En caso de haber estado en Madrid ayer jamás habríamos acudido a Las Ventas, aunque nos hubieran regalado una barrera del nueve y después una invitación a cenar en Horcher. Que no, que con ese ganado y con ese cartel, nunca, ni a punta de pistola. Soportamos el festejo por televisión para que ustedes tuvieran la colección completa de crónicas de este culebrón pero quedan exonerados de seguir leyendo ya que la corrida fue horrorosa y van a perder el tiempo.
El encierro del rey del detergente, que en paz descanse, fue nefasto. Media de 573 para un juego tonto e insulso. Él buscaba el toriperrillo, 'que se coma la muleta por abajo, sin molestar y obedeciendo siempre al torero' (sic). Que a golpe de talonario Borja y Ricardo te pongan en bandeja buenos ingredientes y tú decidas confeccionar un guiso como éste, que no moleste, nos parece triste pero cada uno con su dinero hace lo que quiere.
El plato de ayer fue obediente y cómodo pero en malo: sin sal, sin pimienta, sin emoción, sin casta, sin ideas... un páramo.
Media de 573 kilos con este penoso juego: primero, escarbador y modorro; segundo, soso y discapacitado; tercero, sin vida; cuarto, sin nada; quinto, sin fondo y sexto, obediente.
PERERA. Su primero era negro mulato, listón, sin cuello, acarnerado y cornilevantado. Las fotos, del maestro Moore:
Puyazo caído sin apretar por orden rápida de Perera. A pesar de ello doblaba las manos. Escarba y le levantan.
El torete berreaba, seguía escarbando y deambulaba de aquí para allá. Perera hizo de enfermero en medio de la somnolencia general. Trasera perpendicular y desprendida, a capón y con telonazo. Ahí la tienen:
El cuarto era negro lombardo, bien encornado y venía picadito de nacimiento:
A pesar de ello el diestro permitió que Rivas lo zurrase en un primero con cara alta. En el segundo huye de la picadora ipso facto.
El torillo iba y venía tontamente. No entendemos por qué se apunta Perera a este ganado ni por qué le pega tanto en el caballo. Bueno, sí que lo entendemos. Trasteo de grandísima vulgaridad dentro de un aburrimiento insoportable.
Puñalada infame por traserísima, caída y atravesada. Observen esa mano derecha que baja desde la andanada del ocho para clavar a capón:
ADRIÁN. Su primero era negro listón, bajo y protestado al que recibió con un farol genuflexo:
Barrenada trasera de Sandoval pequeño en el primero como ven y señal caída en el segundo.
Blandeo de manos e indignante Blanco pasándose de listo. Los palos, muy traseros. Luego era muy obediente pero llevaba el depósito en reserva. Toreo típico de Adrián: hacia atrás, escondiendo la pierna, abriendo la puerta en los remates y haciendo muecas. ¿Por qué no se protesta su colocación igual que se recrimina a otros?
El toro duró dos tandas y media. Si en lugar de destorear torea, le dura una. Media arriba con gran telonazo. La imagen no es tras la estocada sino durante la faena, con el diestro lamentándose mirando al tendido:
El quinto, negro bragado, meano, axiblanco, justo de trapío por televisión pero sin protestas, quizá porque se tapaba con los cuernos:
Majada pequeño le atravesó el caballo para echárselo encima y después le clavó caído y trasero, haciéndole dos agujeros diferentes y barrenando. Estos son los picadores jóvenes... Al segundo no quería ir con toda lógica. Al final le hizo un tercer agujero recargando, todo por orden de Adrián, no tengan ninguna duda.
Muy aplaudido Prieto a toro pasado. Inicio cambiado de rodillas. Dejándolo respirar vio que repetía pero para perpetrar este toreo visto por delante...
Y por detrás:
Protestas muy leves para lo que oyen otros haciendo lo mismo. Una pesadez. Trasera caída y en la Beneficencia si usted no quería caldo tendrá dos tazas.
RUFO. Su primero era negro mulato, listón y astinegro, degollado:
Se estrella contra el equipánzer blanco por dos veces sin ningún futuro. Sánchez, aseado sin más porque no cuadró exactamente en la cara como él sabe. Fíjense en dónde están sus pies y dónde las manos del toro:
Este torillo podría haber tenido un cierto interés con Morante. Con Rufo, ninguno. Comparen, igual que Marco Pérez pero todo el mundo callado:
Estocada corta, pinchazo caído y media trasera, todo con el telonazo marca de la casa.
El último toro de esta nefasta corrida era uno negro mate, sin cuello y cornalón, feo:
Asistimos en el primer tercio a una visión de pesadilla. Era Espartaco, uno de los capitanes de la banda del castoreño, montado sobre el monstruo blanco. Añadan a eso una carioca asesina volcando todo su tonelaje encima del pobre toro:
En el segundo el desgraciado animal salió huyendo despavorido de aquel infierno. Cuando ves tanta sevicia te dan ganas de pedir el ingreso en la Protectora de Animales, qué asco.
El despropósito continuó con Fernando Sánchez dándola con queso al respetable. Lo pueden comprobar, no les engañamos. Él goza de indulgencia plenaria en Madrid y lo aplauden siempre. Así da gusto, oiga. ¡Es que la cabeza del toro está fuera de la imagen!
Después de haber ordenado esa carnicería en varas, Rufo se echó de rodillas y cuando se levantó, pegó pases. A nosotros nos aburrían pero el público chicuelino parecía entusiasmado.
Ya ven que las zapatillas apuntaban al Guadarrama y los cites eran con la cadera. El toro se murió sin ver dónde estaba el muslo del torero.
Los naturales fueron muy adecuadamente protestados mientras la solanera intentaba acallar la queja con aplausos (dicho sea con el gran respeto que merecen los selectos lectores de nuestro modesto blog que están ubicados en esa área).
Tiovivo final sin ningún valor, exactamente igual que el que criticábamos a Morante con la derecha el otro día. Media pasada y atravesada más una entera trasera con telón. Petición de oreja que por televisión no parecía mayoritaria. El comisario Rodríguez se mantuvo en su sitio, fue lo único bueno de la plúmbea tarde:
Finalizó esta tortura china tras dos horas y diez minutos. Fu-Manchú no hubiera ideado un tormento más inaguantable. Nos pasó lo mismo que a Kurtz en El corazón de las tinieblas o a su homónimo, el coronel de Apocalypse Now, ¿recuerdan lo que dicen ambos antes de morir? 'El horror... el horror...'
Nosotros tras semejante corrida nos moríamos pero de aburrimiento y decíamos: 'qué horror... qué horror...'
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




























































