lunes, 2 de noviembre de 2026

PEPE LUIS SE APROVECHÓ DE LA COGIDA

De un tiempo a esta parte el buenismo imperante en la sociedad se ha trasladado a los ruedos. Un ejemplo de ello podría ser la proliferación De indultos de chichinabo. Otro sería cuando sale un diestro a acabar la lidia de un toro que ha mandado a la enfermería a un compañero y el público protesta si se pone a torear. Parece que sea una falta de respeto al herido o un aprovechamiento censurable de la desgracia del colega.

Antiguamente no se contemplaba esta tesitura y mientras el torero cogido lo pasaba mal en la enfermería, el director de lidia podía torear ese toro y triunfar con él sin que se lo echasen en cara. Hemos visto ejemplos de ello hasta hace treinta años pero hoy en día ya es más difícil.

Nos iremos a 1951 para recordar un ejemplo de gran triunfo de un torero aprovechando el percance del compañero. No fue exactamente con ese toro sino con el otro que correspondía a quien ya estaba en la enfermería.

La cogida es esta. El toro se cebó en José María Martorell, quien además de la herida en la pierna se llevó un fuerte golpe en la cara:



La Corrida fue la de la Asociación de la Prensa del 5 de julio de 1951. A las seis menos cuarto de la tarde y con un calor sofocante se lidiaron ocho toros de Domingo Ortega, quien hacía su verdadera presentación en Las Ventas. Había lidiado una novillada la temporada anterior que resultó muy exitosa. No tanto esta corrida ya que salieron mansurrones excepto segundo y octavo. Eran parladés. Aquí tienen tres de ellos:




En el cartel, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Manolo González y el citado Martorell. El presupuesto fue de un millón doscientas mil pesetas porque cobraron todos. Como hubo lleno deducimos que las cuentas salieron. De izquierda a derecha, Pepe Luis, Manolo, Antonio y José María:



Al primero de la tarde Pepe Luis no lo quiso ni ver. Fue un manso quedado al que achacaron problemas de visión. El maestro no hizo ni una socorrida faena de aliño. Bronca.

En el segundo Bienvenida se fue inesperadamente a porta gayola a recibirlo:



Buenos lances y buena faena premiada con la oreja. Era la cuarta vez que hacía el paseíllo en la corrida de la Prensa, de la que sigue manteniendo el récord de comparecencias con once:



Manolo González perdió los trofeos al fallar con la espada. Se conformó con sendas vueltas al ruedo en sus toros. Dejó unos buenos lances con su gracia sevillana. Recuerden que estamos ante uno de los pocos toreros que luego triunfará como ganadero. Aquí lo tienen aquella tarde:



Martorell había dejado buenas impresiones en sus dos apariciones en el recién celebrado San Isidro y seguramente por eso lo anunciaron en la de la Prensa. Su primero le dio problemas por resultar un manso con querencia a toriles y probón en la muleta. Con valentía Martorell se fue a chiqueros y allí insistió al natural hasta que el toro lo enganchó por el muslo izquierdo. 

Este es el instante en que el toro lo derriba. Si estaba toreando al natural y parece que la muleta vuele cerca de su brazo derecho será que la cogida llegó en el remate por alto:



Su banderillero, Manuel Fuentes Bejarano, lo mancornó de la manera que ven para distraerlo. Cuando las aguas volvieron a su cauce el peón saludó montera en mano:



Fuentes vio la cornada de Islero en directo porque iba en la cuadrilla de Manolete. Muchos años después, acompañando a Bernadó, un toro de Sánchez Arjona lo mató en Vitoria. Tras clavar un par el animal hizo hilo y lo derribó bajo el estribo, como a Granero. Allí lo corneó varias veces, en el abdomen y en un pulmón. De él hablábamos aquí. 

Volviendo a Madrid,  se levantó Martorell sin mirarse, con la taleguilla ensangrentada aunque se dudaba al principio si era sangre suya o del toro. Cojeando quiso seguir con el trasteo y entró a matar pinchando tres veces zafándose de sus peones, que querían retirarlo del ruedo porque ellos sí habían visto que iba herido. No pudo entrar una cuarta porque no se mantenía en pie.

El cordobés de apellido catalán firmaría ese año su mejor temporada con setenta y una corridas pero sumen tres cogidas, entre ellas la que acabamos de relatar. Fue torero valiente y no exento de técnica al que castigaron bastante los toros hasta su retirada en 1957. Era doce años más joven que Manolete, a quien conoció haciendo tapia en un tentadero. Tuvo buen cartel en México y en Barcelona. Aquí lo tienen en un natural y más abajo en una llamativa verónica de manos bajas. Lancear de esa guisa dice Morante que es sacudir la alfombra...




Poca cosa había hecho Pepe Luis en su segundo. Faena, esta vez sí, de aliño con estocada y pitos. Mala tarde para el de San Bernardo, que se iba a retirar del festejo como el peor de los cuatro protagonistas con diferencia.

Pero salió el octavo que hubiera correspondido a Martorell. Un toro noble al que Pepe Luis toreó a placer. Se habló de arte purísimo, difícil facilidad y ausencia de retorcimientos. Esto de no retorcerse era una marca de la casa que hoy debería copiar el 90% del escalafón. Adornos finales con algún kikirikí (recuerden esta entrada, donde hablábamos del origen de este apelativo), media arriba, descabello y oreja. El pase y el cite son de ese toro:




El rubio de San Bernardo se hizo perdonar sus dos actuaciones anteriores,  que quedaron borradas por esta faena al toro de Martorell. Lo quisieron sacar en hombros pero se negó y abandonó la plaza andando.

Hay que aprovechar las oportunidades y los que fueron figuras siempre lo hicieron. Pepe Luis se olvidó de que su compañero estaba herido en la enfermería y cortó la oreja de ese toro. Estaríamos un poco ante esa característica que Guillermo Sureda llamaba la velocidad en el toreo, que consistiría en dar el callo y no fallar en  momentos clave de la carrera de un torero.

Con la misma ganadería de Domingo Ortega se volvió a anunciar en octubre de ese año en Sevilla para dar la alternativa a su hermano Manolo.

Dos años después de esta corrida se retiraría en plena madurez aunque con la fugaz reaparición de 1959 quizá por dinero. No obstante, siguió acudiendo puntualmente durante muchos años a hacer los tentaderos en Zahariche. Recuerden pulsando aquí nuestro homenaje con ocasión de los cien años de su nacimiento.

Nos despedimos con una frase del maestro. La decía llevando ya muchos años retirado y enlaza con la entrada anterior:

'Esa impresión de que la muerte está en el ruedo, de que casi se ve, no me parece que se dé ahora de la misma manera. No es que no exista, existe igual pero no se ve. Está por allí, escondida, antes daba más la cara. Ahora ¿dónde se esconde? Quizás en el peto de esos caballos percherones...'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.