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miércoles, 21 de enero de 2026

TOREROS LARGOS Y TOREROS CORTOS

Quien no sea aficionado no entenderá esa distinción entre toreros largos y cortos. Es posible que llegue a pensar que estamos hablando de la estatura. No hay tal, la prueba es que ha habido muchos diestros largos de estatura pero cortos en recursos. A Juan Mari le dijeron una vez que él había sido un torero largo y respondió: 'sí, de 1,87'. A Paquirri le preguntaron si se consideraba un torero corto o largo y dijo: 'ni una cosa ni otra, ponga usted un término medio'.

Cualquiera de ustedes sabe básicamente a qué nos referimos y esa división nos servirá para hacer una divagación en esta entrada acerca de su significado. Será simplemente eso, un entretenimiento, como si estuviésemos en una tertulia invernal de aficionados al toro, de las que cada vez abundan menos. Ah, y en esta entrada hemos decidido no citar a ningún diestro en activo. Todos los que saldrán están muertos o retirados.

De entrada, el torero largo es el lidiador completo mientras que el corto es el que se guía por la inspiración. El repertorio del torero largo hace honor a su adjetivo ya que es capaz de hacer de todo en el ruedo. Por ese motivo muchas veces se ha calificado a los toreros largos como alegres o bullidores. El corto hace menos cosas pero eso no quiere decir que las pueda hacer primorosamente. Aquí tienen a uno largo y uno corto:



Pero la cosa no está tan clara cuando pensamos en Domingo Ortega, torero largo tanto por su dominio de los toros como por su cerebro privilegiado aunque a la vez corto por su repertorio. Luján discutía su dominio porque decía:

'quizá puede demasiado a los toros, a los pobres toros de nuestros días; torero recio, sobrio, que domina las reses con razones de terciopelo pero con las piernas crispadas y la mano dura a la vez que la tela blanda... Es el lidiador por excelencia, conocedor de los terrenos, y del toro, de repertorio corto. Sin emoción en su trasteo, de una frialdad abrumadora... Convence pero no ilusiona'

El maestro de Borox se había dado a conocer actuando de sobresaliente cuando realizó un quite en un mano a mano entre dos toreros largos: el malogrado Manolito Bienvenida y Marcial Lalanda.



Otro que tal baila sería El Viti, torero corto de repertorio pero largo de recursos técnicos. Y no especialmente buen estoqueador. Remarquemos que tenía la buena costumbre de no morder nunca el capote, chaladura que repiten hoy todos, hasta Morante, tan aficionado a la liturgia taurina (lo de la chaladura es cosa del hermano de Frascuelo, recuerden esta entrada). Y un tercero sería Antonio Márquez, considerado un gran lidiador pero a la vez torero corto de repertorio, aunque siempre elegante en lo que coinciden todos. Vean su media:



Al largo le valen todos los toros. Fernando Domínguez decía que el torero largo siempre sacaba partido de su oponente. El corto tiene que esperar más a que salga uno que se adapte a su arte. Belmonte era corto pero no pegaba el petardo cuando no salía su toro. En esto hemos llegado en los últimos cuarenta años a unos extremos escandalosos en toreros de arte, aunque han gozado de la aquiescencia del tendido y de la comprensión de los críticos paniaguados.

Muchos liquidan la cuestión que nos ocupa afirmando que el largo es el valiente y el corto el artista. De ello se deduciría que no habría torero largo con arte o corto valiente, lo cual es muy discutible si se piensa en Paco Camino como ejemplo de lo primero y en Manolete de lo segundo. No a todos los toreros cortos se les arruga el ombligo. Belmonte vuelve a ser un ejemplo, ¡y El Litri o El Espartero! Bombita dijo de Belmonte: 'Juan, gracias a ti la fiesta de toros puede seguir llamándose fiesta del valor'.



En caso contrario, ¿puede ser medroso un torero con recursos? Sí. Aunque algunos lo discutirán, consideramos a Rafael El Gallo torero largo y a la vez medroso, lo cual parece un círculo cuadrado. Otro tanto sucede con Pepe Luis, añadiéndose en él la indolencia o falta de ambición ('si Pepe Luis, toreando como torea, tuviera bragueta...'). Creemos que en estas dos figuras excepcionales se da ese aparente oxímoron.

Hablando de Manolete, que es quien decía lo de la bragueta, se suele afirmar que el torero largo, al tener más recursos y más facilidad, tiene más posibilidades de quedar bien cada tarde. Pues el califa, siendo torero corto, era capaz de quedar bien el noventa por ciento de las veces (excepto aquella tarde en Soria, cuando lo quisieron matar, recuerden esta entrada). Aquí lo tienen adelantando la pierna ante un toro que embiste con brío:



A veces en toreros cortos era suficiente  con quedar muy bien una vez para acallar cualquier reserva. Gallito se lamentaba de que Belmonte tenía indulgencia plenaria por parte del público. Y el apoderado de Gitanillo, otro torero corto, siempre repetía que una buena verónica de su pupilo borraba lo que hicieran todos los demás.

Otros hablan de que el largo conjuga facultades y facilidad para torear. Según esto, ¿el corto sería siempre un diestro con pocas facultades y con menos facilidad? 'Después de mí, nadie y después, Fuentes', decía Guerrita. Precisamente Antonio Fuentes fue torero corto por falta de facultades (el de la siguiente foto), igual que Antonio Montes. Pero El Espartero sí las tenía y era de los cortos.



¿Qué pensaba Cossío sobre esta cuestión? Una vez se lo preguntaron y ésta es la respuesta que dio:



El torero largo tiene por definición más recursos que el corto, en eso podemos estar de acuerdo. ¿Eso quiere decir que sufrirá menos cornadas? Pedro Romero fue ejemplo de torero largo sin cornadas, igual que éste de abajo, Pepe Bienvenida:



Pero hay cortos como Belmonte con pocos percances relevantes (únicamente una cogida muy grave en Barcelona en 1927). Lo mismo que El Gordito. Y en contra, hay toreros largos que dejaron su vida en el ruedo. El ejemplo de Gallito es el que viene enseguida a la cabeza, así como el de Granero o El Yiyo. Pero es que el primer torero muerto en la arena, José Cándido en 1771, fue considerado por todos como torero largo, valiente, dominador de todas las suertes y perfecto compendio de las escuelas rondeña y sevillana, como su hijo Jerónimo José, que tenía un año cuando murió su padre en El Puerto. Obsérvenlo apuntillando con un sombrero cuando no existía la cruceta:



Hablando de sombreros, miren al más largo de todos poniendo uno en el cuerno para adornarse. El alarde parece una tontería pero Lalanda sufrió su más grave cogida haciendo lo mismo a un toro de Samuel en Valencia. Se le arrancó inesperadamente cuando estaba colocando uno en la misma tesitura que Gallito:



Costillares, El Chiclanero, Lagartijo y Guerrita serán toreros largos en el siglo XIX. El Tato lo será corto, como Frascuelo. También El Espartero, de quien recordarán aquí lo que contábamos de sus ochenta y una cogidas.  

Bombita y Joselito serán los dos más largos de principios del XX, junto al malogrado Granero (recuerden nuestro homenaje aquí). Vean a Manolet en una voltereta sin consecuencias:



José y Juan llevaron muchas veces como telonero a Saleri II, quien con el tiempo sería maestro de Andrés Vázquez. Tanto Saleri como Vázquez fueron toreros largos. De Saleri II hablábamos aquí, otro diestro con muy pocas cogidas.

Cuestión aparte es la estocada. Toreros cortos como El Espartero o Curro Romero no sabían matar. Pero ¿forzosamente el torero largo es siempre un gran matador de toros? No. En esto no tenemos ninguna duda. Gallito mataba mal siendo torero larguísimo (recuerden esta entrada) y en cambio don Luis mataba inapelablemente siendo cortísimo (pulsen aquí, donde contábamos cómo salió a botellazos de Tarragona). Igual sucede con Nicanor o Machaquito. Precisamente esto era lo que pensaba Mazzantini del Nene de Gelves:



El Tato y Frascuelo siendo cortos mataban mejor que Lagartijo o el Guerra y en cambio, El Espartero, otro muy corto, no sabía matar. Uno también corto pero tenido por excelente estoqueador fue el citado Machaquito, además de ser todo  un ejemplo de pundonor y valentía siendo torero de recursos limitados. Lo mismo El Tato. Fíjense qué estocada más buena de otro torero corto, Rodolfo Gaona. Ha descubierto la muerte de manera sensacional y no ha pegado el telonazo dando al toro la ventaja de que lo vea. Lo mata, no lo asesina como vemos hoy cada tarde. El único pero que se le podría poner es que parece llevar el codo un poco alto para clavar a capón:



Y Manolete, ¿qué? Otro corto que es sin duda uno de los seis mejores estoqueadores del siglo XX:



Cagancho también era torero corto, de pura inspiración, y sin embargo dejó estocadas memorables ejecutadas con asombrosa lentitud.

Pero si estuviese leyendo esta entrada el cura de El Quijote, nos criticaría diciendo lo mismo que afirmaba de La Galatea mientras llevaba a cabo su donoso e incendiario escrutinio: 'promete algo pero no concluye nada'. Pues bien, tras toda esta ensalada de toreros vamos a intentar concluir algo de la cuestión que nos ocupa. 

Zabala padre decía que un torero corto era aquél a quien le faltaban dos cosas: recursos y variedad. Podríamos colegir de ello que le faltaría oficio, ¿no creen? Pero es que el mismo Zabala se preguntaba si era absolutamente necesario que un torero conociese perfectamente todos los entresijos del oficio de torear (hoy tenemos docenas de ejemplos de toreros sin oficio que ahí están).

Relacionado con esto, Guillermo Sureda decía que se podía ser buen torero sin tener inspiración pero que, a la vez, había habido toreros que sin ser grandes técnicos, o sea, sin tener demasiado oficio, lo tapaban con una gran inspiración. Ahí entraban para él Gitanillo, Victoriano de la Serna, Chicuelo, Pepe Luis, El Gallo o Cagancho (el de la siguiente foto). En el caso de Rafael y Pepe Luis ya han leído más arriba que le discutiríamos lo de que tuviesen un oficio corto. Chicuelo era su máximo ejemplo de torero muy corto en oficio pero sobrado de genio y de inspiración en momentos concretos.



Afirmaba también que el torero largo prefería rozar el peligro antes que enfrentarse cara a cara con él. Decía que los toreros largos siempre andaban más justos de valor aunque anotaba la atenuante de que quizá su cabeza era tan privilegiada para ver los toros que les hacía adivinar el peligro mucho antes que a los de menos recursos o menos cerebro taurino.

Por eso Lalanda apuntaba que teniendo Pepe Luis una cabeza privilegiada para torear 'con un conocimiento de los toros como yo sólo se lo he visto a Joselito, veía muy claro el peligro, a veces incluso más que el que existía en realidad'.

Al sabio mallorquín le daba igual que un torero fuera largo o corto 'siempre que sea largo en cuanto al número de toros que sea capaz de torear con éxito'. Está claro que él renegaría de los diestros que esperan que salga el toro adecuado para destapar su tarro de esencias.

Sureda hacía una distinción curiosa que quizá iba más allá de lo de toreros largos y cortos. Él hablaba de lógicos y mágicos. Los primeros ven al toro como un enemigo, se guían por la inteligencia, son grandes lidiadores y tienen un repertorio extenso. Los segundos ven al toro como un amigo, emocionan más, actúan más por intuición que por inteligencia y buscan la creación y el sentimiento.

Podemos resumir las características que cumplen los toreros largos en las que enumeraba Néstor Luján: buenas cualidades físicas, agilidad, gallardía, conocimiento de las reses y de las suertes, recursos técnicos, toreo dominador, frío, seguro y mucho entusiasmo por el oficio. He aquí un ínclito ejemplo de todo ello. Es la plaza de Vitoria ante uno de Villamarta:



Luján comentaba que la largura en los toreros representaba la línea antigua, una que iba de Guerrita hasta Bombita, Gallito, Lalanda, Armillita y Luis Miguel. Éste es José iniciando su quiquiriquí. Pulsen aquí porque en esta entrada explicábamos cómo se realiza:



La cortedad sería la que él llamaba línea renovadora (aunque nosotros preferiríamos denominarla innovadora). Iría de Belmonte hasta Manolete pasando por Chicuelo y por Lorenzo Garza, diestro mexicano de su devoción y del que tenemos pendiente hablar por aquí. 

El de la foto es uno de los toreros más largos de la historia, el mexicano Armillita. Su prodigiosa facilidad ante cualquier tipo de toro iba aparejada con una buena dosis de frialdad en su toreo. Ese ha sido el pecado original de muchos toreros largos... ¿o acaso de todos ellos?



Nos gustaría preguntar a don Néstor qué opinaba de Pepe Luis, dónde lo ubicaría. El escritor mataronense nos responde en su Historia del Toreo. Le aplica características de ambos tipos de toreros pero quedan todas mediatizadas por lo que decía Manolete de él, su carácter apocado:

'Pepe Luis es un torero de una calidad quintaesenciada, con gran agilidad mental y una profunda intuición. Pero no domina su valor ni la técnica de torear, que conoce pero no usa. Su visión del toreo es certera pero su ánimo, siempre temeroso, le ha impedido cuajar lo que intentó sobre el ruedo, esto es, ejecutar pases y lances dentro de la ortodoxia clásica pero a la vez con la estética moderna'



¿Qué conclusión podemos sacar de todo lo dicho? Ni se nos ocurre pontificar al respecto porque doctores tiene la iglesia taurómaca con más solvencia que nosotros pero una cosa nos viene a la cabeza: los toreros cortos, o mágicos como decía Sureda, ¿no habrán sido históricamente los auténticos revolucionarios? Gaona repetía: 'el día que al jorobeta le sopla la musa deja a todos con la boca abierta, tanto a los del ruedo como a los del tendido'. Lo de jorobeta también lo decía José. 

Recuerden esta entrada donde intentábamos calibrar el valor de algunos de los toreros más conspicuos. Los puntuábamos dividiéndolo en valor histórico, estético y técnico.

Pues entre los que quedaban de los primeros en la clasificación se situaban toreros cortos como Belmonte, Manolete, Chicuelo o José Tomás. Era tan solo un divertimento pero llama la atención que al final igual los toreros que más huella hayan dejado tanto en su época como para el futuro hayan sido diestros cortos. Como decía Marcial, 'los buenos toreros cortos, lo que hacen, lo hacen sensacionalmente'.

Lean este comentario sobre el trianero como torero corto. Igual que el autor, nosotros siempre hemos defendido que lo esencial en el toreo es la verónica y el natural, aderezadas ambas suertes con la media verónica y el pase de pecho. Añadamos la estocada y si todo esto se hace bien, no hay que añadir nada más al guiso, siempre en nuestra discutible opinión:



Estos toreros cortos buenos 'tienen leyenda', como afirmaba el citado Luján. Quizá haya que enmendar la plana a don José María de Cossío y decirle que su aseveración de que el gran torero es siempre un torero largo podría someterse a una buena discusión, ¿no les parece?

A ver si al final la gran diferencia entre ambos será lo que decíamos al principio de Domingo Ortega, esto es, que el torero largo convence pero no ilusiona mientras que el corto no convence tanto pero ilusiona más. ¡Vayan ustedes a saber!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 26 de febrero de 2025

MUERTE DE GITANILLO: 'BIEN QUE ME DIO EL LADRÓN...'

Son de sobras conocidas tanto la cogida de Gitanillo por aquel Fandanguero de Graciliano como la formidable agonía del diestro hasta que murió. Le dedicaremos esta entrada porque hemos leído las memorias de un diplomático que fue amigo suyo y que relata los hechos ya que estuvo presente desde el día de autos hasta el del entierro.



Nos referimos a Carlos Morla Lynch. Fue, como decimos, un diplomático chileno cuya carrera transcurrió entre París, Madrid, Berlín y Berna. En España entabló una gran amistad con Lorca. Solamente les diremos que el poeta leyó por primera vez su Llanto recién escrito ante un reducidísimo grupo de amigos entre los cuales estaba Morla. Este es el libro donde encontrarán esas pinceladas taurinas a que haremos referencia a continuación:



En los ambientes taurinos el chileno tuvo amistad con Cagancho, los tres gitanillos y Sánchez Mejías. En el libro hace una semblanza de cada uno.

De Curro Puya dice esto:

'Sus empresarios eligieron el nombre de Gitanillo de Triana, que se ha hecho popular y que tiene, sin duda, un salero de cantar sevillano. Refleja, asimismo, en forma sugestiva, la luminosidad y bondad cautivadora que irradiaba el diestro. Era un buen hijo, un buen hermano, un espléndido y buen amigo, amado con dilección por todos y era también, antes que nada, caritativo y piadoso, que es virtud gitana. Manos las suyas generosas y ampliamente abiertas, como un cesto de frutas'.

De Cagancho, quien le confiesa en un momento dado que tuvo su primer hijo con trece años, comenta esto:

'El torero gitano ha almorzado en casa con Federico, a quien le pidió que le leyera «La casada infiel» de su Romancero. Llegó, por cierto, el diestro con una hora de retraso: a las tres y media de la tarde. Elegancia impecable: terno gris, camisa de seda blanca, corbata azul, calcetines del mismo color y zapatos de gamuza. Su tez morena aún más tostada y sus ojos almendrados, también más verdes que nunca. En la muñeca de su mano de caoba, una fina cadena de oro, y en uno de sus dedos largos un anillo de platino con una espléndida esmeralda. Entra la dueña de la casa y se pone en pie, correcto, galante, educado. Un verdadero príncipe gitano'.



La verónica que han visto es suya. Además Morla estaba en el tendido cuando el célebre escándalo de Cagancho en Almagro. Habla también de Sánchez Mejías y expresa su dolor al enterarse del funesto desenlace con estas líneas preciosas:

'¡Muerto! Ese ser lleno de vida, de gallardía, magnífico siempre; que jugaba con «la intrusa» evitando su embestida a un centímetro de distancia; que se reía y se mofaba de la amenaza de sus garras esqueléticas, de su mirada cavernosa y de su rictus amargo; que se sentía inmunizado ante el peligro e invencible en la lucha. Pienso en los seres que lo han querido, que lo quieren más que a otros, que lo admiran: en Rafael Alberti, en Federico, en La Argentinita... Y todo el día, y toda la noche, me siento aprisionado en esa niebla oscura que me sigue, que avanza conmigo, que me envuelve adondequiera me dirija, y al final de la cual se yergue algo que brilla: un traje de luces ensangrentado, azul y oro. ¡El suyo! Y esa sombra que no me abandona es más fuerte que el sol, más intensa que el cielo, más profunda que el mar. ¡Pobre Ignacio!'

En la prensa de la época se habló del maleficio del mes de mayo por los percances que han sufrido tantos toreros. Precisamente durante la corrida de Graciliano que nos ocupa, en aquel 31 de mayo de 1931, fue herido en el primer toro un banderillero. Su nombre, Manuel Prieto Varé, primo hermano de Varelito (recuerden aquí nuestro homenaje a aquel magnífico estoqueador). El toro le arrancó la femoral del muslo derecho.



A Gitanillo lo cogió ese Fandanguero que hizo tercero. Cuando entró en la enfermería, el doctor Segovia estaba pendiente de la femoral rota de Varé y el suelo estaba teñido de sangre. Imaginen la situación ahí dentro cuando trajeron en volandas a Gitanillo con sus dos cornadas en los muslos y esa otra terrorífica en la cadera, que le había roto el hueso sacro al empotrarlo el toro contra la madera. Este es el parte:



Así cuenta Morla Lynch la cogida:

'Al iniciar la faena de muleta —después de ejecutar un suave ayudado por alto— fue cogido por el muslo, lanzado al aire y luego recogido nuevamente por el toro, que lo arrolló bajo el estribo, recibiendo allí una tercera cornada en la cadera. Yo cerré los ojos para no presenciar el final de la tremenda embestida…'



Todo el mundo se acordó del pobre Granero al ver al diestro ahí debajo en el estribo. En esta ocasión no hay ninguna duda acerca de la diligencia de Lalanda en el quite. Se llevó una ovación de gala que coincidió cuando levantaban a Gitanillo del suelo. Continúa Morla:

'Al abrirlos de nuevo vi con estupor y admiración a Marcial Lalanda, que, metido entre los cuernos y la barrera, con una temeridad y nobleza para las cuales no hay términos de suficiente elocuencia, lograba llevarse al astado en medio del estruendo de una ovación que estremecía la plaza entera'.



Ya saben que a Marcial se le había criticado el no haber estado pendiente de Granero el día de Pocapena. El diestro siempre lo negó y lo achacaba a una campaña de los del semanario El Clarín, que le pidieron un aumento del sobre que ya pagaba y se negó. Lo contábamos aquí. Por cierto, el torero madrileño saldría en hombros aquella tarde mientras operaban a Gitanillo en la enfermería:



El silencio en aquella enfermería era de muerte mientras desde la calle llegaba el eco del jolgorio del triunfo de Lalanda. Anotemos que más tarde tanto él como Chicuelo volvían a la plaza y entraban en la enfermería para interesarse por su compañero.

Su mozo de espadas contaba que cuando lo llevaban por el callejón iba diciendo:

'Me ha desbaratao, esta cornada es mu fuerte, me ha destrosao...'



Pudiera ser que la cornada se la pegase por haberlo picado mal. Gitanillo lo había recibido con siete verónicas. Tras el segundo puyazo hizo un memorable quite con cuatro y una media que levantaron al público de los asientos. Ésta fue una:



Acudió el bravucón al caballo por tercera vez y aquí recibió una lanzada muy fea por baja y contraria, o sea, para entendernos, en su costado izquierdo. A partir de entonces, el animal se dolió, mostrándose incierto y receloso por ese lado, sin que el diestro quisiera ver ese defecto porque sólo pensaba en torear (sic en una crónica). Fue precisamente en un pase por ese cuerno cuando prendió al maestro en terrenos del 1.

Al día siguiente se daba cuenta de que lo que notaba en las piernas no era normal. De hecho, no quisieron decirle que si salvaba la vida iba a quedar inútil. Cedemos la palabra de nuevo al pobre diestro, quien se lamentaba mientras intentaban darle moral:

'¿Que no es nada? ¿Nada? Mira, me ha dao tres cornadas, una en cada muslo, y otra en la cadera... ¿Y qué me pasa en las piernas? He perdido la sensibilidad, parecen de trapo... La que no me deja vivir es ésta de la cadera. Bien que me dio el ladrón... Pero paciencia, tenía que ser así...'



El maestro morirá dos meses y medio después tras una penosa agonía y, lo que es peor, completamente consciente de todo. Los gritos que pegaba durante las curas se oían desde la calle. Tuvo muchos problemas urinarios por efecto de esa terrorífica cornada en el hueso de la cadera. Además se le declaró una meningitis y hubo que hacer varias transfusiones por complicaciones en un muslo. Si quieren un detalle de estos desagradables pormenores, vayan a la página 980 del tercer volumen del Cossío. El autor los incluyó contra lo que era su costumbre. 

Lo de las transfusiones es relatado también por Morla ya que estuvo a su vera durante todas esas semanas de sufrimiento. Son aquellas transfusiones primitivas, como las cinco de Manolete (pulsen aquí), la de Ostos (aquí), las de Gitanillo Chico (aquí) o la del citado Sánchez Mejías realizada con sangre de Pepe Bienvenida. Esto cuenta Morla:

Una transfusión de sangre se impone y el doctor Segovia solicita voluntarios que se presten a ella. No hay tiempo que perder. Me adelanto, sencillamente porque siento que debe ser así, y conmigo se ofrecen un picador de su cuadrilla, un banderillero de la misma y el chófer de taxi que siempre lo servía.

Por cierto, nuestro Gitanillo estará obligado a reposar casi siempre tumbado bocabajo por culpa de los grandes dolores que le causaba esa cornada en la cadera que comentamos. Aquí lo tienen de cara a la cámara con algunos visitantes:



Como curiosidad les diremos que en el sanatorio de toreros coincidió con Martín Agüero, a quien iban a amputar un dedo y medio del pie izquierdo por un inicio de gangrena resultado de una cornada reciente.

Un día, a solas el torero con el diplomático, sucedía esto:

Me dijo esta otra frase infantil, que me quedará grabada mientras viva:
-Yo le diré a la Virgen lo bueno que has sido conmigo...-
Pobrecillo… No hay posición que lo alivie: los huesos han perforado su espalda; pero sonríe siempre y no se queja, ni se rebela, ni se exaspera. Sólo una vez lo he visto impacientarse algo: fue un día cuando la enfermera le decía cariñosamente que Dios enviaba sufrimiento a los buenos porque los quería. Curro —que sufría intensamente— se incorporó un poco, penosamente, y le respondió con una gitanería:
-Que no me quiera Dios tanto… que de tanto quererme se está poniendo pesao y mal amigo-.

A Gitanillo le había dado la alternativa otro torero intuitivo como él: El Gallo. Fue en agosto de 1927. Toreó en los años siguientes más de doscientas corridas. Esta foto está hecha en Sevilla, en la corrida homenaje a El Gallo por sus veinticinco años de alternativa. El de la izquierda es Chicuelo:



Lo de torero intuitivo no es de nuestra cosecha sino de la de un admirador del maestro, Tomás Orts Ramos, Uno al Sesgo

Los aficionados solemos distinguir entre toreros largos o cortos. Él hablaba de toreros con oficio o con intuición. El que tiene oficio sabe siempre lo que hace. El intuitivo no sabe que sabe lo que sabe. Ojo porque el trabalenguas es cosa suya. Transcribimos su reflexión porque pensamos que tendrá interés para ustedes:

'El torero de oficio, es decir, el que sabe lo que sabe, el que con una práctica más o menos larga ha llegado a dominar la técnica, puede tener lo bastante con esa técnica para salir airoso en la mayoría de los casos que se lo proponga; y en ellos sí que es la voluntad la que manda. Pero en el torero intuitivo, en el que lo que sabe no sabe que lo sabe, porque su arte no es consciente sino inconsciente, el revelarlo es obra de determinadas circunstancias, de un estado de ánimo, que no se crea con sólo quererlo, que aparece y desaparece por causas que escapan la mayoría de las veces al propio interesado, que lo exaltan o deprimen sin motivo aparente en ocasiones'.

Y sigue:

'El fenómeno que queda por examinar es el que de vez en cuando se observa en algún que otro torero de los que seguiremos llamando intuitivos provisionalmente. Así que van adelantando en el oficio y dominando la técnica, diríase que van aminorando su personalidad, o, para expresarme en el lenguaje taurino, van "perdiendo el sitio", con gran desencanto del aficionado. Éste ve diluirse en la vulgaridad un arte excepcional, que, aunque sólo se manifestase a rachas, era de tal calidad que compensaba con una tarde buena varias malas. ¿No será que con el predominio del oficio sobre la "inspiración" en aquellos toreros a quienes falta el valor, cuando se dan cuenta del riesgo que afrontan por un exceso de vigilancia del consciente, queda anulado el subconsciente?'

No entraremos ahora a discutir si toreros de arte como Juan Ortega o Morante encajarían verdaderamente en esa categoría de intuitivos. Gitanillo sí era de estos últimos, por supuesto. Tampoco insistiremos en los consabidos elogios a su verónica, la del minuto de silencio. Además, con los dos pies asentados en la arena, como decía Paco Camino que había que tenerlos en este lance:



Lo del minuto de silencio lo recordaban en este titular:



De su muerte, el catorce de agosto, setenta y cuatro días después de la cogida, Morla guarda este tierno recuerdo:

'El gitano ha muerto hoy. Tenía veintisiete años. En torno del féretro descubierto, la familia permanece muda. La madre, sin proferir una palabra, contempla a su hijo, y hay en su dolor silente una nobleza que infunde en los presentes admiración, respeto y arrobamiento. A medida que pasan las horas, en la desolación de la vigilia, la fisonomía del gitanillo se suaviza, adquiere serenidad y diríase que de nuevo sonríe: es la misma sonrisa peculiar suya, un poco melancólica, con que recibía las ovaciones de la plaza en delirio. Tan contento como estaba, parecía triste'.

Había hecho testamento en favor de sus padres y dejó una cantidad aparte para que su adorado sobrino Currito pudiera estudiar una carrera.



El cadáver del trianero llegaba a Sevilla dos días después.  En la estación estaban, además de medio barrio de Triana, Juan Belmonte, Antonio Miura Hontoria, el Papa Negro, Vicente Pastor, Moreno Santamaría y, por supuesto, sus seis hermanos, su cuadrilla y su apoderado Domingo Ruiz. Salvo error, Pastor debe de ser el de la derecha:



Carlos Morla tiene dos libros más de memorias que les recomendamos. El primero está escrito en Madrid entre 1937 y 1939 y el segundo en Berlín, durante los años del nacionalsocialismo. En el que nos ha ocupado a cuenta del pobre Gitanillo verán desfilar, entre otros, a Eugenio d'Ors, Marañón, Ortega, Sáinz de la Maza, Unamuno, Azaña, Madariaga... y, por supuesto, a la generación del 27 en pleno.

Lorca y él asistieron juntos al último festejo celebrado en la plaza de la carretera de Aragón, con dos toros para el rejoneador Cañero y seis para Lalanda, Cagancho y Rafael, el hermano de nuestro protagonista. Ambos mostraban su desagrado ante la nueva plaza de Las Ventas:

'La «nuestra», la que abandonamos hoy para siempre y que será derruida en breve —tan íntima, tan campechana, tan integrada en la vida de Madrid—, tenía olor a sangre de toros y de toreros. La queríamos como algo propio y la lloramos como a una vieja abuela que se va. -La otra —dice Federico—, la gran plaza flamante, de ladrillos y azulejos resplandecientes, es una «monumental señora» engreída y antipática, con vuelos y encajes de «nueva rica»-'.



Un día un fulano llamó a Morla por teléfono. Tenía acento andaluz y decía que era un novillero amigo de Cagancho y que lo llamaba de parte del maestro para ver si aceptaba ir de mozo de espadas con él la temporada siguiente. Morla se quedó parado, empezó a balbucear... no sabía qué decir,  probablemente porque en el fondo quería aceptar. Sus dudas quedaron disipadas con la carcajada que se oyó al otro lado del hilo. Era Federico García Lorca, que le estaba gastando una broma...

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.

jueves, 8 de agosto de 2013

El taurineo como Cagancho en Almagro



La historia de una de las mayores escandaleras de la Fiesta taurina, protagonizada por el torero Cagancho, es de sobra conocida, y ha quedado reflejada en la expresion "quedar como Cagancho en Almagro". Una bronca descomunal, un verdadero motin provocado por la dejadez y la falta de vergüenza del desafortunado diestro (una mala tarde la tiene cualquiera). Los detalles los pueden leer aqui  o en el blog de El Rincon de Ordóñez.


El Alcalde de Almagro, en la Plaza de Toros
Han cambiado los tiempos, pero ahora nuevamente esta poblacion manchega, de arraigada tradicion taurina, està en el candelero por la polemica decision de su Alcalde de renunciar en 2013 a los festejos taurinos, a raiz de la poca seriedad con la cual las empresas, los toreros, y los ganaderos, suelen llevar el tema.


Comunicado del Ayuntamiento de Almagro sobre la no celebración de festejos taurinos en la feria del 2013


 Este año en Almagro no hay toros y espero que sirva para hacer reflexionar a todos los que intervienen en este negocio. El próximo año volveremos a intentarlo y esperamos encontrarnos con la Fiesta de verdad, en estado puro. Creo que alguien debía romper la baraja de una vez  si queremos que la fiesta no desaparezca.



Este año en Almagro no habrá corridas de toros. El centenario coso taurino almagreño no verá hacer el paseíllo sobre su albero. Muchas han sido las circunstancias que han dado lugar a este hecho insólito.  Almagro siempre ha defendido la Fiesta Nacional, su plaza fue de las primeras en proclamar públicamente el Manifiesto en defensa de la misma, pero las malas prácticas que se vienen sucediendo en torno al negocio de los toros han hecho imposible que este 25 de Agosto próximo el Coso de La Cuerda  abra sus puertas. Nuestra plaza siempre ha sido un lujo para la Fiesta, basta ver las crónicas y las publicaciones para ver que ha sido un compendio del Arte de Cúchares, testigo de la evolución del mismo y receptora de las mejores figuras y ganaderías de cada época.


 Durante ya demasiados años se vienen produciendo prácticas poco ortodoxas por parte de los protagonistas de la Fiesta: toreros, empresarios, ganaderos, etc. han venido poco a poco desprestigiando los festejos en aquellas plazas que no están en el “circuito de las grandes ferias” (Madrid, Sevilla, Valencia, Bilbao, etc.) y así es habitual ver como el ganado está falto de trapío, los matadores no dan todo de sí mismos,  los empresarios quieren jugar con ventaja y al final el aficionado sale de la plaza asqueado porque se siente engañado. Y en estos momentos en el que los ataques a nuestra Fiesta son cada vez más agresivos, en los que ya hay ciudades como Barcelona en las que se han prohibido los toros y se está  creando una auténtica “generación perdida” de aficionados las exigencias para dar buenos festejos son cada vez mas inasumibles por parte de los Ayuntamientos, ya que cualquier empresa exige que se le financie y se le subvencione.



  En este contexto Almagro, con una solera más que probada y una tradición taurina acrisolada, está viendo como en los últimos años sus festejos no responden a las expectativas de los aficionados por la sencilla razón de que el Ayuntamiento se niega a dar dinero para la organización de los festejos. Los empresarios no quieren arriesgar y cuando lo hacen es con carteles muy medianos y con ganado sin trapío ni gancho con lo que poco a poco el público ha ido dejando de acudir a la plaza provocándose una espiral difícil de solucionar si no es poniendo dinero encima de la mesa. Y eso no, los Ayuntamientos no están para financiar negocios y menos en los momentos actuales en los que todos nuestros recursos se encaminan a atender las necesidades más básicas de nuestros vecinos.



 Para la Feria 2013 se han barajado varios carteles, varias posibilidades de organización pero al final todo lo que no pasara por desembolsar de las arcas municipales entre 40.000 y 50.000 euros era traer festejos que en nada ayudarían a atraer aficionados y harían muy poco por la historia de nuestra plaza. Para mí, como Alcalde, me parece una auténtica frivolidad gastar dinero del Presupuesto Municipal en organizar una corrida de toros cuando hay almagreños sufriendo el drama del paro, así de claro. Por eso he tomado la decisión, dolorosa decisión, de no dar festejos taurinos esta temporada.



  Como conclusión debo decir que o ponemos todos de nuestra parte (empresas, propietarios de plazas, toreros, ganaderos…) o nos estaremos engañando a nosotros mismos manteniendo de una manera artificial una de nuestras señas de identidad: La Fiesta Nacional a la que siempre he defendido.



  Por último quiero hacer un llamamiento a las figuras del toreo, punta de lanza de todos estos despropósitos. Mientras sigan con su actitud fría y distante ante el aficionado de a pie, mientras continúen con sus presiones hacia los Ayuntamientos (la “huelga” en determinadas plazas no tiene nombre), mientras pretendan seguir cobrando como si para ellos no existiese la crisis aún no llenando la plaza y no generando ni los ingresos para su  caché, mientras sigan imponiendo unas reses cómodas, flojas y manipuladas (muchas cabezas se han intentado enviar a analizar y las amenazas y coacciones a veterinarios y Ayuntamientos han sido de auténtico escándalo) y mientras pretendan torear, pero torear de verdad, solo en plazas de primera flaco favor le están haciendo a la Fiesta. La gallina de los huevos de oro está dando sus últimas boqueadas.



  Este año en Almagro no hay toros y espero que sirva para hacer reflexionar a todos los que intervienen en este negocio. El próximo año volveremos a intentarlo y esperamos encontrarnos con la Fiesta de verdad, en estado puro. Creo que alguien debía romper la baraja de una vez  si queremos que la fiesta no desaparezca.

           
LUIS MALDONADO


ALCALDE DE ALMAGRO

Plaza de Toros de Almagro

Blanco, y en botella: el Alcalde se niega a subvencionar, y tampoco a permitir en su plaza, aun sin subvencion, el fraude, la pantomima, la fiestecilla del torete afeitado y del destoreo, la que està echando a los aficionados de las plazas.

He querido reproducir integralmente el comunicado del Alcalde, para que no queden dudas. No es, la suya, una actitud en contra de la Fiesta, si no en contra de los malos taurinos que la hunden. No es como se ha dado la noticia, de manera muy sesgada, en Aplausos.es, causando la impresion de que la decision haya sido una arrebato de demagogia, poniendo al mismo nivel los toros, el alumbrado y las verbenas.

Lo de las subvenciones publicas a la Fiesta es un tema muy delicado, y se presta a los ataques de los antitaurinos. Si encima el dinero publico va a parar en los bolsillos de unos sinvergüenza que montan un espectaculo indigno, mejor cortar por lo sano. 

Hay ejemplos, en Francia y en España, de plazas que sin subvencion, o con un aportacion publica muy reducida, ofrecen festejos interesantes, que dignifican a la Fiesta. 

Ahora, hay que currarselo, hay que tener aficion, hay que salir del consabido "sota-caballo-rey", hay que contar con profesionales honrados y con el respaldo de los aficionados. Aun quedan, pocos, pero "haberlos haylos".

Tauro