miércoles, 21 de enero de 2026

TOREROS LARGOS Y TOREROS CORTOS

Quien no sea aficionado no entenderá esa distinción entre toreros largos y cortos. Es posible que llegue a pensar que estamos hablando de la estatura. No hay tal, la prueba es que ha habido muchos diestros largos de estatura pero cortos en recursos. A Juan Mari le dijeron una vez que él había sido un torero largo y respondió: 'sí, de 1,87'. A Paquirri le preguntaron si se consideraba un torero corto o largo y dijo: 'ni una cosa ni otra, ponga usted un término medio'.

Cualquiera de ustedes sabe básicamente a qué nos referimos y esa división nos servirá para hacer una divagación en esta entrada acerca de su significado. Será simplemente eso, un entretenimiento, como si estuviésemos en una tertulia invernal de aficionados al toro, de las que cada vez abundan menos. Ah, y en esta entrada hemos decidido no citar a ningún diestro en activo. Todos los que saldrán están muertos o retirados.

De entrada, el torero largo es el lidiador completo mientras que el corto es el que se guía por la inspiración. El repertorio del torero largo hace honor a su adjetivo ya que es capaz de hacer de todo en el ruedo. Por ese motivo muchas veces se ha calificado a los toreros largos como alegres o bullidores. El corto hace menos cosas pero eso no quiere decir que las pueda hacer primorosamente. Aquí tienen a uno largo y uno corto:



Pero la cosa no está tan clara cuando pensamos en Domingo Ortega, torero largo tanto por su dominio de los toros como por su cerebro privilegiado aunque a la vez corto por su repertorio. Luján discutía su dominio porque decía:

'quizá puede demasiado a los toros, a los pobres toros de nuestros días; torero recio, sobrio, que domina las reses con razones de terciopelo pero con las piernas crispadas y la mano dura a la vez que la tela blanda... Es el lidiador por excelencia, conocedor de los terrenos, y del toro, de repertorio corto. Sin emoción en su trasteo, de una frialdad abrumadora... Convence pero no ilusiona'

El maestro de Borox se había dado a conocer actuando de sobresaliente cuando realizó un quite en un mano a mano entre dos toreros largos: el malogrado Manolito Bienvenida y Marcial Lalanda.



Otro que tal baila sería El Viti, torero corto de repertorio pero largo de recursos técnicos. Y no especialmente buen estoqueador. Remarquemos que tenía la buena costumbre de no morder nunca el capote, chaladura que repiten hoy todos, hasta Morante, tan aficionado a la liturgia taurina (lo de la chaladura es cosa del hermano de Frascuelo, recuerden esta entrada). Y un tercero sería Antonio Márquez, considerado un gran lidiador pero a la vez torero corto de repertorio, aunque siempre elegante en lo que coinciden todos. Vean su media:



Al largo le valen todos los toros. Fernando Domínguez decía que el torero largo siempre sacaba partido de su oponente. El corto tiene que esperar más a que salga uno que se adapte a su arte. Belmonte era corto pero no pegaba el petardo cuando no salía su toro. En esto hemos llegado en los últimos cuarenta años a unos extremos escandalosos en toreros de arte, aunque han gozado de la aquiescencia del tendido y de la comprensión de los críticos paniaguados.

Muchos liquidan la cuestión que nos ocupa afirmando que el largo es el valiente y el corto el artista. De ello se deduciría que no habría torero largo con arte o corto valiente, lo cual es muy discutible si se piensa en Paco Camino como ejemplo de lo primero y en Manolete de lo segundo. No a todos los toreros cortos se les arruga el ombligo. Belmonte vuelve a ser un ejemplo, ¡y El Litri o El Espartero! Bombita dijo de Belmonte: 'Juan, gracias a ti la fiesta de toros puede seguir llamándose fiesta del valor'.



En caso contrario, ¿puede ser medroso un torero con recursos? Sí. Aunque algunos lo discutirán, consideramos a Rafael El Gallo torero largo y a la vez medroso, lo cual parece un círculo cuadrado. Otro tanto sucede con Pepe Luis, añadiéndose en él la indolencia o falta de ambición ('si Pepe Luis, toreando como torea, tuviera bragueta...'). Creemos que en estas dos figuras excepcionales se da ese aparente oxímoron.

Hablando de Manolete, que es quien decía lo de la bragueta, se suele afirmar que el torero largo, al tener más recursos y más facilidad, tiene más posibilidades de quedar bien cada tarde. Pues el califa, siendo torero corto, era capaz de quedar bien el noventa por ciento de las veces (excepto aquella tarde en Soria, cuando lo quisieron matar, recuerden esta entrada). Aquí lo tienen adelantando la pierna ante un toro que embiste con brío:



A veces en toreros cortos era suficiente  con quedar muy bien una vez para acallar cualquier reserva. Gallito se lamentaba de que Belmonte tenía indulgencia plenaria por parte del público. Y el apoderado de Gitanillo, otro torero corto, siempre repetía que una buena verónica de su pupilo borraba lo que hicieran todos los demás.

Otros hablan de que el largo conjuga facultades y facilidad para torear. Según esto, ¿el corto sería siempre un diestro con pocas facultades y con menos facilidad? 'Después de mí, nadie y después, Fuentes', decía Guerrita. Precisamente Antonio Fuentes fue torero corto por falta de facultades (el de la siguiente foto), igual que Antonio Montes. Pero El Espartero sí las tenía y era de los cortos.



¿Qué pensaba Cossío sobre esta cuestión? Una vez se lo preguntaron y ésta es la respuesta que dio:



El torero largo tiene por definición más recursos que el corto, en eso podemos estar de acuerdo. ¿Eso quiere decir que sufrirá menos cornadas? Pedro Romero fue ejemplo de torero largo sin cornadas, igual que éste de abajo, Pepe Bienvenida:



Pero hay cortos como Belmonte con pocos percances relevantes (únicamente una cogida muy grave en Barcelona en 1927). Lo mismo que El Gordito. Y en contra, hay toreros largos que dejaron su vida en el ruedo. El ejemplo de Gallito es el que viene enseguida a la cabeza, así como el de Granero o El Yiyo. Pero es que el primer torero muerto en la arena, José Cándido en 1771, fue considerado por todos como torero largo, valiente, dominador de todas las suertes y perfecto compendio de las escuelas rondeña y sevillana, como su hijo Jerónimo José, que tenía un año cuando murió su padre en El Puerto. Obsérvenlo apuntillando con un sombrero cuando no existía la cruceta:



Hablando de sombreros, miren al más largo de todos poniendo uno en el cuerno para adornarse. El alarde parece una tontería pero Lalanda sufrió su más grave cogida haciendo lo mismo a un toro de Samuel en Valencia. Se le arrancó inesperadamente cuando estaba colocando uno en la misma tesitura que Gallito:



Costillares, El Chiclanero, Lagartijo y Guerrita serán toreros largos en el siglo XIX. El Tato lo será corto, como Frascuelo. También El Espartero, de quien recordarán aquí lo que contábamos de sus ochenta y una cogidas.  

Bombita y Joselito serán los dos más largos de principios del XX, junto al malogrado Granero (recuerden nuestro homenaje aquí). Vean a Manolet en una voltereta sin consecuencias:



José y Juan llevaron muchas veces como telonero a Saleri II, quien con el tiempo sería maestro de Andrés Vázquez. Tanto Saleri como Vázquez fueron toreros largos. De Saleri II hablábamos aquí, otro diestro con muy pocas cogidas.

Cuestión aparte es la estocada. Toreros cortos como El Espartero o Curro Romero no sabían matar. Pero ¿forzosamente el torero largo es siempre un gran matador de toros? No. En esto no tenemos ninguna duda. Gallito mataba mal siendo torero larguísimo (recuerden esta entrada) y en cambio don Luis mataba inapelablemente siendo cortísimo (pulsen aquí, donde contábamos cómo salió a botellazos de Tarragona). Igual sucede con Nicanor o Machaquito. Precisamente esto era lo que pensaba Mazzantini del Nene de Gelves:



El Tato y Frascuelo siendo cortos mataban mejor que Lagartijo o el Guerra y en cambio, El Espartero, otro muy corto, no sabía matar. Uno también corto pero tenido por excelente estoqueador fue el citado Machaquito, además de ser todo  un ejemplo de pundonor y valentía siendo torero de recursos limitados. Lo mismo El Tato. Fíjense qué estocada más buena de otro torero corto, Rodolfo Gaona. Ha descubierto la muerte de manera sensacional y no ha pegado el telonazo dando al toro la ventaja de que lo vea. Lo mata, no lo asesina como vemos hoy cada tarde. El único pero que se le podría poner es que parece llevar el codo un poco alto para clavar a capón:



Y Manolete, ¿qué? Otro corto que es sin duda uno de los seis mejores estoqueadores del siglo XX:



Cagancho también era torero corto, de pura inspiración, y sin embargo dejó estocadas memorables ejecutadas con asombrosa lentitud.

Pero si estuviese leyendo esta entrada el cura de El Quijote, nos criticaría diciendo lo mismo que afirmaba de La Galatea mientras llevaba a cabo su donoso e incendiario escrutinio: 'promete algo pero no concluye nada'. Pues bien, tras toda esta ensalada de toreros vamos a intentar concluir algo de la cuestión que nos ocupa. 

Zabala padre decía que un torero corto era aquél a quien le faltaban dos cosas: recursos y variedad. Podríamos colegir de ello que le faltaría oficio, ¿no creen? Pero es que el mismo Zabala se preguntaba si era absolutamente necesario que un torero conociese perfectamente todos los entresijos del oficio de torear (hoy tenemos docenas de ejemplos de toreros sin oficio que ahí están).

Relacionado con esto, Guillermo Sureda decía que se podía ser buen torero sin tener inspiración pero que, a la vez, había habido toreros que sin ser grandes técnicos, o sea, sin tener demasiado oficio, lo tapaban con una gran inspiración. Ahí entraban para él Gitanillo, Victoriano de la Serna, Chicuelo, Pepe Luis, El Gallo o Cagancho (el de la siguiente foto). En el caso de Rafael y Pepe Luis ya han leído más arriba que le discutiríamos lo de que tuviesen un oficio corto. Chicuelo era su máximo ejemplo de torero muy corto en oficio pero sobrado de genio y de inspiración en momentos concretos.



Afirmaba también que el torero largo prefería rozar el peligro antes que enfrentarse cara a cara con él. Decía que los toreros largos siempre andaban más justos de valor aunque anotaba la atenuante de que quizá su cabeza era tan privilegiada para ver los toros que les hacía adivinar el peligro mucho antes que a los de menos recursos o menos cerebro taurino.

Por eso Lalanda apuntaba que teniendo Pepe Luis una cabeza privilegiada para torear 'con un conocimiento de los toros como yo sólo se lo he visto a Joselito, veía muy claro el peligro, a veces incluso más que el que existía en realidad'.

Al sabio mallorquín le daba igual que un torero fuera largo o corto 'siempre que sea largo en cuanto al número de toros que sea capaz de torear con éxito'. Está claro que él renegaría de los diestros que esperan que salga el toro adecuado para destapar su tarro de esencias.

Sureda hacía una distinción curiosa que quizá iba más allá de lo de toreros largos y cortos. Él hablaba de lógicos y mágicos. Los primeros ven al toro como un enemigo, se guían por la inteligencia, son grandes lidiadores y tienen un repertorio extenso. Los segundos ven al toro como un amigo, emocionan más, actúan más por intuición que por inteligencia y buscan la creación y el sentimiento.

Podemos resumir las características que cumplen los toreros largos en las que enumeraba Néstor Luján: buenas cualidades físicas, agilidad, gallardía, conocimiento de las reses y de las suertes, recursos técnicos, toreo dominador, frío, seguro y mucho entusiasmo por el oficio. He aquí un ínclito ejemplo de todo ello. Es la plaza de Vitoria ante uno de Villamarta:



Luján comentaba que la largura en los toreros representaba la línea antigua, una que iba de Guerrita hasta Bombita, Gallito, Lalanda, Armillita y Luis Miguel. Éste es José iniciando su quiquiriquí. Pulsen aquí porque en esta entrada explicábamos cómo se realiza:



La cortedad sería la que él llamaba línea renovadora (aunque nosotros preferiríamos denominarla innovadora). Iría de Belmonte hasta Manolete pasando por Chicuelo y por Lorenzo Garza, diestro mexicano de su devoción y del que tenemos pendiente hablar por aquí. 

El de la foto es uno de los toreros más largos de la historia, el mexicano Armillita. Su prodigiosa facilidad ante cualquier tipo de toro iba aparejada con una buena dosis de frialdad en su toreo. Ese ha sido el pecado original de muchos toreros largos... ¿o acaso de todos ellos?



Nos gustaría preguntar a don Néstor qué opinaba de Pepe Luis, dónde lo ubicaría. El escritor mataronense nos responde en su Historia del Toreo. Le aplica características de ambos tipos de toreros pero quedan todas mediatizadas por lo que decía Manolete de él, su carácter apocado:

'Pepe Luis es un torero de una calidad quintaesenciada, con gran agilidad mental y una profunda intuición. Pero no domina su valor ni la técnica de torear, que conoce pero no usa. Su visión del toreo es certera pero su ánimo, siempre temeroso, le ha impedido cuajar lo que intentó sobre el ruedo, esto es, ejecutar pases y lances dentro de la ortodoxia clásica pero a la vez con la estética moderna'



¿Qué conclusión podemos sacar de todo lo dicho? Ni se nos ocurre pontificar al respecto porque doctores tiene la iglesia taurómaca con más solvencia que nosotros pero una cosa nos viene a la cabeza: los toreros cortos, o mágicos como decía Sureda, ¿no habrán sido históricamente los auténticos revolucionarios? Gaona repetía: 'el día que al jorobeta le sopla la musa deja a todos con la boca abierta, tanto a los del ruedo como a los del tendido'. Lo de jorobeta también lo decía José. 

Recuerden esta entrada donde intentábamos calibrar el valor de algunos de los toreros más conspicuos. Los puntuábamos dividiéndolo en valor histórico, estético y técnico.

Pues entre los que quedaban de los primeros en la clasificación se situaban toreros cortos como Belmonte, Manolete, Chicuelo o José Tomás. Era tan solo un divertimento pero llama la atención que al final igual los toreros que más huella hayan dejado tanto en su época como para el futuro hayan sido diestros cortos. Como decía Marcial, 'los buenos toreros cortos, lo que hacen, lo hacen sensacionalmente'.

Lean este comentario sobre el trianero como torero corto. Igual que el autor, nosotros siempre hemos defendido que lo esencial en el toreo es la verónica y el natural, aderezadas ambas suertes con la media verónica y el pase de pecho. Añadamos la estocada y si todo esto se hace bien, no hay que añadir nada más al guiso, siempre en nuestra discutible opinión:



Estos toreros cortos buenos 'tienen leyenda', como afirmaba el citado Luján. Quizá haya que enmendar la plana a don José María de Cossío y decirle que su aseveración de que el gran torero es siempre un torero largo podría someterse a una buena discusión, ¿no les parece?

A ver si al final la gran diferencia entre ambos será lo que decíamos al principio de Domingo Ortega, esto es, que el torero largo convence pero no ilusiona mientras que el corto no convence tanto pero ilusiona más. ¡Vayan ustedes a saber!

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 14 de enero de 2026

VALLE-INCLÁN: 'SI NO HAY TRAGEDIA, NO HAY ARTE'

El gran don Ramón de las barbas de chivo, como lo denominaba Rubén Darío, se llamaba Ramón Valle Peña, nada de aquello tan rimbombante de don Ramón María del Valle-Inclán y Montenegro. Con su fervor por la estética no sorprende que le interesase la fiesta de toros. Ya saben que se identificaba como carlista 'por estética ya que el carlismo tiene el encanto de las catedrales góticas'.


                     

Fue amigo de Belmonte. Aquí tienen a ambos en una foto que ya vieron en esta entrada que dedicábamos al instante en que interrumpían su partida de póker para anunciarle la muerte de Gallito:


                                   

La partida se jugaba en esta mesa de su casa de Madrid:



En esa casa que han visto tenía el maestro una escultura de Valle-Inclán que había realizado su común amigo Sebastián Miranda. Es célebre la respuesta del diestro con lo de 'se hará lo que se pueda' a aquella boutade del escritor diciéndole que lo único que faltaba es que le matase un toro en la plaza. Pero aquí vamos a arrimar el ascua a la sardina de nuestro modesto blog con unas opiniones del gallego sobre lo que debería ser la tauromaquia así como de la consideración del torero como héroe.

Nos remitimos al número del 26 de abril de 1915 de la revista La Lidia. La portada es una foto coloreada de un lance de Juan recortando un toro de Santa Coloma en la primera de feria en Sevilla ese año. De fotos como ésa sacó Morante la inspiración para los suyos, comparen:




Hace cien años este recorte generaba mucha emoción en el tendido. Pasaba lo mismo con el molinete, hoy bastante desacreditado. Era porque por un instante el diestro perdía de vista la cara del toro cuando se daba la vuelta. Con aquellos animales,  mucho más vivos, más salvajes y con más pies que los actuales, la cosa sí que tenía cierta emoción. Es lo que ha sucedido en la siguiente imagen con Gallito realizando un recorte similar. Observen cómo se ha revuelto el toro. Lo mismo con Gaona recortando un miura rodilla en tierra. El tercero de abajo vuelve a ser el trianero:




                           

A lo que íbamos: preguntan en la entrevista a Valle-Inclán si hay arte en los toros. Antes de leer su respuesta no olviden que su opinión está fechada hace más de cien años. Dijo esto:

'Naturalmente que sí y mucho. La mayor manifestación del arte es la tragedia. El autor que escribe una tragedia crea un héroe y pide al público que lo ame. Y para que sea amado lo rodea de peligros, de amenazas, de presagios... Cuanto más cerca está de la muerte, más se ama al héroe porque el hombre quiere más a su semejante cuando lo ve en peligro'

Curiosamente la visión artística que nos explica el ilustre escritor sobre la tauromaquia no tiene nada que ver con el arte que nos venden en el siglo XXI. Sigue:

'En los toros la tragedia es real. Allí el torero es autor y actor, puede crear en esos momentos una tragedia, una comedia o una farsa. Cuanto mayor sea el peligro, mayor será la amenaza de tragedia y por tanto, mayor la manifestación de arte'

A continuación pone como ejemplo a su amigo:

'Hay toreros como Belmonte que crean la tragedia, la sienten, y cuando ejecutan las suertes del toreo se entregan al toro borrachos de arte. Cuando los cuernos rozan la seda y el oro de sus trajes, la tragedia se aproxima y el público, sin saberlo, se pone en pie, se emociona, se entusiasma... ¿Por qué? Por el arte'



La imagen anterior es de una estocada de Belmonte en Madrid en 1915. No sólo no ha pegado el telonazo sino que la muleta casi ha desaparecido de la foto. El maestro jamás entró a matar recibiendo: 'hay que traer el toro aquí, debajo de la tripa, y eso es demasiado temerario; además hay que marcarle la salida y entonces la espada tiene que entrar forzosamente atravesada... ¡Yo no sé cómo se las arreglaban los antiguos!'

Eso que decía antes el escritor de que la tragedia se aproximaba cuando toreaba Belmonte  cobra sentido si recordamos el aviso de Guerrita diciendo que a Belmonte había que darse prisa a verlo. Pero fíjense en que Valle-Inclán pone la clave del arte en la tragedia, que viene dada por el peligro que supone el toro. Llegaríamos a la conclusión de que si el toro no pone la emoción de su peligro, no habría arte. Pero eso hoy en día no sirve ya que nos han convencido de que es otra la definición del arte taurómaco según la cual el toro debe colaborar con el torero para que éste pueda construir.

Pulsen aquí para recordar cómo definía Luis Bollaín un toro encastado: 'es aquél que cuando lo ves, aunque tenga nobleza, sientes que en los cuernos lleva la muerte'. Se entiende que en los años diez se sintiese ese peligro mucho más que ahora. Ya saben que Pepe Luis decía que esa sensación había desaparecido con el peto ya que el público antes quedaba atemorizado intuyendo lo que un toro podía hacer con el diestro después de haber visto lo que había hecho con el caballo.



Relacionado con esto, nuestro escritor afirma lo siguiente, teniendo en cuenta que Bollaín contaba seis años a la sazón:

'Quitemos a los toros la facultad de matar y ya no hay fiesta. Entonces no habrá tragedia y si no hay tragedia, no hay arte. Supongamos que en diez años no muere un torero: se acabó el interés por las corridas de toros. Un torero que no tenga el peligro de ser cogido por el toro acabará por aburrir al público. Es lo que pasó con el Guerra'

Siendo Valle amigo de Belmonte y sosteniendo esta teoría, ya ven por dónde va a continuar, ¿verdad? No gustará a los selectos lectores que pertenecen al partido gallináceo:

'Es lo que pasa con Joselito. Él es quien tiene más conocimientos y más facultades físicas. Sin embargo, Joselito cansará a los públicos. Es el primer actor de la tauromaquia pero como en este arte autor y actor van juntos, el Joselito-autor no quiere crear tragedia porque no siente el arte de la tragedia. A pesar de sus faenas asombrosas, de sus facultades y de sus maravillas, el público nota que ahí falta algo, algo que no sabe lo que es pero que será la causa de que se aburra un día'



¿Qué les parece? ¿Se habían aburrido en Madrid de José especialmente cuando lo veían enfrentándose a toros sin respeto? Pueden entretenerse recordando aquí nuestra reseña sobre lo que sucedió la última tarde que Gallito toreó en la capital. Le tiraron dos o tres almohadillas en medio de un enfado general. Esto escribió Corrochano en su crónica, que va relacionado con la esencia de lo que pontifica el escritor acerca del peligro del toro y de la sensación de tragedia:



Si Valle-Inclán defiende a Belmonte porque se respira la tragedia ya pueden deducir que hará lo propio con otro maestro:

'Su hermano Rafael es otra cosa. Sabe menos que él y tiene menos facultades pero cuando sale un toro que lo inspira se transfigura como Belmonte y esa transfiguración es teología'



Insiste como estrambote en su teoría:

'Los toros, para ser tal como deben ser, precisan de la parte trágica: la muerte del toro, la del caballo y, de vez en cuando, la del torero. El torero que toreando se acerque más a la muerte será el mayor artista porque será quien mejor interprete la tragedia taurina aunque el otro, el que torea mejor que él, sea quien quede mejor más veces'

Por eso Gallito se lamentaba siempre diciendo que Belmonte solamente con que estuviese bien una vez, borraba las diez anteriores en que había estado bien él.

Pero Valle-Inclán no se va sin buscar la provocación, algo innato en él:



Y ustedes deben saber que, en contra de lo que piensan muchos, a Belmonte lo que le gustaba era el toro encastado. Cuando tuvo una ganadería, vacas suyas acabarán en las manos de Celestino Cuadri, quien quedó encantado con la bravura que tenían. Muchos dicen que eliminó todo lo que venía de Belmonte pero no es verdad. Contábamos aquí que aquellas vacas tenían un fondo de casta que hizo decir a Celestino esto en 1970:

"Hoy se ha impuesto en mi ganadería lo que trae origen de Belmonte; las reatas de esa procedencia van manteniendo la auténtica bravura y gran parte de mis toros que brillan en las plazas llevan sangre de Belmonte...aunque sólo por parte de madre. En la bravura de los toros que son hijos de un semental de Santa Coloma y de una vaca de Belmonte, predomina acusadamente el carácter de la madre"

Observen esta curiosa foto del maestro poniendo banderillas en una becerrada celebrada el 27 de abril de 1915 en Carabanchel. 'Yo sólo banderilleo en las encerronas porque para poner banderillas hay que correr y yo no corro', decía. Las encerronas en aquella época eran las capeas o las becerradas como ésta. Hoy se le da otro sentido:



Y ya que hemos dedicado esta entrada a lo que pensaba Valle-Inclán sobre la tauromaquia, recordemos a su vez la deriva que veía Belmonte en la fiesta cuando ya retirado decía esto a Chaves Nogales:

'Pueden llegar a hacer del toro una pobre bestia vencida sin ningún interés; por este camino la fiesta se convertirá fatalmente en un espectáculo de circo donde subsistirá la belleza pero sin el elemento dramático y emocionante. El toro ha ido evolucionando, ha aprendido a ser toreado, se fabrica el toro tal como los públicos lo demandan; no se le ha quitado bravura, sigue siendo una fiera potente y bien armada pero sí se le ha quitado nervio porque el público quiere ver el toro toreable'

¿Qué dirían Valle-Inclán y Belmonte viendo el  extremo de toreabilidad al cual hemos llegado en el siglo XXI con la selección de los ganaderos? ¿Se refugiarían como muchos seguidores de nuestro cuadernillo en las corridas duras intentando buscar el arte a través de la tragedia bien entendida? ¿Se apuntarían a las corridas de Reta? ¿Qué pensarían de toros tan bobalicones como muchos de los actuales,  que se dedican a husmear porque no saben dónde está el enemigo? Son toros con esa bondad imbécil de la cual hablaba Sureda y que los convierte en semitoros a los cuales se ha llegado no por selección sino por degeneración.


                        

                        

Como decía Néstor Luján,  'sin toros menguados no se podrían cumplir las apetencias estéticas del público actual'.

Muchos aficionados dirán que todo esto que comenta Valle-Inclán son teorías afortunadamente periclitadas que no tienen ninguna cabida en el toreo tal y como lo entendemos hoy en día. Puede ser pero eso no quita que cuando se respira aire de tragedia en la plaza porque el toro impone su ley, la emoción que embarga al tendido sea inefable. 

¿Será verdad que a más sensación de tragedia, más arte? 

Para el autor de las Comedias Bárbaras, sin duda. Y en lo que le otorgamos totalmente la razón es en lo de que conforme se respire menos aire de tragedia, hay más deriva de la tauromaquia hacia la comedia y la farsa. Cuando nuestro eximio escritor dijo eso dio en el clavo e hizo bueno aquello de que 'el que más vale no vale tanto como vale Valle'.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.



miércoles, 7 de enero de 2026

SUERTE DE VARAS: "¡AL TORO HAY QUE PEGARLE, HOMBRE!"

No. Lo que hay que procurar es picarlo bien. Precisamente lo que no habría que hacer es pegarle palizas sanguinarias como las que hemos visto cada tarde este año pasado, especialmente en la que algunos denominan primera plaza del mundo. 

La suerte de varas es clave para que el toro se sobreponga al dolor. Bien ejecutada redunda en una mejor embestida ya que su organismo libera dopamina, la cual actúa como motivadora para ese embestir. Mal realizada provoca lo contrario ya que el animal no supera el dolor causado por las carnicerías que sufrimos cada tarde. Esto lo desconoce la mayoría de profesionales, por eso no quieren las puyas innovadas de Sales-Fernández. Insisten en pegar al toro a como dé lugar, dejándolo bien triturado. Es su único objetivo, siempre destinado a que el toro no se mueva demasiado y que así el maestro pueda expresar lo que lleva dentro.



Otra cuestión es que muchos ganaderos hayan permitido a través de su selección que se pudiesen celebrar corridas sin el primer tercio, como proponíamos aquí. Recuerden lo que decía el mayoral de Domingo Hernández refiriéndose a sus propios toros:

"Llega un Juli, les baja las manos tres veces y no hace falta ni picarlos. Se castigan solos por bravos y se rompen"

¿Se castigan o ya nacieron castigados? No obstante, a veces se da una circunstancia llamativa. Sale una corrida flojísima, desfondada, sin ningún fuelle y, pese a ello, le zurran la badana en el caballo. El aficionado no entiende nada, como nos pasó a nosotros hace tiempo en una que también vieron ustedes. Indagamos acerca de lo sucedido con un picador que, no siendo un gánster del castoreño como muchos otros, aquel día pegó sin piedad. La respuesta fue ésta, sonriendo, eso sí:

- Hay que cumplir órdenes, ¿no viste que la corrida estaba en puntas?

No habíamos caído dada nuestra candorosa ingenuidad. El ganadero nos contaba meses después que aquel día las cuadrillas estaban realmente molestas porque lo acusaban de haber sacado punta a los pitones. Ponemos la mano en el fuego por que no hubo afilador pero pueden deducir que teniendo los profesionales esa mosca tras la oreja por la mañana, la consigna ya en la furgoneta fue aniquilar la corrida en el peto por la tarde. Sobre esta cuestión del afilado de pitones, recuerden esta entrada.

En nuestras crónicas de las corridas isidriles del año pasado fuimos anotando todas las cariocas que se hicieron. Nos salieron más de treinta cuando es un recurso destinado a los mansos de carreta. Ello debería haber implicado más de treinta propuestas para sanción. Observen las flechas indicando cómo el piquero describe con el caballo esa circunferencia carnicera mientras la palabra carioca era sibilinamente ignorada por los comentaristas televisivos y no porque no sepan lo que es:


                     

                     

Encima decían que el toro no se empleaba... ¿Qué quieren que haga el pobre, hundido en ese agujero negro donde ha sido vilmente encerrado? Recuerden pulsando aquí lo que les contábamos acerca del origen de la carioca.

Si en el serial venteño se lidiaron más de ciento cincuenta toros y acudió cada uno dos veces al caballo, eso suma más de trescientas entradas. Pues en doscientas ochenta, como mínimo, los picadores taparon la salida con su mano izquierda asesina. Esa circunstancia la hemos indicado en muchas imágenes con nuestras típicas flechicas. Si sirviese para algo...



Esa mano izquierda es la que pica, señores, ella es la que destroza al toro. 



Nos lo preguntaba un joven aficionado que no sabía montar a caballo y le respondíamos esto:

'La salida natural del toro sería por el cuello del caballo para entendernos. El picador debería con su mano izquierda estirar justo hacia el otro lado, hacia su izquierda, para facilitar esa salida al toro por delante del caballo. Si el animal ve esa salida puede optar por irse o seguir peleando, con lo cual calibramos su comportamiento según lo que elija'.

'En cambio, esta gente lo que hace por sistema es estirar de las riendas  hacia su derecha, hacia el toro, como indico con las flechas. Así, encierran al pobre animal ahí debajo y le sacuden a placer. No nos dejan valorar su comportamiento porque no sabemos si se iría ya que está encerrado y cegado, no ve la salida de esa trampa sanguinaria. Y la paliza es tan demencial que en el segundo puyazo tardea porque está afligido y cuando por fin va, ya no pelea viendo que no hay futuro ahí debajo'.



Nada que ver con la suerte tal como se realizaba en tiempos remotos intentando librar al caballo de la cornada. 'Sálvate y sálvalo' era la ley que regía para el picador. Observen esta lámina antigua de Price donde no se ve la mano izquierda del picador porque está en el otro lado abriendo el caballo, mientras intenta librarlo de la cornada con la ayuda de los chulos o capeadores (esos peones que se ven eran los chulos con sus capotes de colores, que no eran ni banderilleros ni los espadas):


                         

Lo contaba Merimée en su viaje por España de 1830:

'el picador aprovecha el momento en que el toro agacha la cabeza dispuesto a embestir para asestarle un puyazo en el morrillo. Carga sobre la pica con toda la fuerza de su cuerpo y al mismo tiempo hace salir el caballo por su izquierda, de forma que el toro quede a su derecha. Si todos estos movimientos se ejecutan bien y el picador es robusto y su caballo manejable, el toro, llevado por su propio ímpetu, pasa de largo sin tocarlo'

El puyazo era un muletazo. Recuerden que algo parecido proponíamos a raíz de una corrida concurso en Zaragoza, lo comentábamos aquí.

Hace poco hablábamos con un picador de todo esto. El diálogo fue así:

- Oye, vuestra mano izquierda es siempre la que pica, ¿verdad?

- (Sonriendo) ¡Claro!

- Pues yo la llamo la mano izquierda asesina porque con ella encerráis al toro ahí abajo y así le pegáis bien a gusto.

- (Riendo) Cómo lo sabes... Pero no lo hacemos siempre, ¿eh?

- Ah, ¿no? Elije la corrida que quieras y la vemos juntos. Cada vez que un picador tape la salida indebidamente me das 100 euros. Si hace la suerte correctamente, te los doy yo a ti.

Se calló porque veía que la apuesta le iba a salir carísima.


             

¿Cómo habría que picar? Nos remitimos a esta entrada y también a esta otra donde exponíamos nuestra opinión. Se puede resumir en esto:

Consistiría en algo tan aparentemente fácil como dar el pecho del caballo, detenerlo echando la vara, clavar en el morrillo, no barrenar dejando el brazo firme pero quieto para que el toro se castigue con su propio empuje y no tapar la salida salvo en casos de mansedumbre manifiesta. Y el maestro, aprovechando que el picador abriría al toro con su mano izquierda, que acuda rápido al quite para volver a ponerlo en suerte sin quebrantarlo en exceso

Es lo que nos decía un ganadero: 'si quieren matar el toro en el caballo, que lo maten ¡pero que lo pongan siete veces y no le peguen el monopuyazo!'

Lo de que el maestro acuda raudo al quite no se ve ni por ensalmo. Suelen tener un ataque de autismo mientras zurran a su toro. Les da todo igual. Esta foto de Viard con Castaño en Céret es la excepción a la regla (Paco María es quien pica en buen sitio a uno de Escolar aunque fíjense en que se ha levantado sobre la montura para hacer daño sin piedad):


                          

Vean esta portada de la revista Arte Taurino de los años diez. En ese sitio habría que picar en lugar de clavar deliberadamente en el espinazo:


                           

Acerca de la vergüenza de los puyazos traseros hablábamos aquí. Lo de Madrid esta temporada ha sido nauseabundo. Y todos los picadores recargando y barrenando cada tarde, tanto en Las Ventas como en cualquier otra plaza. ¿Por qué? Ellos saben que no hay necesidad de mover la puya una vez clavada ya que el toro se pica él solo con su empuje, como decíamos antes. Pero están obligados a hacer la carnicería de rigor, no vaya a ser que el maestro los acuse luego de no pegar suficientemente a los toros y los quite de la cuadrilla. 

Precisamente eso es lo que algunos diestros echan en cara a Réhabi diciendo que 'ése no pega a los toros, sólo va a lucirse él' (frase literal de un torero conocido de todos ustedes). Antes de que el pobre animal quede con un poco de gas y pueda dejar al diestro con el trasero al aire, sobre todo si es de una vacada con fondo de casta, lo mejor es zurrarlo para que se pare y así echamos después la culpa al toro o a su criador.



Hemos visto toreros con una única oportunidad en Las Ventas que han matado sus dos toros en el caballo para evitar hacer el ridículo si se les subía las barbas. Por supuesto que cuando el pelota televisivo les ha acercado el micrófono en el callejón para acompañarlos en el sentimiento por esa oportunidad perdida, se han escudado en que no había habido toro.

¿Qué podemos esperar entonces de los maestros, que son los que mandan en el ruedo? Absolutamente nada. En general son gente sin afición y están rodeados por taurinos que tampoco la tienen. Sólo les interesa el dinero, que tristemente no está en el primer tercio sino en la muleta.

El problema añadido es que en todas las televisiones tenemos que sufrir siempre como comentaristas a toreros retirados para los cuales la suerte de varas no deja de ser un engorroso trámite. Y el que sabe perfectamente de qué estamos hablando, que es Delgado de la Cámara, no se atreve a decir en antena lo que hemos comentado aquí porque prefiere tener la fiesta en paz y seguir figurando. El Arnás de Telemadrid no merece ni comentario. 

Por si fuera poco, los asesores del palco son casi siempre toreros retirados. Y eso, ¿a santo de qué?, porque ¿hacia dónde van a barrer? Recordemos lo que decía sobre los profesionales el crítico catalán de adopción Uno al Sesgo:

'Una cosa es el arte de guisar y otro el de comer; no es lo mismo ser sastre que saber vestir'

Los picadores ¿pondrán interés algún día en hacer las cosas bien como sí vemos que lo intentan muchos banderilleros en el segundo tercio? No, nunca, salvo alguna honrosa excepción. Es porque el lucimiento del banderillero no afecta al maestro. En cambio, el piquero está obligado a masacrar el toro para que al diestro se le pare y así pueda castigarnos luego con la tabarra de pegarle cincuenta pases que duermen a las ovejas. Si no machaca el toro a base de bien, se quedará sin trabajo.



Lean este diálogo con un profesional que es de los que más miuras y victorinos ha lidiado (y no es Cañaílla). Empieza él:

- Al toro que tiene muchos pies hay que pegarle para que se pare; al que sale muy parado hay que pegarle para que se mueva; al que ves que tiene malas ideas hay que pegarle para quitárselas y al que mansea hay que pegarle para que espabile.

- Oiga, ¿y al toro bravo?

- ¿Al bravo? A ése hay que pegarle más que a ninguno porque ya te digo yo que si sale un toro bravo, pero bravo de verdad, no hay quien pueda con él, ¡nadie!

El titular de la entrada lo hemos extraído de estas palabras.

Y ¿qué se puede esperar de la autoridad? Nada, salta a la vista. ¿Cuántas propuestas para sanción hubo en el pasado año en Las Ventas por incumplimiento manifiesto del artículo 72.4? Con recordar lo que decíamos antes de que los asesores del palco madrileño son también toreros...

Panorama negro, como deducirán. Y lo peor es que los primeros tercios que se ven en las retransmisiones de televisión se dan por buenos, a pesar de la ignominia y la vergüenza de todo lo que hemos hablado aquí. Los comentaristas callan y ello se traslada a miles de espectadores que no exigen que las cosas se hagan bien.



El ejemplo definitivo es ver a todo un Victorino tragando las tardes que matan sus toros en el caballo. Y tiene tela el papelón de una Unión de Criadores bien callada mientras asiste en cada festejo al lacerante maltrato a los toros en varas. Todo con la anuencia de unas presidencias que miran para otro lado ante este atropello. Los taurinos duermen muy tranquilos con semejante panorama.

Como curiosidad, lean lo que decía esta Orden del 11 de abril de 1959:



A los toreros todo esto que decimos les da igual porque el gran miedo que tienen todos es que un toro quede crudo y los pueda dejar en evidencia. Es cierto que ese riesgo se minimiza en ganaderías comerciales, cuando el maestro puede permitirse cambiar el tercio con un alfilerazo.

También les importa un pimiento que el animal pueda quedar en malas condiciones de embestir por haber sido picado de manera nefasta. Esto lo acusan especialmente toros de las ganaderías que denominamos duras. Los picadores de las figuras sí que tienen la presión de no picar de cualquier manera a sus escogidos toros, no vaya a ser que luego no permitan el lucimiento. Cedemos la palabra a Sánchez de Neira:

'sucede con frecuencia que las reses, por haberlas picado mal, llegan al último tercio de la lidia aburridas y casi siempre recelosas, mientras los espadas no ven que esto sucede en daño y desprestigio suyo'

Lo escribió antes de 1879. No se les ocurra pedir a los críticos taurinos una labor pedagógica porque comen todos en el mismo pesebre que los granujas taurinos. 

Señoras y señores, no hay futuro, esto es correr tras el viento, como decía Cervantes. Nos queda la remota posibilidad de que el personal se harte tanto del ballet actual, con ese toro enclasado que se asemeja a un animal doméstico, como de las lidias infumables perpetradas a toros de ganaderías duras. ¿La salvación sería lo que comentábamos aquí?

¿Qué se hizo de aquellos héroes que acudían a la plaza a caballo en loor de multitudes vitoreados por la afición? Doré inmortalizó aquellos momentos de gloria previos a la corrida tras la cual estos hombres iban a acabar llenos de magulladuras. Ahí van:


                          

Ellos encabezaban otrora el paseíllo en el ruedo. En caso de batacazo preferían caer al callejón para no quedar al descubierto. 


Paco Madrid en un quite (1914)

Cuando terminaba el festejo sabías dónde estaban por el penetrante olor a linimento, su chaquetilla de oro era merecida. Hoy debería sustituirse por un mandil de matarife, que sería el uniforme adecuado para los que integran la banda del castoreño. 



Coleo de Gallito en Pamplona (1917)

La suerte de varas ha quedado convertida, como decía Góngora, en humo, en polvo, en sombra, en nada. 

Pero para no dejarles con tanta desazón nos despedimos con dos toros empujando en sendos puyazos espléndidos. Es un pobre consuelo dentro de este desolador erial.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.