faltaría más:
Insistimos en lo dicho al principio respecto a que comparen la reseña que leerán en los portales comerciales con lo que aquí les hemos contado. Luego pueden creer a quien consideren oportuno pero lo que vimos nosotros ha quedado claramente explicado dentro de los límites que nos impone la prudencia.
Sabemos que en Hermanas Azcona buscan la bondad y la amistad entre toro y torero pero nos llevamos una pequeña una alegría al ver que no lo tienen del todo controlado a pesar de los esfuerzos de Esaú en los tentaderos.
La prueba fue ese cuarto toro de nombre Melonero que sacó ese fondo de casta y mal genio que nos hizo salir de la plaza pensando que no habíamos perdido la tarde del todo... a pesar de todo.
Saludos cordiales desde Tafalla. Rafa.

