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lunes, 19 de octubre de 2026

CARA Y CRUZ DE MORANTE

Los amigos del Club Taurino de Pamplona nos pidieron un artículo para su revista que como saben se publica cada año una semana antes de las fiestas.

El tema era Morante porque cuando se planteó, el maestro tendría que haber estado retirado definitivamente pero ya sabemos cómo derivaron las cosas posteriormente.

Les dejamos con nuestro texto y al final les facilitamos la manera de conseguir la revista completa para leer el resto de colaboraciones.


CARA Y CRUZ DE MORANTE

Morante ha sentado cátedra en tres suertes de la Tauromaquia según nuestra modesta opinión. Nos referimos a la verónica, las banderillas y la estocada.

Las banderillas no las comentaremos en este texto ya que se ha prodigado muy poco, a pesar de que cuando lo ha hecho ha estado a la altura de cualquiera de los mejores. 

Tengan en cuenta que la verónica y la estocada, junto al natural, son las tres suertes más difíciles del arte de torear. El problema es que en las dos primeras el maestro no ha sido regular y desafortunadamente nos ha mostrado siempre la cara y la cruz. 

Ha toreado a la verónica de manera excelente en unas ocasiones y bastante tramposa en otras. Ha ejecutado estocadas magistrales dignas de cualquier as de espadas pero a la vez ha castigado al tendido con sainetes a paso de banderillas que hubiera firmado cualquier miedoso pinchaúvas de tres al cuarto. Vamos a comentar ambas circunstancias.



En las verónicas se trata de ganar terreno al toro, no de llevarlo en línea. Los maestros antiguos, como Rafael Ortega, presumían de haber rematado una tanda de verónicas en la boca de riego después de haber comenzado en tablas. Así lo hizo el de San Fernando una tarde en Barcelona y dio la vuelta al ruedo antes de salir los picadores. 

La forma de ganarlo sería ir cargando la suerte con la pierna que corresponde al cuerno del toro por el cual se está ejecutando este lance. Con cuatro verónicas realizadas así, el torero habría ganado unos tres metros y medio al toro hacia afuera. Esto lo ha hecho Morante muchas veces, cuando se encontraba confiado y a gusto frente a su enemigo.



Lamentablemente en otras muchas lo que le hemos visto hacer es echar la pierna interna atrás. De esa manera se compone muy bien la figura para la foto pero no se gana ni un metro al toro. Se lancea así o porque el diestro no se confía ante un toro que le causa cierta preocupación o, simplemente, porque pretende arriesgar menos.

Lo pueden comprobar ustedes mismo si se ponen a torear de salón a la verónica. Se darán cuenta de que no hay comparación: una cosa es ponerse recto esperando el toro y echar atrás la pierna interna de manera tramposa justo antes del embroque; otra, muy diferente y muy meritoria, es mantener esa pierna interna quieta y dar hacia afuera un ligero paso con la externa. En ese momento enseñas el muslo al animal y ahí radica la clave. Si no tienes valor y confianza, esa pierna no se avanza para cargar la suerte invadiendo el camino por donde viene el toro. Es más socorrido echar la pierna atrás.

Echando la pierna atrás no se gana terreno sino que se lancea en línea. Si se gana es porque se dan pasitos hacia afuera cuando el toro se está dando la vuelta, no cuando debería ser, que es toreando.

Esta circunstancia de veroniquear echando la pierna atrás se repite en muchísimos toreros y habría que hablarlo con ellos enseñándoles un vídeo. La pregunta que les haríamos es si son conscientes de la coincidencia de que escondan la pierna derecha cuando la que tienen que enseñar es la izquierda y, en cambio, se les vea más confiados cuando la que enseñan es la derecha. Podría estar relacionado con que sean diestros y no zurdos. Un experto en lateralidad y su relación con los hemisferios cerebrales nos podría orientar. 




Desafortunadamente los aficionados no suelen mirar las piernas de los toreros, que es una de las cosas más interesantes en que fijarse durante una corrida, como decía Corrochano (recuerden esta crónica). El propio Morante sabe perfectamente de qué hablamos cuando le criticamos ese paso atrás al lancear.

En una demostración práctica ante unos amigos, él mismo lo censuraba, igual que nosotros. Decía: 

'Lo importante es que cuando se va a echar el vuelo del capote uno ya se quede colocado. Hay veces en que hacemos, yo incluso... cuando uno no se fía tanto (...) damos un paso hacia atrás y eso no está bien hecho'

Lo pueden recordar pulsando aquí y verán el vídeo. Han quedado claras la cara y la cruz de Morante cuando veroniquea, ¿verdad? Pues vamos con la estocada. 

No nos duele ninguna prenda en reconocer que Morante ha sido el torero de arte que mejor ha llevado a cabo la suerte suprema en la historia. Es que incluso ha sido mejor estoqueador que otros grandes maestros encuadrados en el ámbito de los lidiadores. Indiscutiblemente lo consideramos un matador muchísimo más puro que Gallito, Lalanda o El Viti y perfectamente a la altura de Rafael Ortega, Camino o, actualmente, Roca Rey.



Le hemos visto estocadas sensacionales donde ha cumplido a pedir de boca los aspectos esenciales de la suerte de la ley, como la denominaban en el siglo XIX. Son los siguientes,  aunque todo esto a sus partidarios les da igual:

- Perfilarse a la distancia adecuada, esto es, ni muy lejos ni muy cerca. ¿Para qué hay que perfilarse? Pues para salir limpio por el costillar. Todos esos que no cruzan y que se quedan en la cara podrían arrancar de frente. Ni que decir tiene que uno debe armarse entre ambos cuernos y no fuera de la suerte.

- Liar correctamente la muleta. Se hace para no arrastrar la tela al avanzar y evitar tropezar o que el toro te la pise. Está claro que los que pegan el telonazo no tendrían por qué liarla. Lo hacen por tradición ya que la llevan alta, con el palillo horizontal, solo preocupados por esconderse tras ella cuando inician la suerte.

- La mano de la espada debe estar debajo de la barbilla, encima del pecho. Paquiro decía 'delante del medio del pecho' y Ortega, 'encima de la tetilla izquierda'. No aceptaremos de ninguna manera estirar el brazo para pegar la puñalada como puso de moda Tomás Campuzano en su día y hoy imitan tantos.




- Descubrir la muerte con el brazo izquierdo apuntando con firmeza y valentía al morro del toro, poniendo el estaquillador vertical y haciendo que vaya la punta de la muleta entre las pezuñas. No puede ser girarlo en horizontal en el último momento para pegar el telonazo y dejar ciego al toro.

- Avanzar lo más lentamente posible, arrastrando los pies. Nada de entrar a la carrera.

- No estirar el brazo de la espada al ir a clavar sino mantenerlo flexionado y en la misma dirección que el torso. Estirarlo alejándolo del cuerpo es una trampa. Lo mismo que alargarlo para clavar antes del embroque. Que lo hiciera Gallito no exime de culpa a todos los que se alivian de esa manera, incluido él.

- En ese momento se hace la cruz con ambos brazos y tras clavar, se sale por el costillar. La mano izquierda 'te la debe coger el toro con la boca y llenártela de baba', como afirmaba Rafael Ortega.

- No saltar en el embroque. Un maestro en Tauromaquia no tiene que saltar nunca, bajo ninguna circunstancia, ya que estamos ante un torero y no un saltimbanqui.

Pinchar en buen sitio tras hacer la suerte cumpliendo las condiciones que hemos relatado no sólo no merece censura sino que debería aplaudirse. Habrán visto que no hemos hablado de igualar el toro, ¿verdad? Es que si el toro está bien toreado, se cuadra él solo ya que te pide la muerte. Recuerden que lo explicábamos aquí.

Pues ejecutando estos ocho puntos que acaban de leer nos ha deleitado muchas veces Morante regalándonos estocadas espléndidas. Un ejemplo fue la que recetó al segundo de Garcigrande en su presunta despedida madrileña del año pasado o la del juampedro en la corrida de la Prensa. También la del rabo de Sevilla. 



Todo esto que hemos relatado es la cara pero en no pocas ocasiones se ha dedicado a dar pena clavando a paso de banderillas de manera tan desvergonzada para el tendido como deshonrosa para un torero. Demostraba un miedo indisimulable que no cuadraba con el valor que siempre exhibió cuando estoqueaba bien.

Alguno de ustedes dirá que esos toros que para él eran malos no merecían que se los matase bien. Pues ya nos disculparán pero esa es una opinión de mal aficionado. El toro, y más aún ese aficionado que ha pagado su entrada, merece siempre que la suerte suprema se ejecute con pureza. Además es una suerte que está en la mano y en la voluntad del diestro, solamente depende de él. 

¿Por qué se ha escaqueado Morante tantas veces de su obligación como matador cuando lo ha sido magnífico? No nos entra en la cabeza y no se lo perdonaremos nunca.



Lo vimos en la última corrida del 12 de octubre en Madrid cuando su primer toro no le gustó y lo asesinó escupiéndose con gran desfachatez:



Cara y cruz, como decíamos en el titular. Un maestro a la altura de los mejores de la historia de la Tauromaquia tanto en la ejecución de la verónica como de la estocada pero, a la vez, un diestro sin vergüenza a la hora de buscar ratimagos para dar gato por liebre a la afición.

Felipe Benítez Reyes, gran admirador de Paula, decía algo que puede aplicarse a Morante:

'sólo el genio tiene derecho a no serlo; sólo el genio puede ser la sombra patética de sí mismo sin dejar de ser quien es porque esa sombra patética es también protagonista principal de la trama'

Pues no tenemos más remedio que discrepar con el escritor gaditano. Un torero es sobre el papel algo muy grande y jamás debería convertirse en una sombra patética de sí mismo.

Eso es precisamente lo que ha hecho Morante en más de una ocasión especialmente a la hora de la estocada. Si veía oportunidad de triunfo mataba de forma excelente pero cuando el toro no le había gustado, daba la impresión de que quería castigarlo asesinándolo. Pedir al maestro que matase tan bien como sabía a todos los toros fue como mendigar en casa del pobre. Insistimos en que no se lo perdonamos por muy genio que sea.

Hasta aquí nuestro artículo al cual hemos añadido para ustedes estos últimos tres párrafos. 

Si desean leer la revista cuyo índice adjuntamos más abajo pueden enviar un mail a ctaupamplona@gmail.com y la recibirán gratuitamente en archivo pdf. Les recomendamos que mejor lo hagan por WhatsApp porque pesa bastante y así será más agil.  La piden de parte de Rafa escribiendo a este número: 636620244.

Por cierto, pensábamos que tratándose de Morante todos los artículos de la revista excepto el nuestro tendrían olor a incienso pero encontrarán otro que también se sale de la línea turiferaria. Es de un selecto seguidor de nuestro modesto blog y se titula 'La coartada del arte'. Excelente, ya verán. 

Los feligreses del diestro, mejor que se abstengan. Pero para que no se enfaden los podemos poner en contacto con otro amigo del blog a quien vimos hace poco ataviado con esta camiseta de abajo. Les podrá proporcionar otra de su talla y también gorras, llaveros, chapas e insignias:



Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa. 




martes, 13 de octubre de 2026

FERIA DE OTOÑO, 2026 (y 4). ANDE YO CALIENTE...

Lo primero que llamó la atención fue la división de opiniones en el tendido entre los que querían hacer salir a saludar a Morante y los que protestaban, seguramente por haber eclipsado a Robleño el año pasado. La cuestión es que el cigarrero se quedó en el callejón. Ahí lo tienen con esa sucia costumbre de morder el capote que repiten todos a pesar de las quejas de Antonio Bienvenida, Paco Frascuelo, Díaz-Cañabate, Joaquín Vidal y las nuestras, que plasmábamos aquí. Parece mentira en él tan preocupado por otras cosas de la liturgia taurina:



Trajín de toros arriba y abajo en la víspera. El encierro terminó dando una media de 566 kilos. Su juego fue el siguiente: los de Garcigrande, noble y repetidor el primero, sin vida el segundo e inválido y tontorrón el tercero; los de Cuvillo, noblón y bobalicón el primero, terciado y repetidor el segundo y sin sal y aburrido el tercero. Hubo lleno:




MORANTE. Vino vestido de un verde grisáceo y oro, el mismo terno que llevó Gallito en su célebre encerrona con los toros de Martínez. Su primero era de Garcigrande, negro listón, cornilevantado, sin cuello, bajo de agujas, gordo y con pelota:



En el saludo con la capa le pegó una media rodilla en tierra que para el toro fue como un puyazo porque debieron de crujirle todas las vértebras. 

El picador lo pinchó en el lomo y el animal se dedicó a cabecear suponemos que notando el dolor. En el segundo huyó al hierro. Lo puso una tercera vez de manera absurda porque lo dejó ahí debajo y Rivas le echó el caballo encima pasando la raya como ven, total para señalar:



Observen cómo arriesgó Amores sin que lo aplaudiese nadie ni los televisivos comentasen nada, ¡y eso que Encabo fue torero banderillero! Al final gustarán más las banderillas a toro pasado de los subalternos figurones que los pares asomándose al balcón:



El torete estaba asfixiado y se quedaba corto y parado. El gesto de Morante era de desagrado porque la faena se desarrollaba como si estuviésemos en un cementerio. Nada.



Por lo menos esperábamos una estocada marca de la casa dado que eso no depende del toro sino del maestro pero aquí lo que hizo fue alargar el brazo cruzando a paso de banderillas. Muy mal, un insulto para los aficionados:



El cuarto era de Cuvillo, este castaño, bociblanco, bragado, listón, muy albardado, bien encornado y que fue protestado justamente por su apariencia anovillada. Como nunca se cayó, los protestantes tuvieron que comérselo con patatas:



Puyazo trasero del piquero y musical del toro. En el segundo no quiere y cuando va se repucha, llevándose dos agujeros por el precio de uno.

El torete sacó buen tranco en el segundo tercio. No quiso quebrantarlo y le hizo un inicio por ayudados rematados altísimos. Luego se puso demasiado cerca y se notaba al toro ahogado y a él agobiado. Cuando le dio más sitio respondió mejor pero con el maestro siempre colocado en la pala del pitón.



De esa guisa sacó unos naturales muy templados a toro aplomado. Se oía la zaragata en los tendidos sin que les podamos aclarar qué estaba pasando. Nos dio la impresión de que los oles redoblaban su intensidad, incluso en pases enganchados, solamente para fastidiar a los descontentos:



Metisaca bajo, del que más de dos se alegraron, y esta media trasera, caída y atravesada saliéndose de la suerte con similar descaro que en su primero:




HÉCTOR GUTIÉRREZ. Su primero era de Cuvillo, este negro listón, zarco, un poco chorreado y con la encornadura que piden hoy los taurinos, o sea, con perfil, que abra pero que vaya cerrando hacia arriba. Parecía ir descoordinado de manos cuando embestía:



El hombre que mató a Cigarrero prefirió apretar lo mínimo y darle al túrmix lo cual, siendo una vergüenza, es de agradecer porque con la corpulencia que tiene es capaz de partir un toro por la mitad. En el segundo, picotazo.

Buena brega de Gallego, de terciopelo, enseñando que el torito si duraba era de oreja. Vean cómo se venía:



El mexicano corrió la mano con pinturería pero movió los pies hacia el fuera de cacho. Eso que ven abajo lo hacen muchos y aunque corren la mano mucho peor que Gutiérrez, los ovacionan. En cambio su faena, sin enganchones, transcurrió sumergida en una indiferencia gélida.



Pegó el telonazo para dejar una estocada desprendida pero no trasera, como suele ser habitual en los que entran con la mano alta, recuerden lo que explicábamos aquí:



El quinto era de Garcigrande, este negro listón, feo por no tener cuello y por estar acochinado. Se llamaba Treinta y Tres y no creemos que fuese como aquel semental Treinta y Cuatro de Juan Pedro Domecq y Díez que se llamaba así porque su madre había tomado treinta y tres puyazos en la tienta de Parladé:



Se fue al relance al caballo pero tras el topetazo se soltó sin pelear y salió con el pitón derecho astillado contra el peto. Se habla de un problema de alimentación en lo de Hernández que provoca esos estropicios en las puntas. Segundo del que huye y clarines prácticamente sin picar.



Valladar antes tenía mucha más vergüenza torera pero recientemente se ha tirado a la vida fácil viendo que en la primera plaza del mundo lo que aplauden es clavar a toro pasado como este par que dejó él ayer. Puesto que el vulgo es necio, es justo clavar así para darle gusto:



A pesar del poco castigo en varas, si se le bajaba la mano se derrumbaba ya que probablemente no podía con su exceso de kilos. Poca cosa. Estocada caída.




AARÓN PALACIO. El de la confirmación era de Garcigrande, un negro mulato, listón, zarco, cornilevantado y muy bajito de agujas:



Tras unas verónicas todas de paso atrás tomó un puyazo extraño, metiendo el riñón de inicio pero luego cabeceando y yéndose. En el segundo Benítez lo pinchó en el lomo y salió claudicando.

En el único pase por bajo que pegó en la primera tanda el toro besó el suelo. Era de los garcigrandes repetidores a los que el diestro puede torear bastante relajado porque no tienen en la cabeza nada más que la tela.



Palacio picó bastante como se ve y se embarulló por momentos pero hizo algún tío vivo que firmaría cualquiera de las figuras del belén. El público estaba loco por aplaudir.



Se equivoca entrando en la suerte contraria y pincha; cambia a la natural y vuelve a pinchar por dos veces. Al final dejó una tendida pasada, pegando un saltito pero sin telonazo. Observen que el palillo está vertical y no horizontal:



El último era de Cuvillo, un negro listón, astiblanco, con pitones de diseño, regordío, llorón, acarnerado, con poco cuello y poco rabo. Lo recibió de rodillas en tablas con tres faroles en ambiente de velatorio:



Al relance metió el riñón y empujó con un pitón como ven mientras Quinta se volvía loco barrenando y carioqueando. Luego hablan de los picadores de dinastía, como si eso garantizase algo para el sufrido aficionado:



En el segundo el toro quiso empujar pero de nuevo este comandante de la banda del castoreño le tapó la salida y le zurró la badana. Qué asco...

El toro llevaba la boca cerrada, embestía pronto e incansable al principio pero le faltaba sal. Palacio pegó pases y aunque no nos parecieron peores que los que pegan otros con muchos más años de alternativa, escuchó pitos.



Estocada caída, con saltito pero sin telonazo. Lo que debiera ser normal se convierte en noticia y por eso tenemos que destacarlo. Posterior rueda de peones:



Seguramente Morante pensaría al acabar que erró al no dar por buena su despedida de justo hace un año. Recuerden aquí que nosotros titulábamos aquella crónica poniendo un adiós entre interrogantes porque lo veíamos venir.

Si después fue el portugués quien lo convenció es irrelevante pero la cuestión es que la tarde de ayer se saldó de manera gris para el maestro.

Nadie sabe qué hará el año que viene probablemente ni siquiera él mismo. No obstante, que se encuentre hoy con un mal sabor de boca queda compensado por todo el dinero que ha ingresado este año y por las alabanzas que ha ido recibiendo de tirios y troyanos, tanto merecidas como inmerecidas. 

Cuando ayer se estaba duchando en el hotel seguramente pensaría: ande yo caliente y ríase la gente o también ¡que me quiten lo bailao!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 2 de agosto de 2026

DELIRIUM TREMENS

Nos daba una pereza enorme ver esta corrida dado el ganado anunciado. Lo que nos decidió fue la posibilidad de deleitarnos con seis buenas estocadas ya que se anunciaban tres excelentes estoqueadores. Tenemos claro que en la suerte suprema da igual que el toro que tengas delante sea un norit o que sea Jaquetón. Al final vimos una muy buena de Talavante y otra más que aceptable de Morante recibiendo.



Hubo casquería abundante, un toro azuleado, petición de indulto y público absolutamente enloquecido, aunque no tanto como los paniaguados televisivos de Canal Sur. 

Con este panorama cuando lean por ahí las crónicas de los portales vendidos quizá saquen una impresión equivocada de lo sucedido. O quizá se equivoquen haciéndonos caso a nosotros, vayan ustedes a saber. 

La corrida de Álvaro  Núñez fue en general impresentable, sin trapío y con ejemplares indignos hasta de una plaza de tercera. Poca cosa en el peto excepto el fanfarrón cuarto, al cual Morante ordenó matar en el caballo. Luego él mismo se sorprendió de que le viniesen ganas de estar delante cuando su idea inicial era no querer ni verlo.



El juego fue el siguiente: primero, un borrego inválido; segundo, muy noble aunque un poco protestón; tercero, bravucón en varas y áspero en la muleta; cuarto, con poder en el caballo y luego mirón; quinto, incansable embistiendo al paso con nobleza estúpida y sexto, soso y sin fuelle.




MORANTE. Su primero pesaba 500 kilos y era un castaño oscuro, anovillado y con las patitas de cristal:



Simulacro en una vara y capotes al cielo para evitar el derrumbe. Tres capotazos le pegaron en el segundo tercio, ni uno más porque igual se echaba.

Labor de enfermero del diestro, con la muleta a media altura y consiguiendo que el animal la siguiese empapado sin volverse a caer.



Pinchazo trasero al encuentro más esta estocada recibiendo, trasera, desprendida y perdiendo la muleta. Oreja bondadosa:



El cuarto era impresentable con sus 473 kilos y casi brocho:




En el primero descabalgó al piquero porque cogió al caballo por la grupa como ven. En el segundo, como era previsible en esta gente tan vengativa, Rivas le pegó una paliza acongojante con doble carioca. Morante no sólo oía llover sino que ordenó una tercera entrada y la consiguiente zurra. El pobre animal pagó muy caro el extraño que  había hecho con el capote al maestro. Reseñemos que a pesar de tanta sevicia, en el segundo puyazo el novillete sacó el caballo a los medios con un empuje de categoría.



Morante empezó deambulando por allí un tanto medroso y sin acabar de confiarse nunca. Los televisivos lo tapaban constantemente diciendo que estaba analizando al toro. Insistían sin sonrojo en que 'el toro está dudando' cuando quien dudaba claramente era el diestro.



Cuando por fin se quitó tantas precauciones de encima el de Núñez ya se había parado. ¿Qué pasó para que la cosa terminase en delirio? A nuestro entender, dos circunstancias: la primera, que el animal lo miraba alternativamente y él le aguantó varios parones; la segunda, que todo el mundo había pensado que se lo iba a quitar de en medio con dos mantazos y una puñalada y el propio maestro sorprendió a la concurrencia, incluido a sí mismo, cuando al final se atrevió a sacarle pases. Muchos resultaron sucios pero dio igual porque para entonces el público ya había enloquecido. Y los televisivos, ni les contamos.

Pinchazo más esta estocada contraria y ladeada, saliéndose de la suerte con descaro. Bien el presidente Vega sin plantearse la segunda oreja.



TALAVANTE. Su primero era negro mate, terciado, ensillado y corniapretado:



Empezó a cabecear y casi descabalga al picador como ven. Cuando se recolocó en la montura le perpetró una rencorosa carioca:



El cantante Ambel hizo una muy buena brega donde bordeó la verónica. 



El torillo ya sacó la lengua en el segundo tercio pero luego metía el testuz como si fuese un amigo de la infancia.



El toreo de Talavante tuvo el mérito de que neutralizó el meneo de cabeza mínimo del animalillo. Con otra mano ese mismo toro igual acaba subiéndose a las barbas. Estocada trasera hasta la gamuza y sin pegar el telonazo, ahí lo ven. Este diestro es de los que apunta con el palillo al morro, ¡rara avis!



El quinto era otro gnomo anovillado y de muy poco respeto:



Guante blanco en el caballo en un trámite ordenado por el diestro del que se fue suelto. Ambel puso un par aceptable y este otro pasándose de listo:



El torete era de Duracell y tenía esa nobleza atontada que permitió al diestro hacer el tiovivo a placer. Faena de sesenta pulsaciones a la que solo faltó el fandango.



Pero echó la pierna atrás permanentemente. El respetable, loco, eso sí, y ya con el no lo mates en la boca. Talavante montó el numerito de retrasar la muerte a ver si aparecía el naranja pero afortunadamente no hubo tal. Lo ponemos en el haber del señor Vega porque Alvarito decía que lo hubiera querido cubriendo. Eso sirvió para que viéramos una excelente estocada del maestro, lo mejor que hizo en toda la tarde:



Como el festivo público estaba enfadado por no volver a casa diciendo que había visto un indulto, abroncaron al presidente y forzaron las dos orejas y un azul de chichinabo.

ORTEGA. Su primero era un toro barroso claro, escarbador y con un pitón izquierdo con ese aspecto...




Buenas verónicas de recibo, sin echar el paso atrás como hace otras veces el maestro y por aquí se lo censuramos:



En el primero entró con todo y cuando estaba romaneando salió huyendo. En el segundo mete bien el riñón pero el piquero cumple la orden del maestro de recargar con vileza haciendo la carioca.



Lo castigó muy adecuadamente con unos doblones iniciales ya que el animal iba a su aire. Después no había que quitarle la muleta de la cara porque tenía tendencia a la huida.



Pero no fue el Ortega que nos gusta. Este escondió la pierna intentando el tiovivo y eso no es. Lo que pasó fue que el toro no tragó y el maestro no pudo con él. Estocada caída ejecutada con lentitud:

ç

Culminó la novillada con este castaño bociblanco, bastante indecente de cara, al que esta vez recibió con verónicas de paso atrás después de un farol de rodillas en tablas:



Empuja con un solo pitón y está muy bien Bernal aguantando el envite tras levantar la vara. Cambió el tercio Ortega y ahora sí pegó dos verónicas buenas. Perico dio el pasito de más para aliviarse:



Tal como estaba el ambiente por poco que hiciera iba a tocar pelo. Ya se vio de inicio cuando le jalearon unos ayudados rodilla en tierra. El problema era que el choto tenía muy poca fuerza y venía rebrincadillo y punteando la tela.



A pesar de las desmesuradas alabanzas de los televisivos la faena no cogió ningún vuelo. La verdad es que Ortega había tenido mala suerte en el sorteo comparado con sus colegas. Buen pinchazo, otro caído, otro a toro aplomado, otro chocando con una banderilla, estocada corta escupida y al cabo se echa.



Fin de fiesta con ambiente de euforia delirante. El personal salió radiante del festejo y los televisivos no cabían en sí de gozo dando rienda suelta a su triunfalismo tan barato como estomagante.

A estas alturas al presidente Vega lo habrán puesto a caldo pero sepa que por aquí lo defendemos porque en el tema del indulto si no se cumple el artículo 57.1.a del reglamento andaluz no hay más que hablar y ese fue el caso. No obstante, le criticamos haber enseñado un pañuelo azul de risa. El artículo 56.3 dice que ese azul será otorgado por la excepcional bravura durante toda la lidia y en ese quinto no hubo tal.

Les hemos contado cómo lo vimos nosotros. Si ustedes vieron la corrida, lo discutimos en los comentarios y si no, véanla en la web de Canal Sur y deciden a quién hacen caso, si a nosotros o a las redes y a los críticos paniaguados del pesebre.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.