La tarde transcurría bastante amarga para Gallardo por el comportamiento entre rajado y bronco de los cuatro primeros. Además, tenían una muy preocupante tendencia a refugiarse en los adentros. Pero héteme aquí que los dos últimos dieron un recital en la muleta embistiendo con casta y con mucho temperamento. ¿Cómo se obró el milagro?
Pues sencillamente por lo que decimos en el titular, que va referido a estos dos: el castigo en varas prácticamente no existió para ellos y se vinieron arriba. A las ganaderías del norit comercial te puedes permitir el lujo de no picarlas porque ya vienen picadas del campo y porque aunque se viniesen arriba no te dejarán nunca con el trasero al aire.
El encierro pesó 582 kilos de media. Llevaba leña para pasar el invierno en Arkhangelsk. Su juego fue el siguiente: primero, rajado y aquerenciado; segundo, cobarde y quedado; tercero, rebrincado; cuarto, bronco; quinto, sin caballo pero codicioso y con galope de bravo en la muleta y sexto, que también pasó sin picar, con poder y casta en el último tercio.
DÍAZ. Su primero era negro lombardo, ojalado, bragado, meano, axiblanco, bien encornado pero sin cuello. El rabo era muy raro:
Las fotos de los seis ejemplares son del maestro Moore. Se deja trasero en el primero y en el segundo nada, se va. Ahí tienen dónde cayó la puya.
A Román hay que avisarlo de que las tafalleras están prohibidas después de las del rabo de Morante. Luego Amores no quiso engañar, ¡gracias!
Con un trincherazo Díaz lo mandó al suelo. Su colocación, muy deficiente pero muy poco protestada porque aquí tiene bula. Su taleguilla, reforzada y el toro, quedado. Nada. Estocada caída entrando con el delantal.
El cuarto era castaño muy oscuro, listón, astracanado, lavado de cara, cornalón y cornivuelto:
El cuerno derecho era largo como día sin pan:
Barrenada con el caballazo flaqueando de atrás como ven abajo. En el segundo el piquero marra, le hace luego dos agujeros y recarga con maldad, algo típico en Díaz, que aquí nos conocemos todos.
Viaje cortito y con la cara alta al final. El maestro anduvo fuera de cacho permanentemente pero ni una protesta, pongamos que hablo de Madrid. Quiso tratar al toro como si fuese bueno cuando merecía un castigo duro. La consecuencia fue que el animal transitó a su aire de principio a fin.
Metisaca feo y mandoble bajo con degüello. Díaz es licenciado en telonazos, vean para qué tiene la mano izquierda:
ROMÁN. Su primero era castaño bragado, lavado de cara, cariavacado, astracanado, alto, veleto, un poco cornivuelto y cornalón:
Puyazo caído y trasero al relance y otro sin pelea y sin apretarlo. Escorial se sorprendió a sí mismo ya que medio cuadró en la cara y no está acostumbrado. El par se le fue abajo como ven:
Con buen criterio viendo las querencias de los dos toros anteriores Román empezó a torear en el platillo. El animal se venía muy rebrincado pero eso no arredra a uno como el valenciano. Quizá el toro necesitaba una mano más dura para conducirlo. El buen consejo desde el callejón era que bajase la mano porque veían lo mismo que nosotros.
Tablas o, si nos apuran, victoria a los puntos del toro. Pinchazo arriba, otro pasado, otro malo y estocada contraria.
El quinto era negro listón y cornalón, aleonado, acarnerado, con poco cuello:
Clava en el lomo pero Román ordena levantar rápido y lo obedecen al instante. Cuesta que vuelva y cuando lo hace, señal.
Lo había dejado más que crudo y de nuevo se puso en el platillo. El toro se le venía de muy lejos, vean:
Hubo valentía en el diestro pero luego toreó demasiado retorcido aunque con ganas de querer dominar al toro. ¿Saben qué hubieran hecho muchos otros toreros al ver un toro con tanto gas? Reducir la distancia al mínimo o incluso echarse encima del animal para ahogar esa embestida y así minimizar riesgos.
Como el toro repetía el público estuvo con él aunque su colocación no siempre fue la reglamentaria. Cuando no quiso rectificar las piernas, el toro lo volteó con el cuerno derecho (sufrir una cogida es clave en esta plaza tan sentimental):
En el suelo tuvo suerte porque el toro no husmeó sino que lo buscó pero no lo encontró:
En las bernadinas finales se la jugó ya que el tal Comisario estaba entero. Se tiró muy recto, detalle importante, pero pinchó arriba, otro detalle. Después, media pasada y ladeada que basta. Oreja que concedió el otro comisario y que no nos molesta por la actitud del diestro, aunque alguno de ustedes pensará que nos estamos reblandeciendo con el paso de los días.
SAN ROMÁN. Nos había causado buena impresión de novillero y le dedicamos en su día un titular que nunca debió de leer pero que le hubiera gustado (recuérdenlo aquí el día que los novillos también de Gallardo lo cogieron tres veces; la primera foto que verán es tremenda). Se presentó ayer con el mismo terno lila o malva.
El de la confirmación era negro mulato, listón, carifosco, veleto y apretado. Tenía cuatro años cumplidos en enero pero buena presencia a pesar de ese borlón tan feo:
Dos puyazos en el lomo aunque sin tapar la salida como ven por la mano izquierda:
Muy aseado quite del diestro combinando saltillera, lances de frente por detrás pero de perfil y brionesa final.
Galope en banderillas, con los listos de cada tarde. Aquí, Blázquez:
Toro extraño por su inicial embestida encastada pero su inmediata tendencia a rajarse. Por eso le aconsejaban que no lo apretase ya que entonces huía.
Al final se fue a vivir a tablas confirmando su bravuconería y anulando la buena voluntad del diestro. Mandoble que rozó el bajonazo clavando a capón.
El sexto era un castaño bragado, bocidorado, listón, bien encornado. Para nosotros, el de presencia más armónica. Embestía de lujo por el izquierdo ya en el capote:
Puyazo en el lomo a caballo atravesado. El toro, con la cara en la montura, queriendo quitarse el palo. De largo en el segundo, escarba pero galopa y al atravesar de nuevo el caballo éste desobedeció al picador, que marró. El animal quedó sin castigo, faltó una tercera vara en la que además hubiera galopado de largo casi seguro.
El tal Judío seguía demostrando que el pitón bueno era el izquierdo. Lo vio el mexicano pero de pronto fue como si hubiesen dado una guindilla al animal porque se puso muy violento añorando ese tercer puyazo. Anduvo muy valiente el hijo de Diego Puerta y arrancó varios naturales de mérito a causa del temperamento iracundo del toro.
Se tira recto y con fe y deja una casi entera, delantera y perpendicular con derrame que basta. Anda... a Aguado le piden la oreja con una estocada caída tras haber hecho cuatro posturas y San Román se va de vacío después de jugársela con verdad al natural y entrar a matar arriesgando. Pero es que ¡ni vuelta al ruedo, oiga! El mundo taurino al revés.
Gallardo salvó los muebles con esos dos últimos toros, que dieron un buen espectáculo en la muleta porque en el primer tercio no habían recibido castigo. Los toreros habrán visto esta corrida y en la próxima cita los de Fuente-Ymbro van a cobrar a duro por peseta, ya verán.
Y las figuras, alegrándose de haber acertado al tener al ganadero en el ostracismo desde hace ya muchos años. Claro, es que si te salen dos toros que en la muleta embisten como el Comisario y el Judío, no puedes romperte y abrir tu alma para expresar lo que llevas dentro. Lógicamente esta nauseabunda cursilada no es nuestra sino que la dijo literalmente un diestro en activo.
Muy valientes tanto Román como San Román pero está claro que el personal prefiere el toreo de espejo con el norit moribundo. Antaño esto de los toros era para hombres con valor que demostraban su gallardía y hoy es para... Bah, lo dejamos aquí porque igual nos cae una denuncia del Ministerio de Igualdad.
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


















































