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viernes, 8 de enero de 2021

LA BRAVURA (1): NO HAY QUE DARLE TANTAS VUELTAS

Que el origen de la bravura en el toro de lidia pueda tener algo de misterioso no quiere decir que no se la pueda definir breve y claramente. Es curioso que en el mundo de la tauromaquia los aficionados siguen discutiendo sobre el concepto de bravura. Hace más de doscientos años que estamos viendo toros y aún parece haber dificultades o contradicciones cuando se pregunta sobre la cuestión. 


FOTO: Christophe Moratello

Todo esto viene a cuento de las definiciones de bravura que salían recientemente en un portal comercial. Pueden leerlas pulsando aquí

Nos llamaron la atención dos por lo desatinadas. Una, la de Juan Ignacio Pérez-Tabernero:

'Bravura es acometer con ritmo y con largura y además debe humillar'

Si esos son los únicos criterios que exigimos a un toro para ser bravo, al final de cada temporada tendríamos docenas de toros bravos. Además, ¿qué es el ritmo? Esa largura ¿la medimos en metros recorridos? Y si el toro no termina de arrastrar el morro por el albero, ¿ya no puede ser bravo?

La otra es de Victorino García:

'Bravura es capacidad de luchar hasta la muerte con poder, fiereza y nobleza; la bravura sin nobleza no es bravura, es fiereza'

¿En qué quedamos, maestro? Nosotros sostenemos que la fiereza no es más que un ingrediente de la bravura (algunos toros de Dolores Aguirre salen fieros aunque no bravos).  Pero usted dice primero que es una condición básica y después lo contrario. Explicaremos algo más al respecto en un próximo capítulo.


FOTO: Christophe Moratello

Lo de Victorino García tiene delito porque lo único que tenía que haber hecho es repetir las condiciones del toro bravo que daba siempre Victorino Andrés y así no se hubiera metido en berenjenales:

"Que el toro tome las tres varas de largo y con absoluta nobleza,  que se duerma en el peto y que después obedezca la muleta por derecho. Luego, que ligue o no, es otra cosa. Ha habido toros bravísimos que han dado camadas todas de mansos"

Recuerden aquí. Como pueden deducir, nada de la primera frase se cumplió ni con Cobradiezmos ni con Muralista y ahí están, indultados con su harén correspondiente sin que el abuelo haya podido evitarlo. 

Para nosotros la cosa siempre ha estado bastante clara. La definición de bravura es breve y concreta. Consiste en la capacidad del toro de embestir a todo lo que se mueva sobreponiéndose a cualquier castigo. Ya está. Si lo desean, cambiamos embestir por acometer y castigo por adversidad, pero sigue siendo agua del mismo pozo. No hay más que hablar.

Naturalmente esta acometividad tendrá lugar con mayor facilidad si el animal está aislado en un sitio cerrado y no en libertad. Aún así, incluso encerrado, si se encuentra con otros congéneres, sale a relucir su instinto gregario. 


FOTO: Christophe Moratello

En campo abierto, su tendencia natural es la huida como ha comprobado cualquiera que haya espantado a un toro para abrir una portera o le haya tirado una piedra. No obstante, en todos los hatos  de cualquier ganadería puede haber un toro que se arranque por sorpresa contra cualquiera. 'Cuidado con ése que está loco', te dicen. Recordamos hace muchos años un toro loco de Victorino. Se tiraba contra todo. Un día embistió al remolque de un tractor y lo levantó medio metro del suelo.



Una vez que ha quedado clara la definición de bravura podríamos entrar en otras disquisiciones como discutir sobre el misterioso origen de esa capacidad de acometer o si en el fondo es la expresión de un instinto defensivo. ¿Embiste el toro por miedo o por valentía? ¿No le asusta nada o le asusta todo? Esas cuestiones sí se prestarían a controversia pero la definición de bravura está clarísima

Y también es irrefragable que la bravura como instinto de acometida no es vital, el toro no la precisa para sobrevivir. Luego podríamos entrar en detalles para desmenuzar la bravura como decía Álvaro Domecq pero no es el objetivo de esta entrada.


'Bravío', del Conde de Santa Coloma.
Lo mató Saleri II en 1919 y tomó siete puyazos

Una pregunta interesante sería si hay otros animales a los que podríamos calificar como bravos. Algunos hablan del jabalí o de los perros que los conquistadores españoles de América llevaban consigo. Sobre éstos dicen los testimonios que 'aunque los apaleasen o matasen no sabían ladrar... valían por diez hombres'. Es posible que esos animales acometiesen y no dejasen escapar la presa a pesar de ser golpeados o heridos. Los usaban para lo que las fuentes califican como aperrear, o sea, azuzarlos para que atacasen:



Seguramente serían alanos españoles. Precisamente las crónicas se refieren a ellos como perros bravos. Cualquier otro animal intentará huir al sentirse herido. 

La valoración de la bravura en el toro ha ido cambiando con el paso de los años. Guillermo Sureda decía en los años setenta que el toro bravo había pasado a ser ese animal que, aunque solo tome una vara y salga suelto, llega al último tercio dispuesto a dejarse dar cien muletazos. Y siempre con una embestida no fuerte y con raza sino dócil y suave, o sea un toro tonto al que hay que cuidar (sic en su libro Tauromagia).

Domingo Ortega hablaba en los sesenta de que abundaba el toro que tenía un 50% de bravura y que por tanto no era ni manso ni bravo. Barquerito acuñó en los noventa aquel vocablo de mansibravo.


 

Para el maestro de Borox, la clave en el toro bravo era que acudiese siempre galopando. Él distinguía entre galopar y trotar rápido, que no es lo mismo y que, según su opinión, podía llevar a confusión al aficionado. El toro galopa mientras mantiene la bravura. Si durante la faena deja de galopar, ya no estamos hablando para Ortega de bravura verdadera. Decía literalmente esto:

'Nunca un toro que es bravo, si tiene cuatro metros entre el torero y él, arranca andando; ésa es la gran diferencia entre el toro de hoy con relación al de antes, se ha perdido bravura' 



¿Cuántos toros genuinamente bravos han visto ustedes en su vida de aficionados? Nosotros los contamos con los dedos de una mano. Domingo Ortega vio muchos más que nosotros y para él no llegaban a cinco. El más bravo, uno que mató en Granada antes de la guerra.

Resumiendo lo dicho, la bravura sería ese deseo de luchar aunque te peguen. Debería ser un comportamiento como el de Paul Newman pegándose contra George Kennedy en La leyenda del indomable. Recibía puñetazos sin poder responder, se iba al suelo y se levantaba cada vez hasta dejar desconcertado a su rival cuando éste no comprendía ese afán de seguir con su fracasada acometida  a pesar de estar cobrando un duro castigo.



El problema en los toros es que la bravura necesita una lidia adecuada para mostrarla y lo que se suele hacer hoy en día es todo zafio y descuidado. Además se desmoraliza al pobre animal, si nos permiten aplicarle ese comportamiento humano para entendernos. Lo podemos resumir en que resabian al toro (recuerden pulsando aquí lo que pasó en aquella corrida de Pastelero y Bocacho). 

¿Cuántas veces se queda el ganadero sin saber si un toro suyo ha sido bravo? Y lo mismo sucede con el aficionado a toros, que no con la muchedumbre orejil, a ésa todo lo que estamos hablando aquí le da igual. Por ejemplo, nunca sabremos si Bastonito fue bravo de verdad. Aceptamos que fue fiero pero ¿bravo? Lo hablábamos en esta entrada. Doña María Agustina López Flores decía esto: 

'Me gustaría dirigir yo la lidia de mis toros en el primer tercio'.



Lo indudable es lo que afirmaba Luis Bollaín en esta entrada:

"De tanto querer afilar la bravura del toro, se ha roto la punta de la bravura y el toro ha quedado romo de casta. El toro actual es medio toro porque dentro lleva media casta"

Sobre este inagotable tema de la bravura nos quedarán siempre las preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿qué pasaría hoy si se redujese el peto y el peso de los caballos estuviese dentro de la ley, cosa que no suele ocurrir? ¿Cuántos batacazos veríamos en cada corrida? ¿Cuántos picadores se retirarían de la profesión? ¿Sería posible aplicar el monopuyazo asesino? ¿Los romaneos que seguro que abundarían con los toros actuales serían comparables a los de hace cien años? ¿Cuántas varas habría que sumar en esas condiciones para que el toro quedase a gusto del diestro? ¿Llegaríamos a calificar como bravos toros que hoy pasan de puntillas por el primer tercio mientras sufren la carnicería habitual? 

¿O seguiría teniendo razón Salcedo cuando decía que quien afirma que estamos ante el toro más bravo de la historia es un torerista incondicional?

A estas preguntas no podemos dar respuesta tan fácilmente como a las que apuntaremos en nuestra próxima entrega sobre la bravura.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


8 comentarios:

  1. Muy oportuna y clarificadora esta entrada.

    Me pregunto si no sería posible relacionar lo expuesto con todo el cóctel de hormonas del toro, que explican fisiológicamente su agresividad y combatividad.
    El toro fiero: ¿es solo agresivo?
    Sus niveles de serotonina ¿son suficientes para delatarlo?
    ¿El bravo sería agresividad y combatividad?
    ¿Mucha dopamina y bajos niveles de serotonina nos dan probabilidad alta de bravura?
    O ¿hay en el toro bravo un algo más, que no son capaces de evidenciar sus niveles de hormonas?

    Un saludo.

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    1. He trasladado sus dudas al veterinario Julio Fernández y ésta es su respuesta:

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    2. En mi opinión dan un techo de agresividad y otro de acometividad. Para que el toro pueda mostrar ese nivel de agresividad y de acometividad, que dependen de sus genes y que tienen que ver con lo que llamamos la Fisiología de la agresividad, tienen que reunirse otras circunstancias.

      Influyen negativamente algunos factores, los más importantes: la alimentación, la sanidad y el manejo.

      Empiezo por el MANEJO: si un toro no se trata bien en su crianza, se maneja con brusquedades (voces, apretones bruscos con el caballo, puya eléctrica, palos, etc.), se le maneja con sacos atados a un palo (aprenden), o incluso si se crían demasiado salvajes, sin acostumbrarse a la voz del mayoral, desarrollará lo que ha aprendido y repercutirá negativamente en la lidia.

      Respecto a la SANIDAD, hay muchas enfermedades víricas, bacterianas y parasitarias que dependen de la finca (enfermedades de la explotación, que se suelen prevenir o tratar). También hay algunas víricas y bacterianas subclínicas que se activan por el estrés que produce inmunodepresión con bajada de defensas (se incuban en horas tras el embarque), que pueden mermar el rendimiento físico. Además, hay enfermedades metabólicas, que son muy frecuentes, porque los toros se tienen que poner con demasiados kilos para su cuerpo y, a veces, en corto espacio de tiempo. La más frecuente es la acidosis ruminal, que causa infecciones que afectan fundamentalmente al hígado y a las pezuñas (también a los cuernos). Por ejemplo, si el hígado no está sano, tiene abscesos, infecciones o parásitos, o incluso si está graso, no podrá funcionar bien cuando se demande su actividad cuando llegue la faena de muleta, y al no liberar glucosa ni cumplir su función detoxificadora, el toro no podrá casi moverse.

      La ALIMENTACIÓN es otro factor clave. Para muchos colegas nutrólogos como yo, la nutrición es el motor de la bravura. Se trata de llenar al toro de reservas energéticas, sin que enferme. Cuando sale de la finca va con el depósito lleno. En el transporte y estancia en corrales empieza a acusar estrés (manejar los toros y acostumbrarlos a pasar por las instalaciones ganaderas, reduce dicho estrés, incluso hay quien les da paseos en camiones). Con el estrés se reducen las reservas energéticas y algunos toros salen a la plaza desfondados, con hipoglucemias (les dan pájaras). Otras veces están muy cargados de energía, pero si padecen mucho estrés, tienen hiperglucemia, que también produce trastornos del comportamiento e incluso de la visión. Reducir el consumo de hierba favorece que se engrase el hígado (interesa que no haya hierba en los cercados los últimos dos meses).

      Vistos estos tres grandes factores, influye además otros no menos importantes: golpe de calor, que el agua esté sucia o tenga sabor extraño (clorado) por lo que el toro no beberá y tendrá deshidratación, hiperexcitabilidad sexual en corrales (el que monta es el que más se estresa), peleas en corrales, climatología adversa (lluvia, frío, etc.), tiempo de estancia en corrales (lo ideal es que estén un día (apenas consumen reservas energéticas) o más de cuatro días (a partir del cuarto día, se acostumbran y beben y comen normal y recuperan lo que han perdido), o incluso más: lo óptimo es una estancia de 8-10 días previos a la lidia (en esos días, algunos llegan incluso a engordar).

      Sigue...

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    3. Llegados a este punto, si todo es favorable, todavía hay más factores. El más importante es el factor torero. El toro no sabe embestir y el torero le va enseñando y mostrando el camino. La lidia consiste en engañar al toro sin mentir (como decía Ángel Peralta), pero también en evitar que el toro se desengañe. Es fundamental tratar al toro con suavidad para que responda igual (ver Enrique Ponce). Si se trata con brusquedad, el toro embiste descompuesto y el toreo así es imposible.

      Si no consigue bloquear el dolor por puyazos o banderillas, porque se han puesto en mal sitio o se ha manejado mal o en exceso la puya, el toro se violentará y se rajará antes de la cuenta o embistirá con mucha violencia, porque está INCÓMODO.

      Cómo se desengaña: cuando por su anatomía lleva la cara alta, ve demasiado bien por su aparato visual o tiene un campo visual muy amplio: descubre lo que pasa a su alrededor al embestir y se desmotiva.

      Si el torero no está acertado en el manejo de los engaños, se prenden mucho con los pitones, se tira bruscamente al toro al suelo al bajarlos con brusquedad o recortar, el toro se desengañará.

      A pesar de todos estos factores, y más que me dejo en el tintero, si el toro es bajo en serotonina será agresivo y si es alto en dopamina durará más tiempo embistiendo. Cuanto más condiciones favorables haya, más fielmente se comportará según sus indicadores fisiológicos.

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  2. Bravo Rafa!
    Para mi la bravura siempre ha sido la capacidad de crecerse ante el castigo y como bien dices sobran dedos de la mano para contar los toros bravos que uno haya podido ver, además de que nos roban tarde tras tarde la posibilidad de valorarlos como tal con la lidia a la que nos tienen acostumbrados, un saludo y feliz año! Haber si está próxima temporada podemos coincidir en alguna feria.

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    1. Me alegro de que lo veamos igual. Pero respecto a lo de crecerse haré alguna precisión en el siguiente capítulo.

      Saludos y si coincidimos por lo menos será señal de que hay toros.

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  3. Buenas tardes Rafa y feliz año. Apuntate un toro que creo que estuviste tu el día que lo lidiaron. Fue en Tafalla, de Dolores Aguirre y se enfrentó a el Rafaelillo, que no le pudo y lo intentó honradamente. Creo que estabas por allí, y fue hace ya unos años.
    Un saludo.
    Kaparra

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    1. Igualmente. Sí, señor, se llamaba 'Cubatisto', de lo mejor que he visto en esa ganadería. Rafaelillo se vio desbordado, es verdad, aunque en lo de honradamente discrepo porque ordenó a Antoñito Muñoz que le pegase una paliza en varas que fue de poca honradez, además sin colocar el toro bien, sin lucirlo... Un tercio de varas 'made in Spain' pero de la España negra.

      Aquí está nuestra crónica:

      https://toreoenredhondo.blogspot.com/2013/08/feria-de-tafalla-ii-dolores-aguirre.html

      Saludos.

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