Estaremos de acuerdo con Juan Pedro Domecq Solís en que la casta está reñida con la toreabilidad. Su frase histórica era:
'Todos sabemos que la casta y la fiereza, que son las que dan a la embestida esa sensación de riesgo, son algo contrario a la toreabilidad'
Para que el maestro construya su obra de arte, el toro tiene que venir lento, conforme más lento mejor. Es lo contrario a lo que Justo Hernández califica como embestir aborrascado. Se diría que el torito tiene que dejarse de borrascas y venirse anticiclónico, si caemos en la trampa de hablar usando esas ridiculeces de los taurinos, con su clase, su disparo, su descuelgue, su ritmo y sus memeces varias, que ni Belmonte ni Manolete entenderían.
La toreabilidad sería nobleza y temple, que sumadas nos dan la manida clase, palabra tan recurrente en el mundillo como odiosa al aplicarla a un toro de lidia. Ellos dicen que el toro tiene que embestir bien, con formalidad, porque si no, el diestro no puede acoplarse para expresar lo que lleva dentro.
Lo que los maestros de principios de siglo XX preferían era Saltillo y Murube. Sobre este segundo encaste, ya saben lo que pontificaba Gallito. No cabe duda de que esta sangre aporta toreabilidad al guiso y si además te proporciona caja, se te abrirán las puertas de las grandes ferias e incluso se te puede apuntar alguna figurilla.
Se acordarán de esta entrada donde hablábamos de que en la Unión nunca iban a mover ni un dedo por los encastes minoritarios. '¡Métanse eso en la cabeza!' exclamaba uno de los santones del domecquismo. Criticábamos allí a algunos de los ganaderos minoritarios porque nunca han querido vender. Planteábamos la posibilidad, que jamás desearía Victorino, de que un fulano le comprase vacas para cubrirlas luego con un semental de Murube y así vender 'victorinos negros'. Resultarían menos revoltosos, más dóciles, menos borrascosos y, en definitiva, más toreables.
Esta introducción viene a cuento del reportaje que Torista de Francia ha hecho en la ganadería de Hijos de don Ignacio Pérez-Tabernero, lo que hasta hace poco fuera Hoyo de la Gitana. Pulsen aquí y vayan al 2'50'', donde uno de los hermanos informa de que han metido Murube en sus santacolomas:
No es nada descabellado, por supuesto. Ya saben que lo suyo era Graciliano refrescado o mezclado con Buendía aunque ya veríamos si lo que empezó siendo Graciliano se ha mantenido con una pureza digamos que notable o aceptable.
Dice Ignacio que actualmente mantienen dos líneas: la de Santa Coloma, con cuatro sementales suyos, y otra con vacas santacolomeñas a las que están cubriendo dos sementales murubeños de Ángel Sánchez y Sánchez.
Entendemos que harán lo lógico si metes sangre de Murube, que es incorporar sementales y no vacas para ser cubiertas por santacolomas. En el campo charro se sabe que no resulta poner vacas de Murube con sementales de Atanasio, por ejemplo. Tiene que ser al revés, por eso decimos que los hermanos de Galleguillos deberían hacer lo teóricamente correcto en esa nueva línea: toros de Murube que cubran las vacas de Santa Coloma. José Manuel Sánchez, de Castillejo de Huebra, se lo decía a Viard:
'Si las becerras de Murube te salen con mucha clase, muy sositas, acabas con el toro manso perdido'
¿Es sosito lo de Murube? Nos responde José Murube Ricart:
'El toro que sueño hoy debe galopar largo tiempo en la muleta, humillando, viniéndose de lejos y, a ser posible, dando muestras de suavidad. Además, los toros alegres duran menos. Los sositos se crecen y duran más... Yo busco clase, calidad, humillación y que duren'
Ahí lo tienen. Suavidad, humillación, galope y duración, el póquer del toro posmoderno. Si encima son sositos, la miel en la sopa. ¿Estarán buscando eso los hermanos Pérez-Tabernero? Si no es así, lo parece.
Esos toros nobles y templados de Murube son los que criaba Félix Cameno. Que pregunten a Antoñete aquel verano de 1965. Paco Parejo le dijo que lo de Cameno no podía fallar y así fue. Tras aquel festejo el maestro recuperó la moral. Lo bueno es que lo de Murube es tan boyante y/o pastueño que se sobrepone a las intenciones del propio ganadero. Esto decía don Félix:
'Yo no estoy de acuerdo con esa teoría de que los toros se parecen a su dueño. Yo tengo fama de ser un ganadero con mala leche y lo cierto es que mis toros embisten siempre con mucha nobleza...'
Cuando se suicidió, los Lozano se quedaron una parte de sus murubes, que son los que terminarían en Castillejo de Huebra. Hace poco un amigo lector nos decía que las figuras no se salen de sus preferencias domecquistas ni para matar murubes del hierro de Zamarril. Hombre, es que aquello igual no es puro Murube, ¿eh? Todos conocemos a los Lozano. El citado José Manuel Sánchez contaba también esto a Viard:
'Un día que fui a su finca para ver los murubes me veo un toro de Núñez con las vacas. Pregunté a Pablo Lozano qué hacía ahí y me dijo: 'no, nada, que se me habrá escapado y ha saltado la cerca y no sé qué y no sé cuántos...' Él era muy partidario de cruzar. Pues vuelvo a los veinte días ¡y el toro seguía allí con las vacas! Querían colocarme ganado de Alcurrucén pero teniendo cuatrocientas vacas estaba claro que me iban a endiñar el desecho. De lo de Urquijo había unas doscientas vacas que se vinieron conmigo en 1987 aunque me escondieron quince o veinte porque son bastante golfos... Estaban todas flacas y tenían mucha clase pero muy poca fuerza...'
Volviendo a los hermanos Pérez-Tabernero, ¿a qué viene esto de meter Murube que, por cierto, también ha incorporado a su vacada otro conocidísimo ganadero salmantino presente en grandes ferias? Pues primero a buscar tamaño para entrar en las plazas de primera y, segundo, docilidad, esto es, a eliminar o atenuar el picante que pudiera tener lo que crían de Santa Coloma. Si estas dos no son las razones, que nos lo desmientan. En el caso del otro ganadero conocido, no necesita tamaño pero sí esa toreabilidad murubeña que ya gustaba tanto a Gallito hace más de cien años.
Así está el patio ganadero. Casi todos remando en la misma dirección, la de la toreabilidad, o sea, la de la poquita casta y que el toro no se mueva, para que así el diestro de turno nos atosigue el alma pegando pases sin piedad. Son esos toros que los taurinos dicen que van dormidos. Es una somnolencia que se transmite al espectador, como si fuese un picotazo de la mosca tsé-tsé, aunque los del mundillo se llenen la boca diciendo lo de '¡qué toro más güeno!'
Lo comentaba Dávila Miura en una retransmisión hablando de un ejemplar de encaste Domecq de 619 kilos y muy ofensivo por delante:
'el toro tiene una gran docilidad... es que parece mentira que un toro con esos pitones y sus más de seiscientos kilos sea tan dócil... ¡hay que ver dónde ha llegado la selección!'
Hombre, maestro, cambie usted el verbo y diga que hay que ver cómo ha degenerado la selección. Y otra cosa: ¿usted cree que a ese toro que pasa con el picotazo y luego embiste al paso, empapado en la tela, se le puede aplicar el calificativo de bravo?
Pero la reflexión es la que planteaba Domingo Hernández: aclaremos quién debería ser el consumidor del toro. ¿Lo es el torero, junto a su mariachi de críticos paniaguados, o el público orejil, que es quien mantiene el tinglado? Aunque quizá van todos en el mismo barco... ¿Alguien piensa que los clientes son los cuatro aficionados de la portátil que forman la escasa parroquia de nuestro modesto blog? A ver qué dice El Capea, ganadero murubeño:
'Es indudable que la mayoría de ferias se mantienen con el festejo entendido como divertimento pero la subsistencia de una ganadería pasa por la casta y la bravura y la única manera de calibrar eso es el caballo. Tendría que ser así aunque luego en la plaza el primer tercio sea un trámite. Y lo que está claro es que después, ya sabemos todos que el negocio y el dinero están en la muleta.'
Parece claro, ¿no creen? Los ganaderos de Galleguillos se apuntan al carro de aguar el vino. Ya escucharán en el citado vídeo que Ignacio no para de insistir en que:
'Queremos un toro del siglo XXI, que dé emoción pero que, sobre todo, tenga algo fundamental para nosotros: la buena clase en la muleta para que triunfen los toreros'
Blanco en vasija, leche fija. Probablemente cada vez será más difícil ver imágenes como ésta de un toro suyo en Vic-Fezensac:
La pregunta que haríamos a los hermanos es si para ese viaje hace falta alforjas. Lo decimos porque igual se quedan en terreno de nadie: ni pedirán sus toros los toristas, ni los querrán ver los toreristas. Y entonces, ¿qué?
Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



