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sábado, 3 de mayo de 2025

UNA OREJA PUEBLERINA

En la del dos de mayo asistimos a un aperitivo de lo que nos espera en San Isidro: público festivo que consiguió arrancar una oreja de pueblo, toros que merecieron ser lucidos en el primer tercio y que después fueron desaprovechados en el último, catafractos exasperantes, pares a toro pasado muy aplaudidos, protestas justificadas (a la oreja de Lorenzo) pero también peregrinas (a Espada cuando pinchaba), diestros que se ponen pesadísimos pegando pases como si esto fuera la Chenel y, por último, retransmisión patética de Telemadrid. ¿Quién da más?



Se lidiaron tres de Ibán y tres de Algarra, muy bien presentados todos en nuestra opinión a través de la televisión. Los de Ibán: primero con poca raza, segundo con genio y quinto encastado. Los de Algarra: tercero de oreja, lamentablemente desaprovechado, cuarto lo mismo siendo más vulgar y sexto blandito y muy toreable.




ESPADA. Su primero era de Ibán, un Bastonito, negro zaíno, degollado y ofensivo. Las fotos de los toros son del maestro Moore:



Se deja carioquear trasero con la cara alta y en el segundo también da la impresión de querer quitarse el palo (¿estaría tentado?):



El toro tenía su genio y no había que consentirlo. Espada se la dejó puesta e intentó llevarlo con firmeza. No se le subió a las barbas porque perdió fuelle. Lo dejaremos en tablas pero quede claro que el toro no hizo honor a su nombre.



Se equivoca entrando en la contraria y pincha porque el toro se va a por él. El problema fue que cuando cambió a la natural el toro volvió a cortarlo por dos veces. La primera de ellas lo golpeó en la cara como ven abajo. Después se puso realmente imposible: tres pinchazos siempre con el de Ibán yendo al bulto más descabello. Escuchaba pitos despiadados e inmerecidos. ¿Qué querían esos protestantes? No lo podemos entender porque ni Mazzantini hubiera podido meter la mano ahí. 



Su segundo era de Algarra, no sardo como dijeron en televisión sino castaño salpicado, listón y ojinegro, con dos puñales. Le pegó Espada tres largas de rodillas:



                       


Nada en varas, con voltereta torciéndose la columna en la caída. Alivio claro de García, observen. Pero es uno que goza de bula en todas las plazas:



En la muleta tenía una embestida desordenada y exigía una mano más dura que la que exhibió Espada.



Fue siempre a su aire y el diestro se puso muy pesado. Se perfila fuera como ven y deja una media arriba más tres descabellos.




LORENZO. Su primero era de Algarra, un colorado intenso, ojo de perdiz, rabicorto y listón, corniapretado pero con seriedad:



En el caballo quiere pero no puede y la buena noticia es que el picador mantiene el brazo quieto sin barrenar. Dos volteretas se pegó acto seguido al clavar los pitones:




Muy mal Revuelta, con miedo y a toro pasadísimo pero lo aplaudieron por esto. En la primera plaza del mundo, qué risa:



El toro se venía pronto y al galope y cuando llegaba a jurisdicción casi estamos por decir que se toreaba solo. Lorenzo le dio distancia consciente de que podía quedar por debajo de él, como así ocurrió ya que desaprovechó las cuatro tandas muy buenas que tenía. Una pena y encima poniéndose muy pesadito.



Rinconera o algo peor, alargando el brazo y con telonazo, que le valió una oreja totalmente pueblerina.



El quinto era de Ibán, negro zaíno, cornialto y culipollo, como los buenos de esta vacada o, al menos, los que están más en el tipo de este encaste:



Galopó al caballo con fe pero se afligió pronto con la zurra que recibió, ordenada por Lorenzo. Luego empezó embistiendo fiero pero obedeciendo la tela. El diestro no acabó de encauzar esa embestida y el toro se aburrió, casi tanto como nosotros, aunque muchos aplaudían y los televisivos la gozaban:



Estocada traserísima, caída y atravesada. Nos temíamos otra oreja pero afortunadamente para el maltrecho prestigio de esta plaza, Oliver no la concedió a pesar de que quizá vulneró el reglamento:




DIEGO GARCÍA. El de la confirmación era de Ibán, negro zaíno, astiblanco y cornilevantado:



Empuja y cobra trasero pero al menos el piquero no recarga. En la segunda se deja pegar una carioca sin apretar y se encela pero sin el palo.



Luego estuvo trotón y doliéndose de los palos. Punteaba la muleta, venía rebrincado y estaba loco por rajarse. Era para castigarlo por abajo y García quiso tratarlo como si fuera bueno. Sin éxito, claro. Estocada fulminante pero baja.

El sexto era de Algarra, castaño bragado, listón, ojinegro y astifino, el de mas trapío:



En el primero quiere embestir de bravo pero el monstruo equigárcico se le acuesta encima y no hay tu tía. En el segundo se suelta al instante porque total, para qué pelear.



Buen segundo par de Rey, no como en 3Puyazos. Otro toro que se enroscaba solo aunque blandeando de manos (se iba al suelo por el celo que ponía, según Arnás). García pegó pases. Pincha mal tres veces, sin cruzar y desganado, y por fin deja una entera pasada que basta.




Nefasta retransmisión de Telemadrid. En el quinto veíamos anuncios ¡cuando ya estaban colocando el toro al caballo! Los micrófonos fallaban, enfocaban la cara del picador cuando el toro se había arrancado, un despropósito total. Ah, y los comentarios de Javier Vázquez no aportaron absolutamente nada y encima no callaba ni debajo del agua, qué tío. Dijo que las bernadinas eran bernardinas porque las inventó Bernardó (sic los dos errores). 

La que nos espera...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 

jueves, 25 de mayo de 2023

FERIA DE SAN ISIDRO, 2023 (12). LUIS ALGARRA: ROMÁN VUELVE A MIRAR AL MORRILLO

La corrida fue remendada con dos de Montalvo por los líos de El Batán. Los de Algarra fueron todos bondadosos, estuvieron muy correctamente presentados y fueron dos de triunfo para el torero y otros dos, ni carne ni pescado.

Los de Montalvo fueron el primero un muerto viviente y el segundo un profesional del calamocheo que propició el éxito de Román.




EL PAYO. Su primero era un toro negro mate, bragado, astiblanco, rabilargo y ligeramente astracanado:



El toro fue al caballo al paso pero luego metió el riñón, encelado mientras el picador clavaba contrario y trasero pero obedeciendo el ¡dale, dale! que se oía de fondo. En el segundo le hace otro agujero aún más atrás y recargando con saña.

Dio gusto ver que Alcántar en la brega llevaba un capote nada almidonado, como el de Frascuelo. Ya nadie los usa, todos los llevan  acartonados.

Aunque el toro era desaborío el Payo quiso torearlo bien. Le gritaban ¡déjala! y ¡no pares!, que eran las instrucciones adecuadas pero el de Algarra deslucía el conjunto. El destoreo habitual de retroceder escondiendo la pierna brilló por su ausencia, cosa que es de agradecer en el mexicano. En el debe, que con la izquierda no se aclaró y que se alargó demasiado. 



Entera trasera y desprendida saliéndose descaradamente de la suerte:



Su segundo era un toro negro zaíno de Montalvo, cornilevantado y enmorrillado:



Se deja pegar una recargada trasera de la que se suelta al poco. Nada en el segundo, con blandura de remos protestada.

El toro estaba muerto en vida y no hubo nada que hacer. Bueno, sí, El Payo hizo una cosa: ponerse muy latoso. Pinchazo y honda perpendicular con el brazo elástico y huyendo del toro más descabello.




ROMÁN. Su primero era un castaño salpicado, listón, albardado, lavado de cara y veleto:



Muy mal dejando el toro al relance y posterior simulacro con la vara levantada. En el segundo va por su cuenta y Chocolate le hace cuatro agujeros diferentes como si estuviese pinchando aceitunas. Impresentable.

Pablito Simón no clavó a toro pasado sino pasadísimo. Román se puso a citarlo a veinticinco metros, porque el torito se venía, pero cuando llegaba se limitaba a aprovechar su viaje abriéndole la puerta al final.



Si enseñó su maltrecho muslo fue por equivocación. No nos gustó ni un pelo pero no percibimos ni una protesta por esa colocación que a otros se les censura desde el principio.

Acierta en la suerte natural y entierra la espada hasta los gavilanes, arriba y un poco contraria. No hay ninguna queja porque lo vimos entrar con fe. La segunda mejor estocada hasta ahora después de la de Adrián De Torres, a la cual damos primacía porque entró con más lentitud:



Su segundo fue de Montalvo, un toraco negro chorreado en morcillo, listón, acochinado, cornigacho, abierto y cornilevantado:



Bravuconeó en el primero mientras el otro Chocolate se defendía siguiendo las órdenes del diestro de no pegarle demasiado. Nada en el segundo tras darse una voltereta.

El tal Monaguillo embestía con un calamocheo desordenado y a punto estuvo de levantar los pies del suelo a Román cuando le dio distancia. El maestro fue consciente de que estaba en Madrid y decidió tragar con el viaje caótico del toro.



No tenemos nada que objetar a la pelea que planteó el diestro, quien tuvo un percance al final en la enésima tarascada del de Montalvo. Le pinchó en el muslo izquierdo pero la taleguilla recauchutada evitó que hiciese carne. ¿Qué diría Lagartijo si viese esas protecciones internas en las piernas? A nosotros ya nos está pareciendo bastante escandaloso. La foto que ven es posterior pero en televisión se apreció un primer plano donde el pitón presionaba la taleguilla pero no penetraba:



Nueva estocada entrando con toda la fe del mundo aunque con excesiva rapidez. Fue entera sin puntilla mirando el morrillo, no como otros, y cortó una oreja que no discutimos.




ESPADA. Su primero era un toro cornalón, astifino, negro azabache, badanudo, muy lustroso, serio con sus 528 kilos:



Mal Espada permitiendo el relance y mal su piquero tapando la salida y barrenando. En el segundo no lo apretó porque no peleó. 

Penoso el realizador Santamaría enseñándonos las patas del toro en el primer puyazo y sin mostrar cómo se arrancaba en el segundo ya que estaba con un primer plano de su cara que no venía a cuento. Demuestra cada tarde que no tiene ni idea de toros. 

Candelas impartió una lección en la brega.

El de Algarra era bondadoso a más no poder y quería coger la tela, o sea, que ofrecía la oreja en bandeja. El diestro se lo pasó de aquí para allá, gustándose mucho él y menos a nosotros. Se le fue un buen torito mientras emulaba a Roca.



Pierde la muleta al echarse encima del toro sin intención de cruzar pero no tapa la cara como ven y entierra el estoque hasta el arriaz, con muerte en las rayas. Bien el presidente aguantando sin dar la oreja pero esta dureza la querríamos también con nuestras queridas figuras.



El sexto era un negro listón, salpicado por la nalga, cornilevantado y un poco gargantillo y rabicano:



Monumental topetazo del toro mientras Prados le clava en la penca del rabo y recibe su merecido con un batacazo donde el estribo lo salvó de una posible lesión en la pierna derecha. Lo lógico en el segundo encuentro era que el picador lo masacrase en venganza y así fue, clavando en el lomo. En el tercero le señala mal. Nos pareció oír unos aplausos inconcebibles ¿para él?

Se postró de hinojos y la verdad es que pegó dos derechazos templadísimos.



Aparte del valor que tuvieron demostraron que el toro era un amigo. Si meneaba la cabeza más de la cuenta era por su poquita fuerza y no por su inexistente maldad.

Después vimos a Espada ubicado demasiado en la pala del pitón. En televisión alababan sus pases de pecho que a nosotros no nos dijeron gran cosa. Derivó hacia el efectismo y al confiarse, el toro lo paseo por la atmósfera con una fea caída. Observen que le introdujo el pitón por la parte superior del muslo y se llevó una cornada que le afectaba el pubis y casi el recto:


FOTO: Mundotoro

Pinchazo que el toro escupe con violencia, posterior sablazo horripilante que Triviño extrae con tanta rapidez como habilidad y entera tendida y pasada.


De toda la corrida sólo recordaremos la batalla que dio Román al segundo de Montalvo. Nos llevamos la alegría del titular: el diestro vuelve a mirar el morrillo y no se sale de la suerte al matar. Parece haber desaparecido la alargada sombra de Santanero II (recuerden aquí nuestro homenaje). Estos son los toros que le van y no la ternerica ante la cual es un torero que no nos interesa.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




domingo, 29 de mayo de 2022

FERIA DE SAN ISIDRO, 2022 (18). ALGARRA: NO SE ACLARAN AL ENTRAR A MATAR

Se anunciaban tres toreros a los cuales los toros han hecho mucho daño. Recordemos la grave lesión cervical del onubense, la terrorífica cornada de Santanero I al valenciano y las dos en el muslo del madrileño.



La corrida de Algarra estuvo bien presentada. Vimos un toro empujando en el caballo con ganas, otro bravucón y con temperamento en la muleta, uno desorejable y tres claramente deslucidos. En general, tuvo cierto interés para lo que estamos acostumbrados en esta interminable isidrada.




ROMÁN. Su primero era un toro negro mate con la encornadura modélica de lo que se busca hoy en día, o sea, con perfil, ofensivo, con las puntas hacia arriba pero con la condición de que nunca abran demasiado. El maestro Moore adivinó desde su localidad que íbamos a comentar eso o simplemente pensó lo mismo que nosotros sobre esos pitones de diseño, observen su instantánea:



El toro venía bien picadito del campo. Derribó espectacularmente en el primero y se enceló en el caballo pero no por su mucha fuerza sino porque lo cogió del pecho. La prueba es que Román había visto que el toro iba justito y en el segundo no permitió que el picador apretase nada.



Brindó recordando la cornada del toro de Baltasar Ibán que provocó nuestro homenaje al maestro en esta entrada.

Tuvo mérito que se pusiera a torear al natural de inicio dando distancia al toro. Eso es todo lo contrario a la faena hotelera. Con la derecha no dejó que el toro le tocase la tela pero encorvó demasiado la figura.



El toro no se le paró porque apenas había recibido castigo y eso es mérito del maestro ya que hemos visto a otros colegas de postín que han machacado los toros en el peto y luego a quejarse de que no bufan:



Final con bernadinas antes de esta entera trasera perdiendo la muleta por no liarla bien y entrando a la velocidad de una centella. Esa velocidad tiene que corregirla con urgencia. Observen que no es de los que pega el telonazo:



Tras un descabello no hay queja por nuestra parte de lo realizado por el maestro en este primer toro como no sean los defectos apuntados en la estocada. De eso a pedir la oreja media un abismo. Pero, ¡ay!, estamos en el pueblo de Madrid y la oreja cayó. El clima festivo siguió con una ovación exagerada al toro en el arrastre.

Su segundo era un castaño lavado de cara, bocidorado, de mazorca gruesa:



Tuvo un susto cuando rodilla en tierra el toro le arrancó el capote:



Mal el diestro sin saber poner el toro bien en suerte para pedir rápidamente a Espartaco que levantase el palo. Bien Chacón con los palos aunque no pudo salir andando como quisiera en su pique con Sánchez porque el castaño hizo hilo.

El toro se empleaba con violencia pegando tarascadas. No se acobardó el diestro porque no ha nacido el toro que lo amilane pero faltó mando en su muñeca. Se vio en que el de Algarra fue a su aire desde el principio.

El toro terminó desarmándolo e hiriéndolo en el gemelo para demostrarle que como máximo pidiese tablas pero que ni de broma le había ganado la batalla:



Comparen la imagen anterior con la cornada que le pegó el de Ibán en la foto del amigo escocés Sean Boyle. Es la misma pierna y ambos toros con la lengua afuera, como burlándose:



Se equivoca en la suerte contraria pero consigue evitar el hachazo dando un pequeño salto al cruzar. Observen que el toro pego el cabezazo hacia su terreno natural. Estaba paralelo a la raya y se giró de esa manera:



A punto estuvo de sufrir un percance gordo pero el tal Peletero tuvo que tragarse la casi entera arriba que lo mando al otro barrio:



De nuevo hubo petición y el presidente Sanjuán aguantó el chaparrón para no tener que abrir la puerta grande. Román dio la vuelta al ruedo cojeando y pasó a la enfermería. Tenía una cornada de 15 centímetros.


CABALLERO. Su primero era un toro serio y hondo sin llevar excesiva leña ni falta que hace. Quizá por ello se oyeron unas protestas. No era facado sino que es una mancha parece que de cal o de pintura:



Cogió a Caballero en el tercer lance cuando alargó demasiado el capote y el toro lo vio:



No lo caló pero le pegó una paliza en la barrera:



Empuja de bravo en el primero y se queda encelado en el peto. En el segundo ya se afligió pero seguro que en un tercero para señalar se hubiera vuelto a arrancar de largo. Es una vergüenza que en la que dicen es la primera plaza del mundo, el tercer puyazo sea una auténtica quimera:



Quite del onubense, que es muy bueno a la verónica pero no hay forma de que dé una. Prefiere las chicuelinas y los delantales, lo cual es una pena. Excelente par de Fernando Sánchez, cada día con más chulería y siempre sin saltar, ¡como debe ser!



El toro llevaba ya un buen tute y era de tres tandas buenas y una estocada bien ejecutada. Eso hubiera valido una oreja de ley. Pero Caballero sacó la faena del hotel, empezó a pegar pases y aburrió al toro casi tanto como a nosotros:



Acierta al insistir en armarse en la suerte natural pero como el toro se descuadraba, cambia erróneamente a la contraria y las ganas que tenía de salirse de la suerte al saber que se estaba equivocando hicieron que dejase la espada enhebrada.

Volvió a entrar en la natural y aquí el toro sí lo ayudó y se quedó con esta entera arriba más descabello:



El quinto era un toro negro, bajo y bien encornado, que apareció en el ruedo papando moscas:



El pobre animal recibió dos varas asesinas en el lomo. Quizá su acceso sigiloso al recinto era porque se veía venir esta carnicería. A veces pensamos que demasiado aguantan hoy los toros con estas lanzadas tan criminales:



Esta vez Sánchez se alivió un poco y perdió la partida con Ruiz. Ahí los tienen por ese orden:




El toro era un poco reservón y tenía cierto geniecillo, o sea, el tipo de animal que le va a Caballero. Pero lo vimos ubicándose en la pala sin decidirse a dar el paso adelante. Al natural buscó cruzarse pero luego citaba con la muleta retrasada y picando, pasándose el toro bastante lejos. Ya ven que no todo es cruzarse:



Acierta en la suerte natural, que como su nombre indica es la natural para la mayoría de toros, y pincha por entrar sin fe. Cambia a la suerte contraria y vuelve a pinchar perdiendo la muleta. En la contraria de nuevo, el toro no le deja pasar porque se le abre hacia su querencia natural  y cae otro pinchazo que escupe, con aviso. Descabello y la confirmación de que Caballero sigue sin aclararse en la suerte suprema.



DE MIRANDA. Su primero era un castaño carinegro y bocidorado sólo por abajo, además de listón, bragado, meano y axiblanco:



Por fin vimos a De Miranda estirarse a la verónica como sabe:



No pelea en varas levantando la cabeza para quitarse el palo y saliendo de naja. Román hizo un quite de frente por detrás mucho más templado, y además toreando, que el de Téllez el día anterior pero éste fue recibido con cuatro palmitas. Hoy no estaban ni Urdiales ni Talavante para fastidiarlos.

Celeste imperio donde el toro se le vino pero en cuanto lo obligó por abajo besó la arena. De Miranda corrió la mano con gusto pero su enemigo no tenía categoría. 



Llegó a hacer una arrucina en la que el toro se le quedó ahí debajo y no hizo por él al estar ya completamente ahogado. Se puso un poco pesado antes de un pinchazo y esta media lagartijera, siempre pegando el telonazo:



El último era un negro listón, bragado, meano y axiblanco, musculoso y muy correcto de trapío en nuestra opinión:



Verónicas esta vez de trámite y en el caballo, un nuevo desastre: primero un puyazo caído y luego otro contrario.

Por lesión de su compañero, Fernando Sánchez puso un par con el que se quitó la espina del anterior:



El toro mansurroneaba y se defendía pero si se lo llevaba con una mezcla de suavidad y firmeza, tragaba sin protestar. El problema era su poco fuelle, con lo cual la faena se diluyó como un azucarillo mientras De Miranda lamentaba su mala suerte en el sorteo.



Nos castigó volviendo a alargar una faena que ya no había por dónde cogerla. Pinchazo y rinconera estirando el brazo y tapando la cara. Saltó la sorpresa cuando Fernando Sánchez atronó al toro al tercer intento y no a la primera como es habitual en él:



Ya ven que la corrida no fue como para tirar cohetes pero hubo dos cogidas, un toro en la muleta que quizá ha sido el más encastado de la feria hasta ahora y otro más interesante en el caballo, que seguro que hubiera lucido en una tercera entrada.

Ah, y el festejo fue la enésima confirmación de que los maestros no se aclaran entre la suerte natural y la contraria. Ni éstos de hoy ni casi ninguno. Sólo miran la ridiculez de las patas cuadradas cuando lo otro es muchísimo más importante. Recuerden lo que explicábamos aquí. 

Si hay algún selecto lector que sea amigo de alguno de los tres matadores de esta corrida, les envía esa entrada. 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.