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jueves, 12 de diciembre de 2024

MAZZANTINI SALIÓ A BOTELLAZOS DE TARRAGONA

¡Y al sexto toro lo mataron los espectadores tras invadir el ruedo! Nuestros paisanos tarraconenses suelen ser personas pacíficas pero cuando se enfadan, que es pocas veces, quemarían a su padre. Eso sucedió con don Luis en la plaza situada a veinte metros de donde escribimos estas líneas. Se le quitaron las ganas de volver a torear aquí porque le llovieron botellas, pedruscos de buen tamaño y hasta un guardia, que dio con sus huesos en el redondel arrojado por la turba enfurecida.



Este fue el lugar de autos. La foto es del siglo XIX, con la plaza recién construida en una zona entonces deshabitada. Nuestra casa está hoy a la derecha de la imagen, donde la primera chimenea. La playa del fondo es la de La Pineda y al otro lado de la primera colina está Salou:



Son muchos los toreros que han salido escaldados en tardes aciagas y que después han jurado no volver a la plaza donde se les maltrató. Recordemos algunos, así, a vuelapluma. Sucedió con Paquiro en Málaga, donde juró que no torearía más tras la monumental bronca que recibió con el toro Gavilán, del Barbero de Utrera. 

Gallito lo pasó fatal en Salamanca, donde se rieron de él cuando toreó unos conejos de Saltillo que le amargaron la vida. Lo contábamos aquí pero Maravilla sí volvió a la capital helmántica. Donde tenía pensado no volver durante un tiempo era a Madrid. Lo habían hablado con Belmonte en el patio de cuadrillas en su última aparición antes de morir. También lo contábamos aquí, donde nos hacíamos eco de la almohadilla que le alcanzó en la cara.

Belmontito, o sea, Belmonte Campoy, el hijo de Terremoto, no quiso volver nunca a Zaragoza. En una corrida de Domingo de Resurrección un toro se le puso tonto: 'lo maté de un sablazo en la barriga... la gente en lugar de enseñar pañuelos empezó a enseñar garrotes y lo pasé muy mal...' 



A Zaragoza tampoco quiso volver Vicente Pastor: 'nunca se me olvida que le dieron una ovación a un toro que me echó mano pero cuando vieron que no me había calado me armaron la bronca padre...'

Otro que cumplió su juramento de no volver a torear en Madrid fue el indio bravo, Rodolfo Gaona. Pasó un quinario con Barrenero, del Marqués de Albaserrada. Aquel día también llovieron botellas, por eso el diestro se colocó en el platillo dado que tenía miedo de que lo descalabrasen (lo contábamos aquí). Salió protegido por los sables de los guardias, ya que si no es así, no sale.

También El Gordito juró no volver nunca más a Madrid después de que le enseñaran la media luna y, tras hacer un gesto desafiante al público, le cayese una bronca descomunal. Fue el doce de julio de 1868.

El Gallo no volvió nunca a Vitoria después de la peor bronca de su vida torera. Alguna de las piedras que le arrojaron le golpearon en la cabeza: 'lo que hicieron conmigo allí no se hace ni con un perro rabioso'. De Vitoria también salió Lalanda una vez escoltado a medias entre la Guardia Civil y sus picadores. 



El Papa Negro salió por pies de Valdepeñas. Para evitar el tercer aviso con un toro de Félix López, 'al revuelo de un capote y con la cara del toro tapada le metí la espada por un codillo... a la salida, las piedras rebotaban en el coche como si fuera granizo pero es que me siguieron hasta el hotel donde me hospedaba y lo dejaron sin cristales a pedradas...'

Manolete sufrió su peor tarde en Soria, con patasblancas de Sánchez Cobaleda. Lo tuvo que sacar de allí la Guardia Civil porque querían correrlo a palos, en frase literal de uno de los iracundos aficionados. Salvo error, nunca volvió. Lo contábamos en esta entrada, donde podrán deleitarse con una sobresaliente estocada del maestro.

A Rafael II en Madrid no le cayeron botellas sino naranjas. Una se la lanzaron con muy mala idea y lo golpeó desde bastante cerca, de manera que Guerrita salió aquel día diciendo lo de 'aquí, que toree San Isidro...' Le cedemos la palabra:

'Eran toros de Cámara y salieron todos muy mansos, la corrida era un continuo escándalo. El quinto era un marrajo asesino, que se defendía y buscaba el bulto. Con aquel buey era imposible dar pases de lucimiento o de adorno pero el público empezó a tirar naranjas y almohadillas en medio de una bronca infernal. Me pegaron un tremendo naranjazo en la espalda y lo injusto de la agresión me descompuso. Tardé en matar y me dieron un aviso. Aquel día tomé la decisión de no torear más en la Corte'



Precisamente Guerrita compartía cartel en Tarragona con Mazzantini el día que nos ocupa. Recuerden que fue don Luis quien impuso el sorteo fastidiando al califa. Aunque en justicia debemos recordar aquella célebre anécdota anterior al sorteo: había una corrida apartada en Madrid con un torazo que era casi el doble de los demás. El Guerra estaba mirando y el mayoral le dijo 'tranquilo, que ése no viene para usted'. Se picó el maestro y exigió matarlo él, cosa que hizo y que lo honra.

El cartel en nuestra plaza aquel 12 de mayo de 1889 fue un mano a mano entre Guerrita y Mazzantini frente a toros de Gómez, de Tortosa, la ciudad donde había nacido treinta años antes el gran Badila. Las reses salieron malas y el enfado estalló en el cuarto. El animal no se movió del piso y ante las ruidosas protestas, en lugar de tostarlo, ya que los perros se habían prohibido en 1883, el gobernador civil que presidía lo devolvió. Los cabestros tuvieron que hacer ímprobos esfuerzos por llevárselo ya que no se movía.



Salió otro toro pero, atención, no lo hizo en sustitución del devuelto, dado que se había ido sin lidiar, no por el hecho de haberse inutilizado. El público entendió que Mazzantini se había quedado sin su toro y tocaba a Guerrita matar el que saldría a continuación. Como don Luis cogió muleta y estoque y se dispuso a matarlo, los tendidos entendieron que se estaba saltando el reglamento y se pusieron hechos una furia. Esto dijeron en El Toreo:


Ese arrancamiento de material de la plaza lo amplían en el Diario Oficial de Avisos:



Lo del guardia que terminó besando la arena lo cuenta La Dinastía:



Ante ese tumulto, el presidente había hecho subir a ambos al palco y Mazzantini lo debió de convencer de que ese toro lo mataba él. Fue en mala hora ya que al bajar y coger la muleta arreció la lluvia de objetos y el casco de una botella lo hirió en una mano como han leído. Se retiró a la enfermería y finalmente fue Guerrita quien mató ese toro que hacía quinto.

El reglamento de la época decía esto, según lo cual don Luis tenía razón. Lean:

Si empezada la lidia de un toro, bravo o manso, que esto no hace al caso, se inutiliza en el redondel y tiene que ser retirado o acachetado en el mismo circo, pasa el turno y no procede su sustitución. 

Ya ven que ése no fue el caso sino el que se explica a continuación y que da la razón a nuestro protagonista:

Si el público protesta de su mansedumbre, mala estampa, mala encornadura, inutilidad física u otra causa parecida y el presidente accede a que sea retirado, no pasa turno y hay que sustituirlo por otro.

El gobernador pidió refuerzos por si había que proteger a Mazzantini a la salida. La sangre no llegó al río en los aledaños pero sí sobre la arena. Saltó como sexto un bichejo y Guerrita lo cedió para que lo matara Almendro, uno de los banderilleros. Tras pegarle una estocada defectuosa, el respetable saltó al ruedo y remató al pobre animal a palos. Si como acabamos de decir salió un sexto toro, insistimos: don Luis tenía razón en que no se corriese el turno pero para entonces la zaragata que se había liado ya era historia.



Ya saben que el bueno de Mazzantini terminó como teniente alcalde y comisario de policía en Madrid y después como gobernador civil de Guadalajara, la provincia donde el cacique era el conde de Romanones, poca broma. Ahí lo tienen con sus condecoraciones. Y siempre anduvo perfectamente rasurado en una época en que todos los políticos llevaban bigote o barba:



Militó en el partido liberal y tuvo mucha amistad con Natalio Rivas, una de las dos únicas personas que gozaron de permiso para fumar en presencia de Franco.

Vean cómo vestía fuera del ruedo cuando todavía estaba en activo. Pocas fotos hay de toreros con chistera:



¿Se han fijado en qué buena letra tenía? Además hablaba italiano y francés. Gallito no estaba nada de acuerdo con ese atuendo. Decía esto:

El torero debe vestir siempre como torero, lo demás son cursilerías y pamplinas. O se es torero, o se es diplomático.

Fue el primer torero en cobrar 6.000 pesetas por corrida. Recuerden que Gallito llegaría a percibir 7.500 como máximo. Abajo se ve a don Luis en Barcelona. Es 1894 y está ante un toro que podría ser de su ganadería ya que se mataron tres de Salas y tres suyos. Observen los cuartos traseros del toro donde se marcan los ijares. Hoy se piden toros ajamonados que quizá no sean lo que en origen fue el toro de lidia:



Fue tosco con las telas pero letal con la espada. Una vez en San Sebastián, con toros de Veragua, toreaban Guerrita, nuestro protagonista y Fuentes. A Mazzantini le tocó un primero difícil y el diálogo con el califa en el callejón fue éste que contaba Fuentes:

- Rafael,  déjeme usted una muleta de las suyas a ver si yo puedo hacerle a éste todo lo que usted hace a los suyos...

- Mire usted, don Luí, lo que yo les hago a los toros no se lo hase usted ni aunque se acueste en la cama de Lagartijo...

Se le llamó el rey del volapié. Con decir que se lo comparó con Frascuelo, no hay nada más que añadir. El propio Salvador decía refiriéndose a él: 'hay uno que nos va a apretar a Rafael y a mí...' Él le daría la alternativa y Lagartijo se la confirmaría. En la imagen siguiente se aprecia la envergadura del diestro, que le servía para facilitar sus estocadas. 



Uno tan exigente como Bleu hablaba de él como 'torero corto y basto pero seguro, con temple de acero en su corazón privilegiado, inmejorable director de lidia, conocedor de las suertes y de los toros, de extraordinaria valentía en los quites y de gran decisión en el momento de la estocada, cruzando con salida de valiente, limpia, rozando los costillares y con todos los pies'.

Murió en 1925. Veinte años antes había fallecido su esposa en México. Viajaron los dos juntos porque toreaba allí y en Guatemala. Ante el cadáver 'me corté la coleta y la ceñí a su muñeca derecha... Está sepultada con ella... Había sufrido mucho con los peligros de mi profesión y por eso quise que se llevara a la tierra el símbolo de mi torería, que con tanto afán la pobre deseó siempre que abandonase...'

Aquí y también aquí encontrarán mucha información sobre él. Fue todo un personaje dentro y fuera del ruedo. Hasta hubo un matasellos en su homenaje:



Una de las primeras escenas del cinematógrafo filmadas en España presenta a Mazzantini en 1896 llegando a la plaza con los picadores, pulsen aquí. Y si quieren ver una estocada suya a un toro que parece de Martínez, observen esta filmación de los Lumière en Nimes el año 1898. Ahí tienen a Mazzantini en el paseíllo:



En Tarragona se lo maltrató y nunca lo olvidó. Hoy los públicos son mucho más civilizados, recuerden lo que contábamos en esta entrada sobre los gatos muertos. En aquella época no se perdonaba que les diese gato por liebre uno que en el ruedo ganaba en una tarde lo mismo que cualquier fulano trabajando cinco años. Esa es más o menos la misma proporción que actualmente ganan nuestras queridas figuras en Madrid o Pamplona. 

Hoy, en esta sociedad buenista y sentimentaloide, se perdona todo. Si se paran a pesar, algunas de esas figuras se embolsan en una tarde ciento ochenta mil euros y lo hacen muchas veces echándole cara al asunto, con toros de dudosa integridad y riéndose con desfachatez del tendido entero.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.








jueves, 21 de diciembre de 2023

EL PEOR MIURA DE LA HISTORIA

Ese miura tendrá que ser muy malvado para encabezar la larga lista de toros con mala idea de esta vacada. Si preguntáramos a Pepete de quién vamos a hablar, nos diría que de Jocinero. Si a Posadas, que de Agujeto. Si a Dominguín, que de Desertor. Si a El Espartero, que de Perdigón, recuerden aquí. Si a Manolete, lógicamente que de Islero, pulsen aquí. También podríamos preguntar a Pedro Carreño y nos diría que de Cabañero, el novillo que lo mató en 1930. Así nos sacaría de dudas ya que su nombre no supieron darlo en casa de Miura cuando años después se les preguntó.

En los tiempos recientes, y sin llegar a la tragedia, Rafaelillo nunca olvidará las malísimas intenciones de aquel Maquilero de Castellón que comentábamos aquí en el inicio de la singladura de nuestro modesto blog, hace ya diez años. Pesó 662 kilos y era un sardo cinqueño. Se quedó en la manga avanzando y retrocediendo. Asomaba el morro y se volvía. Así estuvo quince minutos mientras le echaban capotes sin que hiciera caso. Cuando por fin salió, lo hizo dando pasitos y husmeando el ruedo, ahí lo tienen:



Luego nos enteramos de que en la finca nunca comía con los demás y un día se llevaron un susto morrocotudo cuando lo encontraron junto a la pared del cortijo porque había saltado la cerca. Observen el arreón que pegó mientras Rafaelillo acertaba a meter el brazo:



Pues el peor no es ninguno de los miuras citados sino Gorrete, lidiado en Málaga el 31 de agosto de 1887. Fue el causante de siete cogidas aunque en algún sitio ponen ocho seguramente contando que envió a Badila a la enfermería. Atención porque estuvo a punto de matar en el mismo festejo a Lagartijo, a El Espartero y a don Luis, ahí es nada. No hay ningún miura con un historial como éste de tantas cogidas en tan poco tiempo y a toreros de tanta categoría. Gorrete fue el ejemplo máximo de las tres características básicas de lo miureño elevadas al cuadrado: desarrollo de sentido, ligereza de cuello y dureza de patas. El cóctel fue explosivo y no hubo forma de meterle mano.



La corrida conmemoraba en Málaga el aniversario de su reconquista por los Reyes Católicos:



Fueron toros de Miura para Lagartijo, El Espartero y Mazzantini. Los dos últimos cortaron sendas orejas a quinto y sexto. 

Gorrete era colorado ojo de perdiz y se lidió en cuarto lugar. Tuvo que corresponder al califa. Los picadores a quienes volteó de salida eran de máxima categoría: Badila y Agujetas. Ambos sumaron cincuenta y nueve años picando ¡y sin peto! Han sido de los más grandes, junto a Zurito, Camero y Calderón. 

En una reseña dicen que 'si cogió a Lagartijo es que sabía más que él'. No falta razón al revistero aunque anotaremos que al califa otro miura de nombre Bonito estuvo a punto de darle el pasaporte al otro barrio doce años antes en Madrid cuando lo cogió tres veces. 


Estos miuras están todavía en la finca de El Cuarto. La foto es de 1897

La cuestión es que, como decimos, salió Gorrete y arrolló a Agujetas enviándolo al suelo. Acto seguido se fue por Badila e hizo lo propio con él. Volvió con  Agujetas y lo volvió a descabalgar. De los dieciocho caballos que mataron los miuras en Málaga aquel día, Gorrete se cargó él solo a ocho. Agujetas resultó cogido en el suelo sin consecuencias pero Badila se llevó una fuerte conmoción por el porrazo y fue retirado a talleres.


Salvo error, el picador derribado es Badila y la del quite es la Chiquilla de Cádiz

En los quites El Espartero sufrió dos volteretas. Juan Molina, que es uno de los diestros que más ha sabido de toros en la historia de la tauromaquia cobró una cornada en un brazo (en otro sitio hablan de puntazo). Después fue su hermano Rafael quien fue volteado recibiendo un fuerte varetazo en el muslo aunque Gorrete no llegó a hacer carne. Sí la hizo en el brazo de Torerito ya que le atravesó la mano con un gañafón que fue igual que una puñalada (pulsen aquí para recordar algo parecido en Pamplona en la feria de 1960). Rafael Bejarano, Torerito estaba entonces en la cuadrilladeLagartijo y luego tomaría la alternativa pars demostrar buen oficio y una espada letal.

Paseó por la atmósfera al banderillero Manene. Era un buen banderillero que entró en la cuadrilla del cordobés porque era cuñado de su hermano Juan. Un año después de esta corrida lo mató un toro al hacer un quite al picador en Córdoba.  Finalmente Gorrete también pegó una voltereta sin consecuencias a don Luis.

¿Qué les parece? Recuerden ese nombre cuando se hable de Miura porque hay otros toros suyos más famosos pero ninguno que tenga un historial como el de este coloradico. Vayan ustedes a saber si llevaría la sangre navarra de aquel Murciélago. Recuerden que ocho años antes de esta corrida de Málaga, Lagartijo no quiso matarlo en Córdoba en medio de un escándalo contra ese indulto y se lo regaló a Antonio Miura Fernández. Hablamos de 1879. Murciélago llevaba el hierro de la P, de Pérez Laborda, a cuyos herederos había comprado las reses el carnicero zaragozano Joaquín del Val.

Decíamos al principio que Gorrete pudo ser un toro que pasase a la historia por haber matado en la misma corrida a tres toreros, entre ellos a Lagartijo. Se comentó que había sido el toro de más sentido que se había lidiado en muchos años y eso, en 1887, significaba bastante más peligro que hoy en día. En otra reseña ponen que Gorrete salió dispuesto a acabar con el mundo y casi lo consigue. Un último comentario dice: como salieran seis gorretes cada temporada, terminaban con los de a pie.

Nos despedimos aprovechando esta entrada para desear una feliz Navidad a nuestros selectos lectores, con la esperanza de seguir contando con su compañía al otro lado de la pantalla.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


viernes, 12 de noviembre de 2021

PALHA

Fue la ganadería más temida por Gallito seguramente junto a la de Florentino Sotomayor. Se hablaba de ella como de 'terribles pavos', eran 'o terror dos mares'. Decían que lo peor que le podía acontecer a un torero era tener que vérselas o con un miura que supiese latín o frente a un palha con pies.



Don José Pereira de Palha Branco contaba diecisiete años en 1871 cuando decidió seguir la aventura iniciada por su padre a mediados del siglo XIX. Tenía entonces unas quinientas vacas de la tierra procedentes de Estevao de Oliveira, del marqués de Belas y de Sousa Falcao. Las tentó tres veces y dejó ciento cincuenta. Luego les echó el semental Guitarrero de Concha y Sierra. Si lo echó en 1873 quiere esto decir que tentó las quinientas vacas esas tres veces en un periodo de dos años (?).

Se suele decir que el semental moriría de viejo a los veintiún años, precisamente el mismo día de la verdadera presentación de la vacada en Madrid. El animal fue enterrado en la finca. Lo de verdadera presentación de la divisa blanquiazul lo aclaramos después. El hierro del padre parece ser que era la P con un ocho encima. Más adelante quedó sólo la crucecita:



En 1884 empezó los tratos con Antonio Miura y le compró dos erales contrastados que padrearon junto a un toro de Veragua. Añadió más vacas que compraría a Lagartijo en 1893 con otras de Trespalacios para echar algo de agua al vino pero al poco volvió a Miura, quien le cedía toros que hacían de sementales y después volvían a su casa. Fue creando una mezcla bastante explosiva, como ven. Se comentaba que el terreno fangoso donde se criaban y el tener que caminar varios kilómetros para beber agua hacía que desarrollasen 'una gran dureza de patas y fuerza de canillas'. 


La finca de Palha en 1897

Que después saliesen bravos es otro cantar porque una cosa es llevar la fama y otra cardar la lana. Solían ser mansos -o menos bravos- y siempre con muchos pies. Eran toros atravesaos. Como decía un revistero de principios de siglo, 'de los que gustan a los aficionados amantes de las emociones fuertes aunque la mayoría de veces queden chasqueados'.

José Morales, Ostioncito, fue cogido por un palha en Carabanchel que lo retiró de la profesión. Ocurrió el 30 de marzo de 1919 y la cornada le afectó la femoral de la pierna izquierda. Toreros famosos heridos por palhas han sido Machaquito en 1904 y Luis Freg en dos ocasiones, más grave la de 1929 con una cornada de 20 cms. 

También El Algabeño padre fue corneado por uno de Palha en Madrid  el 21 de abril de 1904. Al dar un pase por alto el toro lo derribó y en el suelo lo volvió a levantar corneándolo. En aquella corrida la peor herida se la llevó él en el cuello pero Rafael Molina, el sobrino del tío, tampoco pudo seguir la lidia por otra en el glúteo al ser arrollado por el toro en la estocada. Estaba aún en la camilla Lagartijo Chico y ya traían a Algabeño con el cuello lleno de sangre. El sobresaliente Valerito, que tuvo que matar cuatro palhas, también terminó con la cara ensangrentada tras un puntazo en la barbilla al entrar a matar. Y un picador se fracturó un dedo tras un batacazo.


El Algabeño frente a un berrendo de Palha

Como sucede con otras vacadas temidas, no es que haya causado percances gravísimos pero cuando se crea psicosis con un hierro, no hay manera de quitarla de la cabeza de los toreros. 

Otro herido grave fue el novillero catalán José Huguet, Mellaíto. Había empezado con Armengol en la cuadrilla de niños toreros barceloneses. Ese  berrendo que ven en los corrales de Barcelona, de nombre Escapulario, le pegó una cornada en el tórax que lo retiró de los toros. Fue en junio de 1889:



De hecho, Joao Folque afirmaba en un aperitivo con El Cid que sólo faltaba una cosa a su histórica ganadería para entrar en la leyenda y era matar a un torero. El de Salteras puso cara de póquer al escuchar la salida de pata de banco del portugués y no hizo ningún comentario.

Rectificaremos a medias a Folque porque sí hay dos diestros muertos aunque no por toros sino por novillos suyos. Eran toreros de alternativa que habían renunciado a ella. 

El primero fue Ignacio Donoso, Pelucho. Murió tras una cogida el 1 de septiembre de 1923. Fue un puntazo en el riñón que le pegó el novillo. No parecía muy grave pero murió el mismo día. Se comentó si la causa última no habría sido alguna complicación en el cerebro producto de una cornada terrible sufrida un año antes en la cabeza que le partió el hueso frontal. Los amigos que nos leen desde Pamplona deberán saber que esta cogida tan fea fue la que estrenó la enfermería de la plaza nueva de su ciudad en 1922. El toro era de Cándido Díaz y el diestro venía como banderillero de Lalanda.

El otro finado fue Félix Merino Obanos, quien murió también por cogida de un palha. Sucedió en Úbeda el 4 de octubre de 1927 cuando el novillo lo empitonó por el muslo al tomar el olivo. El diestro falleció inopinadamente cuatro días después en Madrid.  



Don José se presentó en la capital el cuatro de noviembre de 1883 y ésa es la fecha de la antigüedad que sigue constando en la Unión. Pero la verdad es que aquel día fue una corrida mixta en la que únicamente se lidiaron a pie tres. Además se saltaron la norma que regía entonces en Madrid de ofrecer sólo novilladas fuera de temporada. Hubo dos para los rejoneadores portugueses Alfredo Tinoco y Luis do Rego. Los otros tres más uno de Eduardo Shelly los mataron Bocanegra y Fernando El Gallo. José Ruiz, Joseíto, iba de sobresaliente y mató a estoque los dos de rejones.

Fueron 'de pocas libras y poco respeto, toros de mentirijillas'. Incluso alguno hizo la gracia de jugar con el apellido del propietario diciendo que habían resultado 'toros de paja'. La pinta, cuatro negros y uno retinto, ya se ve que no había aparecido todavía la sangre de Veragua.


Bocanegra tras dejar una estocada contraria y pescuecera


Hubo tres corridas en 1889 que son las que comenzaron a otorgar fama de terrorífica, que no de brava, a la ganadería.

La primera fue la verdadera presentación. La mataron los abuelos el 28 de abril. Así es como llamaban a un Lagartijo y un Frascuelo de casi cincuenta años. Pasaron las de Caín con los toros portugueses, que sacaron 'más pies que un ciempiés'. Toros 'ágiles y fuertes, de pies inacabables, enseñaron a los jóvenes lo que eran los antiguos toros de Colmenar o los castellanos viejos'. Frascuelo dijo que si no llega a ser por Juan Molina, se van vivos por lo menos cuatro. Esa corrida retiró a Salvador: 'me faltaban las piernas, me ahogaba...' Para Bleu, poco condescendiente habitualmente con los toreros, fue 'una corrida áspera, dura, difícil, fatigosísima y desesperante'.

Mataron quince caballos y tomaron cuarenta y nueve varas (en otros sitios, trece y cincuenta y dos, porque hemos comentado en nuestro blog muchas veces que no se aclaran en las crónicas antiguas ni con una cosa ni con la otra). Si nos quedamos a secas con esos datos, los aficionados que se dejan impresionar fácilmente por semejantes cifras lanzarán las campanas al vuelo pensando que aquello fue un dechado de bravura. Pues resultó que 'salieron despavoridos todos del hierro', con lo cual ya pueden suponer que no fueron varas sino picotazos. Pero es que el tercero saltó la barrera una vez, el segundo cuatro y el cuarto dos. Esperen, no se vayan: el quinto la saltó ocho veces (en un diario pone diez) y el sexto cuatro más. Diecinueve veces en total, ¿qué les parece? ¿En qué quedan esas decenas de varas y esos caballos muertos al lado de esto?


Un derribo de uno de Palha en Madrid (1900)

Aun así, ese cuarto, de nombre Criminoso, que mató tres caballos y tomó diez varas (cuatro y once para otros), fue ovacionado en el arrastre y los aplausos se dirigieron al palco número 114, que era el del duque de Veragua, donde seguía el festejo el ganadero.

Dado que el personal quedó contento al ver cómo habían sudado tinta ambos maestros ante estos ejemplares, la empresa compró otra corrida para dos meses después.

Se dio el día de san Antonio y la mataron mano a mano Mazzantini y Guerrita. De poco sirvió a don Luis que Frascuelo le hubiera dado la alternativa y Lagartijo se la confirmase. Anduvo tan aperreado que no quiso volver a ver palhas en su vida, Ésa fue la razón de que se negase a matar un ejemplar de este hierro en la corrida concurso que comentábamos hace dos entradas.

Salieron toros de excelente lámina, berrendos, ensabanados, botineros y capirotes. Fueron tan bonitos que uno de los revisteros dio este consejo a don José: 'cúidese menos de la estética y procure que sean más bravos'. Los datos bajan un poco respecto a la corrida anterior: cuarenta y cinco varas y doce caballos muertos. Para que se hagan una idea de su bravura, fueron 'sosos y tan tardos que hubo que echarles encima los caballos'. Ya saben ustedes que los picadores tenían suculentas propinas de los ganaderos para hacer eso y evitar el fuego.


Mazzantini frente a un jabonero de Palha que fue criticado por cornicorto


La tercera corrida de ese mismo año que sembró el miedo fue en Ciudad Real el diecinueve de agosto. Resultaron heridos Hermosilla y dos banderilleros. Los toros mataron veintiocho caballos. El sexto saltó al callejón 'doce o catorce veces' (sic en una crónica, mientras que en otra escriben 'más de diez' ya que se cansaron de contar).

Ese sexto decidió no volver al ruedo tras una de las veces que saltó. Allí le clavaron las banderillas, 'llevaba palos por todo su cuerpo'. Y ahí tuvo que meterse Currito para intentar matarlo a base de pinchazos en cualquier sitio: 'uno de los peones le clavó un estoque por la barriga en dos ocasiones y Currito el suyo por los costillares', imagínense la escena. No consiguió matarlo y el de Palha volvió al corral donde un inspector de policía, el señor Moreno, lo liquidó al tercer disparo con su arma reglamentaria. 'Seis toros he matado a Palha ¡y ni uno más!' dijo el diestro al acabar.


Toro de Palha en el callejón de Madrid. Correspondía a Antonio Fuentes (1901)

Lo mismo había dicho Mazzantini y lo mismo dirá Gallito el último día de agosto de 1913. Belmonte, ni eso porque jamás mató ninguno. No es de extrañar que el trianero considerase a Larita como el torero más valiente de todos ya que llegó a encerrarse hasta tres veces con palhas más otra como novillero.

Hubo en Madrid una accidentada novillada de Palha el 13 de octubre de 1929. Actuaron seis novilleros que mataron sendos ejemplares de Palha, 'broncos, duros, difíciles y con poder'. Cuatro de los seis chavales resultaron cogidos, varios más de una vez, aunque afortunadamente sin consecuencias que lamentar.

Novillo de Palha en Madrid, Hace el quite
Manuel García Revertito (1900) 

El citado Matías Lara, Larita, fue quien más reses de Palha mató. Se despidió de novillero en Barcelona matando seis e hizo lo propio como torero anunciándose con otros tantos en Madrid. 

Recuerden esta memorable chulería suya tras volver de América cuando dijo al empresario de Madrid lo siguiente:

'vengo forrado de América, anúncieme con esos dos niños en Madrid pero no con cabras sino con toros alimentados con habas y que tengan árboles en el testuz... yo mato los míos sin cobrar'

Los dos niños eran Gallito y Belmonte...

Además de aquella despedida como novillero se encerró tres veces con palhas durante su carrera: en Madrid en 1916, en Barcelona en 1926 y en su despedida madrileña de 1933, aunque en esta última ocasión fueron cinco más uno de Aleas. Además cortó un rabo en la capital en 1921, el segundo de la historia, y a un palha que fue asado. Recuerden aquella entrada con sus memorables y divertidas andanzas pulsando aquí.


Larita ante un novillo de Palha en su encerrona de Barcelona

Los herederos de don José variarán el encaste a su muerte. Podemos decir que los últimos palhas genuinos que se lidiaron en Madrid murieron el 24 de mayo de 1936 en Vistalegre. Los mataron Manolo Martínez junto a Rayito y a Luis Morales, tres toreros de segundo nivel. Los toros salieron 'bien presentados, mal picados y peor toreados, todos reservones y avisados'. Martínez fue arrollado por el cuarto y tuvo que irse a la enfermería con una buena paliza a base de varetazos. Morales salió a hombros pero por los que buscaban la propina de los capitalistas, no porque hubiera motivo taurino de peso.

Como nos estamos alargando más de lo reglamentario y no queremos cansarles, dejamos para otra ocasión la prestación de Gallito frente a estos toros en las tres únicas corridas que mató.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

LA PRIMERA CORRIDA CONCURSO EN MADRID

La organizó la Asociación de la Prensa en comisión presidida por Torcuato Luca de Tena. Se habían estrenado el año anterior en una con toros de Saltillo para Mazzantini, Fuentes, Bombita y Algabeño. En esta segunda ocasión decidieron hacer el experimento del concurso de ganaderías y encima con apuestas. El evento tuvo lugar el 20 de octubre de 1901.

Saltillo, Miura e Ibarra declinaron la invitación porque dijeron que no tenían toros adecuados. Recordemos que estábamos en octubre. De los demás, el duque de Veragua dijo que no tenía de la edad requerida, que era de cinco años, y se le pidió que buscase uno que por lo menos tuviera el trapío requerido. Al final fueron estos ocho:



La Asociación de la Prensa tenía carácter benéfico y se esforzó en hacer las cosas bien. Pagaron los toros bien pagados: 21.661 pesetas por los ocho, siendo el más barato de 2.000.  Luego los exhibieron en el hipódromo adonde acudieron más de tres mil personas a verlos.

La gran novedad fue que se decidió montar un sistema de apuestas a ver qué toro resultaría el triunfador del concurso, razón por la cual éste no podía quedar desierto. En Madrid era la primera vez que se hacía algo similar pero creemos que en Sevilla ya se había experimentado algo de apuestas taurinas, lo tendríamos que confirmar.

El cartel que quería la Asociación era: Mazzantini -para Bleu el mejor director de lidia del momento-, Fuentes, Reverte y Conejito. Este último era Antonio de Dios, Conejito, un torero cordobés que empezó en el mismo matadero que Guerrita. Precisamente el califa le dio la alternativa y hubo un pequeño escándalo cuando Conejito se presentó en Madrid y se negó a confirmar porque El Guerra le había dicho: 'la alternativa te la he dao yo y no hay na más que confirmar'.

Se cayeron tres y quedó conformado por don Luis (de carmesí y oro), Guerrerito (de corinto y oro), Lagartijo Chico (de lila y oro) y Machaquito (de verde bronce y oro). Guerrerito era Antonio Guerrero, uno de los mejores amigos de Bombita a quien el maestro solía escoger como substituto. Ahí los tienen antes del paseíllo. De izquierda a derecha, Guerrerito, Lagartijo, Machaquito y el corpulento Mazzantini (a quien Frascuelo llamaba Mozambique):



Ojo porque en la propia web de la Asociación de la Prensa madrileña cometen el error de anunciar a Lagartijo a secas copiando el cartel original cuando ya llevaba un año muerto. Fue el hijo de Juan Molina, o sea, Rafael Molina Martínez, sobrino del califa.

¿Cuánto cobraron? Mazzantini y su cuadrilla, 6.000 pesetas, cantidad de primerísima figura. Qué lejos quedaban sus años como oscuro empleado del ferrocarril. Guerrerito, 1.000 y su cuadrilla, que era la de Fuentes, 2.230. Tanto Lagartijo Chico como Machaquito junto a sus cuadrillas cobraron lo mismo: 3.000 pesetas.

La corrida tuvo tres polémicas. La primera fue el número que montó don Luis para escaquearse de matar el toro de Palha, ganadería a la que los diestros, empezando por Gallito, no querían ver ni en pintura por los muchos pies que sacaban sus ejemplares. El diestro tenía muy mal recuerdo de un mano a mano con Guerrita en Madrid frente a los toros portugueses en junio de 1889. En la imagen están haciendo la coleta al maestro:



Como la corrida concurso iba por orden de antigüedad, a Mazzantini le tocaba el toro de Palha y lo que hizo fue exhibir un informe conforme la ganadería de Adalid era más antigua y así varió el orden de lidia de manera que el animal portugués correspondió a Guerrerito, que sustituía a Fuentes. 

Un diario comentó con sorna que los corifeos de Mazzantini presentaron documentación según la cual la antigüedad de la ganadería de Adalid 'era de tiempos del Cid Campeador'. Es verdad que tenía una vacada más antigua que la de Palha y que la de Concha y Sierra pero la había vendido toda, incluyendo hierro y divisa, a José Orozco. De allí salió el toro Finito, que puso en graves apuros a Frascuelo fuera del ruedo (léanlo en este blog amigo).

Después de unos años se decidió a comprar reses de Núñez de Prado que volvería a liquidar ya definitivamente pocos años después en tres lotes (Celso Pellón, Taviel de Andrade y Félix Urcola). Con lo recién comprado, tomó nueva alternativa en abril de 1891. Ésa era la fecha válida y por ese motivo irrefragable correspondía a don Luis matar el toro de Palha y dejarse de martingalas. Aquí lo tienen:



La segunda polémica vino con la presentación de las reses. La corrida era en octubre como dijimos antes y las reses que había en el campo quizá no eran las de mayor trapío para este festejo. El de Villamarta resultó burriciego pero por lesión durante la lidia ya que los veterinarios habían dado el placet. A veces la sangre del caballo afectaba la visión de los toros. El de Concha y Sierra era terciado y el de Murube fue muy protestado. Al día siguiente la prensa lo representaba así:



Y la tercera discusión surgió con la novedad de las apuestas. Muchos dijeron que eso debería quedar para los frontones y las carreras de caballos. La verdad es que la cosa tuvo un cierto éxito. Los datos que hemos recabado en la prensa de la época son éstos siguiendo la preferencia de los aficionados por cada toro según lo apostado:


1. Palha: 1.175 pesetas

2. Murube: 1.035 pesetas

3. Adalid: 1.000 pesetas

4. Anastasio Martín: 965 pesetas

5. Villamarta: 960 pesetas.

6 . Veragua: 900 pesetas

7. Concha y Sierra: 850 pesetas.

8. Marqués de los Castellones: 825 pesetas. Anotemos que esta ganadería la formó el marqués a principios de la década de 1890 con vacas de Veragua y un par de sementales de Núñez de Prado. Guerrita quiso protegerla, cosa que no extraña dado que Veragua era considerado lo comercial de la época. En 1909 sus herederos la vendieron y acabó en la barbacoa durante la guerra. Éste fue su toro:



Como ven, el total apostado ascendió a 7.710 y los ganadores se llevaron seis veces lo apostado, lo cual no estuvo mal.

El premio debería haber quedado desierto por el mal juego de las reses pero eso no podía ser dadas las apuestas. Por consiguiente, el jurado decidió que el menos malo había sido el toro de Adalid. El balance, por orden de lidia, fue el que sigue según los diarios de la época que hemos consultado:


1. Redondo, de Veragua, colorado, ojinegro y jirón: cuatro varas y ningún caballo muerto. 'Un choto, parado y flojo, poco toro'.



2. Monterillo, de Anastasio Martín, negro listón: una vara y fuego. 'Pésimo'.



3. Salaíto, de Murube, castaño bragado y coliblanco: cinco varas y dos caballos muertos. 'Protestado por pequeño y cornicorto, pasable'.

4. Cedacero, de Adalid, negro: ocho varas y cuatro caballos muertos. 'Bueno, bravo pero sin poder'. Es el que se llevó el premio, el tuerto en el país de los ciegos:



5. Podenco, de Concha y Sierra, negro meano: seis varas y ninguna baja. 'Escasamente pasable, terciado y casi manso'.

6. Miñoto, de Palha, castaño para unos, colorado lucero para otros: seis varas y ningún caballo muerto. 'Manso y aquerenciado en tablas, si no le echan los caballos encima, fuego'.

7. Relámpago, de Villamarta, negro 'con cara de viejo': cinco varas y ninguna baja. 'Pésimo y burriciego, un feto sin poder ni bravura'.

8. Perdiguero, del Marqués de Los Castellones, negro chorreado en morcillo: 'tropezó cinco veces con los caballos' y mató uno. 'Sin poder ni sangre, no merece ni comentario'.


El enfado del respetable, que llenaba la plaza, fue monumental al final. Algunos llegaron incluso a encararse con los periodistas presentes al considerarlos responsables del desaguisado organizado por su Asociación. La verdad es que la expectación había sido máxima a pesar de que el cielo se nubló antes de empezar amenazando lluvia. La imagen del ABC es de poco antes de las dos y media, que fue la hora de inicio de la corrida:



Ya ven que el hombre propone y el toro descompone porque difícilmente encontraríamos en aquellos años un festejo organizado con más dedicación, interés y ganas de agradar al aficionado. Luego resultó el fiasco que hemos descrito. La Asociación publicó días después en varios periódicos una detallada explicación de cómo había llevado a cabo la organización de la corrida para exonerarse de responsabilidad ante el desaguisado final.

La verdad es que las corridas concurso tendrían que ser las más memorables de todas pero al final se suelen saldar con ruidosos fracasos salvo toros sueltos muy de vez en cuando. Lo relata con su agudeza habitual don Luis Fernández Salcedo en Verdad y mentira de las corridas concurso.

Dado el escamoteo del primer tercio que padecemos en la gran mayoría de corridas, no hay evento que sea esperado con mayor ilusión por el aficionado cabal que una corrida concurso. Pero luego, ¿cuántas no han sido más que una limpieza de corrales? 

Ese sufrido aficionado siempre acude esperando un bacarrá de monedas de cinco duros, como decía el citado Bleu. Lamentablemente lo habitual es que se encuentre uno de habichuelas. Es lo que aconteció en la que les hemos contado. 

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.