miércoles, 20 de enero de 2021

¿MIURAS PARA MORANTE?

Parece que Morante quiere anunciarse con miuras en Sevilla. Sus feligreses lo miran con escepticismo porque ven que igual le sale el tiro por la culata. Sus detractores lo miran con desprecio diciendo que se apunte también a victorinos y saltillos.

Nosotros lo vemos sin escepticismo y sin desprecio. ¿Habrá visto las dos corridas de Miura de 2020 que les comentábamos en nuestro modesto blog? En ambas salieron toros boyantes, casi diríamos que pastueños. Si no llevan ese hierro, nadie hubiera creído que venían de la para algunos fábrica del miedo de Zahariche.




En la de Sanlúcar Daniel Luque cortó cuatro orejas (recuerden aquí). En la de Almoguera, los diestros estuvieron tan claramente por encima del ganado que titulábamos nuestra crónica 'Miura perdió 3-0' (recuerden aquí).

Seguro que los amos buscarán para el día de Morante miuras de las familias más toreables y que además no tengan los pitones de Pamplona. A El Juli le apartaron una corrida bastante bonita de hechuras. La vimos en el campo, con ejemplares como éstos:





El festejo se celebró en Nimes, el 9 de junio de 2014, pero la cosa se torció. Hubo sus más y sus menos en el sorteo y la tarde acabó en escándalo, con tres toros devueltos por falta de fuerzas y sustituidos por dos garcigrandes y uno de Alcurrucén. Ahí tienen a El Juli con el único miura que mató:


Simón Casas se subía por las paredes tras la corrida anunciando denuncias contra los hermanos Miura. Dijo que había pagado 84.000 euros por la corrida, 30.000 más que por la de Garcigrande. Sostenía que los toros habían venido en tipo pero sin remate. Juzguen ustedes:




Se despachaba a gusto diciendo que esos toros nunca los hubiera escogido él, que el 80% de los miuras salen malos, que la ganadería hubiera desaparecido hace muchos años si no llega a ser por la fama de Islero y que los propietarios se aprovechan de que les da igual que lo suyo salga bueno o malo.

Se quedó bien descansado. Pues héteme aquí que tras echar todos estos sapos por la boca, no había pasado ni un año cuando llamaba a los Miura para comprarles una corrida para la feria de julio de Valencia. Era ésta que pueden recordar en esta entrada y que tuvo una accidentadísima desencajonada (cuyo vídeo han eliminado de youtube 'por contenido violento'). El protagonista fue este sardo caribello:



¿Podrá Morante con los Miura? Sin duda. Si le sale uno que sabe latín, no le preguntará ni la primera declinación: faena de aliño (o ni eso) y espadazo a como dé lugar. Si resulta más bien tontuelo, es capaz de cortarle la oreja.

¿Les dará cera en el caballo? También sin duda, aunque esperemos que no los mate como Castella el año pasado (recuerden aquí).

¿Los lucirá en el primer tercio? Puede ser ya que si su intención es que les den a duro por peseta, no debería tener inconveniente en ponerlos hasta tres veces y de largo.

¿Los estoqueará tan bien como sabe...aunque sólo cuando quiere? Pues ya veremos. Con él tienes o la cara de estocadas perfectas (recuerden aquí) o la cruz de entrar a paso de banderillas con gran dosis de desvergüenza. Dado que esos miuras de Sevilla no tendrán la cara de éste que afeitaba a Pinar en Pamplona, esperemos que tenga confianza y se tire a matar con verdad:


FOTO: Jesús Diges

Sus feligreses pensarán que tiene poco que ganar con esta apuesta. Hombre, sólo les recordaremos lo que decía Eduardo Miura padre:

"En las corridas de Miura, el público está de parte del torero y, si consigue el éxito, tiene mucha mayor resonancia que con toros de otras ganaderías. Y el fracaso es más difícil porque, cuando sale nuestro toro malo, el público tiende a disculpar al maestro"

A sus detractores, como nunca van a estar contentos, no tenemos nada con qué consolarlos. Como los toros salgan malos y el diestro vaya a la deriva, dirán que si no sabe para qué se mete. Si salen pastueños y corta trofeos, dirán que así cualquiera, que a ver si mata miuras de verdad. Y si salen miuras bravos a los que haya que dominar y los domina, le dirán que eso ha sido flor de un día y que siga con Dolores Aguirre o Prieto de la Cal porque si no, no vale. Por cierto, ahí lo tienen tentando en La Ruiza hace unos meses:



En caso de que el bondadoso público sevillano termine de uñas contra él, difícilmente le tirarán gatos muertos como a Cara-Ancha o papel higiénico como a Curro. Y si hay fiasco, el maestro no tendrá inconveniente en echárselo a la espalda, que las tiene muy anchas.  Paciencia y barajar y aquí paz y después gloria.

Sea como fuere, seguro que no lloverá a gusto de todos. A nuestro gusto, sí porque ni ejercemos de feligreses suyos ni somos de los que le niegan el pan y la sal. Nos parece muy bien que se quiera apuntar a matar miuras. Ea!, ya está dicho.

Si sale triunfal del desafío, con gran placer nos sumaremos al coro de la iglesia morantista para decir con Federico García Lorca:

'Las ovaciones que surgen cuando Morante gira con el mentón clavado sobre la tetilla izquierda tienen la furiosa melancolía de los grandes aguaceros. Nuestro corazón siente la luz de una luna fría. Una luna fría sobre pájaros moribundos. Y Morante se queda solo'

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.




jueves, 14 de enero de 2021

LAGARTIJO (5): MEDIA HORA LUCHANDO CONTRA 'CUCHARERO'

La ganadería de José Anastasio Martín la tenía atravesada el bueno de Lagartijo. Recuerden aquí que en el capítulo anterior de nuestra serie dedicada al gran maestro nos hacíamos eco de lo mal que lo pasó contra Sevillano en Madrid. Fue el 27 de junio de 1875 y la lidia se alargó hasta los treinta y cuatro minutos cuando lo normal eran menos de quince. El presidente estuvo muy condescendiente con el maestro.

La vacada la formaron en 1834 con reses murubeñas de la misma sangre que las de doña Carmen de Federico. 



Con el tiempo, este hierro que han visto junto a la divisa verde y encarnada fueron a parar a la família Sánchez-Urbina quienes, a partir de 1965, herraron con él sus reses:



Dos años después, el 3 de junio de 1877, se anunciaban Lagartijo y Chicorro frente al mismo ganado en Málaga. Ambos iban de azul y oro, pero el de Algeciras, con los cabos negros. A plaza llena, Cucharero se lidió en tercer lugar. Siempre se recuerda esta anécdota:



En otros sitios dicen que las palabras fueron:

'A este pájaro lo va a matar su padre'

El toro era negro azabache, bragado y astracanado, bastante astifino y muy alto de agujas. Se ve que se acercó a la barrera y se rascó el morro en el filo de las tablas sin levantar la cabeza. Su peso en canal equivaldría como máximo a unos 530 kilos en vivo (aunque sobre el peso lean la polémica abajo en los comentarios).

Ese nombre fue típico en las ganaderías de Concha y Sierra, de Laffite, de Martínez, de Miura e incluso en algún jabonero del Duque. El que mató a José Falcón en Barcelona, de Hoyo de la Gitana, era Cuchareto y no Cucharero como se lee en algún sitio (recuerden que lo contábamos aquí). Hubo un banderillero que llevó ese apodo, el madrileño Emilio Pinar. Anduvo en la cuadrilla de Paco, el hermano de Frascuelo quien, junto al propio Lagartijo, inauguró en 1883 la plaza de toros de Tarragona, a veinte metros de donde escribimos estas líneas.


La plaza de Tarragona, llena hasta la andanada en 1925

Volviendo a Málaga, el toro iba barbeando las tablas haciendo amago de saltar nada más acceder al ruedo. El picador Julio Fernández, tuvo este diálogo con el banderillero Antón:

- Mariano, hasta luego.          

- ¿Dónde vas? 

- A la enfermería, allí nos veremos todos.

Fue el primero en hacer frente a Cucharero. Cuatro varas le puso de las que una no cuenta porque resbaló sobre la divisa. Tuvo dos caídas y la segunda lo llevó de cabeza al callejón 'y por poco no lo acompaña el caballo' según la crónica. 

Siguió José Calderón: tres varas más, dos caídas y dos caballos muertos.

Continuó Antonio Calderón: dos varas, dos batacazos y un caballo muerto. Cayó sobre el poste de la barrera y se rompió la clavícula izquierda.

Finalizó la sesión el reserva, José Pérez, con dos varas, dos caídas y los dos caballos muertos.



En total, diez varas, seis caídas y cinco caballos muertos pero el toro apenas sangraba. Resulta que pegaba el certero gañafón al caballo y salía de naja, nada que ver con un toro mínimamente bravo. Ya pueden deducir que las varas debieron de ser como los picotazos actuales. En una de las crónicas lo dejan claro:



Entre el tamaño del toro y su comportamiento en varas, la inquietud de Lagartijo iba en aumento. Se sentó en el estribo a ver cómo intentaban poner los palos sus banderilleros con el bicho aquerenciado en tablas. Tuvieron trabajo porque no podían al sesgo y era laborioso sacar al animal de la madera. Al final le pusieron dos pares de los cuales sólo quedó prendido uno muy bajo en el costado.

Cuando el maestro salió con la muleta lo hizo acompañado de toda la cuadrilla y de su colega Chicorro. Dicen que había un gran silencio en la plaza, mezcla de expectación y preocupación. A otro torero no lo hubieran respetado tanto.



Le pegó cinco pases de cualquier manera mostrando una desconfianza que no se esforzó en disimular. Los otros siete fueron ya para intentar cuadrar al díscolo Cucharero. A la hora de matar dio un sainete por no querer meterse en tablas para pegarle un mandoble en su querencia. No obstante, el cariñoso público malagueño siguió mostrándole su consideración:



Primero fue una estocada a paso de banderillas, el toro hizo hilo con él y fue su hermano Paco quien desde el callejón arrojó su sombrero cordobés y le hizo el quite oyendo una ovación. 

Juan capitaneó una semi-rueda de peones intentando ahondar el estoque, cosa que lograron, pero el toro no parecía acusarlo. Todo el mundo vio la prevención del diestro para no hacer la suerte en los adentros:



Con la espada clavada, entró Lagartijo de nuevo entre dos caballos muertos, donde el toro se había hecho fuerte, y pegó un metisaca. Nueva estocada que queda clavada a centímetros de la primera y golletazo final también a paso de banderillas.

Con los tres estoques clavados, el toro dobló pero aún se levantó tras el primer cachetazo fallido de Paco Molina. El reglamento prohibiría con el tiempo que se entrase a matar con un estoque clavado en el cuerpo del animal.

Se dice que Lagartijo tardó treinta minutos en acabar con Cucharero. Deducimos que hablan de toda la lidia y no de la faena de muleta. El público orejil aplaudió pero los aficionados no perdonaron a Rafael:



El califa ordenó cortar la cabeza del toro y se la llevó a su casa. Se suele leer que pesaba 101 kilos pero no se dice que ese peso incluía el cajón donde iba metida. Y debía de ser un cajón muy pesado porque en aquella época las cabezas se disecaban sin el cuello, no como ahora.

También leerán ustedes que el diestro la emprendía a bastonazos con ella muchos años después cuando estaba enfadado. Pocos meses antes de morir, la regaló a la Asociación de la Prensa de Madrid.

La cara alegre de aquella corrida para él fue el toro Cigarrero, que tomó dieciocho varas, en una de las cuales la garrocha le penetró medio metro. Lagartijo clavó banderillas cortas junto a Chicorro y después de cuatro pases lo pasaportó de un buen volapié. Pueden suponer que fue muy ovacionado por el bondadoso coso malagueño. 

La corrida se saldó con sesenta y ocho varas, diecisiete batacazos y veintiún caballos muertos.


En Málaga, pasados 11 años, con toros de Arribas

Dos meses después se anunció el maestro en Cartagena junto a Cara-Ancha. Los toros eran otra vez de Anastasio Martín y entre ellos había otro Cucharero hermano del de Málaga. Como pueden suponer, Lagartijo no quería ver más cucharas ni en pintura y lo mató Cara-Ancha. Salió en cuarto lugar, tomó once varas, con nueve caídas y dos caballos muertos. Tras diez pases y una toma de olivo, Cara-Ancha lo liquidó de media delantera, pinchazo y estocada. Tuvo suerte porque el toro se fue resabiando con el paso de los minutos:



Lagartijo había confirmado la alternativa de Cara-Ancha en 1875, la tarde en que uno de Miura mató al valenciano Mariano Canet, Llusío. La cornada fue en la yugular a la salida de un par.

Ya que estamos, el compañero de Lagartijo aquella tarde malagueña de Cucharero fue este hombre, José Lara, Chicorro, también de Algeciras, como Cara-Ancha: 



Aprovechando su presencia, recordaremos su excelente prestación en Madrid un año antes ante Mediasnegras, un berrendo en negro botinero de Benjumea. Iba de esmeralda y oro y fue el 29 de octubre de 1876. Hizo el salto de la garrocha y recortó al toro a cuerpo limpio arrancándole la divisa para subir al palco real a ofrecérsela a Alfonso XII:



Luego puso tres pares de banderillas y entusiasmó a todos con la muleta:



Mató de pinchazo y entera sin puntilla. Entonces sucedió esto:



Lo del manicomio de Las Ventas pudo aplicarse perfectamente a lo que se vivió, de manera que se regaló el toro muerto al diestro. Éste se acercó con la puntilla, le cortó una porción de la oreja y la paseó en triunfo. Fue la primera vez en la capital que sucedía algo de ese género pero no llovió a gusto de todos:



Pues ya nos hemos entretenido a cuenta del mal rato que pasó el bueno de Rafael ante el manso Cucharero. Han podido comprobar que la fama de que goza el animal no es por sus propios méritos. Se la debe a quien tuvo delante y no a su comportamiento, alejado totalmente de lo que cualquiera entiende por bravura. Esas diez varas y los cinco caballos muertos son un espejismo total, como en muchos otros toros de antaño. Cucharero fue un buey, ni más ni menos. 

Si les apetece echar otro rato con algunas andanzas del gran maestro califal, pulsen en cada capítulo y así acceden sin tener que buscar en las etiquetas:


-  EL DÍA QUE LLORÓ PONIENDO BANDERILLAS                    

-  EL CHICO DEL MATADERO                                                          

-  ¿QUIÉN CALENTÓ A FRASCUELO EN GRANADA?                

-  EL DÍA QUE OYÓ TRES AVISOS EN MADRID...LOS    MISMOS QUE FRASCUELO EN SEVILLA


Para despedirnos, dos fotos de otro Cucharero bastante más dócil que el de Lagartijo:



Era un contreras de los hermanos Peralta. Le daban de comer en la mano y deambulaba por la finca con total libertad sin hacer ni un mal gesto, fisgando por todas partes con esa curiosidad que muestran las imágenes.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa


Lea Vicens aprendió a rejonear en casa de los Peralta
con un pariente de Cucharero del mismo nombre 




viernes, 8 de enero de 2021

LA BRAVURA (1): NO HAY QUE DARLE TANTAS VUELTAS

Que el origen de la bravura en el toro de lidia pueda tener algo de misterioso no quiere decir que no se la pueda definir breve y claramente. Es curioso que en el mundo de la tauromaquia los aficionados siguen discutiendo sobre el concepto de bravura. Hace más de doscientos años que estamos viendo toros y aún parece haber dificultades o contradicciones cuando se pregunta sobre la cuestión. 


FOTO: Christophe Moratello

Todo esto viene a cuento de las definiciones de bravura que salían recientemente en un portal comercial. Pueden leerlas pulsando aquí

Nos llamaron la atención dos por lo desatinadas. Una, la de Juan Ignacio Pérez-Tabernero:

'Bravura es acometer con ritmo y con largura y además debe humillar'

Si esos son los únicos criterios que exigimos a un toro para ser bravo, al final de cada temporada tendríamos docenas de toros bravos. Además, ¿qué es el ritmo? Esa largura ¿la medimos en metros recorridos? Y si el toro no termina de arrastrar el morro por el albero, ¿ya no puede ser bravo?

La otra es de Victorino García:

'Bravura es capacidad de luchar hasta la muerte con poder, fiereza y nobleza; la bravura sin nobleza no es bravura, es fiereza'

¿En qué quedamos, maestro? Nosotros sostenemos que la fiereza no es más que un ingrediente de la bravura (algunos toros de Dolores Aguirre salen fieros aunque no bravos).  Pero usted dice primero que es una condición básica y después lo contrario. Explicaremos algo más al respecto en un próximo capítulo.


FOTO: Christophe Moratello

Lo de Victorino García tiene delito porque lo único que tenía que haber hecho es repetir las condiciones del toro bravo que daba siempre Victorino Andrés y así no se hubiera metido en berenjenales:

"Que el toro tome las tres varas de largo y con absoluta nobleza,  que se duerma en el peto y que después obedezca la muleta por derecho. Luego, que ligue o no, es otra cosa. Ha habido toros bravísimos que han dado camadas todas de mansos"

Recuerden aquí. Como pueden deducir, nada de la primera frase se cumplió ni con Cobradiezmos ni con Muralista y ahí están, indultados con su harén correspondiente sin que el abuelo haya podido evitarlo. 

Para nosotros la cosa siempre ha estado bastante clara. La definición de bravura es breve y concreta. Consiste en la capacidad del toro de embestir a todo lo que se mueva sobreponiéndose a cualquier castigo. Ya está. Si lo desean, cambiamos embestir por acometer y castigo por adversidad, pero sigue siendo agua del mismo pozo. No hay más que hablar.

Naturalmente esta acometividad tendrá lugar con mayor facilidad si el animal está aislado en un sitio cerrado y no en libertad. Aún así, incluso encerrado, si se encuentra con otros congéneres, sale a relucir su instinto gregario. 


FOTO: Christophe Moratello

En campo abierto, su tendencia natural es la huida como ha comprobado cualquiera que haya espantado a un toro para abrir una portera o le haya tirado una piedra. No obstante, en todos los hatos  de cualquier ganadería puede haber un toro que se arranque por sorpresa contra cualquiera. 'Cuidado con ése que está loco', te dicen. Recordamos hace muchos años un toro loco de Victorino. Se tiraba contra todo. Un día embistió al remolque de un tractor y lo levantó medio metro del suelo.



Una vez que ha quedado clara la definición de bravura podríamos entrar en otras disquisiciones como discutir sobre el misterioso origen de esa capacidad de acometer o si en el fondo es la expresión de un instinto defensivo. ¿Embiste el toro por miedo o por valentía? ¿No le asusta nada o le asusta todo? Esas cuestiones sí se prestarían a controversia pero la definición de bravura está clarísima

Y también es irrefragable que la bravura como instinto de acometida no es vital, el toro no la precisa para sobrevivir. Luego podríamos entrar en detalles para desmenuzar la bravura como decía Álvaro Domecq pero no es el objetivo de esta entrada.


'Bravío', del Conde de Santa Coloma.
Lo mató Saleri II en 1919 y tomó siete puyazos

Una pregunta interesante sería si hay otros animales a los que podríamos calificar como bravos. Algunos hablan del jabalí o de los perros que los conquistadores españoles de América llevaban consigo. Sobre éstos dicen los testimonios que 'aunque los apaleasen o matasen no sabían ladrar... valían por diez hombres'. Es posible que esos animales acometiesen y no dejasen escapar la presa a pesar de ser golpeados o heridos. Los usaban para lo que las fuentes califican como aperrear, o sea, azuzarlos para que atacasen:



Seguramente serían alanos españoles. Precisamente las crónicas se refieren a ellos como perros bravos. Cualquier otro animal intentará huir al sentirse herido. 

La valoración de la bravura en el toro ha ido cambiando con el paso de los años. Guillermo Sureda decía en los años setenta que el toro bravo había pasado a ser ese animal que, aunque solo tome una vara y salga suelto, llega al último tercio dispuesto a dejarse dar cien muletazos. Y siempre con una embestida no fuerte y con raza sino dócil y suave, o sea un toro tonto al que hay que cuidar (sic en su libro Tauromagia).

Domingo Ortega hablaba en los sesenta de que abundaba el toro que tenía un 50% de bravura y que por tanto no era ni manso ni bravo. Barquerito acuñó en los noventa aquel vocablo de mansibravo.


 

Para el maestro de Borox, la clave en el toro bravo era que acudiese siempre galopando. Él distinguía entre galopar y trotar rápido, que no es lo mismo y que, según su opinión, podía llevar a confusión al aficionado. El toro galopa mientras mantiene la bravura. Si durante la faena deja de galopar, ya no estamos hablando para Ortega de bravura verdadera. Decía literalmente esto:

'Nunca un toro que es bravo, si tiene cuatro metros entre el torero y él, arranca andando; ésa es la gran diferencia entre el toro de hoy con relación al de antes, se ha perdido bravura' 



¿Cuántos toros genuinamente bravos han visto ustedes en su vida de aficionados? Nosotros los contamos con los dedos de una mano. Domingo Ortega vio muchos más que nosotros y para él no llegaban a cinco. El más bravo, uno que mató en Granada antes de la guerra.

Resumiendo lo dicho, la bravura sería ese deseo de luchar aunque te peguen. Debería ser un comportamiento como el de Paul Newman pegándose contra George Kennedy en La leyenda del indomable. Recibía puñetazos sin poder responder, se iba al suelo y se levantaba cada vez hasta dejar desconcertado a su rival cuando éste no comprendía ese afán de seguir con su fracasada acometida  a pesar de estar cobrando un duro castigo.



El problema en los toros es que la bravura necesita una lidia adecuada para mostrarla y lo que se suele hacer hoy en día es todo zafio y descuidado. Además se desmoraliza al pobre animal, si nos permiten aplicarle ese comportamiento humano para entendernos. Lo podemos resumir en que resabian al toro (recuerden pulsando aquí lo que pasó en aquella corrida de Pastelero y Bocacho). 

¿Cuántas veces se queda el ganadero sin saber si un toro suyo ha sido bravo? Y lo mismo sucede con el aficionado a toros, que no con la muchedumbre orejil, a ésa todo lo que estamos hablando aquí le da igual. Por ejemplo, nunca sabremos si Bastonito fue bravo de verdad. Aceptamos que fue fiero pero ¿bravo? Lo hablábamos en esta entrada. Doña María Agustina López Flores decía esto: 

'Me gustaría dirigir yo la lidia de mis toros en el primer tercio'.



Lo indudable es lo que afirmaba Luis Bollaín en esta entrada:

"De tanto querer afilar la bravura del toro, se ha roto la punta de la bravura y el toro ha quedado romo de casta. El toro actual es medio toro porque dentro lleva media casta"

Sobre este inagotable tema de la bravura nos quedarán siempre las preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿qué pasaría hoy si se redujese el peto y el peso de los caballos estuviese dentro de la ley, cosa que no suele ocurrir? ¿Cuántos batacazos veríamos en cada corrida? ¿Cuántos picadores se retirarían de la profesión? ¿Sería posible aplicar el monopuyazo asesino? ¿Los romaneos que seguro que abundarían con los toros actuales serían comparables a los de hace cien años? ¿Cuántas varas habría que sumar en esas condiciones para que el toro quedase a gusto del diestro? ¿Llegaríamos a calificar como bravos toros que hoy pasan de puntillas por el primer tercio mientras sufren la carnicería habitual? 

¿O seguiría teniendo razón Salcedo cuando decía que quien afirma que estamos ante el toro más bravo de la historia es un torerista incondicional?

A estas preguntas no podemos dar respuesta tan fácilmente como a las que apuntaremos en nuestra próxima entrega sobre la bravura.

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.


domingo, 3 de enero de 2021

'CATALÁN', DE MIURA: ¿FUE PARA TANTO?

'¡Cuánto daño me ha hecho ese toro!' Esto decía Bombita ya retirado a unos amigos suyos cuando le sacaban por enésima vez el nombre de aquel toro de Miura con el que se ganó una buena bronca en Madrid. Tiempo después de aquello vino su pleito con los miuras aunque recuerden las estadísticas que comentábamos aquí, donde Bombita resultaba ser quien más miuras mató en su carrera en porcentaje respecto al total de encastes . Pero ¿realmente fue para tanto ese Catalán y tan grande el enfado del público? Aquí tienen al protagonista:



La cabeza la compró el empresario de Madrid, Pedro Niembro, amigo personal de los Miura. Él la disecó y se la regaló a la familia. La corrida tuvo lugar el primer domingo de octubre de 1902, que caía en el día 5. Empezó a las cuatro de la tarde y el cartel era éste:



Se saldó con pitos para Quinito, dos broncas para Pastor y división y bronca para Bombita. Como se ve, los toros estuvieron por encima de los toreros pero cuenten con que la ruidosa incomodidad del público vino dada especialmente por el desacierto de los espadas al matar. Miren este titular:



Los toros fueron tres negros, dos cárdenos y uno colorado chorreado en verdugo. Entre cinco tomaron treinta y tres varas y mataron quince caballos. 


Es Chano picando el primero de la tarde. Se ve a Bombita a la izquierda de la imagen

Decimos entre cinco porque fue imposible picar al cuarto ni aun echándole encima los caballos. Fue un manso de carreta al que tostaron. Ojo porque con lo de las varas y los caballos muertos hay que ir con mucho cuidado. Veamos un ejemplo. 

En el caso de Catalán, unos dicen ocho varas, otros nueve, El Globo diez y El Liberal once (!). Cuarenta años después, en El Ruedo repiten lo de las once varas. Es curioso que en el opúsculo Toros Célebres de 1908 sólo le apuntan cinco. Creemos que lo correcto debieron de ser nueve varas y seis caballos muertos porque tres medios coinciden, no por otra cosa (aunque también se apunta cinco caballos y no seis). Y de la vuelta al ruedo ya hablaremos. Lo del indulto es una salida de pata de banco del crítico de Sol y Sombra.

Los tres picadores de Bombita que le hicieron frente fueron Arriero (retirado con un puntazo en el muslo después de la sexta vara), Gacha (retirado por fuerte contusión en el brazo tras la segunda que dio) y Pino (que se retiró por su propio pie porque sólo se llevó un batacazo sin males mayores). 

Ya hemos dicho que el público terminó de uñas con los maestros. Quinito mató muy mal y fue pitado en ambos. Cuando dobló el segundo, una crítica pone con gracia 'ovación de pitos'. Piensen que Quinito le dio pases con todo el peonaje en círculo rodeando al toro y echándole capotes de vez en cuando. Al terminar el festejo se peleó con su apoderado, que era quien le había obligado a anunciarse en esta corrida. Una semana después se sacó la espina también con miuras en El Pilar. Esta foto es con el primer miura:



Vicente Pastor se presentaba por primera vez con su nombre en lugar de con el apelativo de Chico de la Blusa. Estuvo muy mal dando 'simulacros de pases'. Liquidó a sus dos oponentes con un total de cuatro bajonazos que soliviantaron al personal. Para hacer un poco de honor al diestro, ponemos esta bonita lámina a partir de una buena estocada suya sin saltar que no corresponde a aquella tarde sino a 1916:



Resaltamos lo de que no saltó porque ya saben que Pastor fue el inventor del julipié como explicábamos aquí. El día que nos ocupa estuvo tan mal que en una crítica le dedican estos versos con sorna:


- ¿Es El Chico de la Blusa?

- No, ahora es Vicente Pastor

- Pues Vicente, sin apodo...

- ...está quedando peor


Bombita tuvo división en su primero, de nombre Caserito, donde se destaca que le pasó la montera por la cara. Se confió y el toro lo enganchó por el pecho sin hacer carne. La estocada nunca fue la suerte favorita de Bombita. A éste su primero lo mató de un golletazo. Eso provocó la división entre los que valoraron la muleta y los que censuraron la espada.

Catalán salió después de que Lunario hubiera sembrado el pánico en el ruedo. Ponen unos que estaba bien colocado de defensas y otros que tenía poca cuerna. Vean de nuevo su imagen y compárenla con la del Carbonero de Concha y Sierra al que Pastor cortó la primera oreja que se concedió en Madrid. Por cierto, fíjense en que se cortaba la punta, nada que ver con hoy en día donde hay plazas como Pamplona en que el torero pasea algo que más parece el pellejo de una liebre muerta que la oreja de un toro:





Mató seis caballos y tomó las varas que ustedes quieran creer según lo dicho anteriormente. Así las cosas, Ricardo ofreció banderillas a sus dos compañeros pero éstos no las aceptaron. Esta situación, que solía ocurrir, es hoy impensable. Pareó por tanto junto a sus peones Barquero y Morenito. Pero cuando cogió la muleta se vio no sin sorpresa que el toro era noble. En una crónica pone 'nobilísimo' y en otra 'un borrego'. Ahí tienen a los dos:


 

O sea que tras su brava pelea en varas había quedado boyante para unos o pastueño para otros. El caso es que no nos aclaramos con lo que hizo Bombita Chico, que es como lo han visto anunciado ya que el Bombita a secas era su hermano Emilio. Para unos revisteros estuvo fatal, desconfiado y desacertado. En cambio hay otras crónicas como la de La Correspondencia de España donde dice que estuvo valiente y lucido, lean:



Dio veintiocho pases en seis minutos. En El País escriben 'faena excelente'. ¿A quién creemos? Pensamos que el público quedó decepcionado porque la inesperada bondad del toro estuvo por encima de la labor del maestro con la muleta. Esto que apunta El Día puede ser la clave: 



Si lo mata bien, la cosa se hubiera olvidado y es probable que Catalán no tuviera la fama que ha gozado después. El caso es que el de Tomares dio un sainete con un pinchazo atravesado y caído in soltar, dos más ('con pitorreo' según un crítico), media buena pero escupiéndose y un descabello. Oyó pitos abundantes con algunas palmas 'de los amigos'. Parece que la cosa está un poco lejos de 'la más grande bronca de su vida torera' como dice el Cossío.



Precisamente esta foto de abajo es de esa siguiente corrida con los veraguas, 'toros que sirven para aliviar a los diestros', según se decía entonces:



Toda la vida tuvo que leer y escuchar que había asesinado a ese miura. Se calmaron los ánimos mientras las mulillas arrastraban los cinco o seis jacos muertos. Cuando engancharon al toro, unos hablan de palmas, otros de grandes aplausos y otros de atronadora ovación. En unos sitios dicen que fue arrastrado con lentitud y en otros que se le dio una vuelta al ruedo, cosa entonces insólita:


Salvo error, no se repetirá en Madrid hasta seis años después con un cinqueño de Luis de Gama. 



En el Cossío mucho nos tememos que orinan fuera de tiesto poniendo que en medio de una estruendosa ovación le dieron tres vueltas al ruedo (!). En Sol y Sombra se descuelgan con que merecía el indulto, afirmación que nos parece un despropósito más digno de este siglo XXI que de hace ciento veinte años. Estos halagos de la misma publicación sí pueden ser más adecuados:



Después de haber consultado la prensa de la época, nuestra opinión es que la bronca a Bombita no fue para tanto y que la ovación al toro consistió en un agravio al diestro. Le quisieron pasar factura aplaudiendo a un toro que, si no es por lo explicado, se arrastra sin mayor novedad. Los aficionados de Madrid suelen protagonizar este tipo de humillaciones para molestar al torero, que pregunten entre otros a El Fundi.

Muchos años después, Corrochano quiso tapar el fiasco de Domingo Ortega con Tapabocas recordando que el mejor escribano echa un borrón como sucedió con Bombita y Catalán. La comparación quizás estaba un poco fuera de lugar por ser circunstancias y diestros diferentes.

Alguno de ustedes pensará que las varas y los caballos muertos en esta corrida de Miura es lo que hace que se hable tanto de ella. Pues no fue nada extraordinario. Hemos buscado al azar varias corridas de ese mismo año y los números son similares. En ésta hubo 33 varas y 15 caballos muertos. En la de Félix Gómez, 40 y 6. En la de Conradi, 41 y 15. En una de las de Veragua, 37 y 6. En la de Ibarra, 41 y 10. Sí reconoceremos que no era normal que un solo toro matase cinco o seis caballos como fue el caso de Catalán.

Testigo de la alternativa que El Algabeño dio a Bombita fue Domingo del Campo, Dominguín. Otro miura lo había matado dos años antes en Barcelona al arrollarlo tras salir huyendo del hierro. El Algabeño se quedó sólo con las seis reses. Imagínense el trago sabiendo que su compañero se estaba muriendo en la enfermería con la safena destrozada. A pesar de ello, salió airoso y después pagó el entierro de su colega. El toro se llamaba Desertor en unos sitios y Receptor en algún otro. 



En 1910 salió en México un hermano de Catalán que se llamaba igual. Era esperado con expectación por la fama del de Bombita. Pues resultó un manso que huía hasta de su sombra. Lo mató Pepete pero el maestro ignoraba entonces que unos meses después dejaría su vida en los pitones de otro de Parladé en Murcia. Era el primero y le partió la femoral al hacerle un quite en la quinta vara. Fue Machaquito quien tuvo que matar toda la corrida.

Pepete no se había anunciado en esa plaza porque no llegó a un acuerdo económico con el empresario. Toreó aquella última tarde en sustitución precisamente de Bombita, herido en Málaga. 'Voy a disgusto a Murcia pero no quiero que Ricardo se queje de que le he desairado...' Esa cuadrilla de la imagen no era la suya, que estaba camino de San Sebastián para otra corrida del maestro, quien cambió los planes para bajar en solitario a Murcia por la sustitución:



No nos alargamos más pero para los que hayan tenido la inmensa paciencia de llegar hasta aquí en su lectura, les apuntamos los diestros que han usado como apodo el mismo que nuestro protagonista:

- Juan Fernández, Catalán, ilerdense criado en Sevilla. Empezó en la cuadrilla de Juan León y acabó sus días apuñalado en una riña por un fulano de Osuna.

- Juan Marimón, Catalán, de Falset, a cuarenta kilómetros de donde les escribimos. Actuó de peón con El Tato.

- Miguel Ballart, Catalán, barcelonés que toreó en los años setenta del siglo XIX con regular fortuna.

Con la historia de Bombita y Catalán habrán comprobado que son muchas las cosas que habría que revisar en la historia de la tauromaquia. Conforme pasa el tiempo, los aficionados repiten lo que oyen o leen pero las historias se van deformando adoptando siempre aires míticos. No se suele acudir a las fuentes y se termina haciendo buena la frase final de 'El hombre que mató a Liberty Valance'. Si la verdad estropea la leyenda, olvidemos la verdad y...

'PRINT THE LEGEND'

¿Qué leyendas se imprimirán sobre las gestas de nuestras actuales figuras?

Saludos cordiales desde Tarragona. Rafa.