PILAR ENVIÓ UN BUEN TORO
No se equivoquen de corrida. Nos referimos a Pilar, la hija de José Manuel Sánchez, no a Pilar, la hija de Victorino Martín. Es que acabamos de leer por encima que a un tal Patatero lo azulearon en Sevilla. Se escribe literalmente por ahí que se trató de 'un superclase que embistió al ralentí', que fue 'muy mexicano' y que caminaba 'a paso de caracol'. Vemos las imágenes y se nos antoja uno de esos toros que Pereira Palha calificaba como 'tontorrones' (y los pases de Escribano son de una vulgaridad alarmante dada la pastueña bondad de su amigo, que no enemigo). Todo lo contrario que la embestida de este Labrador de Castillejo de Huebra como verán más abajo.
Conocemos algún selecto lector de nuestro modesto blog que cuando coinciden dos corridas las ve a la vez en sendos dispositivos. Eso nos parece una auténtica heroicidad tanto visual como moral porque moral, hay que tener mucha para tragarse dos corridas a la vez.
Independientemente del pago y suponiendo que ustedes tuviesen que elegir una entre los victorinos sevillanos o ésta de la Copa Chenel, ¿cuál escogerían? Nosotros, ya lo ven. Las cursilería acerca de los descendientes del tal Cobradiezmos nos resultan estomagantes. Ese Patatero parece que hizo honor al padre, del cual pueden recordar aquí cuando nos quedamos prácticamente solos criticando amargamente aquel indulto.
El ganado que vimos en San Martín de Valdeiglesias estuvo muy bien presentado y totalmente en puntas. Insistimos porque eso es noticia aunque no debiera serlo. La bolita no apareció.
Los de Gavira pertenecían al ganadero poeta, que podría conformar una tríada lírica junto a Rafael Peralta y Pepe Luis Vargas, por buscar uno en cada ramo del toreo. Aficionados poetas los ha habido a puñados y están en la mente de todos. Los tres tenían agujas por pitones, con trapío y con uno, el que hizo quinto, que se subió a las barbas de Palacios. Su embestida, sin ser nada del otro mundo, se nos antoja muchísimo más interesante que la del Patatero sevillano. Éste de Gavira se llamó Tomatero, o sea que andamos entre hortalizas.
Lo de Castillejo de Huebra vino remendado con uno de José Manuel Sánchez pero todo quedó en casa. Pasamos un buen rato con el llamado Labrador, procedente del primer hierro. Era un negro lombardo, el único que acudió dos veces al caballo y que en la muleta se vino arriba de manera tan inesperada como espectacular. Si llega a pertenecer a alguna de las ganaderías idolatradas por los toristas, hoy habría vídeos suyos hasta en la sopa.
Nos volvieron a llamar la atención esos misteriosos pliegues de las taleguillas que parecen esconder algo debajo de ellas en contacto directo con la piel. ¿Tanto frío hace como para llevar ropa interior?Tenemos la mosca tras la oreja y nos estamos fijando de forma casi enfermiza en cada festejo. Lo notamos en los tres toreros pero especialmente en Calerito.
JUAN DEL ÁLAMO. Su primero era de Gavira y venía indicado como colorado aunque para nosotros era un castaño claro, ojinegro, bociblanco y listón, perfectamente encornado y con trapío:
Tras unas verónicas de clamoroso paso atrás, el animal empujó con cierta fe mientras el Sandoval pequeño le clavaba atrás y le tapaba alevosamente la salida recargando a lo bestia, como es su costumbre.
El toro recortó en el segundo tercio pero saltaba a la vista que su maldad era tan poca como su fuerza. A Del Álamo lo vimos corriendo la mano con cierta violencia mientras el toro se iba diluyendo aunque siempre con nobleza:
Primero se equivoca armándose en la suerte contraria y, cuando el toro se descuadra, cambia a la natural. Acertó de milagro porque estaba claro que le daba igual una que otra. Así dejó una media en las agujas que bastó. Oreja rural:
Su segundo era de Castillejo, ese Labrador del que hablábamos, negro lombardo, listón, ligeramente zarco y serio aunque blandeó un poco de salida:
Desastre en el primer tercio con el toro yendo al peto al relance por la negligencia y el poco oficio del diestro. Manuel Bernal carioqueó con desvergüenza como se ve. Sorprendentemente el diestro puso al toro una segunda vez y después dijo que se equivocó sin la tercera:
Ese toro, bien lucido y dosificando el castigo hubiera dado un buen espectáculo en el primer tercio. Pero es que luego se vino arriba de forma espléndida (pulsen aquí y vayan directamente a 1:21'21"). Tenía gasolina sumada a una cierta codicia lo cual nos despertó del sopor mientras los televisivos se lamentaban de su falta de clase y de entrega, señal de que era un animal con mucho interés. La impresión que nos dio Del Álamo fue la de ir un poco acelerado pegando pases pero es que la embestida de ese toro quizá era la mejor que hemos visto en esta Copa:
Con la izquierda lo poco que hubo fueron mantazos. En nuestra opinión, victoria clara del de Castillejo, cosa que no reconocerá jamás en público la ganadera ni por supuesto los televisivos. No obstante, Encabo dejó caer que 'cuando hay emoción, no hace falta que los pases sean buenos'. Teniendo en cuenta su habitual diplomacia tan taurina, no hay más preguntas. Entera tendida y trasera tapando la cara.
Dos orejas exageradas y azul para el toro, que enseñó Costales y con el cual estamos de acuerdo por una vez y sin que sirva de precedente. En conjunto, el mejor toro que hemos visto en la Chenel.
MARIO PALACIOS. Su primero era de Castillejo, un toro negro, corniapretado, que saludó a porta gayola. Tuvo que tragar saliva porque el toro lo despreció:
Empujó bien pero con un solo pitón mientras cobraba a duro por peseta, con Juanpa zurrando sin piedad y Palacios haciendo el autista. Inició la faena cambiando en el platillo y en tres pases se vio que el toro tenía buena condición pero debilidad de remos. Era de quince naturales bien dados y estocada pero el diestro sacó la inevitable faena hotelera ya que es de los que milita en la ultraderecha. Una pesadez y encima descalzo.
Se equivoca entrando en la suerte contraria, con la mano por la andanada, pegando el telonazo y perdiendo la muleta pero deja una media tendida. Orejica.
Nueva porta gayola ante su segundo, de Gavira. Fíjense en que no es colorado como dijeron en televisión sino castaño claro y además listón, un poco meleno y con dos puñales:
Lanzada trasera con una barrenada de cárcel. El inicio de faena con el celeste imperio lo deslució el toro porque no era tonto. Después se vio que el tal Tomatero humillaba y quería coger la tela pero Palacios se puso en plan pegapasista. Consiguió enfadar al toro e indignarnos a nosotros. Victoria clara para el de Gavira.
Observen que al final el toro llevaba la cabeza por las nubes, echando en cara al diestro que se disponía a matarlo sin haberlo toreado. Pinchazo malo y estocada horrorosa en el lomo:
CALERITO. Su primero llevaba el otro hierro de la familia Majeroni, el del padre José Manuel Sánchez. Era negro, badanudo y un poco descolgado de vientre:
Este diestro es santo de la total devoción del trío televisivo porque las alabanzas no cesaron durante su actuación. En boca de Encabo comenzaron en el segundo lance y no pararon hasta la muerte del sexto toro.
Terrible noticia fue la presencia a caballo de Carioca, uno de los capitanes de la banda del castoreño. Volvió a hacer honor a su nombre y encima clavando trasero y barrenando. Fue un ejemplo del típico monopuyazo español:
Inicio de rodillas en el platillo que no calentó demasiado el ánimo mientras seguían menudeando las loas al diestro en televisión. El torero vio que el tal Fisgón tenía una embestida un poco sucia y eso no va con su pretendido concepto artístico. Se colocó al hilo e hizo el arco con la muleta, con el animal cada vez más distraído:
Monumental telonazo para dejar una media muy defectuosa por caída, atravesada y tendida, con bella muerte del toro. La captura de la imagen nos ha quedado movida pero queda claro lo que es entrar sin ningún interés por descubrir la muerte al toro, con la mano izquierda de adorno y llevando la muleta como si fuese un simple mandil:
El sexto fue de Gavira, negro, astifino, astiblanco, cornigacho, cornilevantado y un poco apretado. O sea, lo que su criador califica como tocaíto arriba:
En las verónicas llevó al toro en la punta y no en la panza aunque lo jalearon igualmente en televisión. Como el picador estuvo muy torpe y no consiguió clavar a pesar de sus tres rectificaciones el toro se vino arriba y lo derribó:
Más de siete minutos estuvieron los monosabios para levantar al caballo. Observen los tres agujeros que le hizo sin meter nunca las cuerdas, como un auténtico pinchaúvas. El toro prácticamente pasó sin picar pero como tenía las patas de alabastro, vaya una cosa por la otra:
Faena de sanatorio con la mano a media altura. Curro Romero igual hubiera montado un lío con ese material pero Calerito nos aburrió soberanamente. Los televisivos se deshacían de gusto como pueden suponer dada la predilección que no disimulan por este maestro:
Pinchazo horrible de saltimbanqui y esta entera desprendida con telonazo. Oreja tan demencial como pueblerina:
Terminó el festejo con el buen sabor de boca que nos dejó ese Labrador de Castillejo de Huebra. La ganadera se quejaba del monopuyazo habitual y agradecía que por lo menos al azuleado lo hubieran puesto dos veces al caballo. Eso es lo que tendrían que decir los comentaristas pero antes sudará el hielo.
Las cinco orejas pertenecen al inframundo de la casquería y no tuvieron ningún valor según nuestro maniático gusto. Los que optaron por la Maestranza vayan al vídeo que colgará Telemadrid y comparen la embestida de Labrador con la de Patatero. Nos extrañará mucho que no estén de acuerdo con lo que hemos dicho en esta crónica.
Pilar, la hija de Victorino, dice que a ella le gusta que sus toros tengan más picante que lo que quiere su padre. Ese Patatero habrá dejado encantado al progenitor pero con la boca empalagosa a su hija.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


























































